Articulaciones de la cintura pectoral
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La cintura pectoral constituye el complejo osteoarticular que permite la unión del miembro superior con el esqueleto axial y, al mismo tiempo, le confiere una extraordinaria amplitud y diversidad de movimientos. Desde el punto de vista anatómico y funcional, esta región no puede comprenderse como un conjunto de articulaciones aisladas, sino como un sistema integrado en el que cada elemento participa de manera coordinada en la movilidad del hombro y del brazo. La particular disposición de la clavícula y la escápula, así como su relación con el esternón, la caja torácica y el húmero, explica por qué la cintura pectoral presenta características únicas dentro del aparato locomotor humano.

El esqueleto de la cintura pectoral está formado por dos huesos pares: la clavícula y la escápula. Ambos se relacionan entre sí mediante la articulación acromioclavicular, mientras que la clavícula establece el único contacto óseo directo entre el miembro superior y el tronco a través de la articulación esternoclavicular. Esta disposición explica por qué la cintura pectoral no forma un anillo óseo cerrado, a diferencia de la cintura pélvica, sino una estructura abierta, ligera y altamente móvil.

Un aspecto fundamental de esta región es la ausencia de una articulación verdadera entre la escápula y la caja torácica. En lugar de una unión sinovial clásica, la escápula se apoya sobre la pared posterolateral del tórax y se desplaza sobre ella gracias a planos de tejido conectivo y muscular. Este conjunto funcional recibe el nombre de articulación escapulotorácica, aunque desde el punto de vista anatómico no cumple los criterios de una articulación propiamente dicha. Sin embargo, su papel es esencial, ya que permite ajustar la posición de la cavidad glenoidea y optimizar los movimientos del brazo.

La articulación glenohumeral, que une la escápula con el húmero, completa el sistema articular de la cintura pectoral. Los movimientos del brazo resultan de la acción combinada de esta articulación con las articulaciones esternoclavicular, acromioclavicular y el deslizamiento escapulotorácico. Por esta razón, los músculos que movilizan el hombro actúan de manera sinérgica sobre todas estas estructuras y no pueden estudiarse de forma independiente.


Articulación esternoclavicular

La articulación esternoclavicular establece el vínculo entre la clavícula y el esqueleto axial. Pone en contacto el extremo medial de la clavícula con el manubrio del esternón y con el primer cartílago costal. Las superficies articulares presentan formas y tamaños distintos, lo que impide una congruencia perfecta. Para compensar esta incongruencia, existe un disco articular de fibrocartílago interpuesto entre ambas superficies, el cual se adapta a sus contornos y mejora la estabilidad de la articulación.

Desde el punto de vista estructural, se trata de una articulación sinovial de tipo selar o en silla de montar. Esta clasificación refleja la posibilidad de movimientos en dos ejes principales, aunque su amplitud es limitada en comparación con otras articulaciones del hombro. A pesar de su movilidad reducida, la articulación esternoclavicular cumple una función mecánica esencial: actúa como el punto de anclaje del miembro superior al tronco y transmite las fuerzas generadas por el brazo hacia el esqueleto axial. Cualquier movimiento amplio del hombro implica necesariamente desplazamientos, aunque sean pequeños, a nivel de esta articulación.


Articulación acromioclavicular

La articulación acromioclavicular une el extremo lateral de la clavícula con el borde medial del acromion de la escápula. Pertenece al grupo de las articulaciones sinoviales planas, caracterizadas por superficies articulares relativamente planas que permiten principalmente movimientos de deslizamiento.

Aunque su movilidad es discreta, esta articulación resulta indispensable para la correcta orientación de la escápula durante los movimientos del miembro superior. Los pequeños ajustes que se producen en la articulación acromioclavicular permiten que la escápula rote, se incline o se desplace de manera coordinada con la clavícula. De este modo, contribuye a ampliar el rango funcional del hombro y a distribuir las tensiones mecánicas que se generan durante la elevación y el descenso del brazo.


Ligamentos propios de la escápula

La escápula presenta una serie de ligamentos que no unen huesos distintos, sino que se extienden entre diferentes partes del mismo hueso. Estas estructuras fibrosas reciben el nombre de ligamentos propios de la escápula y cumplen funciones de refuerzo, protección y delimitación de espacios anatómicos.

Entre ellos se encuentra el ligamento coracoacromial, que se extiende entre la apófisis coracoides y el acromion, formando un arco osteofibroso por encima de la articulación glenohumeral. Este arco protege las estructuras profundas del hombro, como los tendones del manguito rotador. El ligamento transverso superior de la escápula convierte la incisura escapular en un orificio, permitiendo el paso del nervio supraescapular. Por su parte, el ligamento transverso inferior de la escápula se localiza cerca del borde lateral y contribuye a la estabilización de los elementos que transcurren por esa región.


Articulación glenohumeral o escapulohumeral

La articulación glenohumeral une la cavidad glenoidea de la escápula con la cabeza del húmero y constituye el principal componente de lo que comúnmente se denomina articulación del hombro. Anatómicamente, pertenece al grupo de las articulaciones sinoviales esferoideas, lo que significa que permite movimientos en múltiples ejes y planos.

Una característica fundamental de esta articulación es la desproporción entre la gran cabeza humeral y la relativamente pequeña cavidad glenoidea. Esta configuración sacrifica estabilidad ósea en favor de una amplia libertad de movimiento. En el ser humano, la posición lateral y posterior de la articulación glenohumeral con respecto al tórax, a diferencia de lo que ocurre en los cuadrúpedos, incrementa aún más el rango de movimientos del miembro superior. Esta disposición anatómica está directamente relacionada con la función prensil y manipuladora de la mano humana.

La estabilidad de la articulación glenohumeral depende en gran medida de los músculos y tendones que la rodean, así como de los ligamentos y del rodete glenoideo. Por ello, los movimientos del brazo no pueden separarse de los movimientos de la cintura pectoral en su conjunto. Cada elevación, rotación o desplazamiento del húmero implica ajustes coordinados de la escápula y la clavícula, lo que explica la complejidad funcional y biomecánica de esta región.

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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