Vigilancia de Enfermedades Infecciosas Emergentes y de Notificación Obligatoria
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La vigilancia sistemática de las enfermedades infecciosas, tanto emergentes como de notificación obligatoria, constituye un pilar esencial en la prevención y control de infecciones asociadas a la atención sanitaria. Esta vigilancia no se limita exclusivamente al entorno hospitalario, sino que se extiende también a los servicios de atención ambulatoria, permitiendo un monitoreo integral de los patrones de infección en distintos niveles asistenciales. El seguimiento constante de estas infecciones posibilita la obtención de tasas de incidencia precisas, que a su vez permiten realizar análisis temporales y geográficos de la evolución de los agentes patógenos. Este enfoque epidemiológico no solo cuantifica la carga de enfermedad existente, sino que también facilita la detección precoz de patógenos nuevos o poco comunes que, al ser identificados por primera vez, generan alertas inmediatas para la comunidad sanitaria.

A pesar de que gran parte de las infecciones asociadas a la atención sanitaria en la comunidad suelen estar vinculadas a patógenos nosocomiales clásicos —como Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, Enterococcus resistente a la vancomicina, bacterias del orden Enterobacterales, Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter baumannii—, continuamente surgen y se propagan nuevas amenazas infecciosas. Estas amenazas no se limitan al entorno hospitalario, sino que pueden manifestarse también en pacientes atendidos de forma ambulatoria, reflejando la capacidad de ciertos microorganismos para adaptarse y persistir en múltiples contextos asistenciales.

Entre las enfermedades infecciosas emergentes o reemergentes de mayor relevancia se incluyen aquellas causadas por patógenos resistentes a los antimicrobianos, las infecciones respiratorias agudas de rápida propagación, las enfermedades gastrointestinales de origen infeccioso, las infecciones transmitidas por vectores y las fiebres hemorrágicas virales. La resistencia a los antimicrobianos representa una amenaza particularmente grave, no solo para pacientes hospitalizados en estado crítico, sino también para quienes reciben atención ambulatoria. Entre los microorganismos multirresistentes más preocupantes que pueden transmitirse en el contexto ambulatorio se encuentran Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, Enterococcus resistente a la vancomicina, bacilos gramnegativos productores de betalactamasas de espectro extendido y resistentes a carbapenémicos, Clostridioides difficile, Mycobacterium tuberculosis multirresistente y Candida auris.

Diversos factores aumentan la probabilidad de que un paciente sea portador de estos microorganismos multirresistentes. Entre los más importantes se incluyen la presencia de dispositivos invasivos como catéteres urinarios, la hospitalización previa y la existencia de heridas o úlceras por presión. El hecho de que la hospitalización previa se identifique como un factor de riesgo significativo sugiere que la transferencia de microorganismos resistentes puede ocurrir entre distintas instituciones sanitarias, estableciendo cadenas de transmisión que requieren intervención epidemiológica para su interrupción. Este hallazgo enfatiza la necesidad de estrategias de control coordinadas, que integren la vigilancia activa, la higiene de manos, la desinfección ambiental y el manejo cuidadoso de los dispositivos invasivos.

Históricamente, la preocupación principal respecto a los microorganismos multirresistentes se centraba en la posibilidad de que ciertos patógenos, como Clostridioides difficile, Staphylococcus aureus resistente a la meticilina y bacilos gramnegativos productores de betalactamasas de espectro extendido, se desplazaran desde el hospital hacia la comunidad, generando brotes fuera de los entornos sanitarios. Sin embargo, investigaciones recientes han ampliado esta perspectiva, demostrando que la transmisión de estos microorganismos no es unidireccional. Por el contrario, la circulación de patógenos ocurre en múltiples direcciones, y las cepas resistentes pueden reciclarse entre diferentes instituciones sanitarias, incluyendo hospitales, clínicas ambulatorias y residencias de larga estancia. Este concepto de flujo bidireccional subraya la necesidad de implementar estrategias de control coordinadas entre distintos niveles del sistema de salud, pues la prevención de la propagación de microorganismos multirresistentes requiere una visión integral que trascienda la contención hospitalaria aislada.

En cuanto a las enfermedades infecciosas emergentes de importancia clínica y epidemiológica, las infecciones respiratorias agudas constituyen la principal causa de mortalidad por enfermedades transmisibles a nivel global. Los patógenos respiratorios emergentes recientes, además del coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo grave dos, incluyen agentes como el metapneumovirus humano, el bocavirus humano, el nuevo coronavirus de Oriente Medio asociado a enfermedad respiratoria grave, la influenza A pandémica subtipo H1N1, y cepas aviares más virulentas, como H5N1 y H7N9. La vigilancia activa de estos virus permite detectar tanto variantes emergentes como posibles amenazas pandémicas antes de que se establezcan en la población general. En particular, la detección temprana de individuos asintomáticos que pueden estar eliminando el virus se ha convertido en una práctica esencial. La razón es que un porcentaje significativo de personas infectadas puede transmitir el virus antes de manifestar síntomas, contribuyendo a la diseminación silenciosa y a brotes nosocomiales. Las pruebas diagnósticas dirigidas a estas personas, junto con la aplicación inmediata de precauciones de transmisión, constituyen medidas fundamentales para limitar la propagación dentro de entornos de atención sanitaria.

Después de las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas representan la segunda causa más importante de mortalidad por enfermedades transmisibles. Los patógenos responsables de estas infecciones se diseminan principalmente a través de alimentos, agua y contacto directo de persona a persona, siendo esta última vía especialmente relevante en entornos ambulatorios. En este contexto, la implementación de precauciones de contacto se vuelve indispensable para minimizar la transmisión. Entre los agentes de interés se incluyen norovirus, Clostridioides difficile y cepas multirresistentes de Salmonella y Campylobacter. Además, la aparición de brotes de cólera y otras infecciones transmitidas por alimentos continúa representando una amenaza recurrente, lo que refuerza la necesidad de vigilancia constante y de medidas preventivas tanto en instituciones sanitarias como en la comunidad.

Los patógenos transmitidos por vectores constituyen un grupo de agentes infecciosos cuya propagación depende de insectos hematófagos o garrapatas, siendo su transmisión directa en entornos de atención ambulatoria poco frecuente. Entre las enfermedades emergentes de esta categoría destacan aquellas transmitidas por mosquitos, como dengue, Zika, fiebre amarilla, chikunguña y malaria, así como las transmitidas por garrapatas, que incluyen la enfermedad de Lyme, la fiebre maculosa de las Montañas Rocosas y enfermedades virales relativamente recientes, como las causadas por los virus Heartland y Bourbon. En términos de prevención, salvo para enfermedades como la fiebre amarilla y la encefalitis japonesa, la disponibilidad de vacunas es limitada o inexistente, por lo que el control de los vectores representa la estrategia más efectiva para reducir la incidencia de estas infecciones. Esto incluye medidas de control ambiental, como la eliminación de criaderos de mosquitos, la aplicación de insecticidas y el uso de barreras físicas y repelentes, estrategias que deben implementarse tanto en la comunidad como en entornos de atención sanitaria.

Las fiebres hemorrágicas virales, provocadas por virus como Ébola y Marburgo, han generado brotes intermitentes en África y, de manera esporádica, en otras regiones. En las primeras etapas del estudio de estas infecciones, se pensaba que la transmisión en los entornos de atención sanitaria podía prevenirse mediante prácticas básicas de control de infecciones, como la higiene de manos y el manejo seguro de residuos. Sin embargo, brotes posteriores, algunos asociados con eventos de superdiseminación, como ceremonias funerarias tradicionales, demostraron la necesidad de medidas mucho más estrictas. Estas incluyen el uso sistemático de equipos de protección personal, el manejo seguro y la eliminación adecuada de objetos potencialmente contaminados, y protocolos específicos para la manipulación de pacientes sospechosos o confirmados, reforzando así la seguridad tanto del personal sanitario como de la comunidad.

La notificación sistemática y obligatoria de enfermedades infecciosas constituye un componente crítico de la vigilancia epidemiológica moderna. Todo profesional clínico o laboratorio de microbiología clínica está legalmente obligado a reportar la identificación de ciertas infecciones a las autoridades sanitarias competentes. La definición de enfermedad de notificación obligatoria varía entre países y regiones, y las listas de agentes sujetos a notificación pueden actualizarse periódicamente en función de la aparición de nuevos patógenos o de brotes emergentes. Entre los microorganismos que requieren notificación inmediata se encuentran Neisseria meningitidis, Legionella, bacilos ácido-alcohol resistentes y patógenos multirresistentes emergentes, como bacilos gramnegativos resistentes a carbapenémicos y Candida auris. Además, la identificación de patógenos inusuales, como Burkholderia pseudomallei, o de agentes con potencial de uso como bioterrorismo, incluyendo Bacillus anthracis, Yersinia pestis y ortopoxvirus, exige una notificación inmediata tanto al programa de prevención de infecciones de la institución como a las autoridades estatales o locales correspondientes. Es importante destacar que los criterios de notificación pueden variar entre instituciones, adaptándose a los riesgos epidemiológicos locales y a la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios.

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
  2. Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
  3. Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
  4. Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.
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