La articulación temporomandibular constituye el punto de unión móvil entre la mandíbula y el cráneo, estableciéndose de manera bilateral entre la porción posterosuperior de la mandíbula y la región media de la base externa del cráneo. Esta disposición bilateral no es fortuita: garantiza la coordinación funcional de ambos lados durante los movimientos mandibulares y permite que la mandíbula actúe como una unidad única y estable. La superficie inferior del hueso temporal ofrece el soporte óseo sobre el cual se articula el cóndilo mandibular, configurando una articulación de tipo elipsoideo cuya complejidad excede la de otras articulaciones sinoviales.
La particular morfología y organización de esta articulación explican su versatilidad funcional. Gracias a ella, la mandíbula puede ejecutar movimientos de apertura y cierre, indispensables para la ingestión de alimentos y la fonación, así como movimientos de protrusión y retrusión, que permiten el desplazamiento anteroposterior necesario para la trituración eficiente de los alimentos. A esto se suman los movimientos de lateralidad, mediante los cuales la mandíbula se desplaza hacia uno u otro lado, posibilitando la diducción y, con ello, una masticación eficaz. Todos estos desplazamientos solo pueden realizarse de manera armónica cuando ambas articulaciones temporomandibulares conservan su integridad anatómica y funcional, ya que actúan de forma sincronizada.
Superficies articulares
Las superficies articulares de la articulación temporomandibular están diseñadas para soportar fuerzas importantes y, al mismo tiempo, permitir una amplia gama de movimientos controlados. Su disposición anatómica responde directamente a estas exigencias funcionales.
Superficie articular del temporal
La superficie articular del hueso temporal se extiende desde la fisura timpanoescamosa, situada posteriormente, hasta el borde anterior del tubérculo articular. Esta superficie no es uniforme, sino que presenta dos regiones morfológica y funcionalmente diferenciadas. La porción posterior, cóncava, corresponde a la fosa mandibular del temporal y actúa como zona de alojamiento del cóndilo durante los movimientos de reposo y de rotación inicial. En contraste, la porción anterior, convexa, constituida por el tubérculo articular, desempeña un papel fundamental durante los movimientos de traslación del cóndilo, especialmente en la apertura amplia de la boca y en los desplazamientos anteroposteriores. Esta transición de una superficie cóncava a una convexa explica la capacidad de la articulación para combinar movimientos de rotación y deslizamiento.
Superficie articular mandibular
La superficie articular de la mandíbula está representada por el cóndilo mandibular, ubicado en el extremo superior del proceso condilar de la rama mandibular. Su forma elipsoidea y su orientación permiten una distribución equilibrada de las cargas transmitidas durante la masticación. El cóndilo actúa como el elemento móvil principal de la articulación, adaptándose dinámicamente a las superficies del temporal. Esta configuración explica por qué el cóndilo puede tanto rotar sobre su eje como desplazarse sobre el tubérculo articular, sin comprometer la estabilidad articular.
Disco articular (menisco)
Entre las superficies óseas del temporal y de la mandíbula se interpone el disco articular, estructura esencial para el funcionamiento correcto de la articulación temporomandibular. Este disco, de composición fibrocartilaginosa, asegura la congruencia entre superficies articulares que, por sí solas, no son completamente compatibles. Su eje mayor se dispone paralelo al del tubérculo articular, lo que facilita su adaptación durante los movimientos mandibulares.
La cara anterosuperior del disco es cóncava en relación con el tubérculo articular del temporal, permitiendo un deslizamiento suave durante la traslación del cóndilo, mientras que su región posterior se adapta a la fosa mandibular. La cara posteroinferior, uniformemente cóncava, se apoya directamente sobre el cóndilo mandibular, asegurando una distribución homogénea de las fuerzas mecánicas.
El mayor espesor del borde posterior del disco no es casual: esta característica contribuye a la estabilidad posterior de la articulación y limita desplazamientos excesivos del cóndilo. Las extremidades medial y lateral del disco, firmemente fijadas al tubérculo articular del temporal mediante fascículos fibrosos, aseguran su posición durante el movimiento. Además, su unión con el cuello de la mandíbula convierte al disco en una estructura solidaria con el cóndilo, de modo que ambos se desplazan de forma coordinada.
Como consecuencia de esta disposición, la cavidad articular queda dividida en dos compartimentos funcionales: uno superior, destinado principalmente a los movimientos de deslizamiento, y otro inferior, especializado en los movimientos de rotación. Esta división explica la notable complejidad biomecánica de la articulación temporomandibular y justifica su capacidad para cumplir con las exigencias funcionales de la masticación, la deglución y el habla.
Medios de unión
Los medios de unión de la articulación temporomandibular aseguran la cohesión entre las superficies óseas y garantizan la estabilidad necesaria para soportar fuerzas funcionales elevadas sin comprometer la movilidad. Estos medios están constituidos por la cápsula articular, que actúa como envoltura fibrosa, reforzada localmente por ligamentos intrínsecos, y complementada por ligamentos extrínsecos independientes que limitan y orientan los movimientos mandibulares.
Cápsula articular y ligamentos intrínsecos
Cápsula articular
La cápsula articular rodea completamente la articulación temporomandibular y delimita su cavidad sinovial. Su inserción ósea refleja la compleja morfología de la región articular y la necesidad de asegurar una fijación firme sin restringir la movilidad.
Superiormente y hacia atrás, la cápsula se fija al hueso temporal, adhiriéndose medialmente al labio anterior de la fisura petroescamosa y, más lateralmente, a la fisura timpanoescamosa. Estas inserciones posteriores proporcionan un anclaje sólido en una región sometida a tensiones durante los movimientos de retrusión mandibular.
Superior y lateralmente, la cápsula se inserta en el borde lateral de la fosa mandibular del temporal, reforzando el contorno articular y contribuyendo a la contención del cóndilo durante los desplazamientos laterales. En su porción superior y medial, la cápsula alcanza la base de la espina del esfenoides, lo que amplía su superficie de fijación y mejora la estabilidad medial de la articulación.
Inferiormente, la cápsula se inserta en el cuello de la mandíbula, rodeando al cóndilo sin fijarse directamente a su superficie articular. Esta disposición permite que el cóndilo se mueva libremente dentro de la cavidad articular, al mismo tiempo que mantiene la continuidad estructural entre los elementos óseos.
Ligamentos intrínsecos
Los ligamentos intrínsecos corresponden a engrosamientos localizados de la cápsula articular y constituyen refuerzos funcionales de esta. El ligamento lateral y el ligamento medial se disponen a cada lado del cóndilo mandibular, donde la cápsula está sometida a mayores tensiones durante los movimientos de apertura, cierre y lateralidad. Estos refuerzos capsulares limitan los desplazamientos excesivos del cóndilo, contribuyen a guiar su trayectoria y preservan la congruencia entre las superficies articulares.
Ligamentos extrínsecos
Los ligamentos extrínsecos son estructuras fibrosas independientes de la cápsula articular que, aunque no forman parte directa de la cavidad articular, desempeñan un papel esencial en la orientación y restricción de los movimientos mandibulares.
El ligamento esfenomandibular se extiende desde la espina del esfenoides hasta la língula de la mandíbula. Su disposición oblicua le permite actuar como un elemento de suspensión pasiva de la mandíbula, especialmente durante los movimientos de descenso. Anatómicamente, este ligamento corresponde a la porción posterior y más gruesa de la fascia interpterigoidea, lo que explica su resistencia y su relación con las estructuras profundas de la región infratemporal.
El ligamento estilomandibular se dirige desde el vértice del proceso estiloides del hueso temporal, en su porción petrosa, hasta el borde posterior de la rama de la mandíbula. Su orientación longitudinal limita principalmente los movimientos excesivos de protrusión mandibular. Desde el punto de vista embriológico y anatómico, se ha demostrado que este ligamento representa la regresión del fascículo de inserción mandibular del músculo estilogloso, lo que explica su trayecto y su relación con las estructuras vecinas.
El rafe pterigomandibular se extiende desde el gancho de la lámina medial del proceso pterigoides hasta la porción posterior del borde alveolar de la mandíbula. Aunque no actúa directamente como un ligamento articular clásico, cumple una función de delimitación anatómica y de inserción muscular. Este rafe separa anteriormente al músculo buccinador del músculo constrictor superior de la faringe, situado posteriormente, y participa indirectamente en la estabilidad funcional de la región orofacial.
Sinovial
La membrana sinovial tapiza la cara profunda de la cápsula articular y es responsable de la producción del líquido sinovial, indispensable para la nutrición de las superficies articulares y la reducción de la fricción durante el movimiento. Esta membrana se interrumpe en el punto donde el disco articular se inserta en la cara profunda de la cápsula, lo que determina la formación de dos cavidades sinoviales funcionalmente diferenciadas.
Como consecuencia de esta disposición, se distinguen con frecuencia dos sinoviales: una supradiscal, situada entre el disco articular y el hueso temporal, y otra infradiscal, ubicada entre el disco y el cóndilo mandibular. Esta separación permite que los movimientos de deslizamiento y de rotación se realicen en compartimentos distintos, optimizando la biomecánica de la articulación temporomandibular.
Relaciones
La articulación temporomandibular se caracteriza por su localización superficial, lo que permite que sus movimientos sean perceptibles a la palpación a través de la piel durante la apertura y el cierre de la boca. Entre la articulación y el plano cutáneo se interpone un tejido subcutáneo laxo, que facilita el deslizamiento de las estructuras superficiales durante el movimiento mandibular. Este tejido está atravesado por la arteria facial transversa y, de manera particularmente relevante desde el punto de vista clínico, por los ramos temporales y cigomáticos del nervio facial, cuya proximidad explica el riesgo de compromiso neurológico en procedimientos quirúrgicos o traumatismos de la región.
En su relación posterior, la articulación temporomandibular se sitúa en estrecha vecindad con el conducto auditivo externo. Esta cercanía anatómica explica la frecuente asociación entre alteraciones de la articulación y síntomas óticos, como dolor referido o sensación de plenitud auricular. Entre ambas estructuras se interponen la prolongación superior de la glándula parótida, las arterias temporal superficial y maxilar, así como los nervios auriculotemporal y facial, conformando un complejo entramado anatómico que protege parcialmente la articulación, pero que también condiciona la propagación de procesos inflamatorios o infecciosos.
Anteriormente, la articulación se relaciona con la escotadura mandibular, región por la cual transcurren los vasos y nervios maseterinos. Estas estructuras se encuentran separadas de la articulación por la porción terminal del músculo pterigoideo lateral, músculo clave en los movimientos de protrusión y lateralidad mandibular. Esta disposición anatómica permite una interacción funcional directa entre la musculatura masticatoria y la articulación, al tiempo que mantiene una separación estructural que reduce el riesgo de compresión neurovascular durante el movimiento.
Medialmente, la articulación temporomandibular se vincula con la porción superior del espacio comprendido entre el cuello de la mandíbula y el ligamento esfenomandibular, conocido como ojal retrocondíleo de Juvara. Este espacio es atravesado por la arteria maxilar, acompañada de su red venosa y del nervio auriculotemporal. En un plano aún más medial se localiza el nervio mandibular, junto con sus ramos, lo que subraya la complejidad neurovascular de esta región y la importancia de la articulación como punto de referencia anatómico.
Superiormente, la articulación se relaciona indirectamente, a través del hueso temporal, con la fosa craneal media de la base del cráneo. Más allá de esta barrera ósea se encuentra el lóbulo temporal del cerebro. Esta proximidad explica la relevancia clínica de las lesiones traumáticas o infecciosas de la articulación temporomandibular, que pueden tener repercusiones sobre estructuras intracraneales en casos excepcionales.
Vascularización e inervación
La irrigación arterial de la articulación temporomandibular procede principalmente de ramas de la arteria temporal superficial y de la arteria maxilar, las cuales aseguran el aporte sanguíneo necesario para el mantenimiento de los tejidos articulares y periarticulares, especialmente durante la intensa actividad funcional de la masticación.
La inervación de la articulación está a cargo de ramos sensitivos derivados del nervio mandibular. Entre ellos destacan los nervios auriculotemporal, temporal profundo y maseterino, que transmiten la sensibilidad articular y participan en los reflejos neuromusculares implicados en la coordinación de los movimientos mandibulares. Esta rica inervación explica la elevada sensibilidad de la articulación temporomandibular y la frecuencia con la que sus alteraciones se manifiestan clínicamente mediante dolor referido.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

