Los ligamentos de la escápula no unen la escápula con otros huesos, sino que refuerzan y completan su propia morfología, transformando escotaduras en conductos y delimitando bóvedas protectoras. Su disposición no es arbitraria, sino el resultado de adaptaciones funcionales que responden a las exigencias de movilidad, estabilidad y protección del complejo articular del hombro.
La escápula es un hueso plano, impar y par, dotado de una arquitectura compleja que permite la integración funcional del miembro superior con el tronco. A diferencia de otros huesos, su estabilidad no depende de una articulación ósea rígida, sino de un delicado equilibrio entre músculos, cápsulas articulares y estructuras fibrosas. Dentro de este contexto, los ligamentos propios de la escápula cumplen una función esencial: organizar el espacio anatómico, proteger estructuras vasculonerviosas y completar arcos osteofibrosos que optimizan la biomecánica del hombro.
Ligamento coracoacromial
El ligamento coracoacromial es el más desarrollado de los ligamentos propios de la escápula debido a la función crítica que desempeña en la protección de la articulación glenohumeral. La cabeza del húmero, altamente móvil y escasamente contenida por estructuras óseas, requiere un sistema que limite sus desplazamientos superiores. Este ligamento responde a esa necesidad formando una bóveda fibrosa resistente que actúa como un verdadero techo anatómico.
Su configuración triangular no es casual. El vértice estrecho fijado al acromion y la base amplia insertada en el proceso coracoides permiten distribuir de manera eficiente las fuerzas transmitidas desde el miembro superior hacia la escápula. Los bordes anterior y posterior, más gruesos, refuerzan las zonas sometidas a mayor tensión mecánica durante la elevación y rotación del brazo, mientras que la porción central, más delgada, facilita cierta elasticidad sin comprometer la resistencia global.
El ligamento se sitúa entre dos planos musculares de gran relevancia: superficialmente, el músculo deltoides; profundamente, el músculo supraespinoso. Esta localización intermedia explica por qué el ligamento participa activamente en la delimitación del espacio subacromial. La interposición de una bolsa serosa entre el ligamento y los tendones subyacentes responde a la necesidad de reducir la fricción durante los movimientos repetidos del hombro, especialmente en la abducción y la flexión.
En conjunto con el acromion y el proceso coracoides, el ligamento coracoacromial constituye la bóveda acromiocoracoidea, cuya función principal es proteger la cabeza humeral y los tendones del manguito rotador, evitando su desplazamiento superior excesivo y contribuyendo a la estabilidad pasiva del hombro.
Ligamento transverso superior de la escápula
La incisura de la escápula es una depresión ósea situada en el borde superior del hueso, que por sí sola no ofrecería una protección adecuada a las estructuras que la atraviesan. El ligamento transverso superior existe para completar esta escotadura, transformándola en un foramen osteofibroso que garantiza un trayecto seguro y estable para elementos vasculonerviosos esenciales.
La forma aplanada y delgada del ligamento, con un estrechamiento central, refleja su función principal: cerrar el espacio sin generar compresión innecesaria. Sus inserciones en la base del proceso coracoides y en el borde superomedial de la incisura permiten una fijación firme en zonas óseas resistentes, capaces de soportar la tensión constante ejercida por los movimientos escapulares.
La disposición diferencial de la arteria, el nervio y la vena supraescapulares no es aleatoria. El paso de la arteria por encima del ligamento reduce el riesgo de compresión vascular, mientras que el nervio y la vena, al transcurrir por debajo, quedan protegidos dentro del conducto. Esta organización optimiza tanto la seguridad funcional como la eficiencia del aporte neurovascular a los músculos de las fosas supraespinosa e infraespinosa.
Este ligamento es clave para la correcta inervación de los músculos estabilizadores del hombro. Cualquier alteración en su forma o tensión puede comprometer el nervio supraescapular, lo que explica su relevancia en síndromes compresivos y en la fisiopatología del dolor escapular.
Ligamento transverso inferior de la escápula
La región posterior del cuello de la escápula presenta una depresión natural que constituye un punto de transición entre las fosas supraespinosa e infraespinosa. El ligamento transverso inferior existe para organizar este pasaje, transformándolo en un conducto definido que guía y protege las estructuras que lo atraviesan.
Al extenderse desde el borde lateral de la espina de la escápula hasta el borde posterior de la cavidad glenoidea, el ligamento completa un arco osteofibroso posterior. Esta disposición refuerza una zona sometida a fuerzas de tracción durante los movimientos de rotación del brazo, especialmente aquellos que implican a los músculos infraespinoso y supraespinoso.
El paso del nervio y los vasos supraescapulares por este conducto posterior asegura la continuidad de su trayecto sin interrupciones ni compresiones bruscas. El ligamento actúa como un elemento de canalización y estabilización, evitando desplazamientos anómalos durante los movimientos complejos del hombro.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

