Las infecciones del tracto respiratorio representan una de las causas más frecuentes de consulta en los servicios de atención ambulatoria y son producidas por una amplia diversidad de agentes bacterianos y virales. Esta heterogeneidad etiológica implica diferencias sustanciales en la forma en que los microorganismos se diseminan, ya sea a través de partículas aéreas de pequeño tamaño, gotas respiratorias de mayor diámetro o contacto directo con superficies contaminadas. La coexistencia de estos mecanismos de transmisión en un mismo entorno asistencial genera un escenario de alto riesgo epidemiológico que exige estrategias de prevención y control más específicas que las medidas universales de higiene y protección.
En los centros ambulatorios, la dinámica asistencial favorece la interacción cercana entre personas con distintos estados de salud, lo que incrementa la probabilidad de transmisión cruzada de agentes infecciosos. A diferencia de los entornos hospitalarios, estos servicios suelen contar con espacios limitados para el aislamiento, tiempos de permanencia variables y una rotación continua de pacientes y acompañantes. Estas características hacen necesario adoptar precauciones adicionales dirigidas específicamente al mecanismo de propagación del agente sospechoso, con el fin de reducir la exposición de individuos susceptibles y proteger al personal sanitario.
La implementación de precauciones basadas en la transmisión permite actuar de manera preventiva frente a infecciones altamente contagiosas, incluso cuando el agente etiológico aún no ha sido identificado. Desde un punto de vista científico, esta aproximación se sustenta en el conocimiento de los patrones clínicos y epidemiológicos de las infecciones respiratorias, que suelen manifestarse con síntomas iniciales similares. La adopción temprana de medidas como el uso de barreras físicas adecuadas, la separación de personas con síntomas respiratorios en áreas específicas y la limitación del contacto innecesario contribuye a interrumpir las cadenas de transmisión en fases tempranas del proceso infeccioso.
Además, la vigilancia activa y sistemática de síntomas respiratorios entre pacientes, trabajadores de la salud y visitantes constituye un elemento esencial para el control efectivo de estas infecciones. La identificación precoz de casos sospechosos facilita la aplicación inmediata de medidas de protección y reduce la probabilidad de brotes dentro de la institución. En conjunto, la aplicación proactiva y adaptada de precauciones basadas en la vía de transmisión en la atención ambulatoria se justifica por su capacidad para minimizar la diseminación de patógenos respiratorios, proteger a la comunidad asistencial y garantizar un entorno más seguro para la prestación continua de servicios de salud.
Detección precoz
La detección precoz de amenazas infecciosas en los servicios de atención ambulatoria constituye un componente esencial para la prevención de la transmisión de enfermedades contagiosas y para la aplicación oportuna de medidas de aislamiento y control de infecciones. Estos entornos asistenciales reciben diariamente a personas con cuadros clínicos diversos, muchos de los cuales pueden corresponder a enfermedades infecciosas con potencial de diseminación rápida. La identificación temprana de individuos potencialmente infectados permite reducir el riesgo de exposición para otros pacientes, visitantes y trabajadores de la salud, así como optimizar la respuesta institucional frente a posibles brotes.
El cribado sistemático de personas al momento de su ingreso a la institución resulta particularmente relevante cuando se trata de patógenos con alta transmisibilidad. La evaluación inicial basada en síntomas, antecedentes epidemiológicos y manifestaciones clínicas generales facilita la detección de síndromes que suelen presentar incertidumbre diagnóstica, como las infecciones del tracto respiratorio, los cuadros diarreicos o las enfermedades caracterizadas por fiebre y exantema. Estos síndromes son frecuentes en la práctica ambulatoria y requieren un triaje adecuado para priorizar la atención y definir las medidas de control necesarias desde el primer contacto con el sistema de salud.
Si bien la influenza ha sido históricamente una de las principales causas de brotes de infecciones respiratorias en entornos ambulatorios, en las últimas décadas se ha evidenciado la relevancia de otros virus respiratorios como agentes responsables de brotes significativos. Entre ellos se incluyen el coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo grave dos, los virus parainfluenza, el metapneumovirus humano, el virus respiratorio sincitial, el adenovirus humano y los rinovirus. Estos agentes han demostrado su capacidad para propagarse de manera eficiente en residencias de adultos mayores, instituciones de cuidados prolongados y otros servicios ambulatorios, lo que subraya la necesidad de estrategias de detección y control más amplias y dinámicas.
Una vez identificadas las personas que cumplen criterios de sospecha de infección, es fundamental implementar medidas de separación física desde el ingreso a la institución. Dirigir a estos individuos a entradas diferenciadas, proporcionar protección facial cuando sea pertinente y minimizar su contacto con otras personas contribuye de manera significativa a la reducción de la transmisión. Asimismo, la programación de la atención de pacientes con fiebre o erupciones cutáneas en horarios de menor afluencia disminuye la exposición de la población general y facilita el control del entorno asistencial.
Durante periodos de alta circulación de infecciones respiratorias, especialmente en contextos de aumento estacional de enfermedades respiratorias virales, resulta prudente reorganizar las áreas de espera para diferenciar a las personas con síntomas respiratorios de aquellas sin dichos síntomas. Esta estrategia de separación espacial, junto con el triaje temprano y la vigilancia continua, fortalece la capacidad de los centros ambulatorios para prevenir la propagación de infecciones transmisibles y garantizar una atención más segura y eficiente para toda la comunidad asistencial.
Precauciones para infecciones por microorganismos multirresistentes y Clostridioides difficile
La implementación de precauciones basadas en la transmisión frente a infecciones causadas por microorganismos multirresistentes y por Clostridioides difficile en los entornos de atención ambulatoria debe sustentarse en una evaluación integral del contexto clínico y epidemiológico. Factores como la complejidad de la atención brindada, la vulnerabilidad de la población atendida y el potencial de diseminación de estos agentes determinan la necesidad de reforzar las medidas de control más allá de las prácticas generales de higiene. Estos patógenos poseen características biológicas que facilitan su persistencia en el ambiente y su transmisión por contacto directo o indirecto, lo que incrementa el riesgo de colonización e infección en poblaciones susceptibles.
La presencia de heridas abiertas y de dispositivos médicos invasivos, como catéteres o sondas, constituye un elemento clave en la colonización por microorganismos multirresistentes. Estas condiciones alteran las barreras naturales de defensa del organismo y proporcionan superficies propicias para la adherencia y proliferación bacteriana. Además, los dispositivos implantados pueden actuar como reservorios desde los cuales los microorganismos se diseminan tanto al huésped como al entorno asistencial, favoreciendo la transmisión cruzada entre pacientes y personal sanitario.
En el caso de Clostridioides difficile, el riesgo de infección y colonización se asocia estrechamente con la exposición repetida a servicios hospitalarios y al uso frecuente de antimicrobianos, los cuales alteran la microbiota intestinal y disminuyen la resistencia natural a la colonización. A ello se suman factores como la reducción de la acidez gástrica, ya sea por el uso de determinados medicamentos o por enfermedades subyacentes, así como los cambios relacionados con el envejecimiento que afectan la respuesta inmunitaria. Estas condiciones crean un entorno fisiológico favorable para la supervivencia y proliferación del microorganismo, aumentando la probabilidad de infección clínica y de diseminación de esporas resistentes en el ambiente.
Desde una perspectiva preventiva, la aplicación anticipada de precauciones de contacto durante la atención directa de pacientes con estos factores de riesgo se justifica como una estrategia eficaz para limitar la transmisión. El uso de barreras físicas, la higiene rigurosa de manos y la correcta limpieza y desinfección del entorno reducen la probabilidad de que estos patógenos se propaguen a otros pacientes, especialmente aquellos con mayor susceptibilidad.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.
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