El hueso hioides es un hueso impar, mediano y simétrico localizado en la región cervical anterior, aproximadamente a nivel de la tercera vértebra cervical en posición neutra. Se sitúa por debajo de la mandíbula, por encima del cartílago tiroides y por delante de la epiglotis, ocupando una posición estratégica entre la cavidad oral, la faringe y la laringe. Su localización lo convierte en un elemento anatómico central del complejo orofaríngeo, ya que constituye el principal punto de unión entre la lengua, la mandíbula, la base del cráneo, la faringe y la laringe. Esta disposición anatómica permite coordinar funciones tan complejas como la deglución, la fonación, la respiración y el mantenimiento de la permeabilidad de la vía aérea superior. Esta organización anatómica y funcional ha sido ampliamente demostrada mediante estudios anatómicos, biomecánicos y de imagen.
Una de las características más extraordinarias del hueso hioides es que constituye el único hueso del organismo humano que no establece articulaciones óseas directas con ningún otro hueso del esqueleto. Mientras prácticamente todos los huesos participan en articulaciones sinoviales, cartilaginosas o fibrosas que transmiten cargas mecánicas y permiten movimientos coordinados, el hioides permanece completamente suspendido mediante una compleja red de músculos, fascias y ligamentos. Esta singularidad anatómica representa una adaptación evolutiva altamente especializada, ya que le proporciona un grado excepcional de movilidad tridimensional indispensable para coordinar las funciones dinámicas de la vía aerodigestiva superior.

La ausencia de articulaciones óseas no significa que el hueso permanezca fijo. Por el contrario, su posición cambia constantemente durante la respiración, la fonación, la deglución, la masticación e incluso durante el mantenimiento de la postura cefálica. El equilibrio entre los músculos suprahioideos e infrahioideos determina en cada momento la posición exacta del hioides, permitiendo movimientos de elevación, descenso, protrusión, retrusión y desplazamientos laterales extremadamente precisos. Estudios biomecánicos han demostrado que estos desplazamientos son esenciales para sincronizar el cierre de la vía aérea con el tránsito seguro del bolo alimenticio.
Embriológicamente, el hueso hioides deriva principalmente del segundo y tercer arcos faríngeos. Los cuernos menores y la porción superior del cuerpo se originan a partir del cartílago de Reichert, correspondiente al segundo arco faríngeo, mientras que el cuerpo principal y los cuernos mayores derivan del tercer arco faríngeo. Esta doble procedencia embrionaria explica la complejidad de sus relaciones anatómicas, ya que ambos arcos participan también en el desarrollo de numerosos músculos y nervios craneales relacionados con la deglución y la fonación. Durante el desarrollo fetal, la osificación ocurre mediante centros independientes que posteriormente se fusionan, proceso que puede prolongarse hasta la edad adulta.
Macroscópicamente presenta una forma semejante a una herradura o a una letra U abierta hacia atrás. Está constituido por un cuerpo central y dos pares de prolongaciones laterales denominadas cuernos mayores y cuernos menores.
El cuerpo constituye la porción central del hueso y posee una superficie anterior ligeramente convexa donde se insertan numerosos músculos suprahioideos e infrahioideos. La superficie posterior se relaciona íntimamente con la membrana tirohioidea, la epiglotis y estructuras faríngeas profundas. Esta disposición permite transmitir eficazmente las fuerzas generadas durante la deglución y la fonación.
Los cuernos mayores se proyectan posterolateralmente desde el cuerpo y representan las estructuras de mayor longitud del hueso. Funcionan como importantes brazos de palanca para la inserción de músculos faríngeos, linguales y cervicales. Su orientación favorece la distribución de fuerzas generadas durante la elevación laríngea y durante los movimientos de la lengua.
Los cuernos menores son pequeñas eminencias cónicas que nacen en la unión entre el cuerpo y los cuernos mayores. Aunque su tamaño es reducido, constituyen el sitio de inserción del ligamento estilohioideo, el cual conecta el hioides con la apófisis estiloides del hueso temporal. Esta unión ligamentosa contribuye a estabilizar el complejo hioideo sin restringir su movilidad fisiológica.
El hueso hioides actúa como un verdadero centro biomecánico donde convergen múltiples cadenas musculares. Se insertan en él músculos suprahioideos como el digástrico, el estilohioideo, el milohioideo y el genihioideo, cuya principal función consiste en elevar el hueso durante la deglución y colaborar en la apertura mandibular. Simultáneamente recibe la inserción de músculos infrahioideos como el esternohioideo, el omohioideo, el tirohioideo y el esternotiroideo, responsables principalmente de descender y estabilizar el complejo hioideo después de la deglución.
Asimismo, constituye un importante punto de inserción para músculos extrínsecos de la lengua, especialmente el hiogloso y parte del geniogloso, así como para el músculo constrictor medio de la faringe. Esta disposición anatómica convierte al hioides en un punto central desde el cual pueden coordinarse los movimientos de la lengua, la faringe y la laringe.
El hioides funciona como una plataforma flotante capaz de transmitir fuerzas en múltiples direcciones. Cuando los músculos suprahioideos se contraen, el hueso asciende junto con la laringe. Cuando predominan las fuerzas de los músculos infrahioideos, desciende hacia su posición basal. La coordinación temporal de estas acciones musculares determina el éxito de procesos tan complejos como la deglución y la fonación.
Durante la deglución, el hueso hioides desempeña una función absolutamente indispensable. En la fase oral, sirve como punto fijo para que la musculatura lingual genere la presión necesaria que impulsa el bolo alimenticio hacia la orofaringe. Posteriormente, al iniciarse la fase faríngea, los músculos suprahioideos elevan rápidamente el hioides en dirección superior y anterior. Este desplazamiento arrastra simultáneamente la laringe debido a la continuidad existente mediante la membrana tirohioidea y el músculo tirohioideo.
La elevación anterosuperior del hioides produce varios efectos protectores simultáneos. Favorece el cierre de la entrada laríngea, aproxima la epiglotis hacia la laringe, facilita la inversión epiglótica, disminuye el riesgo de aspiración y contribuye a la apertura del esfínter esofágico superior mediante la tracción ejercida sobre el músculo cricofaríngeo. La alteración de este movimiento constituye uno de los mecanismos fisiopatológicos más importantes en numerosos trastornos de la deglución.
Diversos estudios de videofluoroscopia han demostrado que la amplitud y velocidad del desplazamiento hioideo guardan una estrecha relación con la eficacia de la deglución. Pacientes con enfermedades neurológicas, lesiones medulares, enfermedad de Parkinson, accidente cerebrovascular o debilidad muscular presentan con frecuencia una reducción significativa del desplazamiento hioideo, incrementando el riesgo de aspiración pulmonar.
En la producción de la voz, el hueso hioides constituye el principal soporte mecánico de la laringe. Debido a que la laringe permanece suspendida del hioides mediante la membrana tirohioidea y el músculo tirohioideo, cualquier desplazamiento del hioides modifica la posición laríngea, la longitud del tracto vocal supraglótico y las características resonantes de la voz.
Durante la fonación, la musculatura asociada al hioides ajusta continuamente la posición vertical de la laringe. El ascenso laríngeo suele asociarse con sonidos agudos y con modificaciones del tracto vocal que favorecen determinadas frecuencias resonantes, mientras que el descenso laríngeo incrementa la longitud del tracto vocal, favoreciendo tonos más graves y cambios en el timbre vocal. En el canto profesional estos movimientos alcanzan un elevado grado de precisión neuromuscular.
El hioides también constituye el principal soporte mecánico para la lengua. Dado que numerosos músculos linguales se insertan directa o indirectamente sobre él, cualquier modificación de su posición altera la orientación y movilidad de la lengua. Esto resulta esencial para la articulación precisa de consonantes y vocales, ya que los movimientos linguales dependen en gran medida de la estabilidad del complejo hioideo.
En la respiración, el hueso hioides participa activamente en el mantenimiento de la permeabilidad de la vía aérea superior. La musculatura suprahioidea y los músculos de la lengua estabilizan el hioides para impedir el colapso de los tejidos blandos durante la inspiración. Durante el sueño, especialmente en individuos con disminución del tono muscular, un descenso excesivo del complejo hioideo favorece el estrechamiento de la vía aérea faríngea.
Numerosos estudios morfométricos han demostrado que una posición baja y posterior del hioides constituye uno de los factores anatómicos asociados con el síndrome de apnea obstructiva del sueño. En estos pacientes, la reducción del soporte anterior ejercido sobre la lengua facilita el colapso dinámico de la faringe durante la inspiración. Por esta razón, la posición del hioides constituye un parámetro importante en estudios cefalométricos y en la planificación de procedimientos quirúrgicos destinados al tratamiento de esta enfermedad.
El hueso hioides posee gran importancia en medicina legal y traumatología. Aunque sus fracturas son poco frecuentes debido a su movilidad y protección por los tejidos blandos cervicales, pueden aparecer tras traumatismos cervicales de alta energía o durante mecanismos de estrangulación. En medicina forense, la identificación de fracturas del hioides constituye un hallazgo de gran relevancia cuando se investiga una posible muerte por compresión cervical, aunque su presencia o ausencia nunca debe interpretarse de manera aislada y siempre debe correlacionarse con el resto de los hallazgos anatómicos y circunstanciales.
La osificación progresiva de los cuernos mayores y la fusión de sus centros de crecimiento aumentan la rigidez del hueso con la edad, razón por la cual las fracturas son considerablemente más frecuentes en adultos mayores que en individuos jóvenes, cuyo hioides conserva mayor elasticidad.
El hueso hioides representa una estructura anatómica única cuya importancia excede ampliamente su pequeño tamaño. Su condición de hueso suspendido, libre de articulaciones óseas directas, le permite actuar como un sofisticado centro biomecánico que coordina la acción integrada de la lengua, la faringe, la laringe y la musculatura cervical. Gracias a esta organización, participa de manera indispensable en la deglución segura, la producción del habla, la modulación de la voz, el mantenimiento de la vía aérea superior y la respiración. La extraordinaria movilidad que le proporciona su suspensión muscular constituye una adaptación evolutiva fundamental para el funcionamiento coordinado de las vías digestiva y respiratoria.

Fuente y lecturas recomendadas:
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