La posibilidad misma de la ciencia, de la mente humana organizada y de la vida moral depende de una condición fundamental: la existencia del pasado. El pasado no es solamente una sucesión de acontecimientos que han dejado de ocurrir; constituye la dimensión temporal que permite la acumulación de información, la formación de estructuras cognitivas, la verificación del conocimiento y la construcción de valores. Sin la permanencia del pasado como registro de lo acontecido, el universo humano perdería su continuidad causal y su inteligibilidad. En tal circunstancia, la ciencia se transformaría en una ficción, la mente humana quedaría reducida a una actividad vacía de contenido, y la esfera moral se sumergiría en la oscuridad de la ausencia de experiencia y responsabilidad histórica.
Desde una perspectiva epistemológica, la ciencia se fundamenta en la observación repetida, en la memoria de los fenómenos y en la comparación entre estados anteriores y actuales de la realidad. El método científico exige necesariamente la existencia de datos previos. Cuando una investigadora o un investigador formula una hipótesis, lo hace apoyándose en conocimientos acumulados, resultados experimentales anteriores y teorías elaboradas a partir de la experiencia histórica de la humanidad. Si el pasado no existiera, cada instante del universo sería completamente independiente del anterior. No habría memoria de observaciones, ni registros experimentales, ni continuidad de fenómenos. La causalidad, principio fundamental de la investigación científica, desaparecería, porque la relación entre causa y efecto requiere que un evento anterior produzca consecuencias posteriores.
En ausencia del pasado, la noción misma de ley científica dejaría de tener significado. Las leyes naturales se establecen a partir de la regularidad observada en los fenómenos a lo largo del tiempo. Por ejemplo, el reconocimiento de patrones astronómicos, biológicos o físicos exige comparar innumerables eventos ocurridos en diferentes momentos. Si cada instante se presentara como completamente nuevo, sin conexión con lo previamente acontecido, no existiría base empírica para afirmar que un fenómeno se repetirá. La ciencia quedaría entonces reducida a conjeturas sin fundamento observacional, semejantes a relatos míticos que intentan explicar el mundo sin pruebas acumuladas. De esta manera, la ciencia perdería su carácter racional y verificable, convirtiéndose en un sistema de narraciones imaginarias incapaces de demostrar su validez.
La mente humana, por su parte, depende estructuralmente de la memoria. Desde el punto de vista neurocientífico, el cerebro humano organiza la experiencia mediante procesos de almacenamiento y recuperación de información. Las redes neuronales se modifican continuamente como resultado de experiencias pasadas, consolidando recuerdos que permiten reconocer objetos, aprender habilidades y anticipar consecuencias. Si el pasado no existiera, tampoco existiría la memoria, porque la memoria es precisamente la conservación de información proveniente de experiencias anteriores.
En tal escenario hipotético, la mente humana sería incapaz de construir identidad personal. La identidad psicológica se forma mediante la continuidad de recuerdos que conectan el presente con las vivencias anteriores del individuo. Sin pasado, cada momento de conciencia aparecería aislado, sin relación con experiencias previas. La persona no podría aprender lenguaje, desarrollar conocimientos ni adquirir habilidades complejas. El pensamiento abstracto mismo requiere comparar ideas formadas en diferentes momentos. Sin esta continuidad temporal, la mente quedaría vacía de contenido acumulado. Sería un desierto cognitivo en el que cada instante de conciencia surgiría y desaparecería sin dejar huella.
Además, el aprendizaje, tanto individual como colectivo, depende de la capacidad de conservar experiencias pasadas. La cultura humana es un sistema de transmisión intergeneracional de conocimientos, valores, técnicas y narrativas. Las civilizaciones se construyen sobre la base de descubrimientos previos, errores cometidos y soluciones desarrolladas a lo largo del tiempo. Si el pasado no existiera, cada generación comenzaría desde un estado de ignorancia absoluta. No habría progreso tecnológico, ni desarrollo científico, ni evolución cultural. El conocimiento desaparecería constantemente porque no existiría un mecanismo temporal para preservarlo.
La dimensión moral también depende profundamente del pasado. Las nociones de responsabilidad, justicia y ética se fundamentan en la relación entre acciones realizadas y consecuencias posteriores. Para juzgar moralmente un acto es necesario reconocer que fue ejecutado en un momento anterior y que produjo efectos que pueden evaluarse. Si el pasado no existiera, tampoco existiría la posibilidad de atribuir responsabilidad a una persona por sus acciones. Cada acto desaparecería inmediatamente sin dejar rastro en la memoria individual o colectiva.
La moralidad requiere memoria histórica para distinguir entre comportamientos que han generado bienestar y aquellos que han causado sufrimiento. Las sociedades aprenden a través de su historia. Los sistemas jurídicos, las normas sociales y los valores éticos se desarrollan a partir de la reflexión sobre acontecimientos pasados. Sin esta memoria histórica, las comunidades humanas carecerían de criterios para orientar su conducta. La ausencia de pasado impediría reconocer patrones de daño o beneficio, lo cual debilitaría la capacidad de promover el bien y evitar el mal.
En consecuencia, el mal tendería a predominar no porque exista una fuerza metafísica que lo favorezca, sino porque la humanidad carecería de la experiencia acumulada necesaria para reconocerlo y prevenirlo. Las sociedades no podrían recordar las consecuencias destructivas de la violencia, la injusticia o la explotación. Cada generación repetiría indefinidamente los mismos errores sin posibilidad de aprender de ellos. La ética se desintegraría al no existir un marco temporal que permita evaluar las acciones humanas a la luz de sus resultados.
La metáfora de la oscuridad que cubre el mundo moral y científico refleja precisamente la ausencia de conocimiento acumulado. En la historia de la humanidad, la iluminación intelectual ha sido posible gracias a la conservación y transmisión del saber. Los descubrimientos científicos, las reflexiones filosóficas y las experiencias morales se registran y se estudian para ampliar la comprensión del mundo. El pasado funciona como un archivo inmenso de información que permite a la humanidad orientarse en la complejidad de la realidad.
Sin ese archivo temporal, la humanidad quedaría atrapada en un presente perpetuo desprovisto de referencias. La ciencia no podría construir teorías, la mente no podría formar recuerdos ni aprendizajes, y la moral no podría establecer criterios para evaluar las acciones humanas. El resultado sería una forma de oscuridad intelectual y ética, no en el sentido físico de ausencia de luz, sino en el sentido epistemológico de ausencia de conocimiento y en el sentido moral de ausencia de orientación normativa.
Por lo tanto, el pasado constituye una dimensión indispensable para la existencia de la ciencia, de la mente humana organizada y de la vida moral. No es únicamente una categoría temporal, sino la condición que permite la continuidad causal, la acumulación de conocimiento y la construcción de valores. Sin él, la racionalidad científica se disolvería en el mito, la conciencia humana quedaría vacía de memoria y aprendizaje, y la ética perdería el fundamento necesario para distinguir entre el bien y el mal. En ese escenario hipotético, la humanidad viviría en una permanente oscuridad intelectual y moral, incapaz de comprender su mundo y de orientar responsablemente su propia existencia.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Townsend, C. M., Beauchamp, R. D., Evers, B. M., & Mattox, K. L. (2022). Sabiston. Tratado de cirugía. Fundamentos biológicos de la práctica quirúrgica moderna (21.ª ed.). Elsevier España.
- Brunicardi F, & Andersen D.K., & Billiar T.R., & Dunn D.L., & Kao L.S., & Hunter J.G., & Matthews J.B., & Pollock R.E.(2020), Schwartz. Principios de Cirugía, (11e.). McGraw-Hill Education.
- Asociación Mexicana de Cirugía General. (2024). Nuevo Tratado de Cirugía General (1.ª ed.). Editorial El Manual Moderno.
- Dehn, R., & Asprey, D. (2021). Procedimientos clínicos esenciales (4.ª ed.; Elsevier España, S.L.U., Trans.). Elsevier España, S.L.U.

