El interés por el polidesoxirribonucleótido, conocido como PDRN, en dermatología, cicatrización de heridas y medicina regenerativa se explica por una combinación poco habitual de propiedades farmacológicas y biológicas: sus componentes pueden participar en el metabolismo de nucleótidos mediante la vía de rescate, mientras que determinadas fracciones del PDRN parecen estimular la señalización de los receptores de adenosina A2A. Esta combinación tiene consecuencias potenciales sobre la inflamación, la proliferación y migración celular, la angiogénesis, la síntesis de matriz extracelular y la reepitelización, que son procesos estrechamente coordinados durante la reparación de un tejido lesionado. Una revisión sistemática que examinó más de 90 publicaciones y seleccionó 34 estudios experimentales y clínicos concluyó que los efectos regenerativos observados con PDRN podían explicarse principalmente mediante estos dos mecanismos.
El PDRN no es una molécula única con una estructura molecular perfectamente definida, sino una preparación constituida por una mezcla de fragmentos de ADN de diferentes longitudes. Las formulaciones farmacológicas clásicamente estudiadas contienen desoxirribonucleótidos con masas moleculares aproximadamente comprendidas entre 50 y 1.500 kDa y se obtienen mediante procesos controlados de purificación y esterilización a partir de ADN de esperma de Oncorhynchus mykiss o Oncorhynchus keta. El procedimiento de purificación está diseñado para eliminar proteínas y péptidos biológicamente activos que podrían provocar respuestas inmunitarias, de modo que la actividad atribuida al preparado se relaciona fundamentalmente con sus componentes de ADN y con los productos derivados de su metabolismo.
La primera razón por la que esta composición resulta interesante es que el ADN puede ser degradado en nucleótidos, nucleósidos y bases nitrogenadas, y estos productos pueden reincorporarse al metabolismo celular. La denominada vía de rescate permite reutilizar estos componentes para producir nuevamente nucleótidos, reduciendo la necesidad de sintetizarlos completamente mediante vías metabólicas de novo. Esto adquiere especial importancia en un tejido lesionado porque la reparación requiere proliferación celular intensa, síntesis de ADN y ARN, producción de proteínas y reconstrucción de estructuras extracelulares. La revisión farmacológica del PDRN considera que esta disponibilidad de precursores constituye uno de los mecanismos mediante los cuales el compuesto podría facilitar la reparación de tejidos sometidos a lesión.
Sin embargo, la explicación metabólica por sí sola no parece suficiente. El segundo mecanismo, y probablemente uno de los más importantes desde el punto de vista farmacológico, es la interacción con el sistema purinérgico. La adenosina funciona como una molécula señalizadora que aumenta en determinadas circunstancias asociadas con lesión, inflamación, hipoxia y estrés metabólico. Los receptores de adenosina pertenecen a una familia de receptores acoplados a proteína G y regulan múltiples respuestas celulares. La literatura experimental sobre PDRN ha relacionado particularmente sus efectos con el receptor A2A, cuya activación puede modificar la respuesta inflamatoria y favorecer condiciones celulares compatibles con la reparación tisular.
La relevancia del receptor A2A se comprende mejor cuando se considera que la cicatrización normal no consiste simplemente en producir tejido nuevo. Una herida atraviesa fases parcialmente superpuestas que incluyen hemostasia, inflamación, proliferación y remodelación. Durante la fase inflamatoria se reclutan células inmunitarias y se eliminan microorganismos y restos celulares, pero posteriormente la respuesta inflamatoria debe disminuir para permitir la formación de tejido de granulación, la migración de queratinocitos, la proliferación de fibroblastos y la reorganización de la matriz extracelular. La activación del receptor A2A se ha relacionado experimentalmente con una disminución de determinadas señales proinflamatorias y con una transición hacia un ambiente más favorable para la reparación. La literatura experimental específicamente dedicada a PDRN describe efectos sobre la inflamación, la migración y proliferación celular y la angiogénesis, tanto en modelos celulares como animales y humanos.
Este efecto sobre la inflamación es particularmente importante en las heridas que presentan una reparación deficiente. En una herida aguda, la inflamación tiene una función defensiva y reparadora; en una herida crónica, en cambio, puede permanecer activa durante demasiado tiempo y coexistir con hipoxia, alteraciones vasculares, estrés oxidativo, degradación excesiva de la matriz extracelular y deterioro de la proliferación celular. La revisión dedicada a PDRN y reparación cutánea describe precisamente la capacidad del compuesto para disminuir determinadas respuestas inflamatorias y favorecer simultáneamente la proliferación celular y la angiogénesis. Por ello, el interés del PDRN no procede de una única acción molecular, sino de la posibilidad de intervenir en varios componentes del microambiente de una herida simultáneamente.
La angiogénesis constituye otro elemento central. Cuando la piel pierde continuidad, el tejido en reparación necesita incrementar el aporte de oxígeno y nutrientes. Los fibroblastos, queratinocitos y células endoteliales que participan en la reparación requieren energía y sustratos metabólicos, mientras que la nueva matriz extracelular necesita una irrigación adecuada. La señalización por receptores de adenosina, particularmente mediante A2A, se encuentra relacionada con procesos angiogénicos, y los estudios experimentales con PDRN han observado modificaciones compatibles con un aumento de la formación de nuevos vasos. La literatura farmacológica y experimental ha utilizado esta propiedad para explicar parte de los efectos del PDRN en tejidos con perfusión comprometida.
La relación entre PDRN y angiogénesis resulta especialmente atractiva en las úlceras asociadas con diabetes. Estas lesiones pueden presentar neuropatía, alteraciones de la perfusión, disfunción endotelial, inflamación persistente y una capacidad disminuida para generar tejido de granulación. En un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo realizado en personas con diabetes y úlceras de pie difíciles de cicatrizar clasificadas como grado 1 o 2 de Wagner, 110 participantes recibieron PDRN y 106 recibieron placebo. Después de 8 semanas, la cicatrización completa se observó en 37,3 % de las personas tratadas con PDRN y en 18,9 % de quienes recibieron placebo. El tiempo mediano hasta la cicatrización completa fue de 30 días con PDRN frente a 49 días con placebo, y la superficie medianamente reepitelizada alcanzó 82,2 % frente a 49,3 %, respectivamente. El análisis del tiempo hasta el cierre completo produjo un cociente de riesgos instantáneos de 2,20, con un intervalo de confianza de 95 % de 1,29 a 3,75.
Estos resultados son particularmente importantes porque muestran que la hipótesis farmacológica puede traducirse en un desenlace clínico directamente observable. No se trató solamente de demostrar que PDRN modifica una proteína, una vía de señalización o un marcador histológico, sino que se observó una diferencia en la velocidad y proporción de cierre de úlceras crónicas. No obstante, el resultado debe interpretarse dentro de las características específicas del ensayo: se estudiaron úlceras diabéticas Wagner 1 o 2, se administró el tratamiento durante 8 semanas mediante vías intramuscular y perilesional y se utilizó un protocolo concreto de atención. Por esta razón, esos resultados no permiten extrapolar automáticamente la eficacia a cualquier herida crónica, quemadura, cicatriz o procedimiento dermatológico.
También existe evidencia clínica en úlceras por presión, aunque considerablemente más limitada. Un ensayo aleatorizado incluyó solamente 23 participantes, de los cuales 11 recibieron PDRN y 12 constituyeron el grupo control. Después de 4 semanas, el tratamiento se asoció con una reducción significativa de la superficie de las úlceras y de la puntuación utilizada para evaluar su cicatrización, sin acontecimientos adversos observados durante el periodo estudiado. El pequeño tamaño de la muestra impide considerar estos resultados como evidencia definitiva, pero contribuye a explicar por qué el PDRN ha sido investigado como modulador de la reparación de heridas crónicas.
La reepitelización constituye otro mecanismo que ayuda a explicar el interés dermatológico. Después de una lesión, los queratinocitos situados en los bordes de la herida deben modificar su fenotipo, migrar hacia el área lesionada y proliferar para reconstruir la epidermis. El restablecimiento de esta barrera es esencial porque la epidermis limita la pérdida de agua y protege contra agentes físicos, químicos y microorganismos. Un estudio clínico doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo examinó el efecto del PDRN sobre los sitios donantes utilizados para obtener injertos cutáneos. Participaron 26 personas, 14 en el grupo tratado y 12 en el grupo placebo. Al séptimo día se encontró una diferencia estadísticamente significativa en el porcentaje de reepitelización a favor del PDRN, lo que proporcionó evidencia clínica temprana de un efecto favorable sobre la reparación de heridas cutáneas humanas.
La actividad de los fibroblastos también es relevante porque estas células constituyen una de las principales fuentes de matriz extracelular durante la reparación. Después de una lesión, los fibroblastos migran hacia el tejido dañado, proliferan y producen componentes como colágeno, fibronectina y otros elementos de la matriz. Esta matriz proporciona soporte físico para la migración celular y contribuye a la resistencia mecánica progresiva del tejido reparado. La señalización mediada por adenosina A2A forma parte de las vías que regulan estos procesos, y los estudios experimentales sobre PDRN han descrito modificaciones de la proliferación celular y de procesos asociados con la reconstrucción de la matriz.
Esta característica permite comprender por qué PDRN ha pasado de ser estudiado principalmente como agente reparador de heridas a despertar interés en dermatología regenerativa. La piel no debe entenderse únicamente como una superficie que puede hidratarse o rellenarse. Es un órgano constituido por epidermis, dermis, vasos sanguíneos, fibroblastos, células inmunitarias, matriz extracelular y estructuras anexiales que mantienen una interacción constante. Una intervención que modifique el comportamiento celular y el microambiente de reparación puede, al menos teóricamente, influir sobre la calidad de la piel de una manera diferente a la producida por un material puramente volumizador. Esta hipótesis ha impulsado la utilización dermatológica de PDRN y de sustancias relacionadas, aunque la evidencia clínica para rejuvenecimiento cutáneo continúa siendo considerablemente más limitada que la evidencia experimental y la existente para determinados tipos de heridas.
El interés reciente en dermatología estética debe interpretarse, por tanto, con cierta cautela. Una revisión sistemática publicada en 2026 examinó la literatura sobre polinucleótidos y PDRN en dermatología y señaló que la investigación clínica se ha extendido hacia rejuvenecimiento cutáneo, prevención de cicatrices y reparación de heridas. Sin embargo, también señaló limitaciones importantes relacionadas con el número reducido de ensayos, tamaños muestrales pequeños, diferencias entre formulaciones, variabilidad en los protocolos terapéuticos y heterogeneidad de las variables utilizadas para medir resultados. La existencia de señales clínicas favorables, por consiguiente, no equivale todavía a disponer de un cuerpo de evidencia suficientemente homogéneo para establecer una indicación dermatológica universal o un protocolo óptimo aplicable a todas las personas.
Esta distinción es particularmente importante porque en el ámbito estético se emplean con frecuencia de manera próxima los términos PDRN y polinucleótidos, aunque desde el punto de vista químico no son necesariamente equivalentes. Una revisión reciente dedicada a la relación entre ambas categorías señaló que existe heterogeneidad en las definiciones moleculares, las características de los productos y sus aplicaciones clínicas. Por ello, no es científicamente correcto asumir que los resultados obtenidos con una formulación determinada de polinucleótidos pueden atribuirse automáticamente a cualquier producto comercial denominado PDRN, ni que todos los productos que utilizan estos términos tienen idéntica composición, concentración, peso molecular, vía de administración o comportamiento biológico.
Otra razón de su interés es que la actividad descrita para PDRN no parece depender exclusivamente de una función estructural. Un relleno convencional puede modificar el volumen o las propiedades mecánicas de un tejido, mientras que el interés farmacológico del PDRN reside en su capacidad potencial para modificar procesos celulares relacionados con reparación. La revisión farmacológica describe tres propiedades principales que han motivado su investigación: actividad reparadora de tejidos, actividad antiisquémica y actividad antiinflamatoria. Estas propiedades son especialmente atractivas para la medicina regenerativa porque la reparación de un tejido comprometido exige recuperar simultáneamente estructura, vascularización y equilibrio inflamatorio.
La medicina regenerativa busca precisamente favorecer la recuperación funcional de tejidos mediante la modificación de procesos biológicos endógenos. En ese contexto, PDRN resulta atractivo porque no pretende sustituir directamente el tejido perdido por un material permanente, sino estimular mecanismos celulares que ya forman parte de la reparación fisiológica. La revisión sistemática de 2020 encontró evidencia procedente de estudios in vitro, modelos animales y estudios clínicos compatible con una mejor reparación tisular, y señaló que la activación de A2A y la vía de rescate constituían las explicaciones mecanísticas predominantes.
Existe además una explicación fisiopatológica particularmente importante para las heridas crónicas. En estos tejidos, el problema no consiste necesariamente en que falte una única sustancia, sino en que varias señales reparadoras están alteradas simultáneamente. Puede existir hipoxia, alteración de la perfusión, inflamación persistente, reducción de la proliferación celular, deterioro de la angiogénesis y desequilibrio de la matriz extracelular. Una intervención capaz de influir simultáneamente sobre varias de estas variables podría tener una ventaja teórica frente a una intervención que actúe sobre un único componente. Las revisiones experimentales de PDRN describen precisamente efectos combinados sobre crecimiento y migración celular, angiogénesis e inflamación, lo que proporciona una explicación coherente de su interés como agente de reparación.
No obstante, la existencia de mecanismos plausibles y de resultados positivos en determinados ensayos no significa que PDRN haya demostrado eficacia clínica para todas las aplicaciones que actualmente se promocionan. Una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados publicada en 2026 identificó solamente 7 estudios con 183 participantes para aplicaciones dermatológicas que incluían rejuvenecimiento, prevención de cicatrices y cicatrización de heridas. Aunque los resultados globales fueron favorables y no se identificaron acontecimientos adversos graves relacionados con el tratamiento en esos estudios, la misma revisión subrayó que el cuerpo de evidencia está limitado por muestras pequeñas, protocolos heterogéneos y diferentes métodos para medir los resultados. Los beneficios más consistentes se observaron en contextos de cicatrización de heridas, particularmente en parámetros relacionados con reepitelización y tiempo de cicatrización.
La explicación más rigurosa de por qué PDRN ha despertado interés es que existe una convergencia entre plausibilidad molecular, evidencia experimental y señales clínicas, especialmente en reparación de tejidos y determinadas heridas crónicas. El PDRN proporciona sustratos potenciales para la vía de rescate de nucleótidos y puede estimular la señalización asociada con el receptor A2A; estas acciones se han relacionado con modulación de la inflamación, angiogénesis, actividad fibroblástica, proliferación y migración celular y reepitelización. Estudios clínicos controlados han demostrado resultados favorables en sitios donantes de injertos, úlceras diabéticas y úlceras por presión, mientras que la investigación dermatológica más reciente está evaluando su posible utilidad en cicatrices, recuperación posterior a procedimientos y calidad cutánea.
La parte que todavía requiere mayor investigación es determinar cuánto de esta actividad biológica se traduce en un beneficio clínico relevante y reproducible en personas sanas que buscan mejorar características estéticas de la piel. En otras palabras, la evidencia es considerablemente más convincente cuando se habla de reparación tisular alterada que cuando se extrapola el concepto hacia un supuesto rejuvenecimiento generalizado. Los estudios actuales justifican el interés científico del PDRN, pero todavía son necesarias investigaciones con muestras mayores, formulaciones bien caracterizadas, grupos control adecuados, seguimiento prolongado y protocolos estandarizados para establecer con precisión qué indicaciones dermatológicas producen beneficios clínicamente significativos, qué dosis y vías de administración son óptimas y cuánto duran los efectos.
PDRN ha despertado interés porque actúa en un punto de intersección entre metabolismo celular y señalización regenerativa. La vía de rescate puede proporcionar componentes reutilizables para la síntesis de nucleótidos, mientras que la señalización mediante A2A puede modificar el entorno inflamatorio y vascular de la lesión. La consecuencia potencial es la coordinación de procesos que normalmente deben ocurrir para que una herida pase de un estado inflamatorio a uno proliferativo y posteriormente a uno de remodelación. Esa combinación explica por qué PDRN ha evolucionado desde un interés farmacológico centrado en la cicatrización hacia una investigación más amplia en dermatología y medicina regenerativa. La evidencia disponible respalda que existe un fenómeno biológico real y clínicamente prometedor, pero la magnitud de ese fenómeno depende de la indicación, la formulación y el contexto clínico, y todavía no justifica considerar todas las aplicaciones comerciales atribuidas al PDRN como equivalentes en cuanto a evidencia científica.
Fuente y lecturas recomendadas:
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