Articulación acromioclavicular
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La articulación acromioclavicular constituye un punto de conexión esencial entre la clavícula y la escápula, específicamente entre la extremidad lateral de la clavícula y el borde medial del acromion. Se clasifica como una articulación sinovial plana, lo que indica que sus superficies articulares presentan principalmente un contacto plano, permitiendo desplazamientos limitados que facilitan la adaptación de la escápula durante los movimientos del hombro. Esta articulación, aunque pequeña en tamaño, juega un papel fundamental en la estabilidad y la movilidad del complejo escapulohumeral.


Superficies articulares

Las superficies que forman la articulación acromioclavicular son de dimensiones reducidas y presentan una orientación particular que favorece tanto el contacto como el encajamiento entre los huesos.

  • Superficie clavicular: Es ovalada, aplanada y alargada en dirección anteroposterior. Su orientación lateral y ligeramente descendente permite que la clavícula repose sobre el acromion, proporcionando un punto de apoyo firme sin limitar por completo el movimiento.
  • Superficie acromial: Localizada en la parte anterior del borde medial del acromion, su orientación es inversa a la de la clavícula: medial y hacia arriba. Esta disposición permite que ambas superficies se complementen, ofreciendo estabilidad mediante contacto directo y cierto grado de encaje.

En algunos casos, aproximadamente un tercio de la población, se encuentra presente un disco articular, generalmente incompleto, que actúa como amortiguador y contribuye a distribuir las cargas entre los huesos.


Medios de unión

La estabilidad de la articulación acromioclavicular depende de estructuras tanto capsulares como ligamentarias.

  • Cápsula articular: Muy gruesa, rodea completamente las superficies óseas revestidas de fibrocartílago y proporciona resistencia frente a desplazamientos excesivos.
  • Ligamentos acromioclaviculares:
    • Superior: Más robusto y potente, refuerza la cápsula en su porción dorsal.
    • Inferior: Más delgado, contribuye de manera secundaria a la estabilidad.

Más allá de la cápsula, la unión entre la clavícula y la escápula recibe un soporte crucial de los ligamentos coracoclaviculares, que aunque se encuentran a distancia de la articulación propiamente dicha, cumplen un papel funcional determinante. Estos ligamentos controlan la movilidad escapular y aseguran que la clavícula mantenga su posición relativa respecto a la escápula.

  • Ligamento trapezoide: Se inserta en la mitad posterior del borde medial del proceso coracoides, extendiéndose hacia la cara inferior de la clavícula. Su borde anterior queda libre, mientras que el posterior se relaciona con el ligamento conoide.
  • Ligamento conoide: De forma triangular, se origina en la base del proceso coracoides, detrás del ligamento trapezoide, y se dirige en abanico hacia la clavícula, donde se fija en la cara inferior.

Estos ligamentos son extremadamente resistentes y actúan como verdaderos estabilizadores que mantienen la abertura del ángulo escapuloclavicular, cuyo vértice coincide con la articulación acromioclavicular. La amplitud de este ángulo varía según la posición del hombro, permitiendo que la escápula y la clavícula se ajusten durante la elevación, rotación y abducción del brazo.


Sinovial

La articulación acromioclavicular no solo es un punto de contacto entre la clavícula y el acromion, sino que también presenta características propias de las articulaciones sinoviales, incluyendo una membrana sinovial que recubre internamente la cápsula. Esta membrana es pequeña y, en algunos individuos, se encuentra tabicada parcialmente por la presencia de un disco articular incompleto, que contribuye a modular los movimientos y a amortiguar el contacto entre los huesos.


Relaciones anatómicas

La articulación acromioclavicular presenta relaciones superficiales y profundas que son esenciales para su protección y funcionamiento:

  • Superficie superior: Se encuentra subcutánea, lo que significa que está inmediatamente debajo de la piel y el tejido subcutáneo, haciendo que la articulación sea palpable y vulnerable a traumatismos directos.
  • Superficie profunda: Contribuye a formar la bóveda acromioclavicular, un soporte óseo que sobresale por encima de la articulación glenohumeral y protege parcialmente la cápsula y las estructuras subyacentes.
  • Inserciones musculares:
    • Medialmente: Se inserta el músculo trapecio, cuya acción estabiliza la clavícula y participa en la elevación y rotación escapular.
    • Lateralmente: Se fija el músculo deltoides, que contribuye a la movilidad del hombro y ayuda a amortiguar las fuerzas transmitidas a la articulación.

Estas relaciones permiten que la articulación funcione como un punto de transición entre el hombro y la caja torácica, coordinando la acción de músculos superficiales y profundos para mantener la movilidad y la estabilidad de la extremidad superior.


Movimientos y dinámica funcional

La articulación acromioclavicular realiza movimientos simples, principalmente de deslizamiento, que facilitan la apertura o cierre del ángulo escapuloclavicular. Su movilidad está subordinada a la posición y los movimientos de la clavícula, ya que esta transmite la mayoría de las fuerzas hacia la articulación.

La orientación de las superficies articulares genera una tendencia natural de la clavícula a separarse del acromion durante la elevación del hombro, especialmente en movimientos de abducción o antepulsión. Esta disposición explica por qué la articulación acromioclavicular está predispuesta a lesiones, particularmente cuando se aplican fuerzas intensas o directas, como sucede en deportes de contacto (rugby, fútbol americano) o en actividades que requieren levantar cargas pesadas.

  • Una ruptura de los ligamentos coracoclaviculares puede conducir a una disyunción o luxación acromioclavicular, donde la clavícula se desplaza superiormente respecto al acromion.
  • Estas lesiones suelen ser complejas, porque afectan tanto la estabilidad ósea como la tensión de los ligamentos, y a menudo requieren intervenciones específicas para restaurar la función normal de la articulación y la movilidad del hombro.

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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