El establecimiento sistemático de un banco de microorganismos en los laboratorios de microbiología clínica constituye una actividad esencial para garantizar la continuidad, profundidad y calidad del análisis microbiológico en el entorno sanitario. La conservación adecuada de aislados bacterianos y fúngicos clínicamente relevantes no es un procedimiento accesorio, sino una condición indispensable para poder realizar estudios complementarios cuando surgen nuevas preguntas clínicas, epidemiológicas o científicas. Sin la disponibilidad de estos aislados previamente recuperados, resulta materialmente imposible efectuar análisis retrospectivos, caracterizaciones moleculares adicionales o evaluaciones detalladas de los mecanismos de resistencia antimicrobiana.
Una de las responsabilidades fundamentales del laboratorio de microbiología clínica es asegurar la preservación de todos aquellos microorganismos que puedan adquirir relevancia futura. En el momento del aislamiento inicial, no siempre es posible anticipar la necesidad de estudios adicionales; sin embargo, la evolución clínica del paciente, la aparición de nuevos casos o el reconocimiento tardío de un evento epidemiológico pueden transformar un aislamiento aparentemente rutinario en una pieza clave para la toma de decisiones. El banco de microorganismos permite, por tanto, mantener la viabilidad a largo plazo y la accesibilidad de aislados significativos, garantizando que estos puedan ser analizados nuevamente con tecnologías más avanzadas o con objetivos distintos a los inicialmente planteados.
Desde el punto de vista de la atención al paciente, la recuperación de aislados previos resulta de gran valor cuando una infección persiste, recurre o se complica. La comparación entre microorganismos aislados en distintos momentos clínicos permite evaluar la estabilidad genética del patógeno, la posible adquisición de nuevos mecanismos de resistencia o la sustitución por una cepa diferente. Esta información puede orientar ajustes terapéuticos, contribuir a la selección racional de antimicrobianos y mejorar el pronóstico clínico, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas, inmunosupresión o estancias hospitalarias prolongadas.
En el ámbito de la epidemiología hospitalaria, el banco de microorganismos desempeña un papel central en la investigación de conglomerados de casos y brotes. La posibilidad de analizar aislamientos almacenados y vincularlos con datos clínicos, temporales y espaciales permite reconstruir con precisión las cadenas de transmisión y diferenciar eventos aislados de verdaderos fenómenos de diseminación. Las colecciones de cultivos que integran información microbiológica con características demográficas de los pacientes y datos asistenciales son indispensables para identificar fuentes comunes de infección, reservorios ambientales y fallas en las medidas de prevención y control.
La selección de los aislados que deben conservarse, así como el período de almacenamiento, requiere una planificación conjunta entre el laboratorio de microbiología clínica y los equipos responsables de la prevención y el control de infecciones. Esta coordinación asegura que se preserven de manera sistemática los microorganismos de mayor impacto clínico y epidemiológico, optimizando el uso de recursos y maximizando la utilidad del banco. Se considera prioritario almacenar los aislados provenientes de sitios anatómicos que, en condiciones normales, son estériles, dado que su presencia suele indicar infecciones invasivas de elevada gravedad. De igual forma, deben conservarse los microorganismos con resistencia a múltiples antimicrobianos, independientemente del sitio de aislamiento, así como aquellos patógenos reconocidos por su importancia epidemiológica y su capacidad de generar brotes institucionales.
El valor del banco de microorganismos se extiende también al ámbito de la investigación y el desarrollo. La disponibilidad de una amplia colección de aislados clínicos reales permite evaluar nuevos métodos diagnósticos, validar técnicas emergentes y estudiar la evolución de la resistencia antimicrobiana en contextos locales. Estas colecciones representan una fuente invaluable de información biológica, ya que reflejan la diversidad genética y fenotípica de los patógenos circulantes en una institución o región determinada, algo que no puede reproducirse fielmente con cepas de referencia.
Para que el banco de microorganismos cumpla plenamente su función, es imprescindible que los aislados se encuentren adecuadamente vinculados a sistemas de información que integren datos clínicos, microbiológicos y epidemiológicos. El almacenamiento estructurado de esta información en registros electrónicos de salud, sistemas de información de laboratorio o bases de datos específicas permite un acceso rápido y seguro a los datos relevantes. La integración de estos sistemas facilita el análisis conjunto de múltiples variables y fortalece la capacidad de respuesta ante eventos inesperados.
Los avances en las herramientas informáticas y en los sistemas de apoyo a la toma de decisiones han ampliado aún más el potencial de los bancos de microorganismos. La posibilidad de analizar datos provenientes de diferentes fuentes de manera integrada permite implementar sistemas de vigilancia casi en tiempo real, capaces de detectar patrones inusuales de aislamiento y alertar tempranamente sobre la posible aparición de brotes. De esta manera, el banco de microorganismos no solo conserva el pasado microbiológico de una institución, sino que se convierte en un instrumento activo para la protección de la salud de los pacientes y del personal sanitario.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

