La semaglutida produce principalmente pérdida de grasa, pero también puede producir pérdida de masa magra y, dentro de ella, cierta pérdida de músculo. Sin embargo, tampoco es correcto interpretar toda reducción de masa magra como destrucción de músculo, porque la masa magra medida mediante absorciometría de rayos X de doble energía incluye músculo, agua, órganos y otros tejidos libres de grasa. Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente los estudios.
La semaglutida no funciona como un compuesto que seleccione directamente los depósitos de grasa y los destruya. Su efecto principal consiste en activar los receptores del péptido similar al glucagón tipo 1, lo que reduce el apetito y la ingesta energética y modifica diversas señales relacionadas con la saciedad y el metabolismo. Como consecuencia, la persona mantiene durante un período prolongado un balance energético negativo y el organismo moviliza sus reservas energéticas, principalmente las procedentes del tejido adiposo. La reducción de grasa corporal observada en los ensayos clínicos es, por tanto, una consecuencia del déficit energético sostenido y no de una acción exclusiva y directa de la molécula sobre los adipocitos. La evidencia clínica acumulada muestra que la reducción de masa grasa es consistente y constituye la mayor parte del cambio favorable de composición corporal producido por los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1.
El mejor ejemplo procede del análisis de composición corporal del ensayo STEP 1. En 140 personas con sobrepeso u obesidad que recibieron semaglutida 2.4 mg durante 68 semanas, la masa grasa total disminuyó 19.3 %, mientras que la grasa visceral disminuyó 27.4 %. Al mismo tiempo, la masa corporal magra disminuyó 9.7 %. Es decir, ambas cosas ocurrieron simultáneamente: se perdió una cantidad considerable de grasa y también disminuyó la masa magra. No obstante, como la masa grasa disminuyó proporcionalmente más, la proporción del peso corporal constituida por masa magra aumentó 3.0 puntos porcentuales.
Esto permite entender una aparente contradicción. Una persona puede perder, por ejemplo, varios kilogramos de tejido magro y, al mismo tiempo, mejorar su composición corporal. Lo que importa no es únicamente cuánto tejido magro se pierde en términos absolutos, sino qué proporción de todo el peso perdido corresponde a grasa y qué proporción corresponde a tejido libre de grasa. Si una persona pierde mucha más grasa que tejido magro, su porcentaje de grasa corporal disminuye y su proporción relativa de masa magra aumenta, aunque la cantidad absoluta de masa magra también haya descendido.
Entonces, ¿la semaglutida destruye músculo?
Aquí es necesario ser especialmente preciso. La evidencia demuestra pérdida de masa magra, pero no permite afirmar que todo ese tejido corresponda a músculo esquelético perdido. La absorciometría de rayos X de doble energía, utilizada en varios de los estudios de semaglutida, clasifica como masa magra una combinación de componentes corporales que no son exclusivamente músculo. Por ello, una reducción de masa magra no equivale automáticamente a una reducción equivalente de masa muscular funcional. Esta limitación metodológica es particularmente importante porque una parte de los cambios puede corresponder a agua corporal y otros tejidos.
De hecho, la evidencia más reciente distingue entre cantidad de masa magra, cantidad de músculo esquelético, calidad muscular, fuerza y función física. Son variables relacionadas, pero no son intercambiables. Una reducción de masa magra puede coexistir con una conservación razonable de la función muscular. Por eso, afirmar que “se perdió músculo” únicamente porque una prueba de composición corporal mostró menos masa magra constituye una interpretación excesivamente simplificada.
Esto se observa de manera interesante en el estudio SEMALEAN, realizado específicamente para estudiar los efectos de semaglutida 2.4 mg sobre grasa, masa magra y función muscular. Después de 12 meses, las personas estudiadas habían perdido aproximadamente 13 % de su peso corporal. La masa grasa había disminuido 18 %, mientras que la masa magra inicialmente descendió aproximadamente 3 kg y posteriormente se estabilizó. Al mismo tiempo, la fuerza de prensión manual aumentó aproximadamente 4.5 kg y disminuyó la prevalencia de obesidad sarcopénica. Por tanto, en este estudio se observó una reducción inicial de masa magra sin evidencia de deterioro paralelo de la función muscular; de hecho, determinadas medidas funcionales mejoraron.
Esto es importante porque cantidad y calidad muscular no son exactamente lo mismo. Una persona puede perder algo de masa magra durante una reducción importante de peso y, simultáneamente, mejorar su fuerza relativa, movilidad, capacidad funcional y estado metabólico porque está soportando menos peso corporal y ha reducido una cantidad mucho mayor de tejido adiposo. Sin embargo, esto no significa que la pérdida de músculo sea irrelevante ni que deba ignorarse.
¿Qué porcentaje del peso perdido puede proceder de masa magra?
La magnitud depende considerablemente del estudio, de la población, de la dosis, de la duración del tratamiento y, sobre todo, de cómo se mida la composición corporal.
Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicado en 2024 encontró que los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 redujeron tanto la masa grasa como la masa magra. En conjunto, la pérdida de masa magra representó aproximadamente una cuarta parte de la pérdida total de peso. En términos absolutos, el análisis encontró una reducción media de aproximadamente 0.86 kg de masa magra frente a aproximadamente 2.95 kg de masa grasa.
Un metaanálisis específico de tratamientos con agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 en dosis utilizadas para el tratamiento de la obesidad, publicado en 2026, encontró igualmente una reducción significativa de la masa magra absoluta. En los estudios incluidos, la reducción media fue de aproximadamente 1.74 kg, mientras que la proporción de masa magra respecto al peso corporal aumentó. Para semaglutida, el descenso absoluto de masa magra fue particularmente pronunciado en el conjunto de los estudios analizados, aunque los autores señalaron que esto no debe interpretarse aisladamente como evidencia de deterioro muscular clínicamente relevante.
Otro metaanálisis publicado en 2026, que reunió 20 ensayos clínicos aleatorizados con 15 782 participantes, estimó que aproximadamente 35.2 % de la pérdida de peso producida por semaglutida correspondió a masa magra, mientras que el resto correspondió fundamentalmente a otros componentes, especialmente grasa. Es importante entender que esta cifra describe masa magra, no exclusivamente músculo esquelético.
Por tanto, una manera científicamente más correcta de expresarlo sería:
De cada 10 kilogramos de peso que una persona pierde con semaglutida, la mayor parte procede de grasa, pero una fracción apreciable puede proceder de masa magra. La proporción exacta varía entre estudios y no puede traducirse directamente en “kilogramos de músculo perdido”.
Esta interpretación concuerda con una revisión sistemática de estudios específicamente centrados en semaglutida, que encontró que la pérdida de peso se debía predominantemente a la reducción de masa grasa, mientras que la masa magra permanecía relativamente estable en algunos estudios y disminuía de manera más evidente en otros.
¿Por qué se pierde músculo cuando se pierde peso?
La explicación fisiológica no es exclusiva de la semaglutida. Toda pérdida importante y prolongada de peso puede acompañarse de cierta reducción de masa magra. Cuando la ingesta energética disminuye considerablemente, el organismo necesita movilizar reservas energéticas. El tejido adiposo proporciona gran parte de esa energía, pero durante un estado prolongado de déficit energético también se modifican la síntesis y degradación de proteínas y el recambio de tejidos. Además, cuando una persona pierde mucho peso, disminuye la carga mecánica que soporta diariamente. Esta reducción de la demanda mecánica puede disminuir uno de los estímulos fisiológicos que ayudan a mantener la masa muscular.
La semaglutida puede hacer que este fenómeno sea especialmente relevante porque permite conseguir pérdidas de peso considerablemente grandes. Si una persona pasa de consumir espontáneamente una cantidad elevada de energía a consumir mucho menos debido a una marcada disminución del apetito, puede resultar difícil alcanzar simultáneamente una ingesta suficiente de proteínas y mantener un estímulo adecuado de entrenamiento de fuerza. En estas circunstancias, la pérdida de tejido magro puede aumentar. La evidencia contemporánea, por ello, considera que la calidad de la pérdida de peso debe evaluarse además de la cantidad total de kilogramos perdidos.
El punto más importante: semaglutida no parece producir una pérdida preferente de músculo
La evidencia disponible indica que la semaglutida produce una pérdida predominantemente adiposa, pero acompaña esa pérdida con una reducción menor de masa magra. En el análisis de STEP 1, la masa grasa disminuyó 19.3 %, frente a una reducción de 9.7 % de la masa corporal magra. La grasa visceral disminuyó todavía más, 27.4 %. El resultado global fue una mejora de la relación entre masa magra y masa grasa.
Los resultados de una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 son coherentes con esta interpretación: los tratamientos basados en incretinas producen pérdidas sustanciales de masa grasa y también pérdidas de masa magra, pero la proporción de pérdida de masa magra no parece ser excepcionalmente diferente de la que se observa durante intervenciones convencionales para perder peso. El mismo análisis encontró que la combinación de pérdida de peso con entrenamiento de resistencia presentaba una proporción considerablemente menor de pérdida de masa magra.
Esto tiene una implicación práctica muy importante: el objetivo no debería ser impedir absolutamente cualquier descenso de masa magra, sino maximizar la proporción de grasa perdida y minimizar la pérdida de músculo funcional.
¿Se puede proteger el músculo mientras se utiliza semaglutida?
Sí. La evidencia disponible indica que la pérdida de masa magra puede modificarse mediante la combinación del tratamiento farmacológico con una estrategia nutricional y física apropiada. El elemento más importante es el entrenamiento de fuerza, porque proporciona al músculo un estímulo mecánico que favorece el mantenimiento de la masa y de la función durante un período de déficit energético. Los análisis recientes encuentran que las intervenciones de pérdida de peso que incorporan entrenamiento de resistencia presentan una menor proporción de pérdida de masa magra.
El segundo elemento es una ingesta suficiente de proteínas. Cuando la disponibilidad energética es menor, garantizar suficiente proteína dietética proporciona aminoácidos necesarios para mantener el recambio y la síntesis de proteínas musculares. La revisión sistemática y metaanálisis de 2026 sobre masa magra durante tratamientos incretínicos señala específicamente la combinación de entrenamiento de resistencia, aporte adecuado de proteínas y monitorización de la composición corporal como estrategia para preservar la masa muscular.
También importa la velocidad y magnitud de la pérdida de peso. Una reducción muy rápida y muy grande del peso corporal puede incrementar la dificultad para conservar tejido magro, especialmente si se acompaña de ingestas insuficientes de proteínas y de una actividad física baja. Por esta razón, no es apropiado evaluar el éxito del tratamiento exclusivamente mediante el número que aparece en la báscula. La evolución de la cintura, la grasa corporal, la fuerza, el rendimiento físico y, cuando existe una indicación clínica, la composición corporal proporcionan información mucho más completa.
¿Qué significa esto para una persona que quiere perder grasa y conservar músculo?
Si el objetivo es perder principalmente grasa y conservar la mayor cantidad posible de músculo, la semaglutida puede ser compatible con ese objetivo, pero no lo garantiza por sí misma.
La semaglutida facilita una reducción importante de la ingesta energética y, con ello, una reducción considerable de la grasa corporal. Los estudios de composición corporal muestran de manera bastante consistente que la grasa constituye la principal reserva perdida. Sin embargo, cuando la pérdida de peso es suficientemente grande, también puede disminuir la masa magra.
Por ello, una estrategia orientada a preservar músculo debería contener cuatro componentes: déficit energético controlado, suficiente proteína, entrenamiento de fuerza y seguimiento de la evolución de la composición corporal y de la función muscular. La evidencia disponible respalda especialmente el entrenamiento de resistencia y una alimentación con suficiente proteína como medidas para reducir la pérdida de tejido magro durante el tratamiento.
Hay, además, una cuestión particularmente importante para interpretar la báscula. Si una persona pierde 15 kg y conserva 50 kg de masa magra, no es equivalente fisiológicamente a otra que pierde 15 kg y conserva 45 kg de masa magra. Tampoco es equivalente perder 5 kg de masa magra si esos 5 kg corresponden exclusivamente a músculo esquelético que participa en la fuerza y el movimiento, frente a una reducción de 5 kg de masa magra que incluye principalmente modificaciones del agua corporal y otros componentes. Por eso, el número de kilogramos de masa magra perdido no debe confundirse automáticamente con el número de kilogramos de músculo perdido.
Conclusión
La respuesta más precisa es: la semaglutida quita principalmente grasa, pero también puede reducir masa magra y probablemente produce cierta pérdida de músculo en algunas personas. No obstante, la magnitud de la pérdida de músculo funcional es mucho más difícil de determinar que la pérdida de masa magra y no debe inferirse directamente a partir de una prueba de composición corporal.
Los datos del ensayo STEP 1 son especialmente ilustrativos: con semaglutida 2.4 mg durante 68 semanas, la masa grasa disminuyó 19.3 %, la grasa visceral disminuyó 27.4 % y la masa magra disminuyó 9.7 %. Al mismo tiempo, la proporción de masa magra dentro del peso corporal aumentó 3.0 puntos porcentuales.
Los estudios posteriores confirman el patrón general: la pérdida de grasa es mayor que la pérdida de masa magra, aunque una fracción no despreciable del peso perdido procede de tejido libre de grasa. Los metaanálisis más recientes estiman que aproximadamente una cuarta parte a poco más de un tercio de la pérdida de peso con terapias incretínicas puede corresponder a masa magra, dependiendo del fármaco, el estudio y el método de medición; en semaglutida, un análisis de 2026 estimó aproximadamente 35.2 %.
Por consiguiente, la semaglutida no es una sustancia que “queme músculo” de manera específica. Produce una pérdida de peso predominantemente adiposa, pero el déficit energético asociado puede llevar consigo cierta pérdida de tejido magro. El riesgo de una pérdida muscular clínicamente importante parece ser modificable, particularmente mediante entrenamiento de fuerza y una ingesta proteica adecuada. La evidencia más reciente, además, indica que la reducción de masa magra no necesariamente se traduce en pérdida de fuerza o función muscular; en algunos pacientes tratados con semaglutida se ha observado incluso una mejoría de la función muscular a pesar de una reducción inicial de masa magra.
Fuente y lecturas recomendadas:
- Alissou, M., et al. (2026). Impact of Semaglutide on fat mass, lean mass and muscle function in patients with obesity: The SEMALEAN study. Diabetes, Obesity and Metabolism.
- Bikou, A., Dermiki-Gkana, F., Penteris, M., Constantinides, T. K., & Kontogiorgis, C. (2024). A systematic review of the effect of semaglutide on lean mass: Insights from clinical trials. Expert Opinion on Pharmacotherapy, 25(5), 611–619. https://doi.org/10.1080/14656566.2024.2343092.
- Eisa, N., & Barood, O. (2026). Lean mass changes with incretin therapy versus lifestyle intervention: A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Diabetes, Obesity and Metabolism, 28(6), 4818–4827. https://doi.org/10.1111/dom.70666.
- Laverde, L. P., Muñoz-Velandia, O. M., Alfonso, D., & Gómez Medina, A. M. (2026). Effect of GLP-1 receptor agonists at doses for obesity management on muscle health: Systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. International Journal of Obesity, 50(8), 1638–1646. https://doi.org/10.1038/s41366-026-02118-y.
- Wilding, J. P. H., Batterham, R. L., Calanna, S., et al. (2021). Impact of semaglutide on body composition in adults with overweight or obesity: Exploratory analysis of the STEP 1 study. Journal of the Endocrine Society, 5(Supplement_1), A16–A17. https://doi.org/10.1210/jendso/bvab048.030.
- Neeland, I. J., et al. (2024). Changes in lean body mass with glucagon-like peptide-1-based therapies and mitigation strategies. Diabetes, Obesity and Metabolism. https://doi.org/10.1111/dom.15728.
- Rubino, D., Abrahamsson, N., Davies, M., et al. (2021). Effect of continued weekly subcutaneous semaglutide vs placebo on weight loss maintenance in adults with overweight or obesity: The STEP 4 randomized clinical trial. JAMA, 325(14), 1414–1425. https://doi.org/10.1001/jama.2021.3224.

