Resistencia a los antibióticos
Resistencia a los antibióticos

Resistencia a los antibióticos

La resistencia a los antibióticos es un fenómeno biológico mediante el cual determinadas bacterias adquieren o desarrollan características que les permiten sobrevivir ante la acción de uno o varios medicamentos antibacterianos que anteriormente podían inhibir su crecimiento o destruirlas. Es importante precisar que la resistencia pertenece a la bacteria y no al organismo humano: una persona no se vuelve resistente a un antibiótico por haberlo utilizado, sino que una infección puede estar causada por bacterias que poseen mecanismos capaces de disminuir o eliminar la eficacia del medicamento. La resistencia bacteriana forma parte de la evolución natural de los microorganismos, pero la exposición a los antibióticos ejerce una presión selectiva que favorece la supervivencia y multiplicación de las bacterias que poseen mecanismos de resistencia. La expansión de estas poblaciones resistentes puede transformar infecciones inicialmente tratables en enfermedades que requieren medicamentos diferentes, tratamientos más prolongados, procedimientos adicionales o cuidados hospitalarios más complejos.

La importancia médica de este fenómeno se explica porque los antibióticos constituyen una herramienta esencial para tratar infecciones bacterianas y para hacer posibles numerosas intervenciones médicas que dependen de la capacidad de prevenir o controlar infecciones. Cuando aumenta la resistencia, disminuye el número de tratamientos eficaces disponibles y aumenta la posibilidad de fracaso terapéutico. Esto tiene consecuencias particularmente importantes en procedimientos quirúrgicos, trasplantes de órganos, atención de pacientes inmunodeprimidos y tratamientos contra el cáncer, porque muchas de estas intervenciones requieren antibióticos eficaces para prevenir o tratar infecciones secundarias. La resistencia, por tanto, no debe entenderse únicamente como un problema relacionado con determinadas bacterias, sino como un fenómeno que puede afectar indirectamente a una gran parte de la medicina moderna.

La magnitud del problema puede observarse mediante los estudios de carga mundial de enfermedad. Un análisis sistemático publicado en 2022 estimó que, durante 2019, las infecciones bacterianas asociadas con resistencia a los antimicrobianos estuvieron relacionadas con aproximadamente 4,95 millones de muertes en todo el mundo y que aproximadamente 1,27 millones de esas muertes fueron directamente atribuibles a la resistencia bacteriana. Estas dos cifras no significan lo mismo: las muertes asociadas incluyen fallecimientos ocurridos en el contexto de infecciones resistentes, mientras que las muertes atribuibles estiman la parte de esa mortalidad que no se habría producido si las infecciones resistentes hubieran sido sustituidas por infecciones equivalentes susceptibles a los tratamientos. Esta distinción es fundamental porque permite comprender que la resistencia puede contribuir al desenlace mortal de una infección incluso cuando intervienen simultáneamente otros factores clínicos.

La evidencia más reciente amplió esta evaluación hasta 2021 y permitió analizar tres décadas de evolución de la resistencia bacteriana. El estudio mundial publicado en 2024 estimó la carga de la resistencia bacteriana en 204 países y territorios entre 1990 y 2021, considerando 22 agentes patógenos, 11 síndromes infeiosos y 16 combinaciones de microorganismo y antibiótico. El análisis también realizó proyecciones hasta 2050. En el escenario considerado de referencia, se estimaron para 2050 aproximadamente 1,91 millones de muertes anuales directamente atribuibles a la resistencia bacteriana y 8,22 millones de muertes anuales asociadas con ella. El mismo estudio calculó que entre 2025 y 2050 podrían producirse aproximadamente 39,1 millones de muertes atribuibles y 169 millones de muertes asociadas bajo ese escenario de referencia. Estas cifras son proyecciones y no constituyen una predicción inevitable, porque dependen de las tendencias epidemiológicas, demográficas, terapéuticas y sanitarias utilizadas por el modelo.

Para comprender por qué aparece la resistencia es necesario considerar la evolución bacteriana. Dentro de una población bacteriana pueden existir diferencias genéticas entre individuos. Algunas de estas diferencias pueden producir características que disminuyen la sensibilidad a determinado antibiótico. Cuando el medicamento se administra, las bacterias susceptibles pueden morir o dejar de reproducirse, mientras que aquellas que poseen una característica de resistencia pueden sobrevivir. Si posteriormente estas bacterias se multiplican, aumenta la proporción de la población que posee dicha característica. La exposición al antibiótico no necesita crear directamente una mutación específica para que ocurra este fenómeno; puede actuar principalmente como una fuerza de selección que modifica la composición de una población bacteriana preexistente. La resistencia también puede propagarse mediante la adquisición de material genético procedente de otras bacterias.

Las bacterias disponen de diferentes mecanismos moleculares para resistir los antibióticos. Uno de ellos consiste en modificar el sitio celular sobre el cual actúa el medicamento. Si un antibiótico necesita unirse a una proteína determinada para ejercer su efecto y la bacteria modifica estructuralmente esa proteína, la unión puede disminuir y la actividad antibacteriana puede reducirse. Otro mecanismo consiste en producir enzimas capaces de inactivar el medicamento. Un ejemplo de gran importancia clínica corresponde a las enzimas que degradan o modifican determinados antibióticos de la familia de los betalactámicos. También existen mecanismos que disminuyen la concentración del antibiótico dentro de la célula mediante sistemas de expulsión activa, así como modificaciones de las membranas bacterianas que reducen la entrada del medicamento. Las bacterias pueden además utilizar vías metabólicas alternativas o proteger el objetivo celular sobre el cual actúa el antibiótico.

La resistencia puede originarse por modificaciones del propio material genético bacteriano o por adquisición de genes procedentes de otras bacterias. La transferencia horizontal de genes permite que determinadas características genéticas pasen entre microorganismos que no necesariamente pertenecen a la misma línea descendiente. Este proceso puede ocurrir mediante diferentes mecanismos de intercambio genético y tiene especial importancia porque algunos elementos genéticos móviles pueden transportar simultáneamente varios genes de resistencia. Como consecuencia, una sola bacteria puede adquirir resistencia frente a diferentes familias de antibióticos. La acumulación de mecanismos de este tipo favorece la aparición de bacterias resistentes a múltiples medicamentos, lo que reduce significativamente las alternativas terapéuticas disponibles.

Una característica especialmente importante de la resistencia bacteriana es que no permanece necesariamente confinada al individuo que recibió un antibiótico. Las bacterias resistentes pueden transmitirse entre personas y también pueden circular mediante hospitales, comunidades, animales, alimentos, agua y ambientes contaminados. Los genes de resistencia pueden desplazarse entre diferentes reservorios biológicos y ambientales, creando una red de intercambio que dificulta atribuir el problema a una única fuente. La evidencia contemporánea sostiene que la resistencia debe analizarse mediante un enfoque integrado que considere simultáneamente la salud humana, la salud animal y el ambiente.

El uso de antibióticos constituye una de las principales fuerzas que favorecen la selección de bacterias resistentes. Sin embargo, afirmar que todo uso de antibióticos produce resistencia sería incorrecto. Los antibióticos son medicamentos necesarios cuando existe una infección bacteriana susceptible que requiere tratamiento. El problema aparece cuando se utilizan sin una indicación adecuada, cuando se emplea un medicamento que no corresponde al microorganismo causante de la infección, cuando se mantienen tratamientos innecesariamente prolongados o cuando se utilizan antibióticos de manera inapropiada en poblaciones donde pueden ejercer una presión selectiva considerable. La Organización Mundial de la Salud señaló en 2026 que el uso indebido y excesivo de los antimicrobianos continúa siendo uno de los principales factores que impulsan la aparición y propagación de microorganismos resistentes.

La magnitud del consumo también es relevante. En 2022, los antibióticos clasificados por la Organización Mundial de la Salud como pertenecientes al grupo de acceso, que comprende medicamentos recomendados como tratamientos de primera elección para muchas infecciones habituales, representaron aproximadamente 53 por ciento del consumo mundial de antibióticos en seres humanos. Los antibióticos pertenecientes al grupo de vigilancia, que presentan un riesgo mayor de favorecer resistencia y requieren un uso más cuidadoso, representaron aproximadamente 45 por ciento. La distribución del consumo demuestra que la resistencia no depende exclusivamente de cuánto antibiótico se utiliza, sino también de cuáles medicamentos se utilizan, para qué infecciones, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones epidemiológicas.

Las infecciones virales constituyen otro elemento importante en este problema porque los antibióticos actúan contra bacterias y no contra virus. Administrar un antibiótico frente a una infección viral no elimina el virus, pero sí puede exponer a las bacterias presentes en el organismo a presión selectiva. Esta exposición puede favorecer la selección de bacterias resistentes presentes en la microbiota normal o asociadas con infecciones simultáneas. Por esta razón, distinguir clínicamente entre infecciones bacterianas y virales es una parte fundamental del uso racional de los antibióticos. La disponibilidad de pruebas diagnósticas capaces de identificar el agente causante de una infección puede contribuir a seleccionar tratamientos más precisos y disminuir exposiciones innecesarias.

La resistencia también está relacionada con la microbiota humana. El organismo alberga comunidades complejas de microorganismos en el intestino, la piel, la cavidad oral y otros sitios. La exposición a antibióticos puede modificar la composición de estas comunidades y seleccionar microorganismos resistentes que posteriormente pueden persistir. Estos microorganismos o sus genes de resistencia pueden constituir un reservorio desde el cual la resistencia puede transmitirse a bacterias patógenas. Por ello, el impacto de un antibiótico no debe evaluarse únicamente por su efecto sobre la bacteria responsable de la enfermedad inmediata, sino también por sus posibles efectos sobre las comunidades microbianas que forman parte del organismo humano.

Los hospitales constituyen ambientes particularmente relevantes para la resistencia porque reúnen personas con enfermedades graves, procedimientos invasivos, exposición frecuente a antibióticos y múltiples oportunidades de transmisión microbiana. Los microorganismos resistentes pueden persistir en pacientes, superficies, equipos, agua y otros componentes del entorno sanitario. Las unidades donde se atienden pacientes con enfermedades críticas pueden ejercer una presión selectiva especialmente intensa debido a la utilización frecuente de antibióticos de amplio espectro. La investigación contemporánea describe al sistema sanitario no solamente como un lugar donde se detecta resistencia, sino también como un posible impulsor, reservorio y amplificador de microorganismos resistentes.

Entre las bacterias resistentes de mayor importancia clínica se encuentran Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y diferentes especies del género Enterobacter. Este conjunto ha recibido especial atención debido a su capacidad para producir infecciones graves, sobrevivir en ambientes sanitarios, adquirir múltiples mecanismos de resistencia y diseminar determinados linajes bacterianos a escala internacional. Su importancia no significa que sean las únicas bacterias resistentes relevantes, sino que constituyen un grupo especialmente representativo de los desafíos terapéuticos que plantea la resistencia bacteriana contemporánea.

Las bacterias gramnegativas resistentes presentan un desafío particular porque pueden combinar diferentes mecanismos de resistencia. Algunas producen enzimas capaces de inactivar antibióticos, otras modifican la permeabilidad de sus membranas y algunas utilizan sistemas de expulsión activa. La resistencia a los carbapenémicos resulta especialmente preocupante porque estos antibióticos han sido utilizados para tratar infecciones graves causadas por bacterias que ya presentan resistencia a otros medicamentos. El estudio mundial de 1990 a 2021 identificó un incremento considerable de la carga atribuible a la resistencia a los carbapenémicos en bacterias gramnegativas. El mismo análisis estimó que un escenario hipotético caracterizado por el desarrollo de nuevos antimicrobianos dirigidos contra estas bacterias podría evitar aproximadamente 11,1 millones de muertes atribuibles a la resistencia hasta 2050.

La resistencia frente a determinados tratamientos ya tiene repercusiones concretas en infecciones frecuentes. La Organización Mundial de la Salud informó en 2026 que aproximadamente una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas mediante pruebas de laboratorio que causaron infecciones comunes en 2023 presentó resistencia a los antibióticos utilizados para tratarlas. Entre 2018 y 2023, la resistencia aumentó en más de 40 por ciento de las combinaciones de microorganismo y antibiótico vigiladas, con incrementos medios anuales situados aproximadamente entre 5 y 15 por ciento. Estos datos reflejan tendencias agregadas de vigilancia y no significan que todas las infecciones bacterianas presenten el mismo grado de resistencia.

Un ejemplo clínicamente importante es la gonorrea. La resistencia de Neisseria gonorrhoeae frente a determinados antibióticos ha reducido las alternativas disponibles para tratar esta infección de transmisión sexual. La Organización Mundial de la Salud informó en 2026 que la resistencia mundial a ciprofloxacino en la gonorrea alcanzaba aproximadamente 75 por ciento, mientras que la resistencia frente a ceftriaxona, aunque todavía menor a escala mundial, estaba aumentando en determinadas regiones. Este ejemplo demuestra que la resistencia puede comprometer tratamientos considerados esenciales para infecciones frecuentes y que la vigilancia microbiológica es necesaria para detectar modificaciones en los patrones de susceptibilidad.

La tuberculosis constituye otro ejemplo de la complejidad de la resistencia. La tuberculosis multirresistente es producida por bacterias que no responden a isoniazida y rifampicina, dos de los medicamentos más importantes del tratamiento de primera elección. Cuando se pierde la sensibilidad a estos medicamentos, el tratamiento requiere esquemas alternativos más complejos y una vigilancia clínica y microbiológica más estrecha. La existencia de tuberculosis resistente demuestra que la resistencia puede desarrollarse progresivamente bajo diferentes presiones selectivas y que el tratamiento de las infecciones resistentes puede requerir combinaciones terapéuticas específicas y prolongadas.

El uso de antibióticos en animales también tiene relevancia para la resistencia. Los animales pueden recibir antibióticos para tratar enfermedades, prevenir determinados procesos infecciosos o, dependiendo del sistema productivo y de las regulaciones aplicables, por otras razones relacionadas con la producción. Esta exposición puede seleccionar bacterias resistentes en los animales. Posteriormente, bacterias resistentes o genes de resistencia pueden alcanzar el ambiente, los alimentos o las poblaciones humanas mediante diferentes rutas. Una revisión sistemática de intervenciones de bioseguridad, agua, saneamiento e higiene en sistemas agrícolas analizó 104 estudios y encontró evidencia de que determinadas intervenciones podían reducir infecciones, consumo de antibióticos y algunos indicadores de resistencia, aunque la calidad y consistencia de la evidencia variaron considerablemente entre intervenciones.

El ambiente constituye otro componente fundamental. Las aguas residuales procedentes de hospitales, hogares, industrias y actividades agrícolas pueden contener antibióticos, bacterias resistentes y genes de resistencia. Cuando estos componentes alcanzan cuerpos de agua o suelos, pueden proporcionar condiciones que favorezcan la persistencia y circulación de microorganismos resistentes. Una revisión sistemática sobre fuentes puntuales de contaminación ambiental encontró evidencia de que instalaciones de tratamiento de aguas residuales y determinadas instalaciones agrícolas pueden participar en la diseminación de bacterias resistentes y genes de resistencia hacia el ambiente natural. Esto no significa que todo microorganismo resistente presente en el ambiente produzca necesariamente una infección humana, pero demuestra que el ambiente puede actuar como reservorio y vía de circulación de determinantes de resistencia.

Por estas razones se utiliza el enfoque denominado Una Salud, que considera que la salud humana, la salud animal y la salud ambiental forman sistemas interconectados. La resistencia puede emerger en un sector y posteriormente desplazarse hacia otros. Una bacteria resistente seleccionada en un animal puede alcanzar el ambiente; una bacteria presente en aguas residuales puede circular posteriormente hacia otros reservorios; y una persona colonizada por bacterias resistentes puede transmitirlas dentro de una comunidad o un hospital. Las investigaciones de sistemas aplicadas a la resistencia muestran que existen múltiples relaciones de retroalimentación entre estos componentes y que reducir únicamente el consumo de antibióticos en un sector no necesariamente resuelve todos los mecanismos responsables de la persistencia y propagación de la resistencia.

La resistencia produce consecuencias clínicas que van más allá de la selección de un medicamento alternativo. Una infección resistente puede requerir más pruebas diagnósticas, hospitalización más prolongada, vigilancia adicional, medicamentos de segunda elección y cuidados intensivos. Algunos tratamientos alternativos pueden presentar mayor toxicidad, requerir administración intravenosa o poseer una ventana terapéutica más estrecha. Cuando una bacteria es resistente a varias familias de antibióticos simultáneamente, la selección del tratamiento puede depender de pruebas microbiológicas específicas que determinen qué medicamentos conservan actividad. Por esta razón, la resistencia aumenta la complejidad de la atención médica incluso cuando el paciente finalmente puede ser tratado con éxito.

La resistencia también modifica la relación entre microbiología y práctica clínica. Cuando se sospecha una infección bacteriana grave, el tratamiento inicial puede necesitar comenzar antes de disponer de los resultados definitivos de las pruebas microbiológicas. En ese contexto existe una tensión entre administrar un tratamiento suficientemente eficaz para cubrir los microorganismos probables y evitar una exposición innecesariamente amplia a antibióticos. Una vez disponibles los resultados microbiológicos, la información sobre susceptibilidad permite ajustar el tratamiento hacia una opción más específica cuando las circunstancias clínicas lo permiten. Este principio constituye una parte fundamental de los programas de optimización del uso de antimicrobianos y busca equilibrar el beneficio inmediato para el paciente con la necesidad de preservar la eficacia de los antibióticos.

La prevención de infecciones constituye una estrategia fundamental porque cada infección que se evita representa una oportunidad menos para utilizar antibióticos. La vacunación, la higiene de manos, el saneamiento, el control de infecciones, la seguridad alimentaria y las medidas de prevención en hospitales y comunidades pueden disminuir la cantidad de infecciones que requieren tratamiento antibacteriano. En sistemas agrícolas, una revisión sistemática encontró que determinadas medidas de bioseguridad y manejo podían disminuir la incidencia de infecciones y el consumo de antibióticos, aunque los resultados no fueron uniformes y una proporción considerable de los estudios presentó riesgo de sesgo. Esto indica que la prevención debe basarse en intervenciones evaluadas científicamente y adaptadas al contexto específico.

La vigilancia microbiológica es igualmente necesaria. Para controlar la resistencia no basta con saber cuántos antibióticos se consumen; también es necesario conocer qué bacterias circulan, frente a qué medicamentos presentan resistencia, dónde aparecen los cambios y cómo se propagan. Los sistemas de vigilancia permiten identificar modificaciones temporales en los patrones de susceptibilidad y detectar microorganismos resistentes emergentes. La información obtenida puede utilizarse para orientar tratamientos, diseñar políticas sanitarias, establecer medidas de control de infecciones y determinar prioridades de investigación. La evolución de las herramientas de secuenciación genética también ha permitido estudiar con mayor precisión la transmisión de determinados linajes bacterianos y la circulación de genes de resistencia.

El diagnóstico microbiológico desempeña un papel central porque el tratamiento adecuado depende de conocer, cuando es posible, el microorganismo responsable y su patrón de susceptibilidad. Las pruebas rápidas y las técnicas moleculares pueden reducir el tiempo necesario para identificar determinados agentes o mecanismos de resistencia. Sin embargo, las pruebas moleculares no sustituyen en todos los casos al cultivo y a las pruebas de susceptibilidad, porque detectar un gen de resistencia no siempre permite conocer por completo el comportamiento fenotípico de una bacteria frente a todos los antibióticos. La integración de diferentes métodos diagnósticos puede proporcionar una caracterización más completa y contribuir a seleccionar tratamientos con mayor precisión.

La investigación de nuevos antibióticos es necesaria, pero por sí sola no resolverá el problema. Las bacterias pueden desarrollar resistencia incluso frente a medicamentos nuevos, especialmente cuando estos ejercen presión selectiva sobre grandes poblaciones bacterianas. La revisión molecular publicada en 2023 señaló que se ha detectado resistencia frente a todos los antibióticos actualmente utilizados en la práctica clínica y que el número de nuevos medicamentos en desarrollo continúa siendo limitado. Esto significa que la innovación farmacológica debe acompañarse de estrategias capaces de conservar la eficacia de los medicamentos disponibles y de reducir la velocidad con que aparece y se propaga la resistencia.

La investigación también se está orientando hacia estrategias que complementen o modifiquen el uso tradicional de antibióticos. Entre las áreas estudiadas se encuentran los inhibidores de enzimas de resistencia, nuevas moléculas antibacterianas, terapias dirigidas contra mecanismos específicos de virulencia, bacteriófagos, modificaciones de la respuesta inmunitaria y otras estrategias no tradicionales. En el caso de las bacterias resistentes de importancia hospitalaria, la investigación reciente también ha prestado atención a combinaciones entre antibióticos y sustancias capaces de bloquear determinados mecanismos de resistencia. Sin embargo, estas aproximaciones se encuentran en diferentes etapas de desarrollo y no todas poseen todavía evidencia clínica suficiente para sustituir a los tratamientos convencionales.

La evolución futura de la resistencia dependerá de múltiples factores. El estudio mundial publicado en 2024 proyectó que el número absoluto de muertes atribuibles a la resistencia aumentará hacia 2050 en el escenario de referencia, aunque las tendencias varían considerablemente según la edad y la región. El análisis proyectó una disminución importante de las muertes atribuibles a la resistencia entre los menores de cinco años, mientras que estimó un incremento considerable entre las personas de 70 años o más. Este contraste demuestra que la evolución de la resistencia está relacionada no solamente con la biología bacteriana y el consumo de antibióticos, sino también con cambios demográficos, envejecimiento poblacional, distribución de enfermedades y capacidad de los sistemas sanitarios.

El mismo estudio mostró que las proyecciones pueden cambiar considerablemente dependiendo de las intervenciones que se adopten. Los investigadores evaluaron, además del escenario de referencia, escenarios hipotéticos relacionados con el desarrollo de nuevos medicamentos dirigidos contra bacterias gramnegativas y con mejoras en la calidad de la atención de la sepsis y el acceso a antimicrobianos adecuados. La comparación de estos escenarios demuestra que la carga futura de la resistencia no está determinada exclusivamente por una tendencia biológica inevitable. Las mejoras en diagnóstico, tratamiento, prevención de infecciones, acceso a medicamentos eficaces y desarrollo de nuevos tratamientos pueden modificar la carga proyectada.

La resistencia a los antibióticos debe entenderse como un proceso evolutivo y ecológico que ocurre simultáneamente en numerosos ambientes. Una bacteria resistente puede surgir por cambios genéticos o adquirir genes de resistencia de otros microorganismos; el uso de antibióticos puede seleccionar esas características; las bacterias resistentes pueden reproducirse y transmitirse; los genes responsables de la resistencia pueden desplazarse entre poblaciones bacterianas; y los microorganismos pueden circular entre seres humanos, animales y ambientes. Cada una de estas etapas puede contribuir a que la resistencia se mantenga y se expanda. Esta complejidad explica por qué ninguna intervención aislada puede resolver completamente el problema.

La resistencia a los antibióticos es, por tanto, mucho más que la pérdida de eficacia de un medicamento individual. Representa una modificación progresiva del ecosistema microbiano que puede reducir la capacidad de la medicina para tratar infecciones, aumentar la mortalidad, prolongar enfermedades, incrementar la utilización de recursos sanitarios y comprometer procedimientos médicos que dependen de antibióticos eficaces. La magnitud mundial documentada para las últimas décadas y las proyecciones hacia 2050 muestran que el problema requiere simultáneamente prevención de infecciones, uso apropiado de antibióticos, diagnóstico microbiológico, vigilancia epidemiológica, control de infecciones, investigación de nuevos tratamientos y medidas coordinadas entre los ámbitos humano, animal y ambiental.

La respuesta científica más completa consiste en conservar los antibióticos que todavía son eficaces mientras se desarrollan nuevas herramientas terapéuticas y preventivas. Esto implica utilizar antibióticos solamente cuando estén indicados, seleccionar el tratamiento de acuerdo con la evidencia clínica y microbiológica disponible, ajustar el tratamiento cuando se obtengan nuevos resultados, prevenir infecciones evitables, fortalecer la vigilancia y reducir la circulación de bacterias resistentes entre personas, animales y ambientes. La evidencia disponible indica que las intervenciones de prevención y control pueden modificar algunos de los factores que favorecen la resistencia, pero también muestra que existen importantes incertidumbres y diferencias entre contextos. Por ello, el control de la resistencia requiere una estrategia permanente basada en investigación, vigilancia epidemiológica y evaluación rigurosa de resultados.

La resistencia no puede eliminarse por completo mientras existan poblaciones bacterianas capaces de evolucionar y mientras los antibióticos continúen utilizándose. El objetivo realista de la medicina y de la salud pública consiste en retrasar la aparición de resistencia, reducir su propagación, preservar la actividad de los antibióticos existentes y desarrollar nuevas alternativas cuando las actuales dejan de ser eficaces. La evidencia acumulada durante las últimas décadas muestra que la resistencia puede avanzar cuando existe una combinación de presión selectiva, transmisión microbiana, circulación de genes de resistencia y condiciones sanitarias que favorecen su propagación. Del mismo modo, muestra que las intervenciones dirigidas a esos diferentes mecanismos pueden modificar la trayectoria del problema.

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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  6. Pinto Jimenez, C. E., Keestra, S., Tandon, P., Cumming, O., Pickering, A. J., Moodley, A., & Chandler, C. I. R. (2023). Biosecurity and water, sanitation, and hygiene interventions in animal agricultural settings for reducing infection burden, antibiotic use, and antibiotic resistance: A One Health systematic review. The Lancet Planetary Health, 7(5), e418–e434. https://doi.org/10.1016/S2542-5196(23)00049-9
  7. World Health Organization. (2026, July 16). Resistencia a los antimicrobianos.
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