La radiografía de tórax constituye uno de los estudios de imagen más utilizados en la práctica clínica debido a su accesibilidad, bajo costo relativo y alto rendimiento diagnóstico en múltiples patologías torácicas. Sin embargo, su interpretación adecuada exige una valoración previa y sistemática de la calidad técnica de la imagen. La identificación de una radiografía técnicamente aceptable no es un procedimiento accesorio, sino un paso fundamental para evitar errores diagnósticos derivados de artefactos o deficiencias en la adquisición.
La evaluación técnica permite distinguir alteraciones reales del parénquima pulmonar, del mediastino o de la pared torácica, de aquellas modificaciones aparentes producidas por factores físicos relacionados con la generación y registro de los rayos equis. Existen cinco parámetros esenciales cuya revisión sistemática permite establecer si una radiografía torácica es apta para su interpretación diagnóstica: penetración, inspiración, rotación, magnificación y angulación.
Penetración radiográfica
La penetración describe el grado en que el haz de radiación electromagnética ionizante logra atravesar los tejidos corporales y alcanzar el detector con suficiente energía residual para generar una imagen diagnóstica útil. Este fenómeno depende de múltiples factores físicos, entre ellos la energía del haz, la densidad y el espesor de las estructuras atravesadas, así como la composición tisular.
Desde el punto de vista físico, los rayos equis experimentan procesos de atenuación al interactuar con la materia. Dicha atenuación ocurre mediante absorción fotoeléctrica y dispersión Compton, mecanismos que reducen la intensidad del haz incidente. Si la energía administrada es insuficiente para atravesar adecuadamente el tórax, la imagen resultante mostrará una opacidad global aumentada, con pérdida de definición en estructuras profundas.
En una radiografía torácica frontal técnicamente adecuada, debe ser posible identificar la columna vertebral dorsal a través de la silueta cardíaca. Este hallazgo indica que el haz ha penetrado tanto el parénquima pulmonar aireado como las estructuras mediastínicas de mayor densidad, permitiendo que los cuerpos vertebrales se insinúen en transparencia detrás del corazón.
Cuando la penetración es insuficiente, la silueta cardíaca se observa excesivamente blanca y homogénea, sin permitir la visualización de los cuerpos vertebrales subyacentes. Esta situación puede generar falsas impresiones de aumento de densidad pulmonar basal, consolidaciones o incluso derrames pleurales. En contraste, una penetración excesiva produce una imagen globalmente oscura, con disminución aparente de las marcas vasculares pulmonares, lo que podría interpretarse erróneamente como hiperlucidez patológica.
Por lo tanto, la evaluación crítica de la penetración es esencial para diferenciar entre verdaderas alteraciones anatómicas y simples variaciones técnicas.
Inspiración
La inspiración profunda durante la adquisición de la radiografía torácica tiene una repercusión directa sobre la configuración anatómica visible en la imagen. Durante la inspiración máxima, el diafragma desciende, los espacios intercostales se expanden y el volumen pulmonar aumenta significativamente. Este incremento en el contenido aéreo mejora el contraste natural entre el aire y los tejidos blandos, facilitando la delimitación de estructuras vasculares y parenquimatosas.
Una inspiración completa garantiza que la radiografía sea reproducible y comparable con estudios previos o posteriores. Esto resulta especialmente relevante en el seguimiento evolutivo de enfermedades pulmonares, donde cambios sutiles en la densidad o el volumen pueden tener implicaciones clínicas importantes.
La evaluación objetiva del grado de inspiración se realiza contando el número de costillas posteriores visibles por encima del hemidiafragma derecho en la proyección frontal. La visualización de diez costillas posteriores indica una inspiración excelente y, por tanto, una expansión pulmonar óptima. En el contexto hospitalario, donde los pacientes pueden presentar limitaciones funcionales o dolor torácico, la observación de ocho a nueve costillas posteriores suele considerarse suficiente para una interpretación confiable.
Una inspiración insuficiente reduce el volumen pulmonar, eleva el diafragma y comprime las estructuras intratorácicas. Como consecuencia, el parénquima pulmonar puede parecer más denso, especialmente en las bases, generando imágenes que simulan atelectasias o infiltrados. Además, el corazón puede aparentar un tamaño mayor debido a la disminución del volumen torácico disponible.
De esta manera, el reconocimiento de una inspiración inadecuada previene interpretaciones erróneas que podrían conducir a diagnósticos incorrectos.
Diferenciación anatómica entre costillas anteriores y posteriores
La correcta evaluación del grado de inspiración requiere distinguir con precisión las costillas posteriores de las anteriores, ya que el recuento diagnóstico se basa específicamente en las costillas posteriores.
Las costillas posteriores son más evidentes en la radiografía frontal debido a su orientación aproximadamente horizontal y a su inserción directa en los cuerpos vertebrales dorsales. Radiográficamente, se identifican como estructuras lineales densas que emergen lateralmente desde la columna vertebral, lo que facilita su enumeración sistemática.
En contraste, las costillas anteriores presentan una orientación oblicua descendente hacia los pies. Se continúan anteriormente con cartílago costal antes de unirse al esternón o al cartílago de la costilla contigua. Dado que el cartílago posee una densidad similar a la de los tejidos blandos circundantes, no suele ser visible en individuos jóvenes o adultos, salvo que exista calcificación asociada a la edad. Por ello, las costillas anteriores son menos conspicuas y pueden confundirse con otras estructuras si no se analizan con detenimiento.
La distinción adecuada entre ambos grupos costales evita errores en el conteo y, por ende, en la valoración del grado de inspiración.
Rotación
La rotación ocurre cuando el paciente no se encuentra alineado de forma estrictamente perpendicular al haz de rayos equis durante la exposición. Desde una perspectiva geométrica, cualquier desviación axial genera una proyección asimétrica de las estructuras torácicas.
El método más fiable para identificar la rotación consiste en examinar la relación entre los extremos mediales de las clavículas y las apófisis espinosas de los cuerpos vertebrales dorsales. En una radiografía técnicamente correcta, ambas clavículas deben situarse aproximadamente a la misma distancia de la apófisis espinosa del cuerpo vertebral interpuesto entre ellas. Esta equidistancia indica que el tórax está orientado simétricamente respecto al detector.
Si una clavícula se proyecta más cercana a la línea media vertebral que la otra, el paciente está rotado hacia ese lado. Este principio se mantiene independientemente de si la proyección es posteroanterior o anteroposterior, ya que la relación geométrica entre clavículas y columna no depende del sentido de entrada del haz, sino de la alineación axial del tórax.
La rotación puede generar falsas asimetrías pulmonares, desplazamientos aparentes de la tráquea o ensanchamientos mediastínicos simulados. Por ejemplo, el hemitórax hacia el cual el paciente está rotado puede parecer más opaco debido a la superposición aumentada de tejidos blandos. Sin una evaluación crítica de la alineación, estas alteraciones podrían confundirse con patología real.
Magnificación
La magnificación radiográfica es un fenómeno inherente a la proyección de estructuras tridimensionales sobre una superficie bidimensional mediante un haz divergente de radiación. La magnitud de este efecto depende fundamentalmente de la distancia entre el objeto y el detector.
Desde el punto de vista geométrico, cuanto más cercano se encuentra un objeto al detector, menor es la divergencia relativa del haz que lo atraviesa, y por tanto, menor es la ampliación de su imagen proyectada. Por el contrario, cuanto mayor es la distancia entre el objeto y el detector, mayor es la divergencia del haz y más grande será la imagen resultante en comparación con el tamaño real.
Este principio adquiere especial relevancia en la valoración del tamaño cardíaco. En la radiografía torácica estándar en proyección posteroanterior, el paciente se sitúa de pie, con el tórax anterior en contacto cercano con el detector. En esta configuración, el haz de rayos equis ingresa por la región posterior y emerge por la anterior. Dado que el corazón es una estructura predominantemente anterior, su proximidad al detector reduce la magnificación, lo que permite que el tamaño observado se aproxime al tamaño anatómico real.
En cambio, en una proyección anteroposterior, habitual en estudios realizados con equipos portátiles a la cabecera del paciente, el haz ingresa por la superficie anterior y sale por la posterior. En esta disposición, el corazón queda más alejado del detector, lo que incrementa la magnificación aparente. Como consecuencia, el tamaño cardíaco puede parecer aumentado, simulando cardiomegalia.
Por esta razón, la evaluación del índice cardiotorácico solo debe considerarse confiable cuando la radiografía ha sido obtenida en proyección posteroanterior estándar. En estudios anteroposteriores, cualquier apreciación del tamaño cardíaco debe interpretarse con cautela, teniendo en cuenta el efecto geométrico de ampliación.
Angulación
La angulación se refiere a la dirección del haz de rayos equis respecto al plano corporal del paciente. En condiciones ideales, cuando el paciente se encuentra en bipedestación, el haz tiene un trayecto horizontal y el plano del tórax es perpendicular a dicho haz. Esta configuración permite una representación anatómica proporcional y sin distorsiones significativas.
Sin embargo, cuando el haz se inclina en sentido craneal mientras el paciente está sentado o de pie, se produce una proyección conocida como lordótica apical. De manera equivalente, si el haz permanece horizontal pero el paciente inclina el tronco hacia atrás, se genera el mismo efecto geométrico.
En contextos hospitalarios, muchos pacientes no pueden adoptar una posición erguida completa debido a su estado clínico. En tales casos, el haz puede atravesar el tórax mientras la cabeza y el tronco están inclinados hacia atrás, reproduciendo el efecto lordótico. Esta situación es frecuente en radiografías anteroposteriores realizadas en cama.
En las proyecciones lordóticas apicales anteroposteriores, las estructuras anteriores del tórax, como las clavículas, se proyectan en una posición más superior en la imagen resultante, mientras que las estructuras posteriores se proyectan relativamente más inferiores. Este desplazamiento altera la relación habitual entre clavículas y vértices pulmonares, pudiendo dificultar la evaluación de lesiones apicales o simular alteraciones en la arquitectura torácica.
La identificación de la angulación es esencial para comprender las variaciones en la disposición aparente de las estructuras óseas y mediastínicas, evitando interpretaciones erróneas basadas en distorsiones proyectivas.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Herring, W. (2024). Radiología básica: Aspectos fundamentales (5.ª ed.). Elsevier España.
- Bushong, S. C. (2022). Manual de radiología para técnicos: Física, biología y protección radiológica (12.ª ed.). Elsevier.
- Formación en Radiología (FORA), Del Cura Rodríguez, J. L., Aquerreta Beola, J. D., Sendra Portero, F., & Carreira Villamor, J. (2021). Radiología básica: Método programado para el aprendizaje. Editorial Médica Panamericana.

