Experiencia religiosa y moral

Experiencia religiosa y moral
Experiencia religiosa y moral

Casi todas las formas de experiencia religiosa han estado unidas siempre a alguna forma de experiencia moral.

La experiencia religiosa es, primordialmente, una captación de la realidad en su aspecto sagrado. Las religiones comienzan con el reconocimiento de alguna hierofanía (o manifestación de lo sagrado). Y culminan en la mística. La mística (del griego muein = ocultarse) alude al encuentro de la realidad absoluta que se oculta tras las apariencias.

La experiencia religiosa no se relaciona directamente con los actos humanos, sino con alguna intuición de lo sagrado y con sentimientos profundos de sentido, esperanza, adoración, identificación, unión, iluminación, éxtasis amoroso, salvación o liberación.

La experiencia moral se origina en la consciencia de que somos libres para realizar unas posibilidades u otras. Cada posibilidad tiene para el ser humano un valor diferente que suscita preferencias y rechazos. Y frente a las alternativas siempre pretendemos lograr lo mejor o lo menos malo.

El comportamiento moral es la búsqueda consciente y la realización libre de lo mejor que puede realizarse, junto con un sentido de responsabilidad por todo ello.

La experiencia moral genera sentimientos relacionados con ella, como son los de obligación, deber, aspiración al bien, a la virtud o al ideal, mérito, admiración, autoestima, agradecimiento, venganza, castigo o recompensa.

En algunos pueblos, o etapas históricas, la religión llega a ser la única fuente de normas morales y la única autoridad capaz de interpretarlas.

Las éticas ilustradas modernas intentaron fundamentar la moral sin apelar a revelaciones o autoridades religiosas.

El ser humano, enfrentado a la realidad, se encuentra impulsado a actuar, y siente que esa actuación suya depende de su propia voluntad. Sabe que puede hacer o no hacer algo, y que puede elegir un curso de acción u otro.

Es innegable, por otra parte, que existen condicionamientos de todo tipo que limitan la libertad. Pueden darse estados de carencia y de grave necesidad, de ignorancia o de perturbación psíquica; y pueden ser muy fuertes los condicionamientos educativos.

La libertad es poder elegir entre diferentes valores que se presentan ante nosotros como realizables.

En toda elección final influyen elementos inconscientes, valores y hábitos incorporados; y también influye el nivel de responsabilidad que cada persona asume.

Necesitamos orientar nuestra libertad para realizar las elecciones mejores. eso necesitamos una moral y una ética que nos ayuden a elegir bien nuestras acciones libres.

Gracias a ellas podemos ir más allá de los instintos de supervivencia y realizar valores, o ejecutar actos de amor y entrega, más allá de nuestros intereses individuales. Y gracias a ellas podemos también aspirar a lo mejor.

 

 

 

Homo medicus

 


 

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