El oído externo se organiza en dos componentes fundamentales, la oreja o pabellón auricular y el conducto auditivo externo, debido a la necesidad funcional de captar, dirigir y proteger las ondas sonoras antes de que alcancen las estructuras más profundas del sistema auditivo. Esta división responde a criterios anatómicos y fisiológicos precisos: mientras la oreja actúa como una estructura recolectora y moduladora del sonido, el conducto auditivo externo funciona como un canal de conducción que guía las vibraciones acústicas hacia la membrana timpánica, optimizando su transmisión.
Configuración externa
La oreja, también denominada pabellón auricular, es una formación anatómica impar y simétrica, situada a ambos lados de la cabeza, en una posición estratégica que facilita la captación de sonidos provenientes del entorno. Su localización anterior al proceso mastoides del hueso temporal y posterior a la articulación temporomandibular no es casual, ya que permite una adecuada orientación espacial y contribuye a la percepción direccional del sonido. Esta estructura presenta una compleja configuración externa que incrementa la superficie de contacto con las ondas sonoras y favorece su reflexión y concentración hacia el conducto auditivo externo.
Desde el punto de vista morfológico, la oreja posee una cara lateral, una cara medial y una circunferencia que las delimita. La cara lateral, visible externamente, se caracteriza por una excavación central profunda denominada concha auricular, cuya función principal es canalizar el sonido hacia el orificio del conducto auditivo externo. Alrededor de esta depresión se disponen varios relieves cartilaginosos que no solo confieren resistencia y forma, sino que también modifican las ondas sonoras, permitiendo una mejor discriminación de la procedencia y la intensidad del estímulo auditivo.
El hélix constituye el pliegue curvo periférico que rodea la mayor parte del pabellón auricular, delimitando su contorno anterior, superior y posterior. Su disposición contribuye a dirigir las ondas sonoras hacia la concha. El antihélix, situado medialmente respecto al hélix, es un relieve ascendente que participa en la compleja reflexión del sonido y aporta soporte estructural. El trago, una prominencia cartilaginosa de forma triangular ubicada por delante de la concha, cumple una función protectora al limitar la entrada directa de cuerpos extraños y atenuar sonidos excesivamente intensos. Frente a él se encuentra el antitrago, separado del trago por la incisura intertrágica, que colabora en la delimitación inferior de la concha y en la orientación acústica.
En la porción inferior del pabellón auricular se localiza el lóbulo, una formación blanda carente de cartílago, compuesta principalmente por tejido adiposo y conectivo. Su tamaño y forma varían considerablemente entre individuos, lo que convierte a la oreja en un rasgo anatómico útil para la identificación personal. Desde el punto de vista clínico, el lóbulo posee relevancia práctica, ya que su rica vascularización permite la obtención de muestras de sangre capilar para estudios hematológicos, como pruebas de coagulación o recuentos celulares.
La cara medial de la oreja se orienta hacia el cráneo y presenta una morfología inversa a la de la cara lateral. Está delimitada anteriormente por el surco posterior de la oreja y muestra irregularidades que corresponden a los relieves externos, pero con curvaturas opuestas: la concha se vuelve convexa y el antihélix adquiere una configuración cóncava. En su región anteroinferior, esta cara se fija firmemente a la pared lateral del cráneo alrededor del conducto auditivo externo, asegurando estabilidad y una correcta alineación del pabellón auricular.
La circunferencia de la oreja, de contorno ovalado, integra ambas caras y coincide anatómicamente con el hélix. La notable variabilidad en la forma y el tamaño del pabellón auricular entre las personas responde a factores genéticos y del desarrollo, y aunque estas diferencias suelen carecer de implicaciones funcionales, en algunos casos pueden motivar intervenciones quirúrgicas correctivas cuando existen alteraciones estéticas o funcionales.
Constitución anatómica
La oreja es una estructura anatómica compleja cuya organización responde a la necesidad de mantener una forma estable, flexible y funcional para la captación de las ondas sonoras. Para cumplir este propósito, está constituida por un armazón cartilaginoso, un sistema de ligamentos, un conjunto muscular rudimentario y un revestimiento cutáneo especializado, todos ellos integrados de manera precisa.
El cartílago auricular constituye el elemento estructural principal de la oreja. Se trata de una lámina delgada, flexible y elástica que ocupa casi toda la extensión del pabellón auricular, con la única excepción del lóbulo, el cual carece de cartílago y está formado por tejido conectivo y adiposo. La elasticidad de este cartílago permite que la oreja conserve su forma característica y, al mismo tiempo, resista deformaciones sin daño permanente. Sobre esta lámina cartilaginosa se modelan todos los relieves visibles de la oreja, lo que demuestra que su arquitectura es la base morfológica del pabellón auricular.
En la porción anterior del cartílago se distingue la espina del hélix, una prominencia que se continúa con la raíz del hélix y que contribuye a fijar el pabellón auricular al esqueleto facial. Hacia la región posterior se prolongan la cola del hélix y el antihélix, dos relieves claramente definidos que participan en la delimitación de la concha auricular. Estas estructuras se encuentran separadas del antitrago por la fisura antitragohelicina, una hendidura que permite diferenciar anatómicamente estas eminencias y facilita la flexibilidad del cartílago. En la porción media del pabellón, el surco transverso del antihélix establece una separación entre la saliente de la concha auricular y la saliente correspondiente a la fosa triangular, organizando el relieve interno de la oreja de manera funcional y armónica.
Los ligamentos de la oreja cumplen una función de sostén y estabilización, asegurando la correcta posición del pabellón auricular con respecto al cráneo y manteniendo la cohesión de sus diferentes relieves. Se distinguen ligamentos extrínsecos e intrínsecos. Los ligamentos extrínsecos conectan la oreja con estructuras óseas vecinas. El ligamento anterior une el proceso cigomático con el trago y la espina del hélix, contribuyendo a la fijación anterior del pabellón. El ligamento posterior, por su parte, relaciona la base del proceso mastoides con la eminencia de la concha auricular, reforzando la estabilidad posterior de la oreja.
Los ligamentos intrínsecos se disponen íntegramente dentro del pabellón auricular y refuerzan la unión entre las distintas convexidades del cartílago. Estos se extienden desde la eminencia de la concha auricular hacia la convexidad del antihélix, desde la convexidad del hélix hacia las del antihélix y la concha, y desde el trago hacia el hélix. Su función principal es mantener la forma tridimensional del pabellón auricular, evitando el colapso de sus relieves y garantizando la continuidad estructural del cartílago.
Los músculos auriculares, aunque bien identificables desde el punto de vista anatómico, poseen escasa relevancia funcional en el ser humano. Se consideran estructuras rudimentarias, reflejo de una mayor movilidad auricular presente en otros mamíferos. Se clasifican en músculos extrínsecos e intrínsecos. Los músculos extrínsecos comprenden los auriculares superior, anterior y posterior, los cuales conectan el pabellón auricular con el cráneo y permiten movimientos mínimos de la oreja. Los músculos intrínsecos se disponen íntegramente sobre el cartílago y participan en la modulación de sus relieves; entre ellos se encuentran los músculos mayor y menor del hélix, los músculos del trago y del antitrago, así como el músculo transverso y el músculo oblicuo de la oreja.
El revestimiento cutáneo del pabellón auricular es delgado y liso, adaptado estrechamente al cartílago subyacente, reproduciendo con precisión todos sus relieves tanto en la cara lateral como en la medial. El tejido subcutáneo presenta diferencias según la superficie considerada: en la cara medial es relativamente laxo, lo que facilita la movilidad y el drenaje, mientras que en la cara lateral es más compacto y firmemente adherido al cartílago. La piel de la oreja contiene anexos cutáneos específicos, entre los que se destacan los pelos del trago, ubicados en su cara medial y con función protectora; las glándulas sebáceas de la concha auricular, que contribuyen a la lubricación de la piel; y un número reducido de glándulas sudoríparas, presentes únicamente en la cara interna del pabellón auricular.
Vasos y nervios
La vascularización y la inervación de la oreja reflejan su condición de estructura superficial, altamente especializada y estrechamente relacionada con la región temporal, parotídea y cervical. La disposición de sus vasos y nervios garantiza un adecuado aporte sanguíneo, un drenaje venoso eficaz, una correcta respuesta inmunitaria y una sensibilidad precisa de sus distintas regiones.
La irrigación arterial del pabellón auricular procede principalmente de dos fuentes. La arteria temporal superficial aporta ramas destinadas sobre todo a la cara lateral de la oreja, acompañando su posición anterior y su relación con la región temporal. Estas ramas se distribuyen sobre los relieves cartilaginosos y aseguran la nutrición de la piel y del cartílago subyacente. Por otra parte, la arteria auricular posterior irriga de manera predominante la cara medial del pabellón auricular, en concordancia con su trayecto posterior y su proximidad a la región mastoidea. Entre ambas circulaciones se establecen numerosas ramas perforantes y ramas circundantes que atraviesan o rodean el cartílago, permitiendo la anastomosis entre los sistemas arterial anterior y posterior. Esta interconexión vascular asegura una irrigación homogénea de toda la oreja y explica su buena capacidad de cicatrización tras traumatismos leves.
El drenaje venoso sigue un patrón similar al arterial, con dos corrientes principales. La corriente venosa anterior recoge la sangre de la porción anterolateral del pabellón auricular y la conduce hacia la vena temporal superficial. En contraste, la corriente posterior drena la sangre proveniente de la cara medial y del borde posterior de la oreja, desembocando en la vena yugular externa o en la vena mastoidea. Este sistema venoso dual favorece un retorno sanguíneo eficaz hacia la circulación cervical, evitando la congestión de una estructura expuesta y de escasa profundidad.
Los vasos linfáticos del pabellón auricular forman una red fina y delicada, acorde con el grosor reducido de sus tejidos. Los linfáticos de la cara medial se dirigen principalmente hacia los nodos mastoideos y hacia los nodos parotídeos profundos infraauriculares, reflejando la proximidad de estas estaciones ganglionares a la región posterior de la oreja. Los linfáticos de la cara lateral, por su parte, drenan hacia los nodos parotídeos profundos preauriculares. En el borde posterior del pabellón auricular se produce una confluencia de ambos sistemas, ya que los vasos linfáticos del contorno de la oreja se anastomosan con los de la cara medial, asegurando un drenaje continuo y eficaz de toda la superficie auricular.
La inervación de la oreja se organiza en componentes motores y sensitivos bien diferenciados. La inervación motora depende del nervio facial, el cual proporciona ramos destinados a los músculos auriculares. Aunque estos músculos tienen un valor funcional limitado en el ser humano, su inervación refleja la organización neuromuscular típica de las estructuras derivadas del segundo arco faríngeo. La sensibilidad del pabellón auricular está asegurada por nervios de distinto origen. El nervio auriculotemporal, rama del nervio mandibular, aporta sensibilidad a las regiones anteriores y superiores de la oreja, mientras que el ramo auricular mayor, procedente del plexo cervical superficial, inerva principalmente la cara medial y la porción inferior del pabellón. Esta distribución sensitiva explica la diversidad de estímulos percibidos en la oreja y tiene especial importancia clínica en procedimientos diagnósticos y quirúrgicos que involucran el oído externo.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

