Los microorganismos que nos habitan
Los microorganismos que nos habitan

Los microorganismos que nos habitan

Los microorganismos que habitan el cuerpo humano constituyen un ecosistema biológico extraordinariamente complejo cuya magnitud, diversidad genética y actividad metabólica han transformado profundamente la comprensión moderna de la fisiología humana. Durante décadas se sostuvo la idea de que el cuerpo humano estaba compuesto principalmente por células humanas y que los microorganismos asociados representaban solamente una contaminación periférica o un conjunto de organismos pasajeros. Sin embargo, el desarrollo de técnicas de secuenciación masiva de ácido desoxirribonucleico y de análisis metagenómico permitió demostrar que el organismo humano funciona en realidad como un sistema integrado entre células humanas y comunidades microbianas altamente organizadas. Este conjunto de microorganismos recibe el nombre de microbiota, mientras que el término microbioma se refiere al conjunto total de genes y funciones metabólicas de dichos microorganismos.

Las investigaciones cuantitativas más recientes indican que el cuerpo humano alberga aproximadamente una cantidad semejante de células microbianas y células humanas, aunque ciertos tejidos y cavidades presentan densidades microbianas tan elevadas que localmente los microorganismos superan de forma masiva a las células humanas. El intestino grueso constituye el principal reservorio microbiano del organismo, con concentraciones cercanas a 10¹¹ o 10¹² microorganismos por gramo de contenido intestinal. Esta densidad convierte al colon en uno de los ecosistemas microbianos más densamente poblados conocidos en la naturaleza. Estudios de reconstrucción celular y estimaciones fisiológicas demostraron que un adulto promedio posee aproximadamente 3,8 × 10¹³ bacterias y cerca de 3,0 × 10¹³ células humanas, lo cual modificó estimaciones antiguas que proponían relaciones de 10:1 a favor de las bacterias. Aun así, desde el punto de vista funcional y genético, la microbiota representa una entidad biológica inmensamente superior en diversidad molecular respecto al genoma humano, debido a que el conjunto de genes microbianos excede por cientos de veces el número de genes humanos funcionales.

La enorme abundancia microbiana se explica por las condiciones ecológicas favorables que proporciona el cuerpo humano. La temperatura estable cercana a 37 °C, la disponibilidad continua de nutrientes, la humedad, la protección frente a radiación ultravioleta y la presencia de superficies mucosas ricas en compuestos orgánicos generan nichos ideales para la colonización microbiana. Cada región anatómica presenta características fisicoquímicas específicas que seleccionan comunidades distintas. La piel alberga microorganismos adaptados a ambientes relativamente secos, salinos y ácidos; la cavidad oral contiene bacterias resistentes a cambios constantes de pH y flujo salival; las fosas nasales albergan especies tolerantes al oxígeno; y el intestino grueso favorece principalmente microorganismos anaerobios capaces de fermentar carbohidratos complejos.

El aparato digestivo constituye el ecosistema microbiano más importante del cuerpo humano debido a la enorme disponibilidad de nutrientes y a la extensa superficie mucosa intestinal. Se calcula que el intestino humano contiene entre 400 y más de 1.000 especies bacterianas distintas, aunque el número exacto varía según dieta, genética, edad, exposición ambiental, uso de antibióticos y estado de salud. La mayor parte de estas bacterias pertenece a los filos Firmicutes y Bacteroidetes, aunque también participan Actinobacteria, Proteobacteria, Verrucomicrobia y otros grupos menos abundantes. Estas comunidades forman una red ecológica dinámica en la que las especies cooperan y compiten mediante intercambio de metabolitos, producción de sustancias antimicrobianas y regulación inmunológica.

La razón fundamental por la cual estos microorganismos son tan numerosos reside en su extraordinaria capacidad de reproducción y adaptación evolutiva. Las bacterias poseen tiempos de duplicación extremadamente cortos en comparación con las células humanas. Mientras muchas células humanas requieren días o semanas para dividirse, numerosas bacterias intestinales pueden reproducirse en cuestión de minutos u horas cuando las condiciones son favorables. Además, el reducido tamaño bacteriano permite alojar cantidades inmensas de células en espacios anatómicos relativamente pequeños. Un solo mililitro de contenido intestinal puede contener miles de millones de bacterias debido a que el volumen individual de cada microorganismo es microscópico.

La microbiota intestinal desempeña funciones esenciales para la supervivencia humana porque participa directamente en procesos metabólicos que el organismo humano no puede realizar por sí mismo. El genoma humano carece de muchas enzimas necesarias para degradar polisacáridos complejos presentes en vegetales y fibras dietéticas. Las bacterias intestinales poseen enzimas especializadas capaces de hidrolizar celulosa, hemicelulosa, pectinas y otros carbohidratos complejos que serían indigeribles para el ser humano. Como resultado de esta fermentación bacteriana se producen ácidos grasos de cadena corta como acetato, propionato y butirato, moléculas que constituyen importantes fuentes energéticas para las células epiteliales intestinales y que además participan en regulación metabólica sistémica.

El butirato posee una importancia fisiológica particularmente relevante debido a que constituye la principal fuente energética de los colonocitos. Además, regula la expresión génica mediante inhibición de histona desacetilasas y ejerce efectos antiinflamatorios sobre el epitelio intestinal. El propionato participa en gluconeogénesis hepática y regulación del metabolismo lipídico, mientras que el acetato puede utilizarse como sustrato metabólico periférico. Por tanto, la microbiota no solamente facilita la digestión, sino que funciona como un auténtico órgano metabólico complementario.

Otra función esencial de la microbiota consiste en la síntesis de vitaminas y compuestos bioactivos indispensables. Diversas bacterias intestinales producen vitamina K, biotina, ácido fólico y varias vitaminas del complejo B. Aunque parte de estas vitaminas también se obtiene mediante alimentación, la síntesis microbiana contribuye significativamente al equilibrio nutricional. Además, los microorganismos participan en metabolismo de ácidos biliares, transformación de compuestos fenólicos vegetales y producción de neurotransmisores o precursores neuroactivos.

La relación entre microbiota e inmunidad constituye uno de los aspectos más importantes de la biología moderna. Desde el nacimiento, los microorganismos estimulan el desarrollo del sistema inmunitario y educan funcionalmente a las células inmunológicas para distinguir entre microorganismos patógenos y microorganismos beneficiosos. La exposición temprana a microbiota materna durante el parto y la lactancia influye decisivamente en la maduración inmunológica neonatal. La ausencia de microbiota, observada experimentalmente en animales criados en condiciones estériles, produce alteraciones profundas del tejido linfoide intestinal, reducción de inmunoglobulina A, disminución de linfocitos y respuestas inmunes defectuosas.

La microbiota también ejerce un efecto protector denominado resistencia a la colonización. Las bacterias comensales ocupan nichos ecológicos, consumen nutrientes disponibles y producen sustancias antimicrobianas que impiden el crecimiento de microorganismos patógenos. Cuando tratamientos antibióticos alteran este equilibrio ecológico, aumentan las probabilidades de infecciones oportunistas, como ocurre con Clostridioides difficile. Esto demuestra que la microbiota no constituye solamente un conjunto pasivo de organismos coexistentes, sino una barrera defensiva activa contra patógenos.

La comunicación entre microbiota e intestino también influye sobre el sistema nervioso central mediante el denominado eje microbiota-intestino-cerebro. Diversas bacterias producen neurotransmisores como serotonina, ácido gamma-aminobutírico y dopamina, o modulan indirectamente su síntesis mediante metabolitos inmunológicos y endocrinos. Estudios recientes sugieren asociaciones entre alteraciones de la microbiota y enfermedades neurológicas o psiquiátricas como depresión, ansiedad, enfermedad de Parkinson y trastornos del espectro autista. Aunque muchos mecanismos permanecen en investigación, la evidencia acumulada indica que las comunidades microbianas ejercen influencia sistémica mucho más amplia de lo que anteriormente se suponía.

La composición microbiana corporal cambia constantemente a lo largo de la vida debido a dieta, edad, ambiente, medicamentos, infecciones y hábitos culturales. La alimentación constituye uno de los factores más determinantes. Dietas ricas en fibra vegetal favorecen bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, mientras que dietas altamente procesadas y pobres en fibra reducen diversidad microbiana. La pérdida de diversidad se asocia con enfermedades inflamatorias intestinales, obesidad, diabetes tipo 2 y trastornos metabólicos. Esto explica por qué actualmente la microbiota representa un área central de investigación biomédica y nutricional.

Aunque muchas especies microbianas son beneficiosas o neutrales, algunas pueden transformarse en patógenos oportunistas cuando se altera el equilibrio ecológico o cuando el sistema inmunológico se debilita. Este fenómeno se denomina disbiosis y se caracteriza por reducción de microorganismos beneficiosos, proliferación de especies potencialmente dañinas y alteraciones funcionales del ecosistema intestinal. La disbiosis se ha relacionado con enfermedades inflamatorias intestinales, síndrome metabólico, alergias, enfermedades autoinmunes y ciertos tipos de cáncer.

El estudio moderno de la microbiota ha cambiado profundamente el concepto de individualidad biológica humana. Actualmente se considera que el ser humano funciona como un holobionte, es decir, una unidad ecológica integrada por células humanas y microorganismos simbióticos que coevolucionan y cooperan funcionalmente. Esta perspectiva implica que numerosos procesos fisiológicos tradicionalmente atribuidos exclusivamente al organismo humano dependen en realidad de interacciones complejas entre huésped y microbiota.

Desde una perspectiva evolutiva, la relación simbiótica entre humanos y microorganismos surgió porque ambos obtuvieron ventajas adaptativas mutuas. El organismo humano proporciona nutrientes y hábitats protegidos, mientras que los microorganismos expanden enormemente las capacidades metabólicas e inmunológicas del huésped. Esta cooperación ha sido tan importante que muchas funciones fisiológicas modernas dependen directamente de señales microbianas para desarrollarse correctamente.

En consecuencia, la afirmación de que los microorganismos del cuerpo humano superan en número a las células humanas no debe interpretarse únicamente como una curiosidad estadística, sino como evidencia de que la biología humana depende profundamente de asociaciones microbianas complejas. La microbiota participa en digestión, síntesis vitamínica, metabolismo energético, desarrollo inmunológico, protección frente a patógenos, regulación inflamatoria y comunicación neuroendocrina. Por ello, el estudio de estas comunidades representa actualmente una de las áreas más dinámicas e influyentes de la investigación biomédica contemporánea.

MICROBIOTA
MICROBIOTA

 

 

 

 

 

Homo medicus

 


 

Guías de estudio. Homo medicus.
Guías de estudio. Homo medicus.

¡Gracias por visitarnos!

Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Berg, G., Rybakova, D., Fischer, D., Cernava, T., Vergès, M. C. C., Charles, T., Chen, X., Cocolin, L., Eversole, K., Corral, G. H., Kazou, M., Kinkel, L., Lange, L., Lima, N., Loy, A., Macklin, J. A., Maguin, E., Mauchline, T., McClure, R., … Schloter, M. (2020). Microbiome definition re-visited: old concepts and new challenges. Microbiome, 8(1), 103. https://doi.org/10.1186/s40168-020-00875-0
  2. Bäckhed, F., Ley, R. E., Sonnenburg, J. L., Peterson, D. A., & Gordon, J. I. (2005). Host-bacterial mutualism in the human intestine. Science, 307(5717), 1915–1920. https://doi.org/10.1126/science.1104816
  3. Belkaid, Y., & Hand, T. W. (2014). Role of the microbiota in immunity and inflammation. Cell, 157(1), 121–141. https://doi.org/10.1016/j.cell.2014.03.011
  4. Cho, I., & Blaser, M. J. (2012). The human microbiome: at the interface of health and disease. Nature Reviews Genetics, 13(4), 260–270. https://doi.org/10.1038/nrg3182
  5. Flint, H. J., Scott, K. P., Louis, P., & Duncan, S. H. (2012). The role of the gut microbiota in nutrition and health. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, 9(10), 577–589. https://doi.org/10.1038/nrgastro.2012.156
  6. Gill, S. R., Pop, M., DeBoy, R. T., Eckburg, P. B., Turnbaugh, P. J., Samuel, B. S., Gordon, J. I., Relman, D. A., Fraser-Liggett, C. M., & Nelson, K. E. (2006). Metagenomic analysis of the human distal gut microbiome. Science, 312(5778), 1355–1359. https://doi.org/10.1126/science.1124234
  7. Human Microbiome Project Consortium. (2012). Structure, function and diversity of the healthy human microbiome. Nature, 486(7402), 207–214. https://doi.org/10.1038/nature11234
  8. Ley, R. E., Peterson, D. A., & Gordon, J. I. (2006). Ecological and evolutionary forces shaping microbial diversity in the human intestine. Cell, 124(4), 837–848. https://doi.org/10.1016/j.cell.2006.02.017
  9. Qin, J., Li, R., Raes, J., Arumugam, M., Burgdorf, K. S., Manichanh, C., Nielsen, T., Pons, N., Levenez, F., Yamada, T., Mende, D. R., Li, J., Xu, J., Li, S., Li, D., Cao, J., Wang, B., Liang, H., Zheng, H., … Wang, J. (2010). A human gut microbial gene catalogue established by metagenomic sequencing. Nature, 464(7285), 59–65. https://doi.org/10.1038/nature08821
  10. Sender, R., Fuchs, S., & Milo, R. (2016). Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body. PLoS Biology, 14(8), e1002533. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002533
  11. Turnbaugh, P. J., Ley, R. E., Hamady, M., Fraser-Liggett, C. M., Knight, R., & Gordon, J. I. (2007). The human microbiome project. Nature, 449(7164), 804–810. https://doi.org/10.1038/nature06244
  12. Ursell, L. K., Metcalf, J. L., Parfrey, L. W., & Knight, R. (2012). Defining the human microbiome. Nutrition Reviews, 70(Suppl. 1), S38–S44. https://doi.org/10.1111/j.1753-4887.2012.00493.x
Síguenos en X: @el_homomedicus  y @enarm_intensivo Síguenos en instagram: homomedicus  y en Treads.net como: Homomedicus  

🟥     🟪     🟨     🟧     🟩     🟦

Aprende administración paso a paso

Administración Desde Cero

ADMINISTRACION DESDE CERO

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Sígueme en los medios sociales!

Si te fue útil este resumen, compártelo por favor!