La vista anterior del hueso frontal permite reconocer principalmente la configuración externa de la escama frontal y sus relaciones con las estructuras orbitarias, nasales y laterales del macizo facial. El hueso frontal constituye la porción anterosuperior del neurocráneo y participa simultáneamente en la conformación de la bóveda craneal, la región superior de la cara y el techo de las órbitas. Desde esta perspectiva, la escama frontal presenta una superficie predominantemente convexa hacia adelante, cuya morfología determina en gran medida el relieve de la frente y establece relaciones anatómicas importantes con el hueso cigomático, el hueso maxilar, el hueso lagrimal y los huesos nasales.
La cara externa o exocraneal de la escama frontal está orientada principalmente hacia adelante y constituye la superficie ósea profunda de la región frontal. Su convexidad no es uniforme, porque se modifica de acuerdo con las eminencias frontales, los arcos superciliares, la glabela y las regiones laterales que participan en la formación de la fosa temporal. Esta disposición refleja la función estructural del frontal como componente de protección de las estructuras encefálicas anteriores y, al mismo tiempo, como elemento de transición entre el neurocráneo y el viscerocráneo.
En la región superolateral de esta superficie se identifica la línea temporal, una referencia ósea que marca la transición entre la superficie frontal propiamente dicha y la región lateral relacionada con la fosa temporal. La línea se continúa posteriormente con la línea temporal superior del hueso parietal, estableciendo una referencia osteológica continua en la superficie lateral del cráneo. La región comprendida por debajo de esta línea proporciona un área de relación con la fosa temporal y con el músculo temporal, cuya masa ocupa la fosa temporal y participa principalmente en los movimientos de elevación de la mandíbula.
La presencia de esta línea tiene importancia anatómica porque permite comprender que la superficie frontal no termina abruptamente en el plano medio de la cara, sino que se prolonga lateralmente hacia una región que participa en la arquitectura de la pared craneal y de la fosa temporal. El músculo temporal establece una relación funcional particularmente importante con esta región, ya que su origen se extiende sobre la fosa temporal y sus fibras convergen inferiormente hacia el proceso coronoides de la mandíbula. Por ello, la morfología lateral del frontal debe interpretarse en conjunto con el temporal, el parietal y el esfenoides, que completan los límites de la fosa temporal.
En la porción inferior de la cara anterior del frontal se encuentran los bordes supraorbitarios. Estos constituyen el límite superior de las órbitas y son estructuras fundamentales para la transición entre la frente y la cavidad orbitaria. El borde supraorbitario está formado por el hueso frontal y presenta una configuración que no es completamente uniforme: su región medial es más redondeada, mientras que su porción lateral puede adquirir un aspecto más agudo. En una zona situada aproximadamente entre estas regiones puede encontrarse una incisura supraorbitaria o, en algunas personas, un foramen supraorbitario.
La incisura o el foramen supraorbitario tiene particular importancia porque constituye el punto de paso del nervio supraorbitario y de los vasos supraorbitarios. Estas estructuras abandonan la órbita y se distribuyen hacia la frente y el cuero cabelludo. Por esta razón, el borde supraorbitario no debe considerarse únicamente como un relieve óseo descriptivo, sino también como un punto de referencia anatómica relacionado con estructuras neurovasculares superficiales. La posición y la morfología de la incisura o del foramen presentan variabilidad individual, hecho demostrado mediante estudios morfométricos de cráneos humanos.
Medialmente, el borde supraorbitario se aproxima al borde nasal del frontal. Este borde constituye una región de transición entre la escama frontal y la porción nasal del hueso, y establece relaciones articulares con estructuras del esqueleto facial. El frontal se articula en esta región con el hueso lagrimal y con el maxilar, mientras que en la línea media su porción nasal participa en la región de unión con los huesos nasales. Estas relaciones explican la posición estratégica del frontal como elemento de conexión entre la bóveda craneal y el esqueleto facial superior.
Lateralmente, el borde supraorbitario continúa con el proceso cigomático del frontal. Este proceso presenta una configuración prismática y se proyecta inferior y lateralmente, estableciendo una relación directa con el hueso cigomático. La articulación frontocigomática contribuye a formar la región superolateral de la órbita y constituye un punto anatómico esencial en la arquitectura del reborde orbitario. El proceso cigomático del frontal, por tanto, no debe entenderse como una simple prolongación lateral del hueso, sino como una estructura que participa en la continuidad mecánica entre el neurocráneo y el macizo facial lateral.
El proceso cigomático también participa en la delimitación lateral de la órbita. La órbita constituye una cavidad osteológica compleja cuyas paredes están formadas por varios huesos, y el frontal ocupa fundamentalmente su techo y parte de su región superior. El contacto del frontal con el cigomático en el margen lateral permite que la estructura orbitaria mantenga una transición continua entre la pared superior y la pared lateral. Esta disposición adquiere especial importancia en traumatología, cirugía orbitofacial y reconstrucción craneofacial, debido a que las alteraciones del reborde orbitario pueden modificar simultáneamente la protección mecánica del contenido orbitario y la configuración externa de la región frontal.
En la línea media de la región inferior de la escama frontal se encuentra la glabela, una prominencia ósea situada entre los dos arcos superciliares y superior al nasion. La glabela representa una referencia topográfica fundamental del cráneo y puede identificarse fácilmente en la vista anterior debido a que constituye la zona de transición entre la frente y la raíz de la nariz. Su posición central permite relacionarla con las estructuras nasales, las órbitas y los arcos superciliares.
A cada lado de la glabela se encuentran los arcos superciliares, también denominados crestas supraorbitarias en algunas descripciones anatómicas. Son prominencias óseas arqueadas que se sitúan superiormente a la región medial de los bordes supraorbitarios. Su desarrollo y prominencia son variables y contribuyen de manera importante al relieve de la región frontal inferior. La glabela y los arcos superciliares deben interpretarse conjuntamente, porque la glabela ocupa el espacio central situado entre ambas prominencias y los arcos constituyen los límites laterales inmediatos de esta región.
Por encima de los arcos superciliares se encuentran las eminencias frontales. Estas son elevaciones amplias y generalmente redondeadas de la superficie externa del frontal que contribuyen a determinar la convexidad característica de la frente. Su posición es más superior que la de los arcos superciliares y su relieve suele ser más amplio y menos definido. La combinación entre eminencias frontales, arcos superciliares y glabela genera buena parte de la topografía tridimensional observable en la superficie anterior del frontal.
La denominada eminencia frontal media debe distinguirse de las eminencias frontales laterales. En la descripción osteológica clásica, la región media inferior del frontal se relaciona principalmente con la glabela, mientras que las eminencias frontales se disponen superior y lateralmente. Esta diferenciación es importante porque evita confundir una prominencia central relacionada con la región glabelar con las dos elevaciones frontales situadas superiormente. La anatomía de superficie del frontal depende precisamente de la relación espacial entre estas estructuras y no únicamente de su identificación aislada.
Durante el desarrollo fetal y posnatal temprano, el hueso frontal se encuentra inicialmente constituido por dos mitades separadas por una sutura situada en la línea media. Esta estructura recibe el nombre de sutura frontal o sutura metópica. Su existencia es consecuencia del desarrollo bilateral de los componentes frontales y permite el crecimiento progresivo de la región frontal durante las primeras etapas de la vida. La sutura metópica se extiende aproximadamente desde la región del nasion hacia la región de la fontanela anterior y posteriormente experimenta un proceso fisiológico de cierre.
El cierre de la sutura metópica constituye un proceso biológico activo relacionado con el crecimiento y remodelado de los huesos frontales. Los estudios histológicos han demostrado que la región sutural experimenta modificaciones del tejido cartilaginoso y procesos de osificación y reabsorción que permiten la aproximación progresiva de las dos mitades frontales. Por ello, la desaparición de la sutura no debe considerarse simplemente como el resultado de que dos superficies óseas se adhieran pasivamente, sino como consecuencia de un proceso dinámico de remodelación tisular.
En la mayoría de los individuos, la sutura metópica deja de ser claramente visible durante los primeros años de vida. Los estudios contemporáneos indican que el cierre comienza en la región anterior y progresa posteriormente, aunque existe variabilidad en su momento exacto y en la secuencia anatómica observable mediante diferentes métodos de evaluación. Estudios de desarrollo craneal han documentado un cierre muy temprano de esta sutura, mientras que investigaciones anatómicas han demostrado que pueden persistir segmentos suturales durante periodos más prolongados.
La persistencia de la sutura metópica en la edad adulta recibe el nombre de metopismo y constituye una variante anatómica reconocida. Su persistencia no implica necesariamente una alteración patológica, pero posee importancia clínica porque una línea sutural persistente puede confundirse con una fractura del hueso frontal en estudios de imagen. La identificación de sus características anatómicas, especialmente sus bordes regulares y su trayecto característico, permite diferenciarla de una solución de continuidad traumática.
La relevancia de la sutura metópica también se extiende a la craneosinostosis. Cuando esta sutura se fusiona prematuramente durante el desarrollo, puede producirse craneosinostosis metópica, cuya expresión fenotípica característica es la trigonocefalia. En esta condición se desarrolla una configuración triangular de la frente acompañada por una cresta ósea en la línea media y alteraciones del crecimiento transversal de la región frontal y orbitaria. La importancia clínica de esta relación demuestra que la anatomía normal de la sutura metópica constituye la base necesaria para comprender las alteraciones del desarrollo craneofacial.
La porción vertical de la escama frontal constituye principalmente el esqueleto óseo de la frente. Su superficie externa es convexa y proporciona el soporte profundo sobre el que se establece el contorno frontal. Esta convexidad está determinada por el crecimiento y remodelado del hueso y se modifica según la prominencia de las eminencias frontales y de los arcos superciliares. La morfología de esta superficie tiene, por tanto, una importancia simultáneamente anatómica, funcional y antropométrica, porque participa en la configuración externa de la región frontal y en las relaciones espaciales entre el cráneo y la cara.
La superficie frontal también mantiene relaciones con los músculos de la expresión facial. El músculo frontal se encuentra relacionado con la superficie externa del frontal y participa en la elevación de las cejas y en la producción de los pliegues transversales de la frente. Inferiormente, el complejo muscular glabelar se relaciona con la región de la glabela y de los arcos superciliares. De esta manera, los relieves óseos del frontal constituyen el soporte profundo de estructuras musculares que modifican activamente la expresión facial.
Lateralmente, la superficie externa del frontal cambia progresivamente de orientación y forma la denominada cara temporal. Esta pequeña región se dirige hacia la superficie lateral del cráneo y participa en la formación de la porción anterior de la fosa temporal. Su importancia radica en que establece una continuidad anatómica entre la convexidad anterior de la escama frontal y la superficie lateral del neurocráneo. En esta región se relacionan directamente el frontal, el parietal, el esfenoides y el temporal, mientras que el músculo temporal ocupa la fosa correspondiente.
La cara temporal puede reconocerse porque su orientación deja de ser predominantemente anterior y adquiere una disposición lateral. Esta transición permite comprender por qué la superficie del frontal no puede dividirse únicamente según planos geométricos rígidos. La arquitectura del hueso se adapta progresivamente a las funciones de protección, articulación y soporte muscular. En consecuencia, la región lateral del frontal participa tanto en la conformación externa de la bóveda craneal como en la organización de la fosa temporal y en la transmisión de las fuerzas relacionadas con la musculatura masticatoria.
En conjunto, la vista anterior del frontal muestra un hueso cuya morfología integra protección encefálica, configuración facial, formación de la órbita, articulación con otros huesos y soporte de estructuras musculares. Las eminencias frontales determinan parte del relieve superior de la frente; los arcos superciliares y la glabela organizan la región frontal inferior; los bordes supraorbitarios delimitan superiormente las órbitas; el proceso cigomático establece la transición hacia el macizo facial lateral; la región nasal conecta el frontal con el esqueleto nasal y maxilar; y la cara temporal prolonga lateralmente el hueso hacia la fosa temporal.
La comprensión espacial de estas estructuras es particularmente importante porque cada relieve óseo representa simultáneamente un punto de referencia anatómica y una expresión de las relaciones funcionales del cráneo. La localización de los nervios y vasos supraorbitarios explica la importancia del borde supraorbitario; la relación con el músculo temporal explica la importancia de la superficie temporal; la continuidad con el cigomático explica la configuración lateral de la órbita; y la existencia transitoria de la sutura metópica explica la transformación del frontal desde dos componentes embrionarios hacia un hueso único durante el desarrollo.
Por ello, la vista anterior del hueso frontal no debe estudiarse como una colección aislada de accidentes anatómicos. Su interpretación correcta requiere comprender las relaciones tridimensionales entre la escama frontal, la región nasal, los bordes supraorbitarios, la glabela, los arcos superciliares, las eminencias frontales, el proceso cigomático y la cara temporal. Esta organización explica tanto la configuración externa de la frente como la participación del frontal en la protección del encéfalo, la formación de las órbitas y la integración estructural del neurocráneo con el viscerocráneo.
Fuente y lecturas recomendadas:
- Ajmani, M. L., Mittal, R. K., & Jain, S. P. (1983). Incidence of the metopic suture in adult Nigerian skulls. Journal of Anatomy, 137(Pt. 1), 177–183.
- Manzanares, M. C., Goret-Nicaise, M., & Dhem, A. (1988). Metopic sutural closure in the human skull. Journal of Anatomy, 161, 203–215.
- Morris, L. M., Morris, K., & McCalla, M. (2022). The 27 facial sutures: Timing and clinical consequences of closure. Plastic and Reconstructive Surgery Global Open, 10(12), e4718.
- Singh, O., & Varacallo, M. A. (2025). Anatomy, head and neck: Frontal bone. En StatPearls. StatPearls Publishing.
- Walker, H. M., & Chauhan, P. R. (2023). Anatomy, head and neck: Glabella. En StatPearls. StatPearls Publishing.
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