El hueso frontal es un hueso único, impar, plano y aproximadamente simétrico del neurocráneo que ocupa la región más anterior y superior del cráneo. En el adulto constituye una unidad ósea única en la línea media, aunque durante el desarrollo embrionario y fetal se forma inicialmente a partir de dos mitades que se encuentran separadas por la sutura frontal o metópica. Esta sutura normalmente desaparece por fusión durante la primera infancia, dando lugar a la configuración unitaria característica del hueso frontal adulto. Su posición anterior determina que participe simultáneamente en la conformación de la bóveda craneal, de la base anterior del cráneo y de determinadas estructuras del esqueleto facial.
Desde el punto de vista topográfico, el hueso frontal se encuentra situado por delante de los huesos parietales, del etmoides y del esfenoides. Su posición anterior dentro del neurocráneo le permite establecer una transición anatómica entre la bóveda craneal anterior, la base anterior del cráneo y el esqueleto facial. Posteriormente, se relaciona con los huesos parietales mediante las suturas coronales y con el esfenoides en la región de la base craneal. Inferiormente y medialmente se continúa con el etmoides, mientras que hacia la región facial establece relaciones con los huesos nasales, lagrimales, cigomáticos y maxilares. Por esta disposición, el frontal funciona como una pieza estructural de conexión entre diferentes regiones óseas que, aunque pertenecen a conjuntos anatómicos distintos, se encuentran estrechamente integradas.
La posición anterior del frontal explica su participación en el cierre de la parte anterior de la cavidad craneal. Una de sus funciones fundamentales consiste en constituir una porción importante de la fosa craneal anterior, en cuyo interior se apoya la superficie inferior de los lóbulos frontales del cerebro. La fosa craneal anterior no está formada exclusivamente por el frontal, sino que también recibe contribuciones del etmoides y del esfenoides. El frontal constituye principalmente su componente anterior y participa en la separación entre el contenido intracraneal y las estructuras orbitarias y nasales situadas inferiormente. De esta manera, el hueso no solamente delimita externamente la región frontal de la cabeza, sino que proporciona una superficie ósea que protege las estructuras encefálicas anteriores y establece los límites de espacios anatómicos contiguos.
La relación del frontal con los huesos parietales es particularmente importante porque establece el límite posterior de este hueso dentro de la bóveda craneal. La unión entre el frontal y los dos parietales se produce mediante las suturas coronales, que se extienden transversalmente a través de la bóveda craneal. Estas suturas no representan una simple línea de contacto, sino articulaciones fibrosas especializadas que permiten la unión firme de los huesos del cráneo y participan durante el crecimiento craneal. La convergencia de la sutura coronal con la sutura sagital determina el punto anatómico denominado bregma. Esta organización explica por qué el frontal constituye la región anterior de la calvaria y los parietales ocupan fundamentalmente la región superior y posterior de esta estructura.
En su relación con el etmoides, el frontal ocupa una posición superior y anterior. El contacto entre ambos huesos adquiere especial importancia porque el etmoides participa en la formación de la base anterior del cráneo y de las paredes de las cavidades nasales y orbitarias. El frontal presenta una región inferior denominada porción orbitaria, en la que se encuentra la escotadura etmoidal, relacionada con la porción superior del etmoides. Esta disposición permite que ambos huesos contribuyan conjuntamente a la delimitación de la fosa craneal anterior, las órbitas y las estructuras nasales superiores. La íntima relación anatómica entre estas estructuras también explica la relevancia clínica de las lesiones que afectan simultáneamente al frontal y al etmoides, debido a la proximidad existente entre el encéfalo, las órbitas y las cavidades paranasales.
El esfenoides se encuentra posterior al frontal y establece con él una articulación en la región de la base del cráneo. Esta relación debe añadirse a las articulaciones mencionadas, porque el frontal adulto no solamente se articula con los huesos parietales, etmoides y de la cara, sino también con el esfenoides. La unión frontoesfenoidal contribuye a la continuidad estructural de la base anterior y media del cráneo y permite integrar las superficies óseas que participan en la formación de la cavidad craneal y de las órbitas. El frontal, el etmoides y el esfenoides forman, por tanto, un complejo anatómico estrechamente relacionado en la región anterior de la base craneal.
Inferiormente, el frontal establece relaciones con los huesos nasales. La unión frontal con los huesos nasales ocurre en la línea media y participa en la formación del punto anatómico denominado nasion. Esta región constituye una zona de transición entre la frente y el esqueleto nasal. La porción nasal del frontal se proyecta inferiormente entre las regiones orbitarias y establece una relación estructural con los huesos nasales y con el etmoides. Como consecuencia, el frontal contribuye indirectamente a determinar la arquitectura superior de la cavidad nasal y la configuración de la región nasofrontal.
A cada lado de la región nasal, el frontal se articula con los huesos maxilares, específicamente mediante su relación con los procesos frontales del maxilar. Esta unión amplía la conexión del neurocráneo con el esqueleto facial y contribuye a estabilizar la región superior del macizo facial. La continuidad entre el frontal y el maxilar adquiere particular importancia porque ambos participan en la delimitación de las órbitas y de las estructuras que rodean superiormente la cavidad nasal. Por ello, la articulación frontomaxilar debe comprenderse como parte de un sistema de uniones óseas que integra la bóveda craneal anterior con el viscerocráneo.
El frontal también se articula con los huesos lagrimales, situados en la región anteromedial de las órbitas. Esta relación tiene importancia arquitectónica porque el hueso lagrimal participa en la pared medial de la órbita, mientras que el frontal constituye gran parte de su techo. La proximidad entre ambos huesos permite formar una transición continua entre el techo y la región medial de la cavidad orbitaria. Además, esta disposición se relaciona con la anatomía del aparato nasolagrimal y con la estrecha conexión espacial que existe entre la órbita, la cavidad nasal y los senos paranasales.
En dirección lateral, el frontal establece articulación con los huesos cigomáticos mediante sus procesos cigomáticos. Esta unión contribuye a formar el margen lateral de la órbita y constituye uno de los principales puntos de continuidad entre el neurocráneo y el viscerocráneo. El hueso cigomático pertenece al esqueleto facial, mientras que el frontal forma parte del neurocráneo; por ello, la articulación frontocigomática representa de manera particularmente clara la función integradora del frontal. La continuidad entre ambos huesos también contribuye a la estabilidad de la región orbitaria y a la configuración del contorno superior y lateral de la cara.
La participación del frontal en la formación de las cavidades orbitarias es especialmente significativa. Cada órbita es una cavidad ósea compleja formada por siete huesos: frontal, esfenoides, cigomático, maxilar, palatino, etmoides y lagrimal. El frontal constituye la mayor parte del techo orbitario, mientras que la región posterior de este techo se continúa con el ala menor del esfenoides. Esta disposición coloca al frontal directamente por encima del globo ocular y de sus estructuras accesorias, proporcionando una barrera ósea entre la órbita y la fosa craneal anterior. Por esta razón, la integridad del frontal es esencial tanto para la protección de las estructuras orbitarias como para el mantenimiento de la separación anatómica entre el contenido orbitario y el intracraneal.
La porción orbitaria del frontal está constituida por dos láminas óseas que se proyectan posteriormente desde los márgenes supraorbitarios. Estas láminas forman el techo de las órbitas y se encuentran separadas en la línea media por la región relacionada con la escotadura etmoidal. La superficie inferior de cada lámina presenta depresiones relacionadas con estructuras orbitarias especializadas. En la región superolateral se encuentra la fosa para la glándula lagrimal, mientras que en la región superomedial existe una depresión relacionada con la polea del músculo oblicuo superior. Así, el frontal no constituye simplemente una cubierta pasiva de la órbita, sino que proporciona superficies de alojamiento y puntos de relación para estructuras esenciales del aparato ocular.
La contribución del frontal a las cavidades nasales deriva fundamentalmente de su porción nasal y de sus relaciones con el etmoides y los huesos nasales. Aunque el frontal no constituye por sí solo las paredes de la cavidad nasal, su posición superior permite establecer el límite óseo entre la región nasal superior, la base anterior del cráneo y las órbitas. Además, el frontal contiene los senos frontales, cavidades neumáticas pares localizadas en la región anteroinferior del hueso y situadas por encima de las órbitas. Estas cavidades forman parte de los senos paranasales y se encuentran estrechamente relacionadas con la anatomía de la cavidad nasal.
La relación entre el frontal y el viscerocráneo tiene también una base embriológica. La mayor parte de los huesos de la bóveda craneal anterior y de la cara, incluido el frontal, se origina a partir de células de la cresta neural. El frontal se desarrolla principalmente mediante osificación intramembranosa, proceso mediante el cual el tejido mesenquimatoso se diferencia directamente hacia tejido óseo sin atravesar una fase cartilaginosa previa. Este origen comparte características con otros huesos craneofaciales, como el maxilar, el cigomático y el lagrimal. La relación embriológica entre estos elementos ayuda a comprender por qué el frontal mantiene conexiones anatómicas tan estrechas con estructuras pertenecientes tanto al neurocráneo como al viscerocráneo.
En consecuencia, afirmar que el frontal une funcionalmente el neurocráneo con el viscerocráneo significa reconocer su posición estratégica dentro del cráneo. Por su parte superior y posterior, se integra con los elementos de la bóveda y la base craneal; por su parte inferior, medial y lateral, se relaciona con los huesos que constituyen la cara, la cavidad nasal y las órbitas. Esta disposición transforma al frontal en una auténtica pieza de transición anatómica: protege las estructuras encefálicas anteriores, participa en la arquitectura de la fosa craneal anterior, forma una parte sustancial del techo orbitario, se relaciona con la región nasal superior y establece conexiones óseas directas con varios componentes del viscerocráneo.
Por tanto, el hueso frontal no debe entenderse únicamente como el hueso que constituye la frente. Su importancia anatómica deriva de la convergencia de funciones protectoras, estructurales y de integración craneofacial. Su posición anterior permite cerrar y proteger la región anterior del cráneo; sus articulaciones con los parietales, etmoides y esfenoides permiten integrarlo dentro del neurocráneo; y sus articulaciones con los huesos nasales, maxilares, lagrimales y cigomáticos lo incorporan directamente a la arquitectura del viscerocráneo. Al mismo tiempo, sus porciones orbitaria y nasal participan en la delimitación de las órbitas y de la región superior de las cavidades nasales. De esta manera, la anatomía del frontal expresa con claridad la organización tridimensional del cráneo como una estructura continua en la que protección encefálica, soporte facial, función orbitaria y configuración de las cavidades craneofaciales dependen de relaciones óseas estrechamente coordinadas.
Fuente y lecturas recomendadas:
- Cho, R. I., & Kahana, A. (2021). Embryology of the orbit. Journal of Neurological Surgery Part B: Skull Base, 82(1), 2–6. https://doi.org/10.1055/s-0040-1722630
- Singh, O., & Varacallo, M. A. (2025). Anatomy, head and neck: Frontal bone. In StatPearls. StatPearls Publishing.
- Singh, O., & Varacallo, M. A. (2024). Anatomy, head and neck, skull. In StatPearls. StatPearls Publishing.
- Wang, J. M., et al. (2020). Anatomy of the orbit. Seminars in Plastic Surgery, 34(4), 212–218.


