Ética en la práctica médica

Ética en la práctica médica
Ética en la práctica médica

La medicina es un campo de trabajo en el que confluyen muchas disciplinas científicas y no científicas. En el sentido más primario, ejercer la medicina es atender directamente las necesidades sanitarias de las personas.

Todas las facetas de la medicina tienen una dimensión ética. Y la medicina clínica no es solamente una ciencia, una técnica y un arte.

La medicina como: “una profesión fuertemente comprometida con una actividad social que pretende el bienestar sanitario de la comunidad y de los individuos”.

El médico clínico debe asumir una misión social, de manera que no es sólo un científico, un técnico o un artista. Es, por encima de todo, un servidor de la persona enferma y de la comunidad. Y ser médico es tener un compromiso ético.

Después de la Segunda Guerra Mundial se generalizó la idea de que la medicina es ante todo una ciencia social. Y cobró gran importancia la medicina social y preventiva.

La medicina primaria es la clave para lograr un máximo de salud en la población. La sociedad intenta que los médicos proporcionen una asistencia multidimensional a los pacientes, y que se alcance un nivel óptimo de salud para todos.

Además del ideal que reflejan los planes de estudio, cada médico debe cultivar su propia imagen ideal del médico que quiere ser.

Ideal del médico paternalista, donde el médico es generoso pero autoritario, que buscaba el bien del enfermo pero sin el enfermo, que sabía hacerse obedecer y suscitar la confianza pasiva y el agradecimiento incondicional. Los médicos, en efecto, se consideraban en el deber de tomar decisiones por sus pacientes, siguiendo el propio criterio y sin necesidad de informar ni consultar con el enfermo.

El reconocimiento de la autonomía de los pacientes obliga a establecer relaciones más igualitarias. Ahora el enfermo espera que se respeten sus derechos a la información y a la participación en la toma de decisiones. Las preferencias y los valores del enfermo tienen un peso cada vez más decisivo. Y esta transformación de la asistencia priva al médico de la autoridad y el protagonismo que antes tenía.

El médico tiene que adoptar el nuevo ideal de promover la autonomía de sus pacientes, suministrando información y haciéndoles participar en la toma de decisiones.

Sanar no consiste sólo en indicar mecánicamente ciertos tratamientos curativos. El auténtico arte de sanar incluye la atención humana, la evaluación global de las situaciones y el consejo, la prudencia en la toma de decisiones, y los cuidados integrales al paciente.

El médico debe asumir un compromiso ético, tener un espíritu de servicio, albergar sentimientos de compasión hacia los enfermos, valorarles como personas por encima de sus miserias, practicar la excelencia profesional y cultivar ciertos ideales personales.

 

 

 

 

Homo medicus

 


 

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