La evolución histórica de la cirugía laparoscópica se explica por la necesidad constante de la medicina quirúrgica de reducir el daño inherente al acto operatorio sin comprometer la eficacia terapéutica. Desde sus orígenes, la cirugía ha estado marcada por un delicado equilibrio entre el beneficio clínico y la agresión fisiológica que supone intervenir el cuerpo humano. En este contexto, la reducción del tamaño y número de accesos quirúrgicos representa un cambio conceptual de gran magnitud, comparable en impacto al desarrollo de la anestesia, ya que transforma no solo la técnica operatoria, sino también la experiencia global del paciente y su proceso de recuperación.
Durante gran parte de la historia quirúrgica, el acceso amplio a las cavidades corporales fue considerado indispensable para garantizar la visibilidad y la seguridad del procedimiento. Sin embargo, estas incisiones extensas se asociaban de manera inevitable con dolor postoperatorio, infecciones, alteraciones funcionales, cicatrices significativas y periodos prolongados de convalecencia. La búsqueda de métodos menos invasivos surgió, por tanto, como una respuesta lógica a la necesidad de disminuir la morbilidad quirúrgica, acelerar la recuperación y preservar, en mayor medida, la integridad anatómica y funcional del paciente.
Los antecedentes de la laparoscopia se remontan a comienzos del siglo veinte, cuando se realizaron los primeros intentos de observar directamente el interior de la cavidad abdominal sin recurrir a grandes incisiones. En mil novecientos uno, Dimitri von Ott documentó la exploración endoscópica del abdomen en una paciente embarazada, lo que constituyó un hito inicial al demostrar que era posible acceder visualmente al interior del cuerpo humano mediante orificios de pequeño tamaño. Aunque rudimentarias, estas experiencias sentaron las bases conceptuales de la cirugía de mínima invasión.
El desarrollo posterior de sistemas ópticos más sofisticados, junto con la incorporación de fuentes de iluminación que utilizaban fibras para transmitir luz fría, permitió una mejora sustancial en la calidad de la imagen y en la seguridad del procedimiento. Gracias a estos avances tecnológicos, la laparoscopia se consolidó inicialmente como una herramienta diagnóstica, especialmente en el ámbito de la ginecología, donde facilitó la evaluación de patologías pélvicas y la realización de procedimientos como la ligadura de las trompas uterinas. En esta etapa, su aplicación terapéutica en cirugía general fue limitada, debido tanto a restricciones técnicas como a la curva de aprendizaje necesaria para su adopción.
El verdadero impulso de la laparoscopia como técnica quirúrgica ocurrió a finales del siglo veinte, cuando se demostró que no solo era útil para el diagnóstico, sino también para la realización de procedimientos complejos. En mil novecientos ochenta y siete, Philippe Mouret llevó a cabo la primera extirpación laparoscópica de la vesícula biliar utilizando múltiples puertos de acceso. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión, ya que evidenció que una cirugía tradicionalmente realizada mediante una incisión amplia podía ejecutarse de manera segura y eficaz a través de accesos mínimos.
A partir de este momento, se produjo una rápida expansión de la cirugía laparoscópica. Durante la década de mil novecientos noventa, numerosas técnicas quirúrgicas fueron adaptadas a este abordaje, lo que transformó de manera profunda la práctica quirúrgica en múltiples especialidades. La reducción del trauma quirúrgico, la disminución del dolor postoperatorio, la menor tasa de complicaciones y la reincorporación más temprana del paciente a sus actividades habituales consolidaron la laparoscopia como un estándar de atención.
En la actualidad, la cirugía laparoscópica no solo representa una alternativa a la cirugía abierta, sino que constituye el abordaje de elección para una gran variedad de procedimientos. Su desarrollo histórico refleja la convergencia entre la innovación tecnológica, el conocimiento anatómico y la aspiración permanente del cirujano de intervenir de forma cada vez más precisa, eficaz y respetuosa con el organismo humano.
Desafíos de la formación contemporánea en cirugía laparoscópica
La adquisición de destrezas en cirugía laparoscópica responde a un paradigma formativo distinto al que históricamente ha regido la enseñanza quirúrgica. Los modelos tradicionales de aprendizaje, basados en la observación directa y la reproducción progresiva de actos operatorios en el quirófano, resultan insuficientes para este tipo de abordaje debido a la complejidad técnica y cognitiva que implica operar a través de accesos mínimos. La cirugía laparoscópica exige al cirujano el dominio de competencias específicas que no forman parte del entrenamiento clásico, lo que explica una curva de aprendizaje más extensa y la necesidad de métodos pedagógicos complementarios.
Uno de los principales retos en la adquisición de habilidad laparoscópica es el desarrollo de una coordinación mano-ojo indirecta. A diferencia de la cirugía abierta, en la que la visión y la manipulación de los tejidos se realizan de manera directa y alineada, en la laparoscopia el cirujano actúa sobre estructuras que observa en un monitor. Esto obliga a integrar la información visual proyectada por la cámara con los movimientos de instrumentos largos que se introducen a través de puertos fijos, frecuentemente con ángulos que no corresponden de forma intuitiva a la orientación real del campo operatorio. La correcta sincronización entre la imagen obtenida por la óptica y la dirección de los instrumentos es una habilidad adquirida que requiere entrenamiento repetido y deliberado.
A esta dificultad se suma la reducción significativa de la información táctil. La percepción háptica, entendida como la capacidad de reconocer las propiedades físicas de los tejidos mediante el tacto, se ve notablemente limitada en la cirugía laparoscópica. El cirujano no entra en contacto directo con los órganos, sino que recibe estímulos atenuados y distorsionados a través de los instrumentos. Esta pérdida de retroalimentación sensorial dificulta la valoración de la resistencia, la fragilidad y la elasticidad de los tejidos, incrementando el riesgo de lesiones inadvertidas. Aprender a compensar esta carencia mediante señales visuales y cambios sutiles en la respuesta del instrumento constituye uno de los desafíos más importantes para quien se inicia en la mínima invasión.
La visión bidimensional representa otro obstáculo relevante en el proceso de formación. Aunque los monitores permiten una visualización amplia del campo quirúrgico, la ausencia de percepción de profundidad obliga al cirujano a estimar distancias y relaciones espaciales basándose únicamente en referencias visuales indirectas, como el tamaño relativo de las estructuras y el movimiento de los instrumentos. Si bien existen sistemas de visualización tridimensional que mejoran la sensación de profundidad, su disponibilidad es limitada y su uso cotidiano puede verse restringido por la necesidad de dispositivos adicionales, lo que mantiene vigente la necesidad de dominar la cirugía bajo condiciones bidimensionales.
A pesar de estas diferencias, la cirugía laparoscópica conserva los principios fundamentales de la técnica quirúrgica clásica, como la adecuada incisión, el control de la hemostasia, la correcta exposición de los tejidos, la disección meticulosa y la sutura precisa. No obstante, estos principios deben aplicarse mediante instrumentos especializados y tecnologías avanzadas que modifican la forma en que se ejecutan las maniobras. La incorporación de estos dispositivos implica una adaptación técnica y cognitiva, así como un impacto económico que puede representar un reto para los sistemas de salud desde el punto de vista administrativo.
En este contexto, la simulación fuera del quirófano ha adquirido un papel central en la formación del cirujano laparoscopista. Los modelos de entrenamiento permiten practicar de manera segura y repetitiva las habilidades esenciales, reducir errores durante los procedimientos reales y acortar la curva de aprendizaje sin poner en riesgo al paciente. Aunque la adopción de la laparoscopia puede implicar mayores costos iniciales, la evidencia acumulada demuestra que la reducción de la morbilidad asociada a grandes incisiones, la disminución de la estancia hospitalaria y la menor tasa de complicaciones y reingresos compensan ampliamente dicha inversión. Por estas razones, la cirugía laparoscópica se ha consolidado como el estándar de referencia para el tratamiento de múltiples patologías en diversas especialidades quirúrgicas.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Townsend, C. M., Beauchamp, R. D., Evers, B. M., & Mattox, K. L. (2022). Sabiston. Tratado de cirugía. Fundamentos biológicos de la práctica quirúrgica moderna (21.ª ed.). Elsevier España.
- Brunicardi F, & Andersen D.K., & Billiar T.R., & Dunn D.L., & Kao L.S., & Hunter J.G., & Matthews J.B., & Pollock R.E.(2020), Schwartz. Principios de Cirugía, (11e.). McGraw-Hill Education.
- Asociación Mexicana de Cirugía General. (2024). Nuevo Tratado de Cirugía General (1.ª ed.). Editorial El Manual Moderno.
- Dehn, R., & Asprey, D. (2021). Procedimientos clínicos esenciales (4.ª ed.; Elsevier España, S.L.U., Trans.). Elsevier España, S.L.U.

