La radiografía convencional solo puede representar un número limitado de categorías de atenuación porque su fundamento físico se basa en la absorción diferencial de los rayos X al atravesar el cuerpo. Cada punto de la imagen corresponde a la cantidad de radiación que logró alcanzar el detector tras interactuar con los tejidos. Cuanto menor es la absorción, mayor cantidad de radiación impacta el sistema de registro y más oscuro será el tono resultante. Por el contrario, cuanto mayor es la absorción, menor radiación alcanza el detector y más clara o blanca aparece la región correspondiente.
Esta escala tonal no es arbitraria, sino consecuencia directa de propiedades físicas como la densidad electrónica, el número atómico efectivo y el espesor del material atravesado. Sin embargo, debido a que muchos tejidos comparten composiciones químicas similares —principalmente agua y compuestos orgánicos—, la radiografía convencional no puede discriminar más que cinco grandes categorías de densidad. Estas se ordenan desde la menor capacidad de absorción hasta la mayor.
La radiografía convencional se basa en la identificación y comparación relativa de estas cinco densidades fundamentales: aire, grasa, tejidos blandos o líquidos, calcio y metal. Toda interpretación diagnóstica consiste en reconocer la disposición anatómica esperada de estas categorías y detectar desviaciones respecto a la normalidad.
Sin embargo, la técnica está inherentemente limitada por la superposición de estructuras tridimensionales y por la imposibilidad de diferenciar tejidos que compartan densidad similar. Por ello, aunque la radiografía convencional constituye una herramienta inicial indispensable, su capacidad de discriminación está restringida a estas cinco clases básicas de atenuación.
1. Aire: la mínima atenuación
El aire representa la menor densidad observable en radiografía convencional. Está compuesto por moléculas con baja densidad y escaso número atómico, lo que implica una probabilidad muy reducida de interacción con los rayos X. Como resultado, la mayor parte del haz lo atraviesa sin ser absorbida.
En la imagen final, las regiones que contienen aire aparecen con el tono más oscuro o más negro. Este fenómeno es claramente visible en los pulmones normales, donde la presencia de aire alveolar genera una imagen predominantemente radiolúcida. La identificación de aire en localizaciones anómalas, como en cavidad abdominal o tejidos blandos, tiene gran relevancia diagnóstica precisamente por su contraste marcado frente a estructuras más densas.
2. Grasa: densidad intermedia baja
La grasa posee una densidad mayor que el aire pero menor que la de los tejidos blandos acuosos. Su composición química, rica en lípidos, le confiere una atenuación ligeramente superior a la del aire, aunque sigue siendo relativamente baja.
En la radiografía se manifiesta como un gris oscuro, apenas más claro que el aire. La presencia de planos grasos anatómicos es de gran importancia diagnóstica, ya que su desplazamiento o borramiento puede sugerir procesos inflamatorios, masas o acumulaciones líquidas. Aunque la diferencia tonal entre grasa y otros tejidos es sutil, constituye uno de los pocos contrastes naturales disponibles sin utilizar medios de contraste artificiales.
3. Líquidos y tejidos blandos: densidad acuosa equivalente
El líquido —como la sangre— y los tejidos blandos —como músculo, vísceras o miocardio— presentan una densidad radiográfica muy similar. Esta similitud se debe a que su composición está dominada por agua y moléculas orgánicas con números atómicos próximos, lo que produce un grado de absorción comparable.
En consecuencia, en una radiografía convencional no es posible distinguir con precisión estructuras internas que compartan esta densidad. Por ejemplo, el músculo cardíaco y la sangre contenida en las cavidades cardíacas muestran una tonalidad prácticamente idéntica. Esta limitación constituye una de las principales restricciones diagnósticas de la técnica, ya que impide diferenciar detalles internos en órganos macizos sin el empleo de contrastes radiológicos.
En la imagen, estos tejidos se representan como tonos de gris intermedio, más claros que la grasa pero más oscuros que el hueso.
4. Calcio: la mayor densidad natural del organismo
El calcio, presente fundamentalmente en el tejido óseo, constituye la sustancia natural más densa del cuerpo humano en términos radiográficos. Su elevado número atómico incrementa significativamente la probabilidad de interacción fotoeléctrica con los rayos X, lo que se traduce en una absorción considerable de energía.
Como consecuencia, los huesos aparecen con tonalidades claras o blancas en la radiografía. Esta alta atenuación permite visualizar con nitidez fracturas, alteraciones corticales o cambios estructurales. Además del esqueleto, los depósitos patológicos de calcio, como calcificaciones vasculares o tisulares, también se identifican por su elevada radiopacidad.
La capacidad del calcio para absorber radiación explica por qué el sistema esquelético es especialmente adecuado para su evaluación mediante radiografía convencional.
5. Metal: densidad máxima
El metal representa la categoría de mayor densidad radiográfica. Los materiales metálicos poseen números atómicos elevados y una estructura electrónica que favorece la absorción casi total del haz de rayos X incidente. En consecuencia, estas regiones aparecen con el tono más blanco posible en la imagen.
En condiciones fisiológicas normales, el organismo humano no contiene estructuras metálicas. Sin embargo, diversos elementos pueden introducirse artificialmente con fines diagnósticos o terapéuticos. Los medios de contraste radiológicos que contienen bario o yodo incrementan de manera deliberada la densidad de ciertas cavidades o vasos sanguíneos para hacerlos visibles. Asimismo, prótesis articulares de cadera o rodilla, material de osteosíntesis y proyectiles metálicos se manifiestan como áreas intensamente radiopacas.
El metal, debido a su capacidad de bloquear casi completamente la radiación, puede generar artefactos de sombra que impiden la visualización de estructuras situadas detrás de él.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Herring, W. (2024). Radiología básica: Aspectos fundamentales (5.ª ed.). Elsevier España.
- Bushong, S. C. (2022). Manual de radiología para técnicos: Física, biología y protección radiológica (12.ª ed.). Elsevier.
- Formación en Radiología (FORA), Del Cura Rodríguez, J. L., Aquerreta Beola, J. D., Sendra Portero, F., & Carreira Villamor, J. (2021). Radiología básica: Método programado para el aprendizaje. Editorial Médica Panamericana.
Síguenos en X: @el_homomedicus y @enarm_intensivo
Síguenos en instagram: homomedicus y en Treads.net como: Homomedicus

