Los nervios espinales constituyen una parte esencial del sistema nervioso periférico, ya que representan la vía principal de comunicación entre la médula espinal y la mayor parte del cuerpo. Su organización no es arbitraria, sino el resultado de la interacción entre el desarrollo embrionario, la segmentación del cuerpo humano y las necesidades funcionales de inervación motora, sensitiva y visceral.
Los nervios espinales emergen por pares, uno a la derecha y otro a la izquierda de la médula espinal, porque el cuerpo humano presenta una organización bilateral desde las primeras etapas del desarrollo embrionario. Esta bilateralidad asegura que ambos lados del cuerpo reciban información sensitiva y órdenes motoras de manera simétrica y coordinada.
Cada par de nervios espinales se asocia a un segmento específico de la médula espinal. Esta relación segmentaria refleja la disposición metamérica del embrión, en la cual el eje corporal se organiza en unidades repetidas que darán origen a músculos, piel y estructuras óseas específicas. Como consecuencia, cada nervio espinal conserva una correspondencia funcional con una región corporal determinada.
Raíz anterior y raíz posterior: Cada nervio espinal se forma a partir de la unión de dos raíces con funciones distintas:
- La raíz anterior contiene fibras nerviosas motoras, que conducen impulsos desde la médula espinal hacia los músculos y glándulas.
- La raíz posterior contiene fibras nerviosas sensitivas, que transmiten información desde los receptores periféricos hacia la médula espinal.
La raíz posterior presenta un engrosamiento denominado ganglio espinal, donde se localizan los cuerpos celulares de las neuronas sensitivas. Esta disposición responde a la necesidad de separar anatómicamente las funciones de entrada y salida de información nerviosa, lo cual permite un procesamiento más eficiente y organizado de los estímulos.
Nervios mixtos: Una vez que ambas raíces se fusionan, el nervio espinal resultante contiene simultáneamente fibras motoras, sensitivas y fibras del sistema nervioso autónomo. Esta mezcla funcional es indispensable, ya que la mayoría de las estructuras corporales requieren:
- Sensibilidad para detectar estímulos físicos y químicos.
- Motricidad para generar movimientos voluntarios o reflejos.
- Regulación autónoma para el control del tono vascular, la sudoración y otras funciones viscerales.
Clasificación de los nervios espinales
Los nervios espinales se clasifican según la región de la columna vertebral con la que se asocian. Esta clasificación refleja la organización estructural del esqueleto axial y la distribución regional de los órganos y tejidos que deben ser inervados.
Existen:
- Ocho pares de nervios cervicales.
- Doce pares de nervios torácicos.
- Cinco pares de nervios lumbares.
- Cinco pares de nervios sacros.
- Un par de nervios coccígeos.
En conjunto, esto da lugar a un total de treinta y un pares de nervios espinales.
La cantidad de nervios en cada región no es uniforme porque las demandas funcionales del cuerpo varían según la zona. Por ejemplo:
- La región cervical requiere una compleja inervación para el cuello, los miembros superiores y parte del tórax.
- La región torácica se relaciona principalmente con la pared torácica y abdominal, que presenta una organización más repetitiva.
- Las regiones lumbar y sacra están implicadas en la inervación de los miembros inferiores y de órganos pélvicos, lo que exige una distribución nerviosa amplia y especializada.
La numeración de los nervios espinales se basa en su relación con las vértebras adyacentes. En la región cervical, los nervios espinales emergen por encima de la vértebra que lleva el mismo número. Esto ocurre desde el primer nervio cervical hasta el séptimo nervio cervical.
Esta disposición se debe a que, durante el desarrollo embrionario, la médula espinal y la columna vertebral crecen a ritmos diferentes. En las regiones superiores, esta diferencia es mínima, lo que permite que los nervios mantengan una salida casi horizontal.
La presencia de ocho nervios cervicales, a pesar de que solo existen siete vértebras cervicales, se explica por el cambio en el patrón de emergencia nerviosa a partir de la región torácica. El octavo nervio cervical emerge entre la séptima vértebra cervical y la primera vértebra torácica.
A partir de este punto:
- Todos los nervios espinales emergen por debajo de la vértebra que lleva su mismo número.
- Este cambio se debe a la aparición de la primera vértebra torácica y a la reorganización espacial de la columna vertebral durante el crecimiento.
La disposición precisa de los nervios espinales permite:
- Una distribución eficiente de la sensibilidad corporal.
- El control motor coordinado de músculos específicos.
- La integración de reflejos espinales rápidos.
- La regulación autónoma de múltiples funciones viscerales.
Además, esta organización segmentaria es fundamental en la práctica clínica, ya que permite localizar lesiones neurológicas con base en la pérdida de función sensitiva o motora en regiones corporales concretas.
Relaciones anatómicas
La disposición anatómica de las raíces espinales y del nervio espinal dentro del foramen intervertebral no es casual ni meramente descriptiva. Por el contrario, responde a la necesidad de integrar protección mecánica, irrigación adecuada, drenaje venoso eficiente y continuidad estructural entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.
Las raíces espinales anterior y posterior se reúnen a nivel del foramen intervertebral porque este espacio representa una zona de transición anatómica entre el canal vertebral, que aloja y protege la médula espinal, y el espacio periférico, donde el nervio debe distribuirse hacia los tejidos del cuerpo.
El foramen intervertebral se encuentra delimitado:
- Superior e inferiormente por los pedículos de las vértebras adyacentes.
- Anteriormente por el cuerpo vertebral y el disco intervertebral.
- Posteriormente por las articulaciones cigapofisarias y sus procesos articulares.
Esta localización proporciona un pasaje óseo relativamente estable, capaz de proteger las estructuras nerviosas frente a desplazamientos excesivos durante los movimientos de la columna vertebral.
Relación con el cuerpo vertebral y el disco intervertebral
Las raíces espinales y el nervio espinal se sitúan por detrás del cuerpo vertebral y del disco intervertebral porque estas estructuras forman la porción anterior del soporte axial de la columna. Al ubicarse posteriormente, el nervio queda resguardado del peso corporal transmitido verticalmente a través de los cuerpos vertebrales.
Sin embargo, esta proximidad explica también por qué alteraciones del disco intervertebral, como protrusiones o hernias, pueden comprimir las raíces espinales o el nervio espinal, generando dolor irradiado o déficits neurológicos. Así, la relación anatómica refleja un compromiso entre protección estructural y economía de espacio dentro de la columna.
Relación anterior con los procesos articulares
El nervio espinal se encuentra por delante de los procesos articulares porque estas articulaciones forman la pared posterior del foramen intervertebral. Su función principal es guiar y limitar los movimientos de la columna vertebral.
La posición del nervio en relación anterior a estas estructuras articulares evita que los movimientos de extensión y rotación vertebral generen fricción directa o compresión sobre el tejido nervioso. De esta manera, se preserva la integridad del nervio durante la dinámica normal de la columna.
Envoltura dural del nervio espinal
El nervio espinal está rodeado por una prolongación de la duramadre porque esta membrana constituye la capa protectora más externa del sistema nervioso central. Su extensión a lo largo de las raíces espinales asegura una transición progresiva y protegida desde la médula espinal hasta el nervio periférico.
Esta envoltura dural cumple varias funciones:
- Proporciona soporte mecánico al nervio en su trayecto inicial.
- Aísla el tejido nervioso de estructuras óseas potencialmente agresivas.
- Contribuye a mantener un microambiente estable para la conducción nerviosa.
Relación con la arteria radicular
La proximidad del nervio espinal a la arteria radicular responde a la elevada demanda metabólica del tejido nervioso. Las fibras nerviosas requieren un aporte continuo de oxígeno y nutrientes para mantener la conducción de impulsos eléctricos.
Las arterias radiculares acompañan a las raíces espinales porque este trayecto garantiza:
- Un suministro sanguíneo directo y segmentario.
- Una distribución eficiente de la irrigación a lo largo del nervio.
- La posibilidad de adaptación vascular ante cambios posturales o funcionales.
Esta relación íntima explica por qué alteraciones vasculares pueden afectar de manera directa la función nerviosa.
Relación con los plexos venosos epidurales
El nervio espinal se relaciona con los plexos venosos anteriores y posteriores porque estos sistemas venosos permiten un drenaje eficaz de la sangre en un entorno sometido a cambios constantes de presión.
Los plexos venosos epidurales carecen de válvulas, lo que facilita:
- La redistribución del volumen sanguíneo durante movimientos de la columna.
- La adaptación a variaciones de presión intratorácica y abdominal.
- La protección indirecta del nervio al amortiguar cambios hemodinámicos bruscos.
Presencia de tejido adiposo epidural
El tejido adiposo epidural rodea al nervio espinal porque actúa como un elemento de amortiguación mecánica. Este tejido:
- Reduce la fricción entre el nervio y las paredes óseas del foramen.
- Permite pequeños desplazamientos del nervio durante los movimientos vertebrales.
- Contribuye al aislamiento térmico y metabólico del tejido nervioso.
Su presencia es esencial para preservar la integridad funcional del nervio en un entorno anatómico dinámico.
Prolongación fibrosa u opérculo dural
El nervio espinal abandona el foramen intervertebral a través de una prolongación fibrosa que se extiende desde la duramadre hasta el periostio vertebral. Esta estructura, denominada opérculo dural, permite una fijación progresiva del nervio sin puntos de transición abruptos.
La ausencia de una demarcación neta entre la duramadre y la vaina del nervio tiene un significado funcional claro:
- Evita zonas de debilidad estructural.
- Permite una distribución homogénea de las tensiones mecánicas.
- Facilita la continuidad entre el sistema nervioso central y periférico.
La disposición anatómica descrita explica múltiples fenómenos clínicos, como:
- El dolor radicular producido por compresión del nervio en el foramen intervertebral.
- La vulnerabilidad del nervio ante alteraciones discales o articulares.
- La importancia de las técnicas anestésicas epidurales y radiculares.
Distribución
Una vez que el nervio espinal ha abandonado el foramen intervertebral, deja de ser una simple vía de paso y se convierte en una estructura altamente ramificada, diseñada para llevar información motora, sensitiva y autónoma a territorios corporales bien definidos. La división del nervio espinal en ramos colaterales y ramos terminales responde a la necesidad de atender funciones locales de protección y regulación, así como funciones regionales de inervación somática extensa.
Esta organización refleja un principio fundamental del sistema nervioso periférico: la separación funcional progresiva, mediante la cual un tronco nervioso mixto se subdivide para alcanzar estructuras específicas sin pérdida de eficiencia.
Ramos colaterales
Los ramos colaterales del nervio espinal se originan antes de la división principal del nervio porque ciertas estructuras cercanas a la columna vertebral requieren una inervación inmediata, independiente de la distribución periférica del nervio. Estas ramas permiten que el sistema nervioso mantenga el control sensitivo y autónomo de los tejidos profundos vertebrales.
Ramo meníngeo del nervio espinal (sinuvertebral)
El ramo meníngeo presenta un origen doble porque debe integrar funciones somáticas y autónomas en una misma estructura. Por un lado, recibe fibras de una raíz espinal procedente del nervio espinal, lo que le confiere sensibilidad somática, especialmente relacionada con el dolor. Por otro lado, incorpora fibras simpáticas provenientes de un ramo comunicante del ganglio simpático adyacente, lo que le permite regular el tono vascular y otras funciones viscerales locales.
Esta doble procedencia es esencial para la inervación de estructuras que no solo necesitan percibir estímulos nocivos, sino también mantener una regulación vascular constante.
El ramo meníngeo nace por fuera de la prolongación fibrosa de la duramadre y regresa de manera recurrente al foramen intervertebral por delante del nervio espinal. Este trayecto aparentemente retrógrado tiene una explicación funcional clara: permite que el nervio alcance nuevamente el canal vertebral sin interferir con la distribución principal del nervio hacia la periferia.
Al retornar al foramen, el ramo meníngeo puede acceder a estructuras profundas que permanecen protegidas dentro del canal vertebral, lo que sería imposible si siguiera un trayecto exclusivamente periférico.
El volumen relativamente grande del ramo meníngeo se explica por la diversidad de estructuras que debe inervar y por la complejidad funcional de estas. El periostio vertebral, los ligamentos espinales y los vasos espinales son tejidos ricos en terminaciones nerviosas, especialmente nociceptivas, y requieren una inervación abundante para cumplir funciones protectoras y reguladoras.
Territorios de inervación
- El periostio de las vértebras, altamente sensible a estímulos dolorosos.
- Los ligamentos vertebrales, cuya integridad es esencial para la estabilidad de la columna.
- Los vasos espinales, cuya regulación depende de la interacción entre fibras sensitivas y simpáticas.
Esta inervación explica por qué alteraciones mecánicas o inflamatorias de la columna generan dolor profundo y mal localizado.
Ramo comunicante blanco
El ramo comunicante blanco existe para permitir la conexión directa entre el nervio espinal y la cadena simpática. A través de esta vía, las fibras simpáticas preganglionares pueden abandonar el nervio espinal e ingresar al sistema nervioso autónomo simpático.
Este ramo es denominado “blanco” debido a la presencia predominante de fibras mielinizadas, lo que se asocia con una conducción rápida de impulsos. Su existencia es indispensable para la integración de la actividad somática y autónoma, permitiendo que estímulos del sistema nervioso central se traduzcan en respuestas viscerales coordinadas.
Ramos terminales
Una vez emitidos los ramos colaterales, el nervio espinal se divide en dos ramos terminales, posterior y anterior. Esta división responde a la organización espacial del cuerpo humano y a la necesidad de inervar territorios claramente diferenciados en relación con el eje vertebral.
Ramo posterior del nervio espinal
El ramo posterior es delgado porque su territorio de inervación es relativamente limitado. Está destinado a las regiones dorsales del cuerpo, incluyendo la musculatura profunda del dorso, las articulaciones vertebrales y la piel de la región posterior del tronco.
La menor extensión de estos territorios, en comparación con las regiones anteriores y los miembros, justifica su menor volumen. Sin embargo, su función es crucial para el mantenimiento de la postura, la estabilidad vertebral y la percepción sensitiva dorsal.
Ramo anterior del nervio espinal
El ramo anterior es considerablemente más voluminoso porque debe inervar áreas corporales extensas y funcionalmente complejas. Estas incluyen las regiones anterolaterales del tronco y, de manera especial, los miembros superiores e inferiores, que requieren una inervación motora precisa y una sensibilidad altamente diferenciada.
En la mayoría de las regiones, los ramos anteriores no se distribuyen de manera segmentaria simple, sino que se entrelazan formando plexos nerviosos. Esta organización permite una distribución más segura y flexible de la inervación, ya que una lesión parcial no suele comprometer por completo la función de un músculo o territorio cutáneo.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

