La tipificación molecular de cepas constituye un pilar fundamental para el fortalecimiento de las estrategias de prevención y control de las infecciones asociadas a la atención de la salud, debido a que permite comprender con profundidad la dinámica biológica y epidemiológica de los microorganismos implicados. Su relevancia radica en que las infecciones que se originan en el entorno sanitario no son eventos aislados ni aleatorios, sino fenómenos complejos en los que interactúan el patógeno, el huésped, el ambiente hospitalario y las prácticas asistenciales. En este contexto, la caracterización genética de los agentes infecciosos aporta una dimensión analítica que trasciende la identificación microbiológica convencional y ofrece evidencia sólida para la toma de decisiones en salud pública y en control de infecciones.
Desde una perspectiva epidemiológica, conocer si dos o más aislados microbianos están genéticamente relacionados permite inferir con alto grado de certeza si comparten un origen común. Esta información resulta crucial cuando se investiga la aparición de brotes, conglomerados de casos o eventos de transmisión sostenida dentro de una institución sanitaria. La demostración de similitud genética entre cepas aisladas de distintos pacientes respalda la hipótesis de transmisión cruzada, ya sea de paciente a paciente, a través del personal de salud, o mediante un reservorio ambiental compartido. Sin esta evidencia molecular, las investigaciones epidemiológicas quedarían limitadas a asociaciones temporales o espaciales que, por sí solas, pueden ser insuficientes o incluso engañosas.
Asimismo, la tipificación molecular permite esclarecer el origen de infecciones individuales. En muchos escenarios clínicos, un paciente puede estar previamente colonizado por un microorganismo que posteriormente causa enfermedad, o bien adquirirlo del entorno hospitalario. La comparación genética entre el aislado responsable de la infección y aquellos obtenidos previamente del mismo paciente o del ambiente asistencial posibilita establecer si la infección fue endógena o exógena. Esta distinción tiene implicaciones directas para la evaluación de las prácticas de prevención, la identificación de fallas en la higiene hospitalaria y la implementación de medidas correctivas específicas.
Otro aspecto central es la vigilancia de clones particularmente virulentos, resistentes o con alta capacidad de diseminación. Algunos linajes microbianos presentan características biológicas que los hacen especialmente aptos para persistir en el ambiente hospitalario, evadir la respuesta inmune o resistir múltiples antimicrobianos. La identificación temprana y el seguimiento de estos clones mediante tipificación molecular permiten anticipar escenarios de alto riesgo, ajustar políticas de aislamiento, optimizar el uso de antimicrobianos y reducir la probabilidad de que estos microorganismos se establezcan de manera endémica en las instituciones de salud.
Las técnicas de tipificación molecular abarcan un amplio espectro metodológico, desde análisis relativamente simples hasta el estudio exhaustivo del material genético completo del microorganismo. El objetivo común de todas estas estrategias es determinar el grado de similitud o diferencia entre aislados obtenidos de distintas fuentes. Cuando múltiples aislados presentan perfiles genéticos indistinguibles o altamente similares, se refuerza la noción de que derivan de un mismo clon ancestral y que la transmisión ocurrió a través de un mecanismo común. Por el contrario, la identificación de perfiles genéticos claramente distintos permite descartar una relación epidemiológica directa y evita la implementación innecesaria de medidas de control costosas o disruptivas.
En los últimos años, se ha reconocido que algunos métodos tradicionales de tipificación carecen de la resolución necesaria para discriminar entre cepas estrechamente relacionadas. Esta limitación puede conducir a interpretaciones erróneas sobre la magnitud real de un brote o sobre las rutas de transmisión. En contraste, el análisis completo del material genético del microorganismo ofrece un nivel de detalle sin precedentes, capaz de detectar variaciones mínimas entre cepas y de establecer relaciones filogenéticas precisas. Los avances tecnológicos en secuenciación y en análisis bioinformático han facilitado la integración de estas herramientas en el ámbito asistencial, haciendo posible su uso rutinario en investigaciones epidemiológicas hospitalarias.
No obstante, la tipificación molecular adquiere verdadero valor cuando se aplica con objetivos claramente definidos. Su uso indiscriminado, sin una pregunta epidemiológica concreta, puede generar datos difíciles de interpretar y con escasa utilidad práctica. Cuando se emplea de manera estratégica, permite delimitar la fuente y la extensión de un brote, identificar las vías de transmisión predominantes, evaluar la efectividad de las intervenciones preventivas y mantener una vigilancia activa en áreas especialmente vulnerables, como las unidades donde se atienden pacientes críticos y donde la probabilidad de infección cruzada es elevada.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

