Los plexos coroideos son estructuras vasculares especializadas que se desarrollan a partir de la piamadre, una de las meninges que recubre directamente la superficie del sistema nervioso central. Su formación ocurre cuando esta membrana altamente vascularizada se invagina hacia el interior de las cavidades ventriculares del encéfalo, dando origen a complejos pliegues de tejido conectivo ricamente irrigado.
Estos plexos se localizan principalmente en los ventrículos laterales y en el tercer ventrículo, aunque existen formaciones equivalentes en el cuarto ventrículo. En todos los casos, su presencia está estrictamente vinculada a regiones específicas del sistema ventricular donde la piamadre entra en contacto íntimo con el revestimiento interno de los ventrículos.
Desde el punto de vista anatómico, los plexos coroideos se originan en zonas donde la piamadre y la membrana ependimaria se asocian para constituir una estructura denominada tela coroidea. Esta disposición permite que los vasos sanguíneos de la piamadre queden cubiertos por una capa de células ependimarias modificadas, lo que resulta fundamental para su función fisiológica.
Aunque los plexos coroideos se describen como estructuras intraventriculares debido a su ubicación dentro del sistema ventricular, es importante destacar que no se encuentran en contacto directo con el líquido cefalorraquídeo de la cavidad ventricular. Siempre están separados de este espacio por la capa de epéndimo que los reviste, la cual actúa como una barrera celular selectiva entre la sangre y el líquido cefalorraquídeo.
Plexos coroideos del tercer ventrículo
Los plexos coroideos del tercer ventrículo se disponen en íntima relación con la tela coroidea de esta cavidad ventricular. Morfológicamente, se presentan como formaciones alargadas, de aspecto lobulado y coloración rojiza, reflejo de su abundante vascularización. Se sitúan simétricamente a ambos lados del plano medio del encéfalo, respetando la línea media ventricular.
En su trayecto, estos plexos se localizan por debajo del fórnix en su porción anterior y, más posteriormente, se disponen por encima de la glándula pineal, región en la que ambos plexos se aproximan y convergen. Esta disposición refleja la arquitectura del techo del tercer ventrículo y su relación con las estructuras diencefálicas vecinas.
En el extremo anterior del tercer ventrículo, los plexos coroideos se prolongan hacia los forámenes interventriculares. Al atravesar estos orificios, que comunican el tercer ventrículo con los ventrículos laterales, los plexos se adelgazan de manera marcada, adaptándose al calibre reducido de estas aberturas. Esta continuidad anatómica explica la conexión directa entre los plexos del tercer ventrículo y los de los ventrículos laterales.
Plexos coroideos de los ventrículos laterales
Una vez superado el foramen interventricular, el plexo coroideo del ventrículo lateral continúa su trayecto dentro de esta cavidad y adquiere progresivamente mayor volumen. Inicialmente, se dirige hacia atrás siguiendo la curvatura del ventrículo lateral y se apoya sobre la superficie dorsal del tálamo. En esta región, el plexo se fija al tálamo mediante un pliegue especializado de la tela coroidea conocido como tenia coroidea, que asegura su estabilidad anatómica.
El plexo alcanza posteriormente el atrio del ventrículo lateral, zona de confluencia entre el cuerpo ventricular y las astas. Desde allí, desciende hacia el asta temporal, siguiendo el contorno de la cavidad. Cabe destacar que el plexo coroideo no se introduce en el asta occipital, lo que constituye una característica constante de su distribución.
En el asta temporal, el plexo coroideo se aplica sobre la superficie del hipocampo, estructura que recubre en gran parte. Acompaña al hipocampo hasta el extremo anterior del asta temporal, siguiendo la profundidad de la fisura coroidea. En esta región, la tela coroidea se continúa directamente con la piamadre, reforzando la relación anatómica entre el plexo coroideo y las meninges.
La irrigación sanguínea de los plexos coroideos del tercer ventrículo y de los ventrículos laterales depende fundamentalmente de las arterias coroideas. Estas incluyen la arteria coroidea anterior, que se origina a partir de la arteria carótida interna, y la arteria coroidea posterior, rama de la arteria cerebral posterior. La rica vascularización aportada por estas arterias es esencial para la función secretora de los plexos coroideos, particularmente en la producción del líquido cefalorraquídeo.
Plexos coroideos del cuarto ventrículo
Los plexos coroideos del cuarto ventrículo presentan una disposición general comparable a la observada en los plexos coroideos de los ventrículos situados en los hemisferios cerebrales, aunque adaptada a la morfología particular de esta cavidad ventricular. Se localizan en el espacio delimitado por la cara posterior de la médula oblongada y la región media de la cara anterior del cerebelo, ocupando así una zona estratégica del tronco del encéfalo.
En esta región, la piamadre se invagina hacia el interior del cuarto ventrículo y entra en contacto directo con el velo medular inferior, estructura que constituye parte del techo de dicha cavidad. Esta asociación entre piamadre y epéndimo da origen a la tela coroidea del cuarto ventrículo, sobre la cual se desarrollan los plexos coroideos.
En el cuarto ventrículo, los plexos coroideos se organizan en dos sistemas bien definidos, de acuerdo con su orientación y trayecto anatómico.
Plexos coroideos medianos: Los plexos coroideos medianos adoptan una disposición longitudinal y se encuentran invaginados en la pared posterior del cuarto ventrículo. Su trayecto se orienta hacia la abertura mediana de esta cavidad ventricular, contribuyendo a la formación del techo posterior del ventrículo. Su posición central refleja su estrecha relación con la línea media del tronco del encéfalo.
Plexos coroideos laterales: Los plexos coroideos laterales se originan a partir de la misma tela coroidea, pero se dirigen lateralmente siguiendo un trayecto curvo. Durante su recorrido, rodean el pedúnculo cerebeloso inferior y avanzan hacia los lados del tronco del encéfalo. En el punto en que el plexo contornea dicho pedúnculo, mantiene una relación directa con la tela coroidea del cuarto ventrículo, lo que asegura su continuidad estructural.
En su porción más lateral, al finalizar la tela coroidea del cuarto ventrículo, el plexo coroideo abandona su envoltura ependimaria y emerge a través del receso lateral del ventrículo. Esta prolongación lateral, clásicamente descrita como el “cuerno de la abundancia”, constituye una característica anatómica distintiva de los plexos coroideos del cuarto ventrículo.
La irrigación de los plexos coroideos del cuarto ventrículo depende de ramas de la arteria cerebelosa inferior. Estas ramas proporcionan un aporte sanguíneo abundante, indispensable para la función secretora de los plexos coroideos y para el mantenimiento de la producción del líquido cefalorraquídeo a nivel de esta porción del sistema ventricular.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

