Las recomendaciones descritas se aplican al abordaje de pacientes conscientes que presentan una frecuencia cardíaca disminuida, definida como bradicardia o bradiarritmia cuando esta es inferior a cincuenta latidos por minuto, de acuerdo con las directrices de la American Heart Association. La bradiarritmia puede comprometer la perfusión tisular y, en casos graves, evolucionar hacia un paro cardíaco si no se interviene de manera adecuada y oportuna.
El abordaje inicial de estos pacientes consiste en la monitorización continua del ritmo cardíaco mediante electrocardiograma, la medición de la saturación de oxígeno arterial y la colocación de una vía intravenosa para permitir la administración rápida de medicamentos en caso de deterioro hemodinámico. La monitorización debe permitir la identificación inmediata de arritmias graves, cambios en la frecuencia cardíaca y alteraciones del ritmo que puedan indicar inestabilidad clínica.
Una vez establecida la monitorización, se evalúa la presencia de signos o síntomas de inestabilidad, los cuales determinan la necesidad de intervención inmediata. La inestabilidad se caracteriza por cinco parámetros clínicos fundamentales. En primer lugar, la alteración del estado de alerta, manifestada por confusión, desorientación o pérdida de conciencia, indica que la perfusión cerebral es insuficiente. En segundo lugar, la presencia de angina o dolor torácico refleja un déficit de flujo sanguíneo hacia el miocardio, sugiriendo que la bradiarritmia compromete la perfusión coronaria. En tercer lugar, la hipotensión arterial, definida como una caída significativa de la presión arterial por debajo de los niveles considerados seguros, constituye un signo claro de insuficiencia circulatoria. En cuarto lugar, el estado de choque, evidenciado por piel marmórea y un llenado capilar retardado, indica perfusión inadecuada de los tejidos periféricos. Por último, la insuficiencia cardíaca aguda, que puede presentarse con congestión pulmonar, ortopnea o disnea en reposo, refleja la incapacidad del corazón para mantener un gasto cardíaco suficiente para las necesidades del organismo.
Cuando se identifica alguno de estos signos o síntomas, la bradiarritmia se considera inestable o sintomática, y requiere un tratamiento inmediato. La intervención inicial consiste en la administración intravenosa de atropina en dosis de 0.5 miligramos cada tres a cinco minutos, con un máximo acumulado de tres miligramos. La atropina actúa bloqueando los receptores muscarínicos del sistema nervioso parasimpático, lo que permite aumentar la frecuencia cardíaca al reducir la influencia vagal sobre el nodo sinoauricular.
Si la frecuencia cardíaca no mejora con la administración de atropina, se deben considerar alternativas terapéuticas adicionales. Entre estas se incluyen la administración de agentes cronotrópicos positivos, como adrenalina o dopamina, mediante infusión continua, con el objetivo de incrementar la contractilidad miocárdica y la frecuencia cardíaca, manteniendo una perfusión adecuada mientras se preparan medidas definitivas. Asimismo, se puede implementar la colocación de un marcapasos transcutáneo como medida temporal, proporcionando estimulación eléctrica externa para mantener un ritmo cardíaco suficiente hasta que se pueda realizar la implantación de un marcapasos transvenoso. Este último constituye el tratamiento definitivo para pacientes con bradicardia sintomática que no responde a medidas farmacológicas, garantizando la estimulación directa del miocardio y la estabilización a largo plazo del ritmo cardíaco.
En todos los casos, el manejo clínico debe ser individualizado, considerando la gravedad de la bradiarritmia, la presencia de comorbilidades y la respuesta inicial a los tratamientos farmacológicos o temporales. La intervención temprana y coordinada es crucial para prevenir complicaciones graves, incluida la progresión a paro cardíaco, y para mantener la perfusión tisular adecuada durante el proceso de estabilización y tratamiento definitivo.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Link, M. S., Berkow, L. C., Kudenchuk, P. J., Halperin, H. R., Hess, E. P., Moitra, V. K., … & Part 7: Advanced Cardiac Life Support. (2020). 2020 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation, 142(16_suppl_2), S366-S468.
- Neumar, R. W., Shuster, M., Callaway, C. W., Gent, L. M., Atkins, D. L., Bhanji, F., … & Part 8: Advanced Life Support: 2015 American Heart Association Guidelines Update for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. (2015). Circulation, 132(18_suppl_2), S444-S464.
- Kusumoto, F. M., Schoenfeld, M. H., Barrett, C., Edgerton, J. R., Ellenbogen, K. A., Gold, M. R., … & Varosy, P. D. (2018). 2018 ACC/AHA/HRS guideline on the evaluation and management of patients with bradycardia and cardiac conduction delay. Journal of the American College of Cardiology, 74(7), e51-e156.
- Peberdy, M. A., Callaway, C. W., Neumar, R. W., Geocadin, R. G., Zimmerman, J. L., Donnino, M. W., … & Part 9: Post–Cardiac Arrest Care: 2010 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. (2010). Circulation, 122(18_suppl_3), S768-S786.

