Los potenciales en espiga constituyen los verdaderos potenciales de acción del músculo liso gastrointestinal y representan el mecanismo eléctrico inmediato que desencadena la contracción mecánica de la pared del tubo digestivo. Aunque las ondas lentas determinan el ritmo básico de excitabilidad del músculo liso, por sí mismas no producen necesariamente una contracción significativa. La respuesta contráctil aparece cuando el potencial de membrana alcanza un umbral suficiente para activar los potenciales en espiga, los cuales generan una entrada masiva de calcio hacia el interior celular y ponen en marcha toda la maquinaria molecular responsable del acortamiento de las fibras musculares. Esta organización permite que el tubo digestivo convierta un ritmo eléctrico continuo en contracciones cuya intensidad se adapta a las necesidades funcionales de cada segmento del aparato digestivo. Esta organización electrofisiológica ha sido demostrada mediante registros intracelulares, estudios electrofisiológicos y experimentos de bloqueo farmacológico de canales iónicos específicos.
El potencial de membrana del músculo liso gastrointestinal no permanece estable como ocurre en muchas neuronas. En condiciones fisiológicas normales oscila continuamente debido a la actividad espontánea de las células intersticiales de Cajal, las cuales funcionan como marcapasos eléctricos del aparato digestivo. Estas oscilaciones reciben el nombre de ondas lentas y modifican periódicamente el potencial de membrana del músculo liso. Sin embargo, las ondas lentas representan únicamente variaciones graduales del potencial eléctrico y no constituyen potenciales de acción verdaderos. Su función principal consiste en acercar o alejar el potencial de membrana respecto del umbral necesario para desencadenar potenciales en espiga. Esta diferencia funcional explica por qué pueden registrarse ondas lentas sin que exista necesariamente contracción muscular.
En la mayor parte del músculo liso gastrointestinal el potencial de membrana en reposo oscila aproximadamente entre −50 y −60 mV. Mientras el potencial permanezca dentro de ese intervalo, la membrana conserva un estado relativamente estable y los canales responsables del potencial de acción permanecen cerrados. Sin embargo, cuando las ondas lentas elevan transitoriamente el potencial hasta valores más positivos que aproximadamente −40 mV, se alcanza el umbral eléctrico que activa los canales dependientes de voltaje responsables de los potenciales en espiga. Este umbral representa el punto crítico en el cual pequeños cambios adicionales del potencial generan una rápida despolarización celular.
La existencia de un umbral cercano a −40 mV tiene una enorme importancia fisiológica porque transforma una señal eléctrica gradual en una respuesta de tipo todo o nada. Mientras el potencial permanece por debajo de ese valor prácticamente no aparecen potenciales en espiga; en cambio, una vez superado dicho umbral comienza la activación de numerosos canales de calcio-sodio dependientes del voltaje, produciendo una rápida entrada de cationes que acelera aún más la despolarización. Este fenómeno constituye un mecanismo de retroalimentación positiva característico de los potenciales de acción.
La frecuencia de aparición de los potenciales en espiga depende directamente del grado de despolarización alcanzado durante cada onda lenta. Cuanto mayor sea la elevación del potencial de membrana por encima del umbral, mayor será el número de canales activados simultáneamente y, por consiguiente, mayor será la cantidad de potenciales en espiga generados durante el pico de cada onda lenta. Habitualmente la frecuencia oscila entre 1 y 10 potenciales en espiga por segundo, aunque puede modificarse considerablemente por la influencia del sistema nervioso entérico, del sistema nervioso autónomo, de hormonas gastrointestinales y de factores locales liberados durante la digestión.
Este comportamiento permite graduar la intensidad de la contracción muscular. Un pequeño número de potenciales en espiga produce una entrada relativamente limitada de calcio y genera contracciones débiles. En contraste, una elevada frecuencia de potenciales provoca una acumulación mucho mayor de calcio intracelular, lo que incrementa el número de puentes cruzados entre actina y miosina y desarrolla contracciones considerablemente más intensas. En consecuencia, el tubo digestivo regula la fuerza de su actividad motora modificando principalmente la frecuencia de los potenciales en espiga y no únicamente la amplitud de las ondas lentas.
Los potenciales en espiga del músculo liso gastrointestinal poseen una duración notablemente mayor que los potenciales de acción observados en las fibras nerviosas. Mientras un potencial de acción neuronal suele durar alrededor de 1 ms, cada potencial en espiga gastrointestinal permanece entre 10 y 20 ms, es decir, aproximadamente entre 10 y 40 veces más tiempo. Esta diferencia refleja profundas variaciones en la composición molecular de los canales iónicos responsables de la despolarización y determina importantes consecuencias funcionales.
En las neuronas, la fase ascendente del potencial de acción depende casi exclusivamente de la rápida apertura de canales de sodio dependientes del voltaje. Estos canales presentan una cinética extremadamente rápida, permitiendo una entrada masiva de sodio durante una fracción de milisegundo. Poco después se inactivan también con gran rapidez, ocasionando que el potencial de acción neuronal tenga una duración muy breve. Esta rapidez resulta indispensable para transmitir información a velocidades muy elevadas a lo largo de largas distancias.
El músculo liso gastrointestinal, por el contrario, no necesita transmitir señales con la velocidad característica del sistema nervioso. Su función consiste en producir contracciones sostenidas capaces de desplazar, mezclar y almacenar el contenido digestivo durante minutos e incluso horas. Por ello utiliza un mecanismo electrofisiológico diferente, basado principalmente en canales de calcio-sodio dependientes del voltaje.
Estos canales permiten simultáneamente el ingreso de una gran cantidad de calcio acompañado por una menor entrada de sodio. Debido a que sus mecanismos de apertura e inactivación son mucho más lentos que los de los canales rápidos de sodio, la despolarización se mantiene durante un intervalo considerablemente mayor. La lentitud de apertura prolonga la fase ascendente del potencial de acción y la lentitud de cierre retrasa la repolarización, explicando así la duración prolongada característica de los potenciales en espiga gastrointestinales.
La utilización predominante de canales de calcio-sodio constituye una adaptación fisiológica altamente eficiente porque permite integrar en un mismo proceso la generación del potencial de acción y el inicio inmediato de la contracción muscular. En el músculo esquelético y en las neuronas, el potencial de acción depende fundamentalmente del sodio, mientras que el calcio necesario para la contracción proviene principalmente del retículo sarcoplásmico. En contraste, el músculo liso gastrointestinal posee un retículo sarcoplásmico relativamente menos desarrollado y depende en gran medida del calcio extracelular que ingresa directamente durante el potencial de acción.
La entrada de calcio representa el acontecimiento central que convierte la actividad eléctrica en actividad mecánica. Una vez que el calcio penetra al citoplasma, se une a la proteína calmodulina, formando un complejo calcio-calmodulina que activa la cinasa de la cadena ligera de miosina. Esta enzima fosforila las cadenas ligeras reguladoras de la miosina, incrementando notablemente la actividad de la adenosina trifosfatasa de la cabeza de miosina y permitiendo la formación de puentes cruzados con los filamentos de actina. Como consecuencia, las fibras musculares comienzan a desarrollar fuerza y se produce la contracción del músculo liso.
La magnitud de la contracción depende estrechamente de la cantidad de calcio que entra durante cada potencial en espiga. Si la despolarización produce pocos potenciales de acción, el ingreso de calcio será limitado y la fuerza desarrollada será pequeña. Cuando aumenta el número de potenciales en espiga, la concentración intracelular de calcio también aumenta progresivamente, incrementándose la fosforilación de la miosina y la intensidad de la contracción. Este mecanismo explica por qué la actividad mecánica del intestino guarda una relación casi directa con la frecuencia de los potenciales en espiga.
La duración relativamente prolongada de estos potenciales también favorece contracciones sostenidas, adecuadas para funciones digestivas como el mantenimiento del tono de los esfínteres, la mezcla prolongada del quimo mediante movimientos segmentarios y el desplazamiento lento del contenido intestinal durante el peristaltismo. Si los potenciales fueran tan breves como los neuronales, la entrada de calcio sería insuficiente para mantener las contracciones prolongadas que requiere la fisiología gastrointestinal.
La excitabilidad responsable de los potenciales en espiga se encuentra modulada continuamente por señales nerviosas y humorales. La acetilcolina liberada por neuronas parasimpáticas y neuronas excitadoras del sistema nervioso entérico despolariza la membrana, acercándola al umbral y aumentando la probabilidad de aparición de potenciales en espiga. En cambio, neurotransmisores inhibidores como el óxido nítrico, el péptido intestinal vasoactivo y la noradrenalina favorecen la hiperpolarización, alejando el potencial de membrana del umbral y reduciendo significativamente la frecuencia de los potenciales en espiga. De esta manera, el sistema nervioso regula con precisión la intensidad y el patrón de la motilidad gastrointestinal.
Las hormonas gastrointestinales también modifican la aparición de potenciales en espiga. Sustancias como la gastrina, la motilina y determinadas acciones de la colecistocinina aumentan la excitabilidad del músculo liso, mientras que otras señales hormonales pueden ejercer efectos inhibidores dependiendo del segmento digestivo y del contexto fisiológico. Asimismo, el estiramiento mecánico de la pared intestinal activa canales mecanosensibles que favorecen la despolarización y facilitan la aparición de potenciales en espiga, constituyendo uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales la presencia de alimento incrementa la motilidad.
La organización conjunta de ondas lentas, potenciales en espiga y mecanismos de entrada de calcio permite que el aparato digestivo funcione como un sistema altamente coordinado. Las ondas lentas establecen el ritmo básico de excitabilidad; los potenciales en espiga determinan cuándo ocurre realmente la contracción; y el calcio que ingresa durante dichos potenciales convierte la señal eléctrica en trabajo mecánico. Gracias a esta integración, el tubo digestivo puede adaptar continuamente la intensidad, frecuencia y duración de sus movimientos para optimizar la digestión, la mezcla del contenido luminal, la absorción de nutrientes y el transporte ordenado del bolo alimenticio a lo largo de todo el aparato gastrointestinal.

Fuente y lecturas recomendadas:
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