Senos paranasales
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Las cavidades nasales no constituyen estructuras aisladas dentro del macizo facial, sino que se encuentran íntimamente relacionadas con un conjunto de cavidades óseas accesorias denominadas senos paranasales. Estas cavidades se desarrollan dentro de diversos huesos del cráneo y de la cara, y su disposición anatómica responde tanto a criterios funcionales como evolutivos. Su estudio resulta fundamental para comprender la fisiología respiratoria, la resonancia de la voz y la patología otorrinolaringológica.

Desde el punto de vista anatómico y funcional, los senos paranasales presentan una serie de características comunes que permiten agruparlos como un sistema integrado.

  • Abertura en las cavidades nasales: Todos los senos paranasales se comunican con las cavidades nasales mediante orificios u ostios de drenaje. Esta comunicación no es casual, sino esencial para su funcionamiento, ya que permite la ventilación del seno y el drenaje continuo de las secreciones mucosas hacia las fosas nasales. Gracias a esta conexión, se mantiene el equilibrio de presiones con el medio externo y se evita la acumulación de líquidos, condición que predispondría a procesos infecciosos. La localización y el calibre de estas aberturas influyen de manera directa en la susceptibilidad de cada seno a la inflamación.
  • Revestimiento mucoso: La superficie interna de los senos paranasales se encuentra tapizada por una mucosa respiratoria, que es una prolongación de la mucosa nasal. Este epitelio, ciliado y secretor de moco, cumple una función protectora fundamental: atrapa partículas inhaladas, microorganismos y agentes irritantes, y los transporta de forma coordinada hacia las cavidades nasales para su eliminación. De este modo, los senos participan activamente en los mecanismos de defensa del aparato respiratorio superior y en el acondicionamiento del aire inspirado.
  • Contenido aéreo: Una característica esencial de los senos paranasales es su contenido aéreo. La presencia de aire en estas cavidades reduce el peso total del cráneo sin comprometer su resistencia estructural, lo que representa una ventaja biomecánica significativa. Además, estas cavidades aéreas actúan como cámaras de resonancia que modifican y amplifican la voz, contribuyendo a las particularidades del timbre vocal de cada individuo. También se les atribuye un papel en la regulación térmica y en la humidificación del aire inspirado.

Se describen, a cada lado del cuerpo, cuatro grupos principales de senos paranasales, cuya disposición es simétrica en relación con el plano sagital.

  • Seno maxilar
  • Seno frontal
  • Celdillas etmoidales
  • Seno esfenoidal


Seno maxilar

El seno maxilar es la cavidad paranasal de mayor volumen y ocupa la porción central del cuerpo del hueso maxilar. A diferencia de otros senos paranasales, se encuentra presente desde el nacimiento, aunque continúa su crecimiento y neumatización a lo largo del desarrollo. Desde el punto de vista morfológico, se describe clásicamente como una cavidad con forma de pirámide, cuya base se orienta medialmente hacia las cavidades nasales, lo que facilita su descripción anatómica sistemática.

  • La pared anterior del seno maxilar corresponde a la región facial, específicamente a la mejilla y a la fosa canina. Se sitúa por debajo del foramen infraorbitario y, en su porción inferior, mantiene una relación estrecha con el receso gingivolabial. Esta proximidad explica la posibilidad de acceder al seno por vía bucal en determinados procedimientos quirúrgicos.
  • La pared posterior delimita anteriormente la fosa pterigopalatina. En su espesor discurren los conductos que alojan a los nervios alveolares posteriores, lo que confiere relevancia clínica a esta pared en procedimientos anestésicos y quirúrgicos del maxilar superior.
  • La pared superior, también denominada pared orbitaria, constituye el piso de la órbita. Es una lámina ósea delgada que se encuentra atravesada por el conducto infraorbitario, a través del cual transcurren el nervio y los vasos infraorbitarios. Su fragilidad explica la posible repercusión orbitaria de los procesos patológicos del seno maxilar.
  • La pared inferior o dentaria guarda una relación directa con los alveolos dentarios del maxilar superior. Los ápices radiculares de algunas piezas dentarias pueden producir elevaciones del piso del seno, sin llegar a penetrar en su cavidad. En orden de mayor a menor proximidad, las piezas dentarias relacionadas con el seno maxilar son: segundo molar, primer molar, segundo premolar, primer premolar, tercer molar y canino. Esta disposición anatómica fundamenta la estrecha relación entre patología dental y sinusitis maxilar.
  • El vértice de la pirámide se proyecta lateralmente hacia el hueso cigomático, mientras que la base, orientada medialmente, forma parte de la pared lateral de las cavidades nasales.

Comunicación con las cavidades nasales

La inserción anteroposterior del cornete inferior divide la base del seno maxilar en dos porciones: una inferior, ósea y delgada, y una superior, que corresponde al hiato del seno maxilar. En el hueso seco, este hiato presenta un tamaño considerable; sin embargo, en el individuo vivo se encuentra notablemente reducido debido a las articulaciones con el cornete inferior por delante y con el hueso palatino por detrás.

El proceso unciforme del etmoides, al apoyarse inferior y posteriormente sobre el cornete inferior, cruza el hiato del seno en sentido oblicuo. Al estar revestido por mucosa, este proceso contribuye a la formación del hiato semilunar, estructura fundamental para la ventilación y el drenaje del seno maxilar hacia la cavidad nasal. En las cercanías de esta zona pueden encontrarse orificios accesorios de comunicación, conocidos como orificios de Giraldes. Todo este sistema de drenaje se localiza en la pared lateral del meato medio.

Variaciones anatómicas

Las dimensiones del seno maxilar muestran una considerable variabilidad interindividual. En algunos casos, la cavidad puede emitir prolongaciones neumáticas hacia el hueso cigomático o hacia el proceso frontal del maxilar, lo que incrementa su volumen y modifica sus relaciones anatómicas.

Consideraciones prácticas y clínicas

Desde el punto de vista radiológico, el seno maxilar, al ser una cavidad aérea, se observa normalmente como una imagen radiolúcida. La presencia de procesos inflamatorios o infecciosos provoca su opacificación y, en determinadas ocasiones, la aparición de niveles hidroaéreos.

Las estrechas relaciones del seno maxilar con las cavidades nasales y con las raíces dentarias explican que las infecciones puedan originarse tanto a partir de la mucosa nasal como de focos odontógenos. Además, su orificio de drenaje hacia la cavidad nasal se encuentra situado en una posición elevada y no declive, circunstancia que dificulta el vaciamiento espontáneo y favorece la acumulación de secreciones purulentas.

El seno maxilar puede abordarse por diferentes vías con fines diagnósticos o terapéuticos, ya sea mediante acceso bucal o por vía nasal, a través de una punción realizada desde el meato inferior, técnica de importancia histórica y clínica en la práctica otorrinolaringológica.


Seno frontal

El seno frontal es una cavidad paranasal situada en el espesor del hueso frontal, donde se desarrolla entre sus dos láminas óseas, la externa y la interna. Su aparición es tardía en relación con otros senos, ya que no suele estar presente al nacer y continúa su desarrollo durante la infancia y la adolescencia. Desde el punto de vista anatómico, su disposición y sus relaciones explican tanto su función como la gravedad potencial de sus afecciones.

  • La pared anterior del seno frontal es superficial y se encuentra inmediatamente por debajo de la piel de la región frontal. Su espesor es variable y guarda una relación inversa con el tamaño del seno: cuanto menor es la cavidad, mayor es el grosor de esta pared, lo que le confiere una mayor resistencia a los traumatismos.
  • La pared posterior es profunda y notablemente delgada. Se relaciona directamente con las meninges que recubren el lóbulo frontal del cerebro y con la región de origen del seno venoso sagital superior. Esta proximidad con estructuras endocraneanas explica la importancia clínica del seno frontal, ya que los procesos infecciosos pueden propagarse hacia el interior del cráneo con consecuencias potencialmente graves.
  • La pared medial es fina y constituye el tabique que separa el seno frontal de su homólogo contralateral. Este tabique rara vez se sitúa en el plano medio, lo que genera asimetrías frecuentes entre ambos senos.
  • El vértice del seno frontal se localiza en una posición superior y medial, siguiendo la configuración del hueso frontal.
  • La base presenta dos porciones claramente diferenciadas. Su parte lateral se relaciona con la órbita y contribuye al techo orbitario, mientras que su parte medial descansa sobre el hueso etmoides. En esta región, la base suele encontrarse elevada por la presencia y el desarrollo de las celdillas etmoidales, lo que influye en la morfología del seno.

Comunicación con la cavidad nasal

El seno frontal se comunica con la cavidad nasal a través del conducto frontal, el cual se dirige hacia abajo y medialmente. Este conducto se continúa inferior y posteriormente con el infundíbulo etmoidal, y desemboca finalmente en la porción superior y anterior del meato medio, por detrás del pliegue unciforme. La longitud de este trayecto es variable y depende en gran medida del grado de desarrollo de las celdillas etmoidales, siendo más largo cuando estas están más ampliamente neumatizadas.

Un aspecto anatómico de gran importancia funcional es que el orificio de drenaje del seno frontal se sitúa en el punto declive de la cavidad, lo que facilita el escurrimiento natural de las secreciones hacia la cavidad nasal y reduce la tendencia a la retención mucosa.

Variabilidad anatómica

La forma y las dimensiones del seno frontal presentan una marcada variabilidad individual. Es excepcional que ambos senos frontales sean simétricos; por lo general, uno de ellos se encuentra más desarrollado que el otro, y el tabique intersinusal adopta una posición oblicua en lugar de coincidir con el plano mediano.

Consideraciones clínicas

Desde el punto de vista radiológico, los senos frontales se visualizan como cavidades aéreas bien delimitadas, cuyos contornos pueden apreciarse con claridad en las radiografías. Al igual que en los demás senos paranasales, el revestimiento interno del seno frontal está constituido por una mucosa respiratoria que representa una prolongación directa de la mucosa nasal, participando así en los mecanismos de defensa, humidificación y acondicionamiento del aire inspirado.

Celdillas etmoidales

Las celdillas etmoidales constituyen un conjunto de cavidades neumáticas diminutas y numerosas, tapizadas por mucosa respiratoria, localizadas en las masas laterales del hueso etmoides. Su desarrollo y disposición son altamente variables, lo que les confiere un carácter individualizado en cada sujeto. En número promedio, estas celdillas oscilan entre ocho y diez por lado, formando un sistema intrincado conocido como laberinto etmoidal, cuya complejidad y finura estructural las hace destacar por su relación con numerosas estructuras vecinas.

El laberinto etmoidal se sitúa entre la base del cráneo, la órbita y las cavidades nasales, actuando como un verdadero centro de integración anatómica. Su forma general recuerda a un embudo, con el vértice orientado hacia el meato correspondiente, facilitando la comunicación de sus secreciones hacia la cavidad nasal. Cada celdilla está delimitada por laminillas óseas muy delgadas, cuyo grosor puede variar y que se encuentran reforzadas en la unión con el cornete medio, formando la denominada raíz tabicante. Esta disposición permite mantener la integridad del sistema pese a la fragilidad de las paredes.

El laberinto etmoidal puede extenderse hacia los huesos vecinos, generando prolongaciones denominadas celdillas etmoidofrontales cuando se proyecta hacia el seno frontal, o celdillas etmoidomaxilares en dirección al seno maxilar. Estas extensiones explican la interconexión funcional de los senos paranasales y la facilidad con que los procesos inflamatorios pueden propagarse entre ellos.

Las celdillas etmoidales se organizan en tres grupos principales, según su localización y el meato en el que desembocan:

A. Celdillas etmoidales anteriores: se abren en el meato medio de la cavidad nasal, facilitando el drenaje de sus secreciones hacia esta vía.

B. Celdillas etmoidales medias: también desembocan en el meato medio, aunque pueden presentar trayectos más complejos o múltiples ostios.

C. Celdillas etmoidales posteriores: se comunican con el meato superior y, en ocasiones, con la superficie del cornete superior, dirigiendo allí sus secreciones.

Consideraciones funcionales y clínicas

La complejidad del laberinto etmoidal, unida a la finura de sus paredes óseas, tiene implicaciones clínicas importantes. Su proximidad a la órbita y a la base del cráneo convierte a estas celdillas en estructuras críticas desde el punto de vista quirúrgico y radiológico. Asimismo, la disposición de sus ostios de drenaje explica por qué las infecciones etmoidales pueden propagarse hacia los senos frontales, maxilares o esfenoidales, así como la tendencia a la retención de secreciones en caso de obstrucción.

El revestimiento mucoso de estas celdillas, como en otros senos paranasales, pertenece al epitelio respiratorio y actúa en la protección, humidificación y filtrado del aire inspirado, además de facilitar el transporte mucociliar hacia los meatos nasales correspondientes.


Seno esfenoidal

El seno esfenoidal es una cavidad paranasal excavada en el cuerpo del hueso esfenoides, ubicada a ambos lados del plano medio, detrás de las cavidades nasales. Su posición profunda en el cráneo y sus relaciones anatómicas lo convierten en una estructura de gran relevancia clínica, especialmente por su cercanía a la hipófisis, los nervios ópticos y los senos cavernosos.

  • La pared medial del seno esfenoidal separa los senos derecho e izquierdo y prolonga hacia arriba el tabique nasal, estableciendo una continuidad con las estructuras medianas del macizo facial.
  • La pared lateral se divide en dos porciones:
    • Parte posterior o craneal, que se relaciona estrechamente con el seno cavernoso, donde discurre la arteria carótida interna y varios nervios craneales. Esta relación explica la importancia quirúrgica y los riesgos de procesos inflamatorios o tumorales que comprometan esta zona.
    • Parte anterior u orbitaria, en íntima relación con el conducto óptico, lo que explica la posible afectación visual en patologías que comprometen el seno esfenoidal.
  • La pared superior se encuentra directamente sobre la silla turca, donde descansa la hipófisis, mientras que la pared posterior constituye la porción posterior del cuerpo esfenoidal.
  • La pared inferior corresponde al techo de la nasofaringe y a la parte posterior de la bóveda de las cavidades nasales, asegurando continuidad con el sistema respiratorio.
  • La pared anterior se articula con las celdillas etmoidales posteriores en su porción lateral y presenta un orificio que se abre en la cavidad nasal por su porción medial.

En algunos individuos, el seno puede emitir prolongaciones laterales, conocidas como prolongación alar (hacia las alas del esfenoides) y prolongación pterigoidea (hacia el proceso pterigoides), aumentando así la extensión de la cavidad y sus relaciones con estructuras vecinas.

Orificio y drenaje

El orificio del seno esfenoidal se localiza en el receso esfenoetmoidal, situado en posición superior y posterior en relación con la cavidad nasal. Esta disposición permite el drenaje de las secreciones hacia la nasofaringe, aunque, como en otros senos paranasales, la eficiencia del vaciamiento depende de la correcta ventilación y la integridad del epitelio mucoso.

Variabilidad

El seno esfenoidal presenta gran variabilidad en su forma, volumen y extensión lateral, lo que influye en la planificación quirúrgica y en la interpretación radiológica.

Consideraciones clínicas

Su contenido aéreo permite que sea claramente delimitable mediante estudios de imagen, como la radiografía y la tomografía computarizada.

El revestimiento mucoso, continuidad directa de la mucosa nasal, realiza funciones protectoras similares a las de otros senos: transporte mucociliar, humidificación y filtrado del aire inspirado. Su posición profunda y sus relaciones con estructuras vitales hacen del seno esfenoidal un sitio crítico en la anatomía clínica y quirúrgica del macizo facial y de la base del cráneo.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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