En la médula ósea, las células madre hematopoyéticas no se distribuyen de manera aleatoria, sino que residen en microambientes altamente especializados denominados nichos. Estos nichos constituyen unidades funcionales complejas en las que convergen señales celulares, moleculares y físicas que regulan con precisión el destino de dichas células. Entre los distintos microambientes descritos, destacan de forma predominante el nicho endostal y el nicho perisinusoidal, los cuales representan las dos arquitecturas fundamentales que sostienen la hematopoyesis a lo largo de la vida.
Esta dualidad no es arbitraria, sino que responde a la necesidad de integrar estados funcionales distintos de las células madre hematopoyéticas. Mientras algunos compartimentos favorecen la quiescencia y la preservación a largo plazo, otros promueven la activación, proliferación y diferenciación. Por ello, la existencia de dos nichos principales refleja una organización jerárquica y dinámica del tejido hematopoyético.
Nicho perisinusoidal
El nicho perisinusoidal, también denominado nicho central o perivascular, se localiza en estrecha proximidad a los sinusoides de la médula ósea, que son vasos sanguíneos especializados con paredes delgadas y alta permeabilidad. Esta localización anatómica confiere características únicas al microambiente.
El hecho de que aproximadamente el ochenta y cinco por ciento de las células madre hematopoyéticas resida en este nicho puede explicarse por varias razones de orden fisiológico y estructural. En primer lugar, la cercanía a la circulación sanguínea facilita el intercambio de factores solubles, nutrientes y señales sistémicas, lo que permite una regulación rápida y eficiente de la actividad hematopoyética en respuesta a las necesidades del organismo. Este entorno favorece un estado más dinámico, en el que las células pueden transitar entre la quiescencia y la activación.
En segundo lugar, el nicho perisinusoidal está enriquecido en células estromales especializadas, incluidas células mesenquimatosas perivasculares, células endoteliales y células reticulares que producen factores clave como la quimiocina CXCL12 y el factor de células madre. Estas moléculas generan gradientes quimiotácticos y señales de supervivencia esenciales para la retención, autorrenovación y diferenciación de las células madre hematopoyéticas.
Adicionalmente, la arquitectura tridimensional de este nicho proporciona un soporte físico flexible, permitiendo la migración celular y la salida de células maduras hacia la circulación. Este aspecto resulta fundamental para mantener un equilibrio entre la producción y la liberación de células sanguíneas.
Nicho endostal
El nicho endostal se sitúa en la interfaz entre el tejido óseo y la médula ósea, una región caracterizada por una mayor rigidez estructural y una composición celular distinta. Aunque alberga únicamente alrededor del quince por ciento de las células madre hematopoyéticas, su importancia funcional no radica en la cantidad, sino en la calidad del soporte que proporciona.
Este nicho se asocia tradicionalmente con un estado más quiescente de las células madre hematopoyéticas. Las condiciones locales, incluyendo una menor tensión de oxígeno, una matriz extracelular densa y señales inhibitorias específicas, favorecen la conservación de células madre a largo plazo. De esta manera, el nicho endostal actúa como un reservorio estratégico que protege a estas células del agotamiento y del estrés proliferativo.
La proximidad al hueso también implica una interacción directa con células del linaje osteogénico, lo que introduce una dimensión adicional de regulación que no está presente en el nicho perisinusoidal.
Papel de los osteoblastos en la regulación del nicho endostal
Los osteoblastos, localizados en la superficie endostal, desempeñan un papel central en la configuración de este microambiente. Estas células no solo participan en la formación de hueso, sino que también actúan como reguladores activos de la hematopoyesis.
Desde una perspectiva molecular, los osteoblastos producen una amplia gama de factores que influyen en las células madre hematopoyéticas, incluyendo moléculas de adhesión, citocinas y ligandos de vías de señalización. Entre estas, la vía Notch ocupa un lugar destacado, ya que su activación contribuye a la autorrenovación y mantenimiento del estado indiferenciado de las células madre.
La expresión del receptor para la hormona paratiroidea en osteoblastos constituye otro mecanismo relevante. La activación de este receptor induce cambios en la población osteoblástica y en la secreción de factores reguladores, como el ligando Jagged 1, lo que a su vez modula la expansión de las células madre hematopoyéticas. Este fenómeno ha sido demostrado en modelos experimentales en los que la activación constitutiva del receptor conduce a un incremento concomitante de osteoblastos y células madre.
Asimismo, la manipulación de otras vías, como la señalización mediada por proteínas morfogenéticas óseas, también altera de manera coordinada ambas poblaciones celulares, reforzando la idea de que existe una relación funcional estrecha entre los osteoblastos y el mantenimiento del nicho hematopoyético.
Complejidad funcional del nicho endostal
A pesar de las evidencias que apoyan la participación de los osteoblastos en el mantenimiento de las células madre hematopoyéticas, los resultados experimentales no son completamente uniformes, lo que sugiere una regulación más compleja de lo inicialmente propuesto.
Por un lado, la eliminación de osteoblastos se asocia con una disminución en el número de células madre hematopoyéticas y con alteraciones en la hematopoyesis, lo que respalda su papel de soporte. Además, tras procedimientos de trasplante, las células madre tienden a localizarse preferentemente en regiones endostales, lo que sugiere que este nicho proporciona señales de anclaje y supervivencia particularmente eficaces.
Sin embargo, otros estudios han mostrado que el número de osteoblastos no siempre se correlaciona directamente con la cantidad de células madre hematopoyéticas. Esta discrepancia indica que otros componentes del nicho, como las células estromales no osteoblásticas o las señales sistémicas, también desempeñan funciones críticas.
La producción de factores como CXCL12 y el factor de células madre por parte de los osteoblastos ilustra esta complejidad. Mientras que la eliminación de CXCL12 en osteoblastos afecta selectivamente a linajes específicos, como los linfocitos B, no altera significativamente el número de células madre hematopoyéticas. En contraste, la eliminación del factor de células madre sí tiene un impacto directo en su mantenimiento, lo que evidencia que no todas las señales tienen el mismo peso funcional.
Impacto de procesos inflamatorios sistémicos en el nicho endostal
Los modelos de sepsis polimicrobiana proporcionan información valiosa sobre la sensibilidad del nicho endostal a condiciones patológicas. En estos modelos, la inflamación sistémica conduce a la pérdida de osteoblastos, lo que altera significativamente la composición del microambiente medular.
Curiosamente, esta pérdida no afecta de manera sustancial al número de células madre hematopoyéticas, pero sí provoca una disminución marcada de progenitores linfoides y de linfocitos maduros. Este hallazgo sugiere que los osteoblastos desempeñan un papel más relevante en la regulación de etapas diferenciativas específicas que en el mantenimiento directo de la población de células madre.
La reversibilidad de este fenómeno mediante la administración de hormona paratiroidea pone de manifiesto la plasticidad del nicho y su capacidad de recuperación, así como la importancia de las señales endocrinas en la regulación de la hematopoyesis.
Integración funcional de ambos nichos en la hematopoyesis
La coexistencia de los nichos endostal y perisinusoidal responde a la necesidad de equilibrar estabilidad y dinamismo dentro del sistema hematopoyético. El nicho perisinusoidal actúa como el principal sitio de actividad y producción celular, mientras que el nicho endostal proporciona un entorno protector y regulador que preserva el potencial a largo plazo.
La interacción entre ambos nichos no debe entenderse como una separación rígida, sino como un continuo funcional en el que las células madre hematopoyéticas pueden desplazarse y adaptarse según las demandas fisiológicas o patológicas.
En última instancia, aunque el papel exacto de los osteoblastos y del nicho endostal en el mantenimiento de las células madre hematopoyéticas aún no se encuentra completamente definido, la evidencia acumulada indica que este microambiente es esencial para sostener la hematopoyesis, especialmente en lo que respecta a la generación y regulación de progenitores diferenciados, consolidando así su relevancia dentro de la biología de la médula ósea.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Gartner, L. P. (2020). Textbook of Histology (5th ed.). Elsevier.
- Karp, G., Iwasa, J., & Marshall, W. (2019). Biología celular y molecular: conceptos y experimentos (8.ª ed.). McGraw-Hill Interamericana.
- Nakai, Y., Ono, W., & Ono, N. (2025). Bone marrow endosteum in homeostasis and metastasis. Open Biology, 15(10), 250103. https://doi.org/10.1098/rsob.250103
- Ross, M. H., & Pawlina, W. (2020). Histología: texto y atlas: correlación con biología molecular y celular (8.ª ed.). Wolters Kluwer

