El dengue es una enfermedad viral de carácter infeccioso, cuya incidencia se ha incrementado de manera significativa en las últimas décadas, representando un desafío importante para la salud pública a nivel global. Este virus pertenece a la familia Flaviviridae y se caracteriza por la existencia de cuatro serotipos distintos, denominados dengue virus uno, dengue virus dos, dengue virus tres y dengue virus cuatro. La presencia de múltiples serotipos tiene implicaciones clínicas y epidemiológicas importantes, ya que la infección por un serotipo genera inmunidad duradera frente a ese serotipo específico, pero no frente a los otros, y en algunas circunstancias, puede aumentar la severidad de infecciones subsecuentes a través de un fenómeno conocido como potenciación dependiente de anticuerpos.
El virus se transmite principalmente por mosquitos del género Aedes, en particular Aedes aegypti, aunque Aedes albopictus también puede actuar como vector en determinadas regiones. La transmisión urbana constituye el principal mecanismo de propagación, donde el virus circula entre humanos a través de la picadura de mosquitos infectados, mientras que los ciclos selváticos, que involucran animales no humanos, juegan un papel secundario en la epidemiología. Esta transmisión vectorial se ve influenciada por factores ambientales, como el cambio climático, la urbanización no planificada, la movilidad humana y la densidad poblacional, lo que explica la expansión geográfica de la enfermedad a regiones previamente no endémicas.
Curso clínico del dengue
La infección por dengue puede variar desde formas asintomáticas hasta cuadros graves que amenazan la vida, y se desarrolla generalmente en tres fases clínicas bien definidas. La primera es la fase febril, caracterizada por un inicio súbito de fiebre elevada, dolor de cabeza intenso, dolor retroocular, malestar general, mialgias y artralgias. Durante esta fase, el paciente puede presentar leucopenia y un rash cutáneo transitorio. La segunda fase, denominada fase crítica, se produce usualmente al final de la fiebre y es la etapa más peligrosa, ya que se asocia con la extravasación de plasma hacia tejidos extravasculares, trombocitopenia y un riesgo elevado de choque hipovolémico. La tercera fase corresponde a la recuperación, donde los líquidos extravasados son reabsorbidos y la función hemodinámica y orgánica se estabiliza progresivamente.
En términos de severidad clínica, la Organización Mundial de la Salud ha propuesto una clasificación que distingue entre dengue no grave, dengue con signos de alarma y dengue grave. El dengue no grave se caracteriza por fiebre y síntomas generales sin evidencia de complicaciones sistémicas; el dengue con signos de alarma incluye manifestaciones como dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado leve y letargo, y el dengue grave se asocia con falla orgánica múltiple, hemorragias severas o choque. Esta clasificación permite una estratificación precisa del riesgo y guía la toma de decisiones terapéuticas.
Diversos estudios han identificado marcadores clínicos, laboratoriales e inmunológicos que predicen una evolución hacia formas graves de dengue. Entre los indicadores clínicos destacan el dolor abdominal intenso, vómitos persistentes y hepatomegalia; los biomarcadores incluyen elevación de transaminasas, lactato deshidrogenasa y creatina quinasa; y la alteración de citocinas inflamatorias como interleucina diez, interleucina ocho y moléculas de adhesión endotelial soluble se asocia con riesgo aumentado de complicaciones graves. La identificación temprana de estos factores permite la estratificación de riesgo y la intervención oportuna.
Inmunopatología y fenómenos asociados
La respuesta inmunitaria del hospedador juega un papel central en la patogénesis del dengue. La interacción entre el virus y el sistema inmune puede generar una activación desregulada de células inmunes y la liberación masiva de citocinas proinflamatorias, lo que contribuye a la permeabilidad vascular aumentada y a la extravasación de plasma. El fenómeno conocido como potenciación dependiente de anticuerpos es un mecanismo en el que anticuerpos preexistentes, generados por una infección previa con un serotipo diferente, facilitan la entrada viral en células inmunes, intensificando la replicación viral y aumentando el riesgo de formas graves de la enfermedad. Esta particularidad inmunológica es clave para entender por qué algunos pacientes presentan complicaciones severas tras infecciones secundarias.
Asimismo, la enfermedad puede afectar múltiples órganos, generando manifestaciones inusuales que incluyen daño hepático, renal, cardíaco y neurológico. El síndrome de dengue ampliado, o síndrome inflamatorio multisistémico asociado a dengue, representa un espectro de complicaciones graves que requiere atención multidisciplinaria.
Diagnóstico: detección y confirmación
El diagnóstico del dengue se fundamenta en la identificación clínica de los signos y síntomas característicos, complementada por estudios de laboratorio específicos. Durante la fase temprana de la infección, la detección del antígeno viral NS1 y la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa permiten confirmar la presencia del virus. En fases posteriores, la serología que identifica anticuerpos inmunoglobulina M e inmunoglobulina G se utiliza para establecer infección reciente o pasada. La combinación de evaluación clínica y herramientas diagnósticas permite una estratificación precisa del paciente y la planificación del manejo clínico.
Manejo clínico
Actualmente, no existe un tratamiento antiviral específico para el dengue, por lo que el manejo clínico se centra en medidas de soporte y vigilancia cuidadosa. La intervención más crítica es la reposición de líquidos, particularmente durante la fase crítica, para prevenir el choque hipovolémico. Se prefieren soluciones cristaloides, administradas de manera controlada según la monitorización clínica y los parámetros hematológicos. La vigilancia estrecha de signos vitales, balance hídrico y hematocrito es fundamental para ajustar la terapia de fluidos y evitar complicaciones.
El manejo de la trombocitopenia se realiza de manera conservadora; las transfusiones de plaquetas no se recomiendan de forma profiláctica en ausencia de sangrado activo. Estas intervenciones se reservan para casos de hemorragia significativa o cuando existen indicaciones clínicas claras.
Los pacientes que desarrollan complicaciones multi‑orgánicas requieren atención especializada y a menudo intervenciones de soporte en unidades de cuidados intensivos. Por ejemplo, la afectación hepática grave puede requerir monitoreo de función hepática y medidas de soporte metabólico; la afectación renal puede demandar manejo de líquidos preciso y, en casos extremos, terapia de reemplazo renal; las complicaciones cardíacas y respiratorias se abordan mediante soporte hemodinámico y ventilatorio, respectivamente; y las manifestaciones neurológicas, como encefalitis o síndrome de Guillain‑Barré, requieren seguimiento neurológico intensivo y, en ocasiones, terapias inmunomoduladoras.
Prevención y vacunas
La prevención del dengue depende primordialmente del control del vector, la eliminación de criaderos de mosquitos y el uso de medidas personales de protección, tales como repelentes y mosquiteros. Existen vacunas desarrolladas para inducir inmunidad frente a los cuatro serotipos virales, como Dengvaxia, TAK‑003 y TV003/TV005, aunque presentan limitaciones importantes, especialmente en relación con la seguridad en individuos sin exposición previa al virus y el riesgo de potenciación dependiente de anticuerpos. La investigación continúa en la búsqueda de vacunas más seguras y ampliamente eficaces, así como en el desarrollo de agentes antivirales específicos.

Fuente y lecturas recomendadas:
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Khan, M. B., Yang, Z. S., Lin, C. Y., Hsu, M. C., Urbina, A. N., Assavalapsakul, W., Wang, W. H., Chen, Y. H., & Wang, S. F. (2023). Dengue overview: An updated systemic review. Journal of infection and public health, 16(10), 1625–1642. https://doi.org/10.1016/j.jiph.2023.08.001
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Kularatne, S. A., & Dalugama, C. (2022). Dengue infection: Global importance, immunopathology and management. Clinical medicine (London, England), 22(1), 9–13. https://doi.org/10.7861/clinmed.2021-0791
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Tayal, A., Kabra, S. K., & Lodha, R. (2023). Management of Dengue: An Updated Review. Indian journal of pediatrics, 90(2), 168–177. https://doi.org/10.1007/s12098-022-04394-8

