La desinfección es un proceso fundamental en microbiología aplicada y en control de infecciones, cuyo objetivo principal es reducir la carga microbiana presente en objetos, superficies y equipos. A diferencia de la esterilización, que busca la eliminación total de toda forma de vida microbiana, incluyendo esporas bacterianas extremadamente resistentes, la desinfección actúa sobre los microorganismos, pero no garantiza la erradicación completa de aquellos más resilientes. Esta diferencia conceptual es crucial, ya que en la práctica clínica y en los laboratorios, los términos desinfección y esterilización suelen confundirse, generando malentendidos que pueden comprometer la seguridad biológica y la efectividad de los procedimientos.
La desinfección se ha categorizado clásicamente en tres niveles: alto, intermedio y bajo. Los desinfectantes de alto nivel tienen la capacidad de acercarse, en eficacia, a la esterilización, eliminando prácticamente todos los microorganismos, excepto algunas esporas altamente resistentes. Por el contrario, los desinfectantes de nivel intermedio no destruyen las esporas, aunque sí son efectivos contra bacterias vegetativas, hongos y virus con envoltura lipídica. Finalmente, los desinfectantes de bajo nivel son útiles únicamente contra formas microbianas menos resistentes y no son capaces de garantizar la eliminación de patógenos más robustos. Incluso la clasificación de los desinfectantes según su nivel de actividad puede resultar engañosa, ya que la efectividad de un agente depende de múltiples factores que van más allá de su concentración o tipo químico.
Entre los factores que determinan la eficacia de un procedimiento de desinfección se encuentran: la naturaleza del objeto a desinfectar, la cantidad y resistencia de los microorganismos presentes, la presencia de materia orgánica que puede inactivar al desinfectante, la concentración y tipo de sustancia química utilizada, así como la duración y temperatura de la exposición. Por ejemplo, instrumentos médicos que entran en contacto con tejidos estériles o que atraviesan membranas mucosas, como ciertos endoscopios y componentes quirúrgicos con materiales sensibles al calor, requieren desinfectantes de alto nivel, ya que no pueden someterse a procesos de esterilización mediante autoclave. En estos casos, la limpieza previa de residuos orgánicos es esencial para garantizar que el desinfectante actúe de manera óptima.
Los desinfectantes de alto nivel incluyen el uso de calor húmedo a temperaturas entre 75 y 100 grados Celsius durante al menos treinta minutos, y sustancias químicas como glutaraldehído, peróxido de hidrógeno, ácido peracético y compuestos clorados. Su aplicación está reservada a instrumentos semicríticos que, aunque no pueden ser esterilizados, requieren un control microbiano casi completo debido a su contacto con tejidos internos o mucosas.
Por otro lado, los desinfectantes de nivel intermedio, como los alcoholes (etanol o isopropanol al 70–95 por ciento), compuestos iodóforos y fenoles, se utilizan en objetos que no están expuestos a esporas bacterianas ni a microorganismos extremadamente resistentes, pero que aún requieren limpieza microbiológica significativa. Ejemplos incluyen endoscopios flexibles, laringoscopios, especulums vaginales y circuitos de anestesia. Los desinfectantes de bajo nivel, como los compuestos de amonio cuaternario, se aplican en objetos no críticos que solo entran en contacto con la piel intacta, como tensiómetros, electrodos de electrocardiograma y estetoscopios.
El nivel de desinfección aplicado a superficies ambientales también depende del riesgo que representen como reservorios de patógenos. Superficies que han estado en contacto con sangre u otros fluidos biológicos requieren agentes de mayor actividad, mientras que pisos, lavabos o encimeras de rutina pueden limpiarse con productos de menor nivel. Excepciones importantes incluyen superficies asociadas a brotes de infecciones nosocomiales, como baños contaminados con Clostridioides difficile, una bacteria formadora de esporas, o lavabos contaminados con Pseudomonas aeruginosa. En estos casos, se selecciona un desinfectante con actividad específica contra el patógeno identificado, independientemente del nivel general de la superficie.
| Método de Desinfección | Concentración / Condiciones | Nivel de Actividad |
|---|---|---|
| Calor | Calor húmedo 75°C–100°C durante 30 min | Alto |
| Glutaraldehído | 2%–3,2% | Alto |
| Peróxido de hidrógeno | 3%–25% | Alto |
| Compuestos de cloro | 100–1000 ppm de cloro libre | Alto |
| Alcohol (etanol, isopropanol) | 70%–95% | Intermedio |
| Compuestos fenólicos | 0,4%–5,0% | Intermedio / Bajo |
| Compuestos iodóforos | 30–50 ppm de yodo libre por litro | Intermedio |
| Compuestos de amonio cuaternario | – | Bajo |

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

