La gonadotropina coriónica humana constituye una de las primeras señales endocrinas mediante las cuales el concepto establece comunicación con el organismo materno. Se trata de una hormona glucoproteica producida principalmente por el trofoblasto durante las primeras etapas del embarazo y posee una importancia fundamental tanto para el mantenimiento de la gestación como para la coordinación de los procesos de implantación, diferenciación trofoblástica, angiogénesis y adaptación inmunológica materna. Su función clásica consiste en preservar la actividad del cuerpo lúteo después de la fecundación, pero actualmente se reconoce que sus acciones son considerablemente más amplias y comprenden efectos endocrinos, paracrinos y autocrinos sobre diferentes tejidos maternos y embrionarios.
Desde el punto de vista molecular, la gonadotropina coriónica humana pertenece a la familia de las gonadotropinas y presenta una estructura heterodimérica constituida por una subunidad α y una subunidad β unidas de manera no covalente. La subunidad α es compartida con la hormona luteinizante, la hormona foliculoestimulante y la tirotropina, mientras que la especificidad biológica de la gonadotropina coriónica humana depende fundamentalmente de la subunidad β. La subunidad α está codificada por un único gen, mientras que la subunidad β deriva de un conjunto de genes relacionados. Además, ambas subunidades presentan modificaciones de glucosilación que no son meramente estructurales, puesto que las características de sus cadenas de carbohidratos pueden modificar la estabilidad, la vida media y la actividad biológica de las diferentes formas de la hormona.
La producción de gonadotropina coriónica humana comienza muy tempranamente durante el desarrollo embrionario. Se ha demostrado que la transcripción de su material genético puede detectarse desde etapas tan tempranas como el estadio de 8 células, mientras que el blastocisto es capaz de producir la hormona antes de su implantación. Posteriormente, después de establecerse la implantación, el sincitiotrofoblasto se convierte en una fuente fundamental de gonadotropina coriónica humana y libera cantidades crecientes de la hormona hacia la circulación materna. Esta cronología resulta particularmente importante porque demuestra que la gonadotropina coriónica humana no aparece simplemente como consecuencia tardía de la formación placentaria, sino que constituye una de las primeras señales moleculares del concepto hacia el organismo materno.
Una de sus funciones endocrinas más importantes consiste en mantener la producción de progesterona por el cuerpo lúteo. Después de la ovulación, el folículo transformado en cuerpo lúteo produce progesterona, hormona indispensable para mantener un endometrio secretor y receptivo. Si no se produce fecundación, la ausencia de una señal embrionaria provoca finalmente la regresión del cuerpo lúteo y la disminución de progesterona. En cambio, cuando existe un embarazo, la gonadotropina coriónica humana actúa sobre el receptor compartido con la hormona luteinizante y mantiene la actividad de las células luteales. Como consecuencia, se conserva la producción de progesterona durante las primeras semanas de gestación, hasta que la placenta adquiere progresivamente capacidad suficiente para asumir la producción esteroidea necesaria para la continuidad del embarazo.
La importancia de esta función se explica porque la progesterona mantiene un conjunto de modificaciones endometriales necesarias para que el embarazo pueda establecerse y continuar. El endometrio previamente estimulado por estrógenos experimenta bajo la acción de la progesterona una transformación secretora y decidual que modifica la actividad de sus células, su vascularización, su composición extracelular y la expresión de numerosas moléculas implicadas en la interacción entre el trofoblasto y el tejido materno. Por ello, la señalización ejercida por la gonadotropina coriónica humana sobre el cuerpo lúteo representa uno de los primeros pasos de una cadena endocrina que conecta la presencia del embrión con la conservación del ambiente uterino adecuado para su desarrollo.
Sin embargo, la gonadotropina coriónica humana no funciona exclusivamente mediante el mantenimiento del cuerpo lúteo. El conocimiento contemporáneo indica que también actúa directamente sobre tejidos reproductivos y sobre las células del trofoblasto. Su receptor pertenece a la familia de receptores acoplados a proteína G y es compartido con la hormona luteinizante. La activación de este receptor puede desencadenar vías de señalización intracelular que modifican la expresión génica, la proliferación celular, la diferenciación, la angiogénesis y otras funciones necesarias para la formación de la placenta. De esta manera, la gonadotropina coriónica humana debe considerarse simultáneamente una hormona endocrina y una molécula de comunicación local entre el concepto y los tejidos maternos.
Una de las funciones locales más relevantes ocurre durante la implantación. El blastocisto necesita establecer una interacción progresiva con el endometrio que comienza con la aproximación y adhesión al epitelio endometrial y continúa con la invasión controlada del tejido materno por el trofoblasto. La gonadotropina coriónica humana participa en esta comunicación embrioendometrial mediante modificaciones de las células endometriales, de los mediadores inmunológicos y de las características moleculares que permiten una implantación coordinada. La evidencia experimental indica que la hormona puede actuar sobre el microambiente uterino antes y durante la implantación, contribuyendo a preparar el tejido materno para la interacción con el blastocisto.
Esta actividad resulta particularmente importante porque la implantación no constituye un fenómeno puramente mecánico. Requiere una sincronización precisa entre el desarrollo del blastocisto y el estado funcional del endometrio. La gonadotropina coriónica humana forma parte de las señales que permiten esa sincronización. Su producción comienza durante el desarrollo preimplantatorio y aumenta cuando el trofoblasto establece contacto con el tejido materno. Por tanto, puede interpretarse como una señal molecular mediante la cual el embrión comunica su presencia y contribuye a modificar el entorno materno para favorecer su propia implantación y posterior desarrollo.
La hormona también participa en la regulación de la respuesta inmunológica materna. El embarazo exige una adaptación inmunológica extraordinariamente compleja, debido a que el concepto contiene estructuras genéticamente diferentes de las maternas y, pese a ello, debe evitar una respuesta inmunológica destructiva. La gonadotropina coriónica humana interviene en esta adaptación mediante efectos sobre diferentes poblaciones celulares del sistema inmunitario, incluidas células dendríticas, linfocitos T reguladores y células natural killer uterinas. Estos efectos favorecen un microambiente compatible con la implantación, la tolerancia materno-embrionaria y el establecimiento de la placenta.
La acción inmunomoduladora de la gonadotropina coriónica humana debe entenderse como parte de un proceso coordinado de remodelación tisular. Durante la implantación, el trofoblasto invade el endometrio y modifica progresivamente la arquitectura vascular y celular de la decidua. Para que este fenómeno ocurra de manera fisiológica, deben coexistir mecanismos que permitan cierta actividad inflamatoria localizada con mecanismos capaces de impedir una respuesta inmunológica excesiva. La gonadotropina coriónica humana participa en esta regulación y puede favorecer condiciones inmunológicas que permiten la interacción estable entre el tejido materno y el trofoblasto.
También se ha descrito una función en la angiogénesis. El establecimiento de una placenta funcional requiere una remodelación profunda de la circulación uterina para proporcionar al tejido trofoblástico cantidades crecientes de oxígeno y nutrientes. La gonadotropina coriónica humana puede estimular procesos angiogénicos mediante señalización a través de su receptor y mediante interacciones con diferentes mediadores moleculares. Las formas de gonadotropina coriónica humana producidas por distintas poblaciones trofoblásticas pueden ejercer acciones parcialmente diferentes sobre la angiogénesis y la invasión.
La gonadotropina coriónica humana también participa en la regulación de la actividad del miometrio. Durante el embarazo temprano resulta necesario mantener un estado relativamente quiescente del músculo uterino para evitar contracciones que puedan interferir con la implantación y con el establecimiento inicial de la placenta. La evidencia experimental y fisiológica indica que la gonadotropina coriónica humana contribuye a este estado de quiescencia miometrial. Este efecto complementa su acción sobre el cuerpo lúteo, el endometrio, el sistema inmunitario y la vasculatura, configurando una respuesta materna integrada ante la presencia del concepto.
Otro aspecto fundamental es que la gonadotropina coriónica humana no constituye una única molécula funcionalmente homogénea. Existen diferentes formas moleculares o isoformas que presentan variaciones en su origen celular, estructura de glucosilación y actividad biológica. Entre las formas descritas se encuentran la gonadotropina coriónica humana clásica, la gonadotropina coriónica humana hiperglucosilada, la subunidad β libre y formas sulfatadas. Estas variantes no deben considerarse simplemente productos bioquímicos equivalentes, porque pueden ejercer efectos diferentes sobre la proliferación, diferenciación e invasión de las células trofoblásticas.
La gonadotropina coriónica humana hiperglucosilada adquiere particular importancia durante la implantación y la invasión trofoblástica temprana. Esta forma presenta cadenas de carbohidratos más extensas y ramificadas que la hormona clásica y se encuentra especialmente elevada durante el período inicial de la gestación. Se ha propuesto que favorece la proliferación y la invasión del trofoblasto extravelloso mediante mecanismos que difieren de los utilizados por la gonadotropina coriónica humana clásica. Esto permite comprender por qué las modificaciones de glucosilación no son un detalle químico secundario, sino un mecanismo mediante el cual el organismo puede generar moléculas con propiedades biológicas diferentes a partir de una familia hormonal relacionada.
La concentración circulante de gonadotropina coriónica humana tampoco permanece constante durante el embarazo. Aumenta de manera considerable durante las primeras semanas, alcanza concentraciones máximas aproximadamente entre las semanas 8 y 10 de gestación y posteriormente disminuye hasta establecerse en concentraciones relativamente menores durante el resto del embarazo. Este patrón refleja los cambios en la actividad del trofoblasto y en la transición funcional que ocurre durante la formación y maduración placentaria. Por ello, la interpretación de una concentración de gonadotropina coriónica humana siempre depende del momento de la gestación en que se realiza la medición.
Esta variación temporal explica su enorme utilidad clínica. La gonadotropina coriónica humana puede detectarse en la sangre materna muy poco tiempo después de la implantación y, posteriormente, puede identificarse también en la orina. La aparición de la hormona constituye la base biológica de las pruebas de embarazo. Debido a que la producción comienza en etapas muy tempranas del desarrollo embrionario, su detección permite identificar un embarazo antes de que puedan observarse muchas de las modificaciones anatómicas producidas por la gestación.
En el contexto del embarazo ectópico, la gonadotropina coriónica humana adquiere una importancia diagnóstica especial. Un embarazo ectópico también produce gonadotropina coriónica humana porque contiene tejido trofoblástico funcional; por consiguiente, una prueba de embarazo positiva no permite determinar por sí misma si la implantación ocurrió dentro o fuera de la cavidad uterina. La localización del embarazo requiere integrar la concentración de gonadotropina coriónica humana con la evolución temporal de sus concentraciones y con los hallazgos obtenidos mediante ultrasonografía transvaginal.
En el embarazo intrauterino temprano, la concentración de gonadotropina coriónica humana normalmente aumenta de manera característica durante las primeras etapas. En un embarazo ectópico, la dinámica de aumento puede ser diferente y, con frecuencia, se observa una evolución anormalmente lenta o irregular. Sin embargo, no existe una concentración única de gonadotropina coriónica humana que por sí sola pueda establecer con certeza el diagnóstico de embarazo ectópico. La interpretación aislada de una concentración puede inducir errores, especialmente cuando el embarazo se encuentra en una etapa muy temprana. Por ello, la evaluación seriada de la hormona proporciona información más útil que una determinación aislada.
La utilidad diagnóstica de la gonadotropina coriónica humana se vuelve todavía mayor cuando se combina con la ultrasonografía transvaginal. Si una mujer presenta una prueba positiva de embarazo y no se identifica una gestación intrauterina cuando debería ser visible de acuerdo con la concentración hormonal y la edad gestacional estimada, surge la posibilidad de un embarazo de localización desconocida. En esta situación, la evolución de la gonadotropina coriónica humana mediante mediciones seriadas y la repetición de la ultrasonografía permiten distinguir progresivamente entre un embarazo intrauterino demasiado temprano para ser visualizado, un embarazo ectópico y una gestación no evolutiva.
Esta característica resulta especialmente relevante en relación con el tema desarrollado previamente sobre el tabaquismo y el embarazo ectópico. El tabaquismo puede aumentar la probabilidad de implantación tubárica mediante alteraciones del transporte ciliar, la contractilidad tubárica y el microambiente de la trompa. Una vez establecida una implantación ectópica, las células trofoblásticas producen gonadotropina coriónica humana como parte de su actividad endocrina. Por ello, la presencia de gonadotropina coriónica humana en una mujer fumadora no demuestra que el tabaquismo haya producido el embarazo ectópico; la hormona funciona principalmente como indicador de actividad trofoblástica y como herramienta para determinar la evolución y localización probable de la gestación cuando se interpreta junto con la información clínica y ecográfica.
En síntesis, la gonadotropina coriónica humana puede entenderse como una señal endocrina y paracrina fundamental que conecta al embrión temprano con el organismo materno. Su función comienza antes de que la placenta esté completamente formada y continúa durante todo el embarazo, aunque su concentración y las formas moleculares predominantes cambian con el desarrollo gestacional. Inicialmente, contribuye de manera decisiva al mantenimiento del cuerpo lúteo y de la producción de progesterona; simultáneamente, participa en la preparación endometrial, la implantación, la regulación inmunológica, la angiogénesis, la quiescencia miometrial y la diferenciación e invasión trofoblástica. Sus diferentes formas moleculares amplían todavía más su repertorio funcional. Finalmente, su producción por el trofoblasto permite utilizarla como marcador bioquímico de embarazo y, mediante el análisis de su evolución temporal combinado con la ultrasonografía, como uno de los principales instrumentos para la evaluación de un posible embarazo ectópico.
Fuente y lecturas recomendadas:
- Fournier, T. (2016). Human chorionic gonadotropin: Different glycoforms and biological activity depending on its source of production. Annales d’Endocrinologie, 77(2), 75–81. https://doi.org/10.1016/j.ando.2016.04.012
- Licht, P., Russu, V., & Wildt, L. (2001). On the role of human chorionic gonadotropin in the embryo-endometrial microenvironment: Implications for differentiation and implantation. Seminars in Reproductive Medicine, 19(1), 37–47. https://doi.org/10.1055/s-2001-13909
- Mol, B. W., Hajenius, P. J., Engelsbel, S., Ankum, W. M., Van der Veen, F., Hemrika, D. J., & Bossuyt, P. M. M. (1998). Serum human chorionic gonadotropin measurement in the diagnosis of ectopic pregnancy when transvaginal sonography is inconclusive. Fertility and Sterility, 70(5), 972–981. https://doi.org/10.1016/S0015-0282(98)00278-7
- Ogino, M. H., & Tadi, P. (2026). Physiology, chorionic gonadotropin. En StatPearls. StatPearls Publishing.
- Schumacher, A., & Zenclussen, A. C. (2019). Human chorionic gonadotropin-mediated immune responses that facilitate embryo implantation and placentation. Frontiers in Immunology, 10, 2896. https://doi.org/10.3389/fimmu.2019.02896
- Seppälä, M., & Purhonen, M. (1987). The use of hCG and other pregnancy proteins in the diagnosis of ectopic pregnancy. Clinical Obstetrics and Gynecology, 30(1), 148–154. https://doi.org/10.1097/00003081-198703000-00021
- Stewart, J. D., & others. (2017). hCG: Biological functions and clinical applications. International Journal of Molecular Sciences, 18(5), 1058.
- Tepper, R., & others. (2017). The role of human chorionic gonadotropin in implantation: A mini-review of molecular and clinical evidence. International Journal of Molecular Sciences, 18.


