¿Qué es el grupo hemo?
¿Qué es el grupo hemo?

¿Qué es el grupo hemo?

El grupo hemo es una estructura tetrapirrólica esencial para la actividad de numerosas hemoproteínas. En los seres humanos, la forma funcional predominante es el protohemo IX, constituido por un anillo de protoporfirina IX que contiene un átomo de hierro en su centro. El hierro se encuentra coordinado directamente por los cuatro átomos de nitrógeno de los anillos pirrólicos de la porfirina, mientras que, en las hemoproteínas globulares como la hemoglobina y la mioglobina, existe además una interacción de coordinación con un residuo de histidina de la proteína. Esta organización molecular permite que el hierro disponga de un sitio adicional para interactuar de manera reversible con moléculas pequeñas, entre ellas el oxígeno. La arquitectura del complejo hierro-protoporfirina IX explica que el hemo pueda funcionar simultáneamente como centro de unión de gases, centro catalítico y componente de transferencia electrónica.

La importancia biológica del hemo deriva de que su estructura electrónica permite modificar de manera controlada el estado químico del hierro y, con ello, las propiedades funcionales de la proteína que lo contiene. En la hemoglobina y la mioglobina, el hemo participa en la unión y liberación reversible de oxígeno. En los citocromos, interviene en reacciones de transferencia de electrones durante procesos respiratorios y metabólicos. En enzimas como las catalasas y las peroxidasas, el hierro del hemo participa directamente en reacciones de óxido-reducción necesarias para transformar especies reactivas. También existen hemoproteínas implicadas en la señalización celular, la detección de gases y la regulación de procesos metabólicos. Por esta razón, el hemo no debe considerarse exclusivamente un componente de la hemoglobina, sino un cofactor ampliamente integrado en la fisiología celular.

Estructura del hemo y propiedades del hierro

El hierro del hemo posee una característica química fundamental: puede cambiar entre diferentes estados de oxidación y establecer interacciones reversibles con ligandos. En la hemoglobina funcional, el hierro debe encontrarse predominantemente en el estado ferroso, Fe²⁺, ya que esta configuración permite la unión reversible del oxígeno. El oxígeno se incorpora al sitio de coordinación disponible del hierro y queda estabilizado dentro de la cavidad formada por la globina y el grupo hemo. La proteína no se limita a proporcionar un soporte estructural para el hemo; sus interacciones con el hierro y con el entorno molecular del bolsillo hemo determinan la afinidad por oxígeno, la estabilidad del complejo y la velocidad con la que este puede asociarse o disociarse.

Cuando el hierro ferroso se oxida a Fe³⁺, se forma metahemoglobina. En esta situación, el hierro pierde la capacidad de unir oxígeno de la manera reversible requerida para el transporte fisiológico. Por ello, la oxidación del hierro del hemo constituye una alteración funcional directa de la hemoglobina: aunque la proteína pueda permanecer estructuralmente presente, una fracción de sus grupos hemo deja de contribuir adecuadamente al transporte de oxígeno. La importancia de conservar el estado redox apropiado del hierro explica la existencia de mecanismos celulares destinados a limitar la oxidación de la hemoglobina y a reducir nuevamente la metahemoglobina formada.

Organización de la hemoglobina

La hemoglobina adulta predominante, denominada hemoglobina A, es una proteína tetramérica constituida por dos cadenas α y dos cadenas β. Cada una de las cuatro subunidades contiene un grupo hemo, de manera que una molécula completa de hemoglobina posee cuatro grupos hemo y, en condiciones fisiológicas, cuatro sitios potenciales para la unión de oxígeno. Los grupos hemo se encuentran alojados dentro de cavidades hidrofóbicas de las cadenas de globina, donde las interacciones entre la proteína y el grupo prostético modifican las propiedades químicas del hierro y favorecen la unión selectiva de moléculas pequeñas.

La unión entre el hemo y la globina es esencial para la función de la hemoglobina. El hierro del hemo establece una interacción de coordinación con un residuo de histidina proximal de la cadena de globina, constituyendo un vínculo estructural entre el centro metálico y la proteína. Cuando el oxígeno se une al hierro, se producen modificaciones en la posición del hierro y en la geometría del grupo hemo que se transmiten hacia la globina. Estas modificaciones contribuyen a cambios en las interacciones entre las subunidades α y β y favorecen la transición desde una conformación de menor afinidad por el oxígeno hacia otra de mayor afinidad.

Esta propiedad constituye la base molecular de la cooperatividad de la hemoglobina. La primera molécula de oxígeno se une a una hemoglobina que presenta relativamente menor afinidad; la unión produce modificaciones conformacionales que facilitan la unión de las siguientes moléculas de oxígeno. Conforme aumenta la ocupación de los grupos hemo, la proteína adquiere estados conformacionales progresivamente más favorables para la unión del ligando. En los tejidos, el proceso se invierte: la liberación de una molécula de oxígeno favorece cambios conformacionales que facilitan la liberación de las moléculas restantes. De esta manera, la hemoglobina combina alta captación de oxígeno en los pulmones con una liberación eficiente en los tejidos.

La cooperatividad explica la característica curva sigmoidea de disociación del oxígenode la hemoglobina. Una proteína monomérica como la mioglobina carece del mismo grado de interacción entre subunidades y presenta una relación distinta entre presión parcial de oxígeno y saturación. En la hemoglobina, en cambio, la interacción funcional entre las cuatro subunidades hace que la afinidad aparente por oxígeno aumente conforme aumenta la ocupación de los sitios de unión. Esta propiedad es esencial desde el punto de vista fisiológico, debido a que permite que la hemoglobina tenga una afinidad suficientemente elevada para captar oxígeno en el pulmón y, al mismo tiempo, pueda liberarlo cuando las condiciones tisulares favorecen su descarga.

Biosíntesis del hemo

La biosíntesis del hemo en las células humanas comprende 8 reacciones enzimáticasorganizadas de manera secuencial. La vía comienza a partir de glicina y succinil-CoA, que son utilizados para generar 5-aminolevulinato. Las primeras y las últimas etapas de la vía tienen lugar en la mitocondria, mientras que una parte intermedia ocurre en el citosol. Esta distribución intracelular obliga a los intermediarios de la vía a desplazarse entre diferentes compartimentos celulares y permite coordinar la disponibilidad de precursores, hierro y enzimas necesarias para completar la síntesis.

El primer paso comprometido de la vía es catalizado por la ALA sintasa, enzima que condensa glicina y succinil-CoA para producir 5-aminolevulinato. Existen dos isoformas fisiológicamente importantes: ALAS1, expresada ampliamente en tejidos no eritroides, y ALAS2, cuya expresión se encuentra especializada en las células eritroides. Aunque ambas participan en la misma reacción química inicial, su regulación responde a las necesidades metabólicas particulares de cada tejido.

En el hígado, ALAS1 constituye el principal punto regulador de la producción de hemo. El propio hemo participa en una retroalimentación negativa que reduce la actividad y expresión de la vía cuando existe suficiente disponibilidad del producto final. Esta regulación es particularmente importante en los hepatocitos, donde el hemo se utiliza para producir numerosas hemoproteínas, entre ellas las enzimas del sistema citocromo P450 y componentes de la respiración mitocondrial. La disponibilidad de hemo, por tanto, no representa únicamente la cantidad de un producto metabólico, sino una señal que informa a la célula acerca de la suficiencia del cofactor requerido para múltiples procesos.

En las células eritroides, la regulación adquiere características diferentes. La producción de hemo está estrechamente coordinada con la eritropoyesis y con la disponibilidad de hierro, debido a que la finalidad predominante de esta síntesis es proporcionar grupos hemo para la producción masiva de hemoglobina. ALAS2 posee mecanismos reguladores vinculados al metabolismo intracelular del hierro, de modo que la síntesis de hemo pueda ajustarse a la disponibilidad del metal necesario para completar la molécula. Esta diferencia entre la regulación hepática y eritroide es fundamental para comprender por qué alteraciones del metabolismo del hierro pueden afectar directamente la producción de hemoglobina y originar enfermedades eritroides.

Después de la formación de 5-aminolevulinato, la vía continúa mediante una serie ordenada de transformaciones que generan sucesivamente porfobilinógeno, hidroximetilbilano, uroporfirinógeno III, coproporfirinógeno III, protoporfirinógeno IX y finalmente protoporfirina IX. Estas transformaciones convierten progresivamente moléculas pequeñas derivadas de los precursores iniciales en un macrociclo tetrapirrólico capaz de incorporar hierro. La organización secuencial de estas reacciones es crítica, ya que cada enzima modifica un intermediario específico y la alteración de cualquiera de estos pasos puede producir acumulación de los metabolitos situados antes del bloqueo enzimático.

El último paso de la biosíntesis está catalizado por la ferroquelatasa. Esta enzima se encuentra en la mitocondria y cataliza la incorporación de Fe²⁺ a la protoporfirina IX, generando el grupo hemo. Esta reacción representa la convergencia final de dos procesos metabólicos esenciales: la producción de la estructura porfirínica y la disponibilidad intracelular de hierro. Por ello, la ferroquelatasa constituye un punto funcional de intersección entre el metabolismo del hierro y el metabolismo de las porfirinas.

La coordinación entre hierro y protoporfirina IX debe mantenerse cuidadosamente controlada. Tanto el hierro libre como determinados intermediarios porfirínicos pueden resultar potencialmente tóxicos para las células. Por ello, la síntesis, el transporte intracelular y la utilización del hemo se encuentran sometidos a mecanismos reguladores estrechos. La célula necesita producir suficiente hemo para sostener la función de las hemoproteínas, pero debe evitar la acumulación de hierro o de intermediarios que puedan generar daño oxidativo o alterar las membranas y proteínas celulares.

Producción eritroide y relación con la hemoglobina

La mayor parte de la producción de hemo del organismo humano tiene lugar en el compartimento eritroide de la médula ósea. Diversas revisiones estiman que aproximadamente 80 a 85 % del hemo se sintetiza en células eritroides, principalmente para la producción de hemoglobina, mientras que una proporción menor se produce en tejidos como el hígado para satisfacer las necesidades de otras hemoproteínas. Por esta razón, la eritropoyesis representa, con diferencia, el principal destino fisiológico del hemo producido en el organismo.

En los precursores eritroides, la síntesis de hemo está estrechamente sincronizada con la síntesis de globina. El hemo producido se incorpora a las cadenas de globina para formar hemoglobina funcional. Esta coordinación es indispensable: producir globina sin suficiente hemo generaría cadenas proteicas incapaces de formar hemoglobina funcional, mientras que producir hemo sin una cantidad adecuada de globina favorecería la acumulación de intermediarios y alteraciones del metabolismo del hierro. La eritropoyesis normal requiere, por tanto, una integración precisa entre disponibilidad de hierro, actividad de la vía de biosíntesis del hemo y producción de cadenas globínicas.

Relevancia clínica de las alteraciones de la biosíntesis

Las alteraciones hereditarias de las enzimas de la biosíntesis del hemo constituyen las porfirias. Cada porfiria se relaciona con un defecto específico en uno de los pasos enzimáticos de la vía, lo que provoca acumulación de los intermediarios situados antes del punto de bloqueo. La naturaleza del metabolito acumulado, el tejido en el que ocurre principalmente la alteración y sus propiedades químicas determinan en gran medida las manifestaciones clínicas. Por ello, las porfirias no constituyen una enfermedad única, sino un conjunto heterogéneo de trastornos metabólicos que pueden presentar manifestaciones neurológicas, cutáneas o sistémicas.

Las porfirias pueden clasificarse según el principal tejido en el que se acumulan los intermediarios de la vía en hepáticas y eritropoyéticas. Entre las porfirias hepáticas se encuentran la porfiria aguda intermitente, la coproporfiria hereditaria, la porfiria variegata y la porfiria por deficiencia de ALA deshidratasa, además de trastornos hepáticos de evolución predominantemente crónica. Entre las eritropoyéticas se encuentran la porfiria eritropoyética congénita y la protoporfiria eritropoyética. La distribución tisular de la acumulación metabólica ayuda a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas que caracterizan a este grupo de enfermedades.

Las alteraciones de la vía también pueden producir anemias sideroblásticas. En particular, las mutaciones que afectan ALAS2 constituyen una causa importante de anemia sideroblástica ligada al cromosoma X. En estas enfermedades, el defecto en la utilización del hierro para la síntesis de hemo altera la producción eritroide y favorece la acumulación mitocondrial de hierro en los precursores eritroides. La consecuencia es una eritropoyesis ineficaz y la aparición de sideroblastos en los que el hierro se acumula alrededor del núcleo de los eritroblastos.

La relación entre síntesis de hemo y metabolismo del hierro explica por qué las alteraciones de esta vía pueden producir simultáneamente anomalías de la hemoglobina, del hierro celular y de la morfología eritroide. Cuando el hierro está disponible pero no puede incorporarse adecuadamente a la protoporfirina IX, la célula eritroide no puede convertir eficazmente ese hierro en hemo. El resultado no es simplemente una disminución aislada de la concentración de hemoglobina, sino una alteración metabólica compleja en la que el hierro queda secuestrado dentro de las mitocondrias mientras disminuye la disponibilidad de hemo para la síntesis de hemoglobina.

En conjunto, el grupo hemo constituye un ejemplo particularmente importante de integración entre estructura molecular, metabolismo energético, transporte de gases y regulación celular. Su arquitectura basada en protoporfirina IX y hierro permite desempeñar funciones radicalmente diferentes según la proteína que lo incorpore. En la hemoglobina permite el transporte cooperativo de oxígeno; en la mioglobina facilita su almacenamiento y utilización intracelular; en los citocromos participa en la transferencia electrónica; en catalasas y peroxidasas interviene en reacciones de óxido-reducción; y en otras hemoproteínas contribuye a procesos de señalización y regulación. La biosíntesis del hemo, a su vez, conecta el metabolismo de aminoácidos, intermediarios mitocondriales, porfirinas y hierro, mientras que sus alteraciones pueden expresarse clínicamente como porfirias o anemias sideroblásticas.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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