El aneurisma de la aorta abdominal (AAA) es una dilatación patológica de la aorta abdominal que suele permanecer clínicamente silenciosa durante largos períodos y puede progresar hasta la rotura. La importancia de identificarlo antes de que ocurra esta complicación deriva de la marcada diferencia entre el pronóstico de un AAA detectado de manera electiva y el de un aneurisma que se presenta con rotura. La mortalidad asociada con la rotura de un AAA puede alcanzar aproximadamente 81%, mientras que la reparación electiva se realiza en condiciones hemodinámicas controladas y presenta una mortalidad sustancialmente menor. Por esta razón, el objetivo fundamental de la detección no consiste simplemente en identificar una alteración anatómica, sino en reconocer de manera anticipada a las personas con riesgo suficiente de progresión para que puedan recibir vigilancia y, cuando esté indicado, tratamiento antes de la rotura.
La ecografía abdominal constituye el método de elección para la detección poblacional del AAA debido a que permite visualizar y medir la aorta abdominal de manera no invasiva, no utiliza radiación ionizante, tiene una elevada precisión diagnóstica y puede realizarse de forma relativamente sencilla en grandes poblaciones. La definición utilizada habitualmente considera AAA una aorta abdominal con un diámetro de al menos 3.0 cm. Una vez identificado un aneurisma, su manejo depende fundamentalmente de su diámetro, velocidad de crecimiento, presencia de síntomas y riesgo de rotura, además del riesgo quirúrgico individual. En términos generales, los aneurismas de mayor tamaño, particularmente aquellos cercanos o superiores a 5.5 cm, son los que adquieren mayor relevancia para considerar reparación electiva.
La recomendación de realizar una única detección mediante ecografía en hombres de 65 a 75 años que hayan fumado alguna vez se fundamenta en una combinación de riesgo basal suficientemente elevado, eficacia demostrada de la detección y posibilidad de intervenir antes de una complicación catastrófica. Esta población concentra una proporción considerable de los AAA clínicamente relevantes y, además, corresponde al grupo en el que se ha acumulado la mayor cantidad de evidencia procedente de ensayos clínicos aleatorizados. Por ello, la recomendación de grado B significa que existe una certeza moderada de que el beneficio neto de realizar una única detección es al menos moderado en esta población.
El antecedente de tabaquismo es especialmente importante debido a que constituye uno de los factores de riesgo modificables más estrechamente relacionados con la aparición, crecimiento y rotura del AAA. La asociación presenta una relación dosis-respuesta: una mayor exposición acumulada al tabaco se relaciona con una mayor probabilidad de desarrollar un aneurisma y con una mayor probabilidad de progresión. En la práctica epidemiológica, la categoría de haber fumado alguna vez suele corresponder a haber consumido al menos 100 cigarrillos durante la vida. Aunque abandonar el tabaquismo disminuye progresivamente el riesgo, el antecedente de exposición continúa siendo relevante durante muchos años, por lo que la ausencia de tabaquismo actual no equivale a ausencia de riesgo.
La edad también modifica considerablemente la probabilidad de encontrar un AAA. La prevalencia aumenta con el envejecimiento y alcanza una magnitud clínicamente relevante durante las décadas en las que se concentra la recomendación de detección. El sexo masculino constituye otro determinante importante: los AAA son considerablemente más frecuentes en hombres que en mujeres. La combinación de edad avanzada, sexo masculino y antecedente de tabaquismo, por tanto, identifica un grupo cuya probabilidad previa de enfermedad es suficientemente alta para que una prueba sencilla y segura produzca un beneficio clínico poblacional apreciable.
La evidencia de beneficio no se basa en una sola investigación, sino en varios ensayos clínicos aleatorizados realizados en hombres de edad avanzada. En el Multicentre Aneurysm Screening Study, que incluyó 67 800 hombres de 65 a 74 años, la invitación a realizar una ecografía produjo una reducción de 42% de la mortalidad relacionada con AAA durante el seguimiento inicial. Se registraron 65 muertes relacionadas con AAA entre los hombres invitados a la detección frente a 113 en el grupo control. El efecto fue todavía mayor entre quienes efectivamente acudieron a la detección. Estos resultados demostraron que identificar un aneurisma antes de la rotura y establecer posteriormente vigilancia o reparación según el tamaño podía modificar un desenlace clínico de importancia fundamental.
El beneficio observado inicialmente no desapareció con el paso del tiempo. El seguimiento prolongado del mismo ensayo demostró que la reducción de la mortalidad relacionada con AAA se mantenía aproximadamente 13 años después de la detección inicial. Esto es particularmente importante para comprender por qué se recomienda una sola prueba y no una estrategia de detección repetitiva indiscriminada: la finalidad de la ecografía inicial es identificar a las personas que tienen un aneurisma y posteriormente establecer un programa de vigilancia apropiado para quienes lo necesitan. La ausencia de aneurisma significativo en la evaluación inicial identifica, en cambio, a una población con un riesgo posterior de rotura suficientemente bajo como para que la repetición sistemática de la detección no haya demostrado un beneficio clínico adicional.
La síntesis de los ensayos aleatorizados proporciona una estimación especialmente relevante para la recomendación. Una revisión sistemática actualizada que incluyó 4 ensayos y 124 926 participantes encontró que la invitación a realizar una única detección en hombres de 65 años o más se asociaba, durante 12 a 15 años de seguimiento, con una razón de momios de 0.65 para la mortalidad relacionada con AAA. Esto equivale a una reducción relativa aproximada de 35% en este desenlace. La misma revisión encontró una razón de momios de 0.62 para las roturas relacionadas con AAA, correspondiente a una reducción relativa aproximada de 38%. Por tanto, la afirmación de que la detección reduce de manera similar la mortalidad relacionada con AAA y las roturas está respaldada por evidencia cuantitativa procedente de múltiples ensayos clínicos aleatorizados.
La reducción de las roturas constituye probablemente el mecanismo principal mediante el cual la detección disminuye la mortalidad específica por AAA. Un aneurisma descubierto antes de romperse puede vigilarse mediante mediciones ecográficas seriadas y, cuando alcanza características que justifican intervención, repararse de manera programada. En contraste, una rotura suele presentarse como una emergencia quirúrgica acompañada de hemorragia interna, hipotensión, alteraciones de la perfusión tisular y elevada mortalidad perioperatoria. La detección transforma, por tanto, una enfermedad potencialmente catastrófica y tiempo-dependiente en una condición que puede manejarse de forma programada en una proporción de pacientes.
La magnitud del efecto también se observa en la reducción de procedimientos quirúrgicos de emergencia. La revisión sistemática de los ensayos de detección encontró una reducción de aproximadamente 43% en los procedimientos quirúrgicos de emergencia relacionados con AAA durante períodos de seguimiento de 4 a 15 años. Este hallazgo es coherente con el mecanismo fisiopatológico esperado: si los aneurismas clínicamente importantes son identificados antes de su rotura y algunos son reparados de forma electiva, disminuye la cantidad de pacientes que llegan al hospital con una emergencia vascular.
Sin embargo, es fundamental distinguir la mortalidad relacionada con AAA de la mortalidad por cualquier causa. La detección disminuye de manera consistente la mortalidad atribuible al AAA, pero no ha demostrado una reducción clínicamente significativa de la mortalidad total. En el análisis conjunto de 4 ensayos con 124 929 participantes, el riesgo relativo de mortalidad por todas las causas durante 12 a 15 años fue de 0.99, sin una diferencia estadísticamente significativa. Esto se explica por el hecho de que los hombres de 65 años o más presentan múltiples causas competidoras de muerte, como cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular, cáncer y otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Prevenir una muerte por AAA no necesariamente modifica de manera detectable la supervivencia global de una población en la que existen numerosas causas alternativas de fallecimiento.
La detección tampoco debe interpretarse como una indicación automática de cirugía. La identificación de un AAA pequeño no significa que deba repararse inmediatamente. Los ensayos de tratamiento quirúrgico precoz de aneurismas pequeños, aproximadamente de 3.0 a 5.4 cm, no demostraron una reducción significativa de la mortalidad relacionada con AAA ni de la mortalidad total frente a la vigilancia. Además, la cirugía temprana produjo un incremento considerable de procedimientos. Esto explica por qué el valor de la detección depende de una segunda etapa de manejo apropiado: el beneficio se obtiene cuando la identificación temprana conduce a vigilancia o reparación en el momento en que el riesgo de rotura supera el riesgo del procedimiento.
La recomendación se refiere específicamente a una única detección. La estrategia de detección poblacional no consiste en realizar ecografías anuales a todos los hombres que cumplen los criterios. La ecografía inicial permite clasificar a los individuos en quienes presentan un AAA y quienes no lo presentan. Los pacientes con aneurismas pequeños pueden requerir vigilancia periódica, mientras que quienes presentan aneurismas de mayor tamaño o características de alto riesgo pueden requerir valoración para reparación. En consecuencia, la periodicidad posterior depende del resultado inicial y no de la aplicación indiscriminada de una nueva prueba a toda la población.
La detección también tiene inconvenientes, y estos deben incorporarse al balance entre beneficios y daños. Una ecografía positiva puede generar vigilancia prolongada, ansiedad relacionada con el diagnóstico, consultas adicionales y procedimientos que finalmente pueden no haber sido necesarios para prevenir una muerte por AAA. La revisión sistemática encontró que la detección única se asociaba con un aumento significativo de los procedimientos durante 4 a 15 años, con una razón de momios de 1.44. Por tanto, el beneficio poblacional no deriva de detectar cualquier dilatación aórtica y tratarla inmediatamente, sino de identificar selectivamente aneurismas cuya evolución justifica una intervención o vigilancia estructurada.
La recomendación de grado D para mujeres que nunca han fumado y que no tienen antecedentes familiares de AAA se fundamenta en un balance completamente diferente. En esta población, la prevalencia del AAA es muy baja. La evidencia disponible estima prevalencias de aproximadamente 0.03% a 0.60% en mujeres de 50 a 79 años que nunca han fumado. Cuando la probabilidad previa de enfermedad es tan reducida, incluso una prueba diagnóstica segura puede producir un beneficio absoluto extremadamente pequeño, mientras que los efectos adversos derivados de diagnósticos incidentales, vigilancia, intervenciones y complicaciones quirúrgicas continúan existiendo. Por esta razón, existe certeza moderada de que los daños de la detección superan sus beneficios en este grupo.
La diferencia entre hombres y mujeres no significa que el AAA sea benigno en las mujeres. De hecho, cuando una mujer desarrolla un AAA, su evolución clínica puede ser particularmente preocupante. Las mujeres presentan mayor riesgo de rotura y peores resultados perioperatorios en determinadas circunstancias. La cuestión científica consiste en determinar si la detección sistemática logra identificar suficientes aneurismas susceptibles de intervención como para compensar los daños derivados de la detección y el tratamiento. La baja prevalencia en mujeres que nunca han fumado y no tienen antecedentes familiares reduce considerablemente la cantidad de eventos potencialmente prevenibles, por lo que el beneficio absoluto de una estrategia poblacional resulta insuficiente.
En las mujeres que han fumado alguna vez o que tienen antecedentes familiares de AAA, la clasificación cambia a una recomendación de grado I, lo que significa que la evidencia disponible es insuficiente para determinar si los beneficios superan los daños o si los daños superan los beneficios. Esta categoría no significa que la detección sea inútil ni que esté contraindicada. Significa que no existe suficiente evidencia directa de calidad para establecer una recomendación poblacional firme. En particular, los ensayos aleatorizados históricos incluyeron una proporción mucho menor de mujeres que de hombres, por lo que tuvieron una capacidad estadística limitada para detectar diferencias en mortalidad o rotura específicas de mujeres.
La incertidumbre en las mujeres que han fumado alguna vez se vuelve especialmente relevante porque el tabaquismo incrementa sustancialmente el riesgo de AAA también en ellas. Sin embargo, el hecho de que una mujer tenga un factor de riesgo importante no permite extrapolar automáticamente el beneficio demostrado en hombres. Para establecer una recomendación sólida sería necesario demostrar que la detección identifica una cantidad suficiente de aneurismas clínicamente relevantes, que estos aneurismas pueden tratarse eficazmente y que la reducción de roturas y muertes supera los daños asociados con la detección y el tratamiento. La evidencia disponible no permite cuantificar adecuadamente todo ese balance en esta población.
El antecedente familiar representa otra razón para considerar la incertidumbre de manera individualizada. Tener un familiar de primer grado con AAA aproximadamente duplica el riesgo de desarrollar la enfermedad. La asociación puede ser todavía mayor cuando el familiar afectado es una mujer de primer grado. Sin embargo, aunque se conoce que los antecedentes familiares incrementan la probabilidad de desarrollar AAA, la evidencia disponible no permite determinar con suficiente precisión si estos individuos presentan una historia natural diferente una vez que se identifica el aneurisma o si obtienen un beneficio neto suficientemente grande de una estrategia poblacional de detección.
La incertidumbre adquiere mayor importancia al considerar que el tratamiento quirúrgico puede producir más complicaciones en mujeres. Los datos recopilados para la recomendación muestran que las mujeres presentan una mortalidad perioperatoria superior a la de los hombres después de procedimientos electivos, tanto mediante reparación endovascular como mediante cirugía abierta. También se han observado mayores tasas de complicaciones quirúrgicas y readmisión hospitalaria. Por ello, la simple identificación de un AAA en una mujer no garantiza que la detección haya producido un beneficio neto; el riesgo asociado con las intervenciones necesarias para transformar ese diagnóstico en prevención efectiva también debe incorporarse al análisis.
Existe además una razón anatómica y terapéutica para mantener cautela. Las mujeres suelen presentar vasos de menor calibre y anatomía vascular que puede hacer más complejos algunos procedimientos de reparación. Al mismo tiempo, el tamaño de AAA que determina un riesgo de rotura suficientemente alto para justificar una intervención puede no ser idéntico al utilizado tradicionalmente en hombres. Esto genera una dificultad adicional: los umbrales de intervención empleados en los ensayos históricos se establecieron principalmente a partir de poblaciones masculinas, por lo que su extrapolación directa a mujeres puede no representar de manera óptima el equilibrio entre riesgo de rotura y riesgo operatorio.
El antecedente de tabaquismo y el antecedente familiar tampoco deben considerarse factores aislados. La probabilidad individual de AAA aumenta con la edad y puede modificarse por otros elementos clínicos, entre ellos antecedentes de otros aneurismas vasculares, enfermedad coronaria, enfermedad cerebrovascular, aterosclerosis, hipercolesterolemia e hipertensión. Por ello, cuando la evidencia poblacional es insuficiente, la valoración individual debe integrar el conjunto del perfil de riesgo y la posibilidad real de que el paciente pueda beneficiarse de una intervención si se identifica un aneurisma. La detección pierde utilidad cuando una persona presenta una expectativa de vida muy limitada o no sería candidata a reparación debido a sus condiciones clínicas, ya que en esas circunstancias identificar un AAA puede no modificar el desenlace final.
En términos de medicina preventiva, la recomendación puede entenderse mediante el concepto de beneficio neto. Una prueba de detección resulta apropiada cuando existe una prevalencia suficiente de enfermedad clínicamente relevante, existe una prueba precisa y segura, la enfermedad tiene una fase preclínica identificable, existe una intervención capaz de modificar su historia natural y los beneficios de intervenir tempranamente superan los daños de la detección y el tratamiento. En los hombres de 65 a 75 años que han fumado alguna vez, todos estos elementos convergen de manera suficientemente favorable para justificar una recomendación de grado B. En las mujeres que nunca han fumado y carecen de antecedentes familiares, la prevalencia extremadamente baja hace que el beneficio absoluto sea demasiado pequeño para compensar los daños, lo que justifica una recomendación de grado D. En las mujeres que han fumado alguna vez o tienen antecedentes familiares, algunos elementos favorecen la detección y otros favorecen la cautela, pero la evidencia disponible no permite establecer cuál predomina, de ahí la recomendación de grado I.
En consecuencia, la recomendación de realizar una única ecografía a los hombres de 65 a 75 años que hayan fumado alguna vez está sustentada por evidencia de ensayos clínicos aleatorizados y por metaanálisis que muestran una reducción prolongada de la mortalidad específica por AAA y de las roturas. La magnitud estimada durante 12 a 15 años corresponde aproximadamente a una reducción relativa de 35% de la mortalidad relacionada con AAA y de 38% de las roturas relacionadas con AAA. Estos beneficios no deben confundirse con una reducción demostrada de la mortalidad por todas las causas. El objetivo específico de la detección es prevenir la rotura y la muerte atribuible al AAA mediante identificación temprana y manejo adecuado.
La conclusión práctica es, por tanto, que la detección del AAA debe dirigirse hacia poblaciones con una probabilidad suficientemente elevada de presentar una enfermedad potencialmente prevenible. En hombres de 65 a 75 años con antecedente de tabaquismo, una ecografía única proporciona un beneficio neto moderado con certeza moderada. En hombres de la misma edad que nunca han fumado, el beneficio es menor y la detección debe individualizarse. En mujeres que nunca han fumado y no tienen antecedentes familiares, la detección rutinaria no está justificada debido a que los daños superan los beneficios. En mujeres que han fumado alguna vez o tienen antecedentes familiares, la decisión permanece en una zona de incertidumbre científica y debe individualizarse mientras se obtiene evidencia más sólida.
Fuente y lecturas recomendadas:
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Originally posted on 21 de marzo de 2024 @ 9:22 PM


