La distinción entre células eucariotas y procariotas constituye uno de los fundamentos esenciales de la biología celular, ya que estos dos tipos de organismos presentan diferencias estructurales, funcionales y genéticas que reflejan la diversidad evolutiva de la vida. Las células eucariotas, que comprenden a los animales, plantas, hongos y protozoos, se caracterizan por la presencia de un núcleo verdadero, rodeado por una membrana nuclear que separa el material genético del citoplasma. En contraste, las células procariotas, representadas principalmente por bacterias y arqueas, carecen de un núcleo definido; su material genético se encuentra libre en el citoplasma, generalmente en la forma de una molécula circular de ADN de doble hebra. Las arqueas, aunque semejantes a las bacterias en muchos aspectos estructurales, constituyen un dominio independiente, con características bioquímicas y genéticas que las distinguen tanto de las bacterias como de los eucariotas.
En términos de tamaño, las células eucariotas son notablemente más grandes que las procariotas, generalmente superando los cinco micrómetros de diámetro, mientras que las procariotas rara vez exceden los tres micrómetros. Esta diferencia dimensional se correlaciona con la complejidad estructural: las eucariotas poseen múltiples orgánulos membranosos que cumplen funciones especializadas. Entre estos, los más relevantes son las mitocondrias, encargadas de la producción de adenosín trifosfato mediante la respiración celular; el retículo endoplasmático, que participa en la síntesis y transporte de proteínas y lípidos; y el aparato de Golgi, responsable de la modificación, empaquetamiento y distribución de moléculas. Por el contrario, las procariotas carecen de estas estructuras: sus funciones metabólicas y de síntesis se realizan en el citoplasma o en la membrana plasmática.
El material genético también refleja profundas diferencias: mientras que los eucariotas poseen un genoma diploide distribuido en múltiples cromosomas lineales contenidos dentro del núcleo, los procariotas generalmente poseen un único cromosoma circular haploide. Por ejemplo, la bacteria Escherichia coli posee un cromosoma de aproximadamente cinco millones de pares de bases, lo que representa una molécula de ADN que, si se extendiera, mediría alrededor de 1,3 milímetros, casi mil veces mayor que el diámetro de la célula misma. Comparativamente, los humanos tienen un total de 46 cromosomas lineales que suman aproximadamente 2,9 mil millones de pares de bases, lo que corresponde a una longitud total de casi un metro.
La maquinaria ribosómica también difiere significativamente: las células eucariotas poseen ribosomas de 80 S, compuestos por subunidades de 60 S y 40 S, mientras que las procariotas utilizan ribosomas de 70 S, con subunidades de 50 S y 30 S, lo que refleja variaciones en la síntesis de proteínas y en la sensibilidad a antibióticos. La membrana plasmática de las eucariotas contiene esteroles, que le confieren estabilidad y flexibilidad, mientras que la mayoría de las procariotas carecen de ellos, con algunas excepciones como los micoplasmas. En cuanto a la pared celular, las procariotas poseen estructuras complejas que incluyen peptidoglicanos y, en ciertos casos, polisacáridos y ácidos teicoicos, proporcionando resistencia frente a cambios osmóticos y ambientales, mientras que las eucariotas presentan pared celular solo en organismos como plantas y hongos.
La reproducción y el movimiento representan otra línea de divergencia: las eucariotas pueden reproducirse de manera sexual y asexual, y presentan estructuras de locomoción más complejas, como flagelos con un diseño interno sofisticado. Las procariotas, en cambio, se reproducen principalmente por fisión binaria y, si presentan flagelos, estos son estructuralmente más simples. La producción de energía también refleja diferencias fundamentales: mientras que las eucariotas dependen de las mitocondrias, las procariotas realizan la fosforilación oxidativa en la membrana citoplasmática.
Estas diferencias no solo subrayan la complejidad mayor de los eucariotas, sino que también explican la increíble adaptabilidad de los procariotas. Las bacterias, por ejemplo, pueden sobrevivir en ambientes extremos donde la mayoría de las eucariotas no podrían resistir: presiones osmóticas muy bajas, temperaturas extremas, desecación y disponibilidad limitada de nutrientes. Esta capacidad adaptativa ha sido crucial para la evolución de la vida y constituye la base para muchas estrategias de control antimicrobiano, al aprovechar las características únicas de la estructura y metabolismo procariotas.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Carroll, K. C., & Pfaller, M. A. (2023). Manual of clinical microbiology (13th ed.). American Society for Microbiology Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

