La esterilización constituye el nivel más alto de control microbiano porque implica la eliminación absoluta de todas las formas de vida microscópica, sin excepción. Esto incluye no solo bacterias en estado vegetativo, sino también microorganismos con mecanismos de resistencia particularmente eficaces, como las esporas bacterianas, las micobacterias con paredes celulares ricas en lípidos, los virus carentes de envoltura lipídica y los hongos. Estas formas presentan una notable tolerancia a condiciones ambientales adversas y a muchos agentes antimicrobianos, por lo que su destrucción total solo puede lograrse mediante procedimientos cuidadosamente controlados y científicamente validados. La esterilización, por tanto, no se limita a reducir la carga microbiana, sino que garantiza la ausencia completa de capacidad de reproducción biológica en el material tratado.
Para alcanzar este objetivo, se emplean métodos físicos y químicos que actúan mediante mecanismos distintos pero convergentes en su efecto final. Entre los métodos físicos, el uso de vapor de agua saturado bajo presión destaca como uno de los más eficaces, accesibles y seguros. Su efectividad se debe a la capacidad del vapor húmedo para transferir energía térmica de manera uniforme y profunda, provocando la desnaturalización irreversible de proteínas estructurales y enzimáticas esenciales para la supervivencia microbiana. Este proceso altera la conformación tridimensional de las macromoléculas, rompe enlaces químicos críticos y conduce a la muerte celular incluso en microorganismos altamente resistentes.
La eficacia del vapor saturado depende de manera estricta de tres variables interrelacionadas: la temperatura alcanzada, el tiempo de exposición y la presencia adecuada de humedad. La combinación más utilizada en la práctica consiste en exponer los materiales a una temperatura de ciento veintiún grados Celsius durante quince minutos, condiciones que han demostrado ser suficientes para destruir esporas bacterianas viables. El control preciso de la temperatura es fundamental, ya que pequeñas disminuciones térmicas generan un aumento desproporcionado en el tiempo necesario para lograr la esterilización. Esto se debe a que la cinética de desnaturalización proteica es altamente sensible a la temperatura, y una reducción mínima puede ralentizar significativamente las reacciones responsables de la destrucción microbiana. La humedad cumple un papel igualmente esencial, pues el calor seco carece de la misma capacidad de penetración y transferencia energética que el calor húmedo.
Cuando no existe humedad disponible, es necesario recurrir a temperaturas mucho más elevadas para alcanzar un efecto esterilizante equivalente. El calor seco, aunque capaz de provocar oxidación de componentes celulares y desecación extrema, requiere exposiciones prolongadas y temperaturas cercanas a ciento sesenta grados Celsius. Estas condiciones no solo son menos eficientes desde el punto de vista microbiológico, sino que además producen deterioro físico y funcional en numerosos instrumentos, lo que ha limitado su uso en la práctica moderna.
En aquellos casos en los que el calor, ya sea húmedo o seco, resulta incompatible con los materiales a esterilizar, se utilizan métodos basados en agentes gaseosos o químicos. El óxido de etileno ha sido ampliamente empleado para la esterilización de dispositivos sensibles a la temperatura o a la presión. Su alta capacidad de penetración le permite difundir a través de empaques y superficies complejas, donde actúa mediante la alquilación de ácidos nucleicos y proteínas, interfiriendo con la replicación y el metabolismo celular. Sin embargo, este gas presenta desventajas importantes: es tóxico, inflamable, potencialmente explosivo y ha demostrado efectos carcinogénicos en modelos animales. Además, los objetos tratados deben someterse a un prolongado proceso de aireación para eliminar residuos del gas, lo que incrementa el tiempo total del procedimiento y los riesgos ocupacionales. Por estas razones, su uso está estrictamente regulado y se evita siempre que existen alternativas viables.
Entre estas alternativas destacan los vapores de peróxido de hidrógeno, cuyo poder esterilizante se basa en su fuerte capacidad oxidante. Este agente genera especies reactivas que atacan lípidos, proteínas y ácidos nucleicos, produciendo daños irreversibles en las estructuras celulares. Una evolución tecnológica de este método es la esterilización por plasma, en la cual el peróxido de hidrógeno vaporizado es sometido a energía electromagnética, generando radicales libres altamente reactivos. Este sistema combina una elevada eficacia con la ventaja de no producir subproductos tóxicos, lo que ha permitido reemplazar al óxido de etileno en muchas aplicaciones clínicas e industriales. No obstante, su uso está limitado en materiales que absorben o reaccionan químicamente con el peróxido de hidrógeno, ya que esto reduce la eficacia del proceso y puede dañar los objetos tratados.
Existen esterilizantes químicos líquidos como el ácido peracético y el glutaraldehído. El ácido peracético es un agente oxidante muy potente, capaz de destruir una amplia gama de microorganismos en tiempos relativamente cortos. Sus productos de degradación, ácido acético y oxígeno, son inocuos, lo que lo convierte en una opción atractiva desde el punto de vista ambiental y de seguridad. En contraste, el glutaraldehído actúa mediante la reticulación de proteínas, lo que inmoviliza y destruye las estructuras celulares, pero plantea riesgos significativos para la salud humana. Su manipulación exige estrictas medidas de seguridad debido a su toxicidad y potencial irritante, lo que ha llevado a una disminución progresiva de su uso.
Definiciones y clasificaciones
El control de los microorganismos se puede lograr mediante distintos procesos, cada uno con objetivos y niveles de eficacia diferentes. Comprender la terminología es fundamental para elegir el método apropiado según la situación clínica o de laboratorio.
1. Antisepsia
La antisepsia se refiere al uso de agentes químicos sobre la piel, mucosas u otros tejidos vivos con el propósito de inhibir o eliminar microorganismos. Es importante destacar que la antisepsia no necesariamente destruye esporas bacterianas, por lo que no garantiza la eliminación total de todas las formas de vida microbiana. Este procedimiento se aplica principalmente para reducir el riesgo de infección en heridas, procedimientos quirúrgicos o inyecciones.
2. Desinfección
La desinfección implica el uso de procedimientos físicos o agentes químicos para destruir la mayoría de los microorganismos patógenos presentes en superficies, instrumentos o líquidos. Sin embargo, algunas formas resistentes, como esporas bacterianas, micobacterias, ciertos virus y hongos, pueden sobrevivir. Los desinfectantes se clasifican según su nivel de actividad:
- Desinfectantes de alto nivel: eliminan todos los patógenos microbianos, excepto grandes cantidades de esporas bacterianas.
- Desinfectantes de nivel intermedio: destruyen todos los patógenos microbianos, excepto las esporas bacterianas.
- Desinfectantes de bajo nivel: eliminan la mayoría de las bacterias vegetativas y virus envueltos lipídicamente, así como virus de tamaño medio, pero son insuficientes contra formas resistentes.
- Germicida: Un germicida es un agente químico capaz de destruir microorganismos. Existen subtipos según el tipo de organismo que eliminan:
4. Esterilización
La esterilización representa el método más riguroso de control microbiano, pues elimina todas las formas de vida microbiana, incluyendo esporas bacterianas resistentes, micobacterias, virus sin envoltura y hongos. Puede lograrse mediante procedimientos físicos, químicos o gaseosos, según las características del material y la necesidad clínica.
Métodos de esterilización
La esterilización puede clasificarse en física, gaseosa o química, cada una con ventajas y limitaciones específicas.
A. Métodos físicos
1. Vapor de agua saturado bajo presión (autoclave)
- Temperatura: 121 °C o 132 °C.
- Tiempo: variable según el tipo de carga y temperatura.
- Mecanismo: desnaturalización de proteínas, daño a membranas y ácidos nucleicos.
- Ventaja: método confiable, económico y no tóxico.
- Limitaciones: incompatible con materiales sensibles al calor o la humedad.
2. Filtración
- Tamaño de poro: 0,22 a 0,45 micrómetros; filtros HEPA para aire.
- Aplicación: eliminación de microorganismos de líquidos sensibles al calor, como medios de cultivo, vacunas y soluciones farmacéuticas.
3. Radiación ultravioleta (UV)
- Longitud de onda: 254 nm.
- Mecanismo: daño directo al ADN y ARN, evitando la replicación.
- Uso: desinfección de superficies y aire; limitada penetración.
4. Radiación ionizante
- Fuentes: rayos gamma o microondas de alta energía.
- Aplicación: esterilización de equipos médicos desechables y ciertos alimentos.
- Ventaja: alta penetración y capacidad de esterilizar materiales empaquetados.
B. Esterilización con gases o vapores
1. Óxido de etileno
- Concentración: 450–1200 mg/L.
- Temperatura: 29–65 °C; tiempo: 2–5 horas.
- Uso: objetos sensibles a la temperatura y la presión.
- Limitaciones: tóxico, inflamable, explosivo y carcinogénico; requiere ventilación prolongada.
2. Vapor de peróxido de hidrógeno
- Concentración: 30 %, temperatura: 55–60 °C.
- Mecanismo: oxidación de proteínas y ácidos nucleicos.
- Uso: instrumentos médicos sensibles; seguro y sin subproductos tóxicos.
3. Gas plasmático
- Forma: peróxido de hidrógeno altamente ionizado mediante energía electromagnética.
- Ventajas: esterilización eficiente, sin residuos tóxicos; reemplaza a óxido de etileno en muchas aplicaciones.
- Limitaciones: no apto para materiales que absorben o reaccionan con el peróxido de hidrógeno.
C. Esterilización química líquida
1. Ácido peracético
- Concentración: 0,2 %.
- Mecanismo: potente oxidante que destruye bacterias, esporas y virus.
- Ventajas: residuos nontóxicos (ácido acético y oxígeno).
2. Glutaraldehído
- Concentración: 2 %.
- Mecanismo: reticulación de proteínas y destrucción microbiana.
- Limitaciones: tóxico, irritante; requiere manipulación cuidadosa y ventilación adecuada.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
- Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
- Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
- Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.

