Exploración visual con rejilla de Amsler
Exploración visual con rejilla de Amsler

Exploración visual con rejilla de Amsler

La exploración mediante la rejilla de Amsler constituye una de las pruebas psicofísicas más utilizadas para la evaluación funcional de la región macular y del campo visual central, particularmente dentro de los 10° centrales de fijación. Su finalidad principal consiste en detectar metamorfopsias, micropsias, macropsias, escotomas absolutos o relativos y otras alteraciones subjetivas derivadas de patologías que afectan la mácula, la retina neurosensorial, el epitelio pigmentario de la retina o incluso determinadas enfermedades del nervio óptico. La prueba posee una enorme relevancia clínica debido a que permite identificar cambios funcionales precoces en enfermedades como la degeneración macular asociada con la edad, membranas epirretinianas, edema macular, coriorretinopatía serosa central, agujero macular y neovascularización coroidea.

La exactitud de la exploración depende de manera crítica de que el sistema visual se encuentre en condiciones fisiológicas estables durante la prueba. Debido a ello, múltiples factores técnicos pueden modificar significativamente la percepción subjetiva del paciente y alterar la interpretación clínica de los resultados. Cada una de las recomendaciones clásicas relacionadas con la exploración posee una base fisiológica y neurooftalmológica específica.

La indicación de realizar la prueba sin dilatación pupilar se fundamenta en varios principios ópticos y neurofisiológicos. La dilatación farmacológica de la pupila altera la profundidad de foco y modifica la calidad de la imagen retiniana. Cuando la pupila se encuentra dilatada, aumenta el diámetro pupilar y se incrementan las aberraciones ópticas de alto orden, particularmente la aberración esférica y el desenfoque periférico. Como consecuencia, disminuye la nitidez de la imagen proyectada sobre la fóvea y puede producirse distorsión subjetiva de las líneas rectas de la rejilla. Además, la midriasis farmacológica altera la sensibilidad al contraste y aumenta la dispersión intraocular de la luz, fenómeno particularmente relevante en pacientes con catarata inicial o irregularidades corneales. Estas modificaciones ópticas pueden generar falsos positivos de metamorfopsia o dificultar la detección de pequeños escotomas relativos.

Adicionalmente, la dilatación pupilar modifica la adaptación luminosa retiniana. El incremento del flujo luminoso hacia la retina altera transitoriamente la sensibilidad de conos y bastones mediante mecanismos de adaptación fotoquímica. Debido a que la rejilla de Amsler evalúa alteraciones extremadamente sutiles de la percepción espacial central, cualquier modificación temporal en la sensibilidad retiniana puede reducir la confiabilidad diagnóstica. Por este motivo, los protocolos clínicos clásicos establecen que la exploración debe efectuarse antes de instilar agentes midriáticos.

La recomendación de evitar el fotoestrés previo posee igualmente una sólida base fisiopatológica. El fotoestrés corresponde al fenómeno por el cual la exposición intensa a luz brillante induce un blanqueamiento transitorio de los fotopigmentos retinianos, especialmente en los conos maculares. Durante una exploración con lámpara de hendidura, oftalmoscopia indirecta o iluminación focal intensa, la retina recibe una elevada carga luminosa que provoca depleción temporal de fotopigmentos y disminución transitoria de la sensibilidad visual central. El proceso de regeneración de los pigmentos visuales requiere tiempo y depende de la integridad metabólica del epitelio pigmentario de la retina.

Cuando la rejilla de Amsler se realiza inmediatamente después de una exposición luminosa intensa, el paciente puede presentar reducción temporal de la sensibilidad al contraste, visión borrosa central, pequeños escotomas transitorios o distorsión de líneas que no corresponden necesariamente a una enfermedad macular estructural. En individuos con patología macular previa, la recuperación después del fotoestrés suele ser aún más lenta debido a alteraciones metabólicas del epitelio pigmentario y de los fotorreceptores. Por ello, efectuar la prueba después de una exploración luminosa intensa puede exagerar artificialmente las anomalías percibidas y comprometer la reproducibilidad de la evaluación.

El uso de corrección refractiva adecuada en pacientes con presbicia resulta indispensable porque la prueba depende de la percepción precisa de líneas finas y pequeños cuadrados situados a corta distancia. La presbicia se produce por disminución progresiva de la amplitud de acomodación secundaria al endurecimiento del cristalino y a cambios biomecánicos del cuerpo ciliar asociados con el envejecimiento. Como consecuencia, el paciente pierde capacidad para enfocar adecuadamente objetos cercanos.

Si un paciente présbita observa la rejilla sin la corrección óptica apropiada, las líneas pueden percibirse borrosas, deformadas o discontinuas debido únicamente al desenfoque refractivo y no a una alteración macular verdadera. El desenfoque disminuye la frecuencia espacial efectiva de la imagen y deteriora la discriminación de contornos finos. Debido a que la prueba depende precisamente de la capacidad para detectar desviaciones mínimas en líneas rectas, incluso pequeños errores refractivos pueden modificar significativamente los resultados. Por ello, los protocolos clínicos establecen que el paciente debe utilizar su adición para visión cercana o la corrección refractiva correspondiente durante la exploración.

La iluminación adecuada de la rejilla constituye otro requisito esencial. La percepción de líneas y distorsiones depende directamente de la sensibilidad al contraste del sistema visual. Una iluminación insuficiente reduce la respuesta funcional de los conos foveales y disminuye la capacidad para detectar irregularidades espaciales finas. En condiciones mesópicas o escotópicas, la función macular disminuye considerablemente debido a que la fóvea contiene una densidad extremadamente alta de conos y prácticamente carece de bastones. Por tanto, una iluminación deficiente puede inducir falsos negativos al reducir la percepción de metamorfopsias leves o pequeños escotomas relativos.

En contraste, una iluminación excesiva también puede resultar perjudicial porque incrementa el deslumbramiento y la dispersión luminosa intraocular, particularmente en pacientes con catarata, alteraciones de la película lagrimal o irregularidades corneales. Por ello, la iluminación óptima debe ser uniforme, confortable y suficiente para mantener una percepción nítida de toda la cuadrícula sin inducir fatiga visual.

La distancia recomendada de aproximadamente 33 cm posee fundamentos geométricos y fisiológicos precisos. A dicha distancia, la cuadrícula subtende aproximadamente los 20° centrales del campo visual, permitiendo evaluar específicamente la región macular funcional. Si la rejilla se coloca demasiado cerca, aumenta la demanda acomodativa y puede generarse desenfoque o fatiga visual. Si se coloca demasiado lejos, disminuye la sensibilidad para detectar microdistorsiones debido a la reducción angular de cada cuadrícula. Además, la estandarización de la distancia permite comparar resultados longitudinales entre distintas evaluaciones clínicas.

La oclusión monocular durante la prueba es indispensable debido a que la visión binocular puede enmascarar defectos funcionales presentes en un solo ojo. El sistema visual humano posee mecanismos corticales de fusión binocular capaces de compensar parcialmente escotomas monoculares mediante supresión perceptiva y llenado cortical. Este fenómeno puede impedir que el paciente detecte metamorfopsias leves cuando ambos ojos permanecen abiertos. Por ello, cada ojo debe explorarse por separado para evaluar de manera independiente la integridad funcional macular.

La fijación constante sobre el punto central es otro aspecto crítico porque la prueba evalúa específicamente la relación espacial entre la fóvea y las áreas retinianas circundantes. Cuando el paciente desplaza la mirada, la imagen se proyecta sobre regiones retinianas distintas y puede alterarse completamente la percepción de las líneas. Además, pacientes con escotomas centrales pueden desarrollar fijación excéntrica, utilizando áreas retinianas perifoveales para sustituir la función de la fóvea dañada. En estos casos, la interpretación de la prueba requiere especial cuidado.

La pregunta acerca de distorsión u ondulación de las líneas busca detectar metamorfopsia, fenómeno originado por desplazamiento físico de los fotorreceptores retinianos. En enfermedades como membrana epirretiniana o edema macular, la arquitectura retiniana se altera mecánicamente y los conos dejan de mantener su alineación espacial normal. Como consecuencia, líneas rectas son percibidas como curvas u onduladas. La metamorfopsia constituye uno de los signos funcionales más sensibles de alteración macular temprana.

La búsqueda de áreas borrosas o ausentes tiene como finalidad detectar escotomas relativos o absolutos. Los escotomas relativos corresponden a zonas de disminución parcial de sensibilidad visual, mientras que los absolutos representan áreas de pérdida funcional completa. En patologías maculares degenerativas, los escotomas suelen corresponder a regiones de pérdida de fotorreceptores, disfunción del epitelio pigmentario o alteración de la transmisión neuronal retiniana.

La evaluación de las cuatro esquinas y de los bordes del cuadrado posee relevancia diferencial diagnóstica. La rejilla de Amsler explora principalmente el campo visual central; sin embargo, la incapacidad para visualizar sectores periféricos completos puede sugerir defectos visuales más extensos, neuropatías ópticas, alteraciones neurológicas o problemas de fijación más que una enfermedad macular localizada. Por tanto, este aspecto ayuda a distinguir entre patología estrictamente macular y trastornos visuales de distribución más amplia.

La posibilidad de que el paciente dibuje las anomalías observadas posee enorme importancia clínica debido a que la rejilla de Amsler es especialmente útil para seguimiento longitudinal. Las enfermedades maculares presentan evolución dinámica, y cambios mínimos en tamaño, forma o localización de metamorfopsias y escotomas pueden indicar progresión de la enfermedad o respuesta terapéutica. El registro gráfico permite comparar evaluaciones sucesivas y detectar modificaciones funcionales tempranas incluso antes de que ocurran pérdidas significativas de agudeza visual.

Aunque la rejilla de Amsler posee gran utilidad clínica, también presenta limitaciones importantes. Su sensibilidad para detectar lesiones pequeñas puede verse reducida por fenómenos corticales de llenado perceptivo, mediante los cuales el cerebro completa subjetivamente áreas ausentes del campo visual. Asimismo, algunos pacientes con alteraciones maculares avanzadas pueden no percibir conscientemente escotomas debido a adaptación neuronal progresiva. Estas limitaciones han impulsado el desarrollo de variantes computarizadas y pruebas de hiperagudeza preferencial más sensibles.

EXPLORACIÓN CON REJILLA DE AMSLER
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Fuente y lecturas recomendadas:
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  2. Isaac, D. L. C., Avila, M. P., & Cialdini, A. P. (2007). Comparison of the original Amsler grid with the preferential hyperacuity perimeter for detecting choroidal neovascularization in age-related macular degeneration. Arquivos Brasileiros de Oftalmologia, 70(5), 771–776. https://doi.org/10.1590/S0004-27492007000500009
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  7. Wall, M., & Sadun, A. A. (1986). Threshold Amsler grid testing: Cross-polarizing lenses enhance yield. Archives of Ophthalmology, 104(4), 520–523. https://doi.org/10.1001/archopht.1986.01050160076015
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