El sistema nervioso central (SNC) constituye el principal centro integrador y regulador del organismo, debido a que recibe información procedente tanto del medio externo como del medio interno, la procesa mediante redes neuronales altamente organizadas y posteriormente genera respuestas motoras, endocrinas, autonómicas e inmunológicas adaptativas. Esta capacidad integradora depende de la interacción funcional entre neuronas sensitivas, interneuronas, neuronas motoras y células gliales, las cuales operan de manera coordinada para mantener la homeostasis corporal y permitir la supervivencia frente a estímulos fisiológicos o patológicos.
Las neuronas sensitivas o aferentes poseen la capacidad de transformar estímulos físicos y químicos en señales electroquímicas denominadas potenciales de acción. Este proceso, conocido como transducción sensorial, ocurre gracias a la presencia de receptores especializados localizados en terminaciones nerviosas periféricas distribuidas en piel, músculos, articulaciones, vísceras y vasos sanguíneos. Dependiendo del tipo de receptor activado, estas neuronas pueden detectar temperatura, presión mecánica, vibración, dolor, distensión tisular, cambios químicos o daño celular. La generación del potencial de acción implica la apertura secuencial de canales iónicos dependientes de voltaje, especialmente canales de Na+ y K+, permitiendo la propagación rápida de la señal eléctrica hacia la médula espinal y el encéfalo.
La conducción de la información sensitiva hacia el SNC representa un mecanismo esencial para la protección del organismo, ya que permite detectar cambios ambientales potencialmente peligrosos y desencadenar respuestas defensivas inmediatas. Las fibras aferentes nociceptivas son particularmente relevantes durante procesos inflamatorios y lesiones tisulares, porque responden a mediadores químicos liberados en el sitio de daño, incluyendo prostaglandinas, bradicinina, ATP extracelular, histamina, serotonina, TNF-α e interleucinas proinflamatorias. Estas sustancias disminuyen el umbral de activación neuronal y aumentan la excitabilidad de las terminaciones sensitivas periféricas, fenómeno conocido como sensibilización periférica.
Una vez que la información sensorial alcanza el SNC, las señales son procesadas en múltiples niveles anatómicos. En la médula espinal se producen reflejos rápidos y respuestas automáticas mediante circuitos locales de interneuronas. Posteriormente, la información asciende hacia estructuras encefálicas superiores como el tálamo, la corteza somatosensorial, el sistema límbico y el hipotálamo, donde ocurre una integración compleja relacionada con percepción consciente, memoria, emoción y regulación neuroendocrina. Este procesamiento multisistémico permite que el organismo no solamente perciba el estímulo nocivo, sino que además genere respuestas conductuales, autonómicas e inmunológicas apropiadas.
Las neuronas motoras o eferentes representan la vía de salida funcional del SNC. Estas neuronas transmiten señales desde regiones encefálicas y medulares hacia músculos esqueléticos, músculo liso, músculo cardíaco y glándulas endocrinas o exocrinas. La actividad motora depende de una organización jerárquica compleja que involucra corteza motora, ganglios basales, cerebelo, tronco encefálico y médula espinal. La activación coordinada de neuronas motoras permite ejecutar movimientos voluntarios, reflejos defensivos y ajustes posturales necesarios para responder a situaciones de daño o inflamación.
Durante una lesión tisular, el SNC no actúa únicamente como receptor pasivo de información nociceptiva, sino como un órgano regulador activo de la respuesta inflamatoria. Cuando ocurre daño celular, las células lesionadas liberan moléculas intracelulares denominadas DAMP, las cuales incluyen ATP, ADN extracelular, proteínas HMGB1, ácido úrico, proteínas de choque térmico y fragmentos de matriz extracelular. Estas moléculas son reconocidas por receptores de reconocimiento de patrones presentes tanto en células inmunológicas periféricas como en células gliales del SNC. La activación de estos receptores desencadena cascadas intracelulares inflamatorias mediadas por NF-κB, inflamasomas y producción de citocinas proinflamatorias.
El SNC detecta la inflamación periférica mediante varias rutas fisiológicas simultáneas. Una de las más importantes corresponde a la vía humoral. En esta vía, citocinas inflamatorias circulantes como IL-1β, IL-6 y TNF-α alcanzan regiones encefálicas especializadas conocidas como órganos circunventriculares. Estas estructuras carecen parcialmente de barrera hematoencefálica convencional y poseen capilares fenestrados que permiten el intercambio relativamente libre de moléculas entre sangre y tejido nervioso. Entre estos órganos destacan el órgano subfornical, el órgano vasculoso de la lámina terminal y el área postrema. La elevada permeabilidad vascular de estas regiones permite que señales inflamatorias periféricas sean detectadas rápidamente por neuronas y células gliales especializadas.
La barrera hematoencefálica desempeña normalmente una función protectora fundamental, debido a que regula estrictamente el paso de sustancias desde la circulación sistémica hacia el tejido nervioso. Esta barrera está formada principalmente por células endoteliales unidas mediante complejos de uniones estrechas, pericitos, membrana basal y prolongaciones astrocíticas. Su integridad mantiene la homeostasis iónica y metabólica cerebral, además de impedir la entrada descontrolada de toxinas, microorganismos y células inmunológicas periféricas. Sin embargo, durante estados inflamatorios sistémicos o lesiones encefálicas traumáticas, la barrera hematoencefálica puede sufrir alteraciones estructurales importantes. Las citocinas inflamatorias inducen disrupción de proteínas de unión estrecha, aumento de permeabilidad vascular y migración leucocitaria hacia el parénquima cerebral.
La pérdida de integridad de la barrera hematoencefálica posee consecuencias fisiopatológicas profundas. El ingreso de proteínas plasmáticas, células inmunes periféricas y mediadores inflamatorios al SNC incrementa la activación microglial y astrocitaria, promoviendo neuroinflamación persistente. Además, el edema cerebral secundario altera la presión intracraneal y compromete la función neuronal. La evidencia experimental demuestra que TNF-α puede inducir directamente aumento de permeabilidad de la barrera hematoencefálica mediante activación de metaloproteinasas de matriz, particularmente MMP-9 y MMP-3, las cuales degradan componentes de la membrana basal vascular.
Además de la vía humoral, el SNC recibe información inflamatoria mediante vías neurales aferentes directas. Las terminaciones periféricas del nervio vago y otras fibras sensitivas detectan mediadores inflamatorios presentes en tejidos lesionados y transmiten señales hacia núcleos del tronco encefálico, especialmente el núcleo del tracto solitario. Posteriormente, esta información es proyectada hacia hipotálamo, amígdala y otras estructuras límbicas responsables de coordinar respuestas autonómicas, endocrinas y conductuales. Estas vías explican por qué una inflamación periférica puede inducir fiebre, anorexia, fatiga, hipersomnia y alteraciones cognitivas incluso en ausencia de infección directa del SNC.
El hipotálamo desempeña un papel central en la integración neuroinmunológica. Las señales inflamatorias inducen liberación hipotalámica de hormona liberadora de corticotropina, activando posteriormente el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Como consecuencia, aumenta la secreción de glucocorticoides suprarrenales, los cuales ejercen funciones antiinflamatorias sistémicas al inhibir producción de citocinas y limitar activación inmunológica excesiva. Este mecanismo constituye un circuito homeostático esencial para evitar daño tisular descontrolado durante procesos inflamatorios.
La microglia representa el principal componente inmunológico residente del SNC. Estas células derivan embriológicamente del saco vitelino y permanecen en el tejido nervioso durante toda la vida. En condiciones fisiológicas, la microglia mantiene un estado de vigilancia dinámica mediante prolongaciones ramificadas que monitorean continuamente el microambiente cerebral. Cuando detecta DAMP, patógenos o señales de daño neuronal, la microglia cambia rápidamente hacia un fenotipo activado caracterizado por retracción de prolongaciones, aumento de movilidad, proliferación y liberación de mediadores inflamatorios.
La activación microglial posee una doble función biológica. Inicialmente ejerce efectos protectores mediante fagocitosis de restos celulares, eliminación de patógenos y liberación de factores neurotróficos. Sin embargo, cuando la activación persiste de forma crónica, la microglia puede contribuir a neurodegeneración mediante producción excesiva de radicales libres, óxido nítrico, glutamato excitotóxico y citocinas proinflamatorias. Esta neuroinflamación sostenida se relaciona con enfermedades neurodegenerativas como enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de traumatismo craneoencefálico.
Los astrocitos también participan activamente en la regulación inflamatoria del SNC. Estas células gliales mantienen equilibrio iónico extracelular, captación de neurotransmisores y soporte metabólico neuronal. Durante inflamación, los astrocitos sufren astrogliosis reactiva, aumentando expresión de GFAP y produciendo citocinas, quimiocinas y factores de crecimiento. Además, sus prolongaciones perivasculares regulan directamente la permeabilidad de la barrera hematoencefálica y coordinan comunicación entre sistema inmune periférico y tejido nervioso.
La interacción entre neuronas, microglia, astrocitos y células endoteliales conforma la denominada unidad neurovascular. Esta organización funcional permite que el SNC adapte continuamente el flujo sanguíneo cerebral, la actividad neuronal y la respuesta inmunológica según las necesidades metabólicas y el estado inflamatorio del organismo. Durante una lesión, la unidad neurovascular coordina procesos de reparación tisular, angiogénesis, remodelación sináptica y eliminación de detritos celulares.
Las respuestas motoras desencadenadas por el SNC frente a inflamación o daño poseen un enorme valor adaptativo. Los reflejos de retirada protegen tejidos lesionados de daño adicional. Los cambios cardiovasculares aumentan perfusión sanguínea en órganos prioritarios. Las modificaciones conductuales, como inmovilidad o disminución de actividad física, reducen gasto energético y favorecen recuperación tisular. Incluso la fiebre constituye una respuesta integrada neuroinmunológica diseñada para limitar proliferación microbiana y optimizar actividad inmunológica.
Por tanto, el SNC no solamente actúa como centro de procesamiento neuronal, sino también como regulador integral de la inmunidad y la inflamación. La comunicación bidireccional entre sistema nervioso e inmunológico permite detectar rápidamente alteraciones tisulares, coordinar respuestas defensivas complejas y promover mecanismos de reparación. Sin embargo, cuando esta interacción pierde regulación fisiológica, puede desarrollarse neuroinflamación crónica, daño neuronal progresivo y alteraciones sistémicas graves.


Fuente y lecturas recomendadas:
- Galea, I. (2021). The blood–brain barrier in systemic infection and inflammation. Cellular & Molecular Immunology, 18(11), 2489–2501. https://doi.org/10.1038/s41423-021-00757-x
- Gullotta, G. S., Costantino, G., Sortino, M. A., & Spampinato, S. F. (2023). Microglia and the blood–brain barrier: An external player in acute and chronic neuroinflammatory conditions. International Journal of Molecular Sciences, 24(11), 9144. https://doi.org/10.3390/ijms24119144
- Hoogland, I. C. M., Houbolt, C., van Westerloo, D. J., van Gool, W. A., & van de Beek, D. (2015). Systemic inflammation and microglial activation: Systematic review of animal experiments. Journal of Neuroinflammation, 12, 114. https://doi.org/10.1186/s12974-015-0332-6
- Miyata, S. (2022). Glial functions in the blood-brain communication at the circumventricular organs. Frontiers in Neuroscience, 16, 991779. https://doi.org/10.3389/fnins.2022.991779
- Muñoz, E. M. (2022). Microglia in circumventricular organs: The pineal gland example. ASN Neuro, 14. https://doi.org/10.1177/17590914221135697
- Sun, Y., Koyama, Y., & Shimada, S. (2022). Inflammation from peripheral organs to the brain: How does systemic inflammation cause neuroinflammation? Frontiers in Aging Neuroscience, 14, 903455. https://doi.org/10.3389/fnagi.2022.903455
- Brandl, S., & Reindl, M. (2023). Blood–brain barrier breakdown in neuroinflammation: Current in vitro models. International Journal of Molecular Sciences, 24(16), 12699. https://doi.org/10.3390/ijms241612699
- Mayer, M. G., & Fischer, T. (2024). Microglia at the blood brain barrier in health and disease. Frontiers in Cellular Neuroscience, 18, 1360195. https://doi.org/10.3389/fncel.2024.1360195

