La fluoroscopia constituye una modalidad de diagnóstico por imagen basada en la utilización de radiación ionizante en forma de rayos X, cuya característica distintiva radica en la obtención de imágenes en tiempo real. A diferencia de la radiografía convencional, que produce una representación estática de las estructuras anatómicas en un instante determinado, la fluoroscopia permite la visualización continua y secuencial de fenómenos fisiológicos y mecánicos. Esta capacidad dinámica se fundamenta en la emisión sostenida o pulsada de rayos X que atraviesan el cuerpo humano y son atenuados diferencialmente según la densidad y el número atómico de los tejidos atravesados.
El haz de radiación, tras interactuar con las estructuras corporales, es captado por un detector que convierte la señal radiológica en una señal luminosa y posteriormente en una señal electrónica. Esta señal es procesada digitalmente y proyectada en un monitor, generando una imagen en movimiento que reproduce cambios posicionales, desplazamientos internos o modificaciones morfológicas conforme ocurren. De este modo, la fluoroscopia no solo representa la anatomía, sino que permite estudiar la función, el tránsito y la coordinación de órganos y sistemas, lo que la convierte en una herramienta esencial para la evaluación funcional del organismo.
Uso de medios de contraste
Una de las razones fundamentales por las que la fluoroscopia resulta especialmente valiosa es su capacidad para seguir el trayecto de sustancias radiopacas administradas al paciente. Los medios de contraste yodados y las suspensiones de sulfato de bario poseen números atómicos elevados, lo que incrementa significativamente la absorción de rayos X en comparación con los tejidos blandos circundantes. Esta diferencia de atenuación genera un contraste radiológico marcado que delimita cavidades, conductos y vasos sanguíneos.
En el estudio del aparato gastrointestinal, por ejemplo, la ingestión o administración rectal de bario permite observar en tiempo real la deglución, el peristaltismo esofágico, el vaciamiento gástrico y el tránsito intestinal. De forma análoga, en el sistema genitourinario, la introducción de contraste facilita la evaluación de la permeabilidad de uréteres y la morfología de la vejiga urinaria. En el sistema vascular, la inyección selectiva de medios yodados revela la arquitectura arterial y venosa, así como posibles estenosis, aneurismas u obstrucciones.
La observación dinámica del desplazamiento del contraste no solo aporta información estructural, sino también datos sobre la funcionalidad y la sincronización de los movimientos internos. Esta dimensión funcional distingue a la fluoroscopia de otras modalidades estáticas y explica su relevancia clínica.
Arquitectura técnica y movilidad del sistema fluoroscópico
La obtención de imágenes dinámicas precisas exige una infraestructura tecnológica diseñada para permitir la variación controlada de ángulos y proyecciones. La unidad de fluoroscopia integra un tubo generador de rayos X capaz de desplazarse vertical y horizontalmente, un detector de imagen móvil y una mesa basculante sobre la que se posiciona el paciente.
La posibilidad de inclinar la mesa permite modificar la orientación gravitatoria del paciente, facilitando la distribución del medio de contraste y optimizando la visualización de determinadas regiones anatómicas. Asimismo, el movimiento coordinado del tubo y del detector posibilita seleccionar la proyección más adecuada para resaltar estructuras específicas y minimizar superposiciones.
Esta versatilidad mecánica responde a la necesidad de adaptar el estudio a la anatomía individual y a la sospecha clínica. Cada proyección ofrece información distinta, ya que la atenuación del haz depende del espesor y la composición de los tejidos atravesados. Por ello, el control preciso del posicionamiento constituye un elemento esencial para alcanzar una representación diagnóstica adecuada.
Aunque la fluoroscopia se caracteriza por su capacidad de mostrar movimiento continuo, durante la exploración pueden obtenerse imágenes instantáneas de mayor resolución, denominadas radiografías de detalle. Estas imágenes se capturan en momentos específicos en los que se desea documentar un hallazgo particular o analizar con mayor precisión una alteración observada durante la visualización dinámica.
La combinación de secuencias en movimiento con imágenes estáticas permite integrar información funcional y estructural en un mismo estudio. En exploraciones gastrointestinales con bario, por ejemplo, el especialista puede alternar entre la observación en tiempo real del tránsito y la adquisición de proyecciones fijas en distintos planos, con el fin de documentar irregularidades mucosas, defectos de llenado o alteraciones de la motilidad.
Este enfoque híbrido maximiza la sensibilidad diagnóstica, ya que permite correlacionar la dinámica fisiológica con la morfología anatómica detallada.
Aplicaciones en radiología intervencionista
En el ámbito de la radiología intervencionista, la fluoroscopia adquiere una dimensión terapéutica además de diagnóstica. Mediante la visualización continua del trayecto de catéteres, guías y dispositivos intravasculares, el operador puede dirigir con precisión instrumentos a través de vasos sanguíneos u otros conductos internos.
La administración selectiva de contraste yodado revela la anatomía vascular en tiempo real, permitiendo identificar estenosis, oclusiones o malformaciones. Esta información guía procedimientos como angioplastias, embolizaciones o colocación de prótesis intraluminales. La retroalimentación inmediata que proporciona la imagen fluoroscópica resulta indispensable para garantizar exactitud, minimizar complicaciones y confirmar el éxito del procedimiento antes de su finalización.
Precauciones sobre la dosis de radiación y protección
El empleo continuo de radiación ionizante implica una exposición acumulativa potencialmente superior a la de la radiografía convencional. Durante cada minuto de fluoroscopia se generan múltiples imágenes secuenciales, lo que equivale a la adquisición de numerosas radiografías en rápida sucesión. Esta característica explica por qué la dosis absorbida puede incrementarse de manera significativa si no se aplican medidas de optimización.
Desde el punto de vista radiobiológico, la radiación ionizante puede inducir ionización molecular y alteraciones en el material genético celular. Por ello, los principios de protección radiológica establecen que la exposición debe mantenerse tan baja como sea razonablemente posible, limitando el tiempo de fluoroscopia al estrictamente necesario, empleando colimación adecuada del haz y utilizando técnicas de pulsado en lugar de emisión continua cuando sea viable.
Las unidades móviles de fluoroscopia, aunque más compactas, mantienen características de peso y volumen considerables y requieren las mismas precauciones de blindaje y protección que los sistemas fijos. Tanto el personal sanitario como el paciente deben beneficiarse de barreras físicas, dispositivos de protección individual y monitorización de dosis para reducir riesgos acumulativos.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Herring, W. (2024). Radiología básica: Aspectos fundamentales (5.ª ed.). Elsevier España.
- Bushong, S. C. (2022). Manual de radiología para técnicos: Física, biología y protección radiológica (12.ª ed.). Elsevier.
- Formación en Radiología (FORA), Del Cura Rodríguez, J. L., Aquerreta Beola, J. D., Sendra Portero, F., & Carreira Villamor, J. (2021). Radiología básica: Método programado para el aprendizaje. Editorial Médica Panamericana.

