El nervio hipogloso constituye el duodécimo par craneal y representa uno de los componentes fundamentales del sistema nervioso encargado del control motor de estructuras relacionadas con la cavidad oral. Su función principal consiste en proporcionar inervación motora a los músculos de la lengua, estructuras musculares indispensables para actividades fisiológicas complejas como la masticación, la deglución, la articulación del lenguaje y la manipulación del bolo alimenticio dentro de la cavidad bucal. Además, el nervio hipogloso participa en la inervación de ciertos músculos asociados al aparato hioideo, específicamente los músculos de la región infrahioidea y el músculo geniohioideo, que pertenece a la región suprahioidea.
Desde una perspectiva funcional, este nervio es exclusivamente motor y sus fibras corresponden al sistema somatomotor general. Esto significa que su actividad está dirigida al control voluntario de músculos derivados de los somitas occipitales durante el desarrollo embrionario. Tales músculos incluyen los músculos intrínsecos de la lengua, responsables de modificar su forma, y los músculos extrínsecos, encargados de desplazarla en distintas direcciones dentro de la cavidad oral. Gracias a esta organización neuromuscular, la lengua puede ejecutar movimientos extremadamente precisos, necesarios tanto para la formación del lenguaje articulado como para la correcta preparación del alimento previo a la deglución.
La relevancia funcional del nervio hipogloso se hace evidente cuando se considera la complejidad de los movimientos linguales. Estos movimientos requieren una coordinación neuromuscular altamente especializada, ya que la lengua es una estructura muscular hidrostática que carece de soporte óseo interno. En consecuencia, el control ejercido por el nervio hipogloso debe ser extremadamente fino y adaptativo para permitir cambios rápidos de forma y posición que faciliten funciones digestivas, respiratorias y fonatorias.
Origen real
El origen real del nervio hipogloso se localiza en el núcleo del nervio hipogloso, una estructura neuronal situada en la médula oblongada. Este núcleo es de naturaleza somatomotora y forma parte del conjunto de núcleos motores del tronco encefálico responsables de la inervación de músculos derivados de los somitas.
Topográficamente, el núcleo se ubica en una posición profunda con respecto al piso del cuarto ventrículo, muy próximo al plano mediano del bulbo raquídeo. En la superficie del piso ventricular se proyecta formando una elevación conocida como trígono del nervio hipogloso. Esta región anatómica constituye un punto de referencia importante para la localización del núcleo dentro del tronco encefálico. Sin embargo, aunque su proyección superficial se aprecia en el piso del cuarto ventrículo, el núcleo mismo se extiende varios milímetros en profundidad dentro de la sustancia gris bulbar.
Desde el punto de vista neurofuncional, las neuronas del núcleo hipogloso reciben influencia directa de la corteza cerebral a través del tracto corticonuclear. Este sistema de fibras descendentes conecta las áreas motoras corticales con los núcleos motores de los nervios craneales, permitiendo el control voluntario de la musculatura de la cabeza y el cuello. En el caso del nervio hipogloso, esta relación con la corteza cerebral resulta esencial para la ejecución consciente de movimientos linguales complejos, como aquellos implicados en el habla.
Las fibras nerviosas originadas en este núcleo siguen un trayecto intrabulbar específico antes de emerger del tronco encefálico. Inicialmente se dirigen hacia adelante atravesando el parénquima de la médula oblongada. Durante este recorrido, las fibras pasan entre diversas estructuras importantes. En primer lugar, se sitúan entre el lemnisco medial y el núcleo ambiguo. Posteriormente continúan su trayectoria ubicándose entre el fascículo piramidal, que contiene las fibras motoras descendentes hacia la médula espinal, y el núcleo olivar inferior, estructura implicada en la coordinación motora.
Las fibras se dirigen hacia la superficie ventral del bulbo y emergen en una región específica localizada medialmente con respecto a la oliva inferior. Este trayecto refleja la compleja organización interna del tronco encefálico y evidencia cómo los núcleos motores deben atravesar diferentes sistemas neuronales antes de alcanzar la superficie del sistema nervioso central.
Origen aparente
El origen aparente del nervio hipogloso corresponde al punto donde las fibras nerviosas emergen visible y externamente del sistema nervioso central. En el caso de este nervio, dicha emergencia ocurre en la superficie anterior de la médula oblongada.
Las fibras del nervio no salen como un único tronco inicial, sino que emergen mediante múltiples filetes radiculares. Estos pequeños fascículos nerviosos se disponen alineados a lo largo de una depresión longitudinal conocida como surco preolivar. Este surco se localiza entre la pirámide bulbar, situada medialmente, y la oliva inferior, ubicada lateralmente.
La disposición en varios filetes radiculares refleja la distribución segmentaria de las neuronas motoras dentro del núcleo hipogloso. Posteriormente, estos filetes se reúnen progresivamente para constituir un tronco nervioso único que recibe el nombre de nervio hipogloso.
Esta región de emergencia tiene gran importancia anatómica y clínica. Debido a su proximidad con otras estructuras bulbares, lesiones en esta zona pueden comprometer simultáneamente varios sistemas neurológicos, lo que produce síndromes neurológicos complejos que incluyen alteraciones motoras de la lengua.
Trayecto
Una vez formado por la unión de sus filetes radiculares, el nervio hipogloso inicia un trayecto relativamente largo y complejo a través del cuello hasta alcanzar la lengua. Su recorrido implica el paso por diversas regiones anatómicas profundas, donde establece relaciones estrechas con vasos sanguíneos, músculos y otros nervios.
En su porción inicial, el nervio se dirige oblicuamente hacia abajo y hacia adelante desde la superficie del bulbo. Poco después abandona la cavidad craneal a través del conducto hipogloso, un canal óseo localizado en el hueso occipital. Este conducto constituye la vía de salida exclusiva del nervio desde el cráneo hacia las regiones cervicales profundas.
Al emerger del conducto hipogloso, el nervio penetra en el espacio retroestíleo, una región anatómica profunda del cuello situada por detrás del proceso estiloides y de los músculos asociados a esta estructura. En este espacio el nervio se relaciona con importantes elementos vasculonerviosos del cuello.
Durante su trayecto en esta región, el nervio se desplaza describiendo un recorrido tridimensional particular: progresa de arriba hacia abajo, de medial hacia lateral y de atrás hacia adelante. Esta orientación refleja la necesidad de dirigirse hacia las estructuras linguales ubicadas en la región anterior del cuello y del piso de la boca.
Posteriormente, el nervio describe una curva característica cuya concavidad se orienta hacia adelante y hacia arriba. Esta curvatura permite que el nervio se adapte a la disposición de los músculos suprahioideos y a la posición del hueso hioides. Tras realizar esta curva, el nervio emerge por debajo del músculo digástrico, una estructura muscular que delimita importantes regiones cervicales.
Después de este punto, el nervio cruza la parte superior de la región carotídea, una zona donde se encuentran grandes vasos del cuello como la arteria carótida y la vena yugular interna. En este trayecto el nervio pasa por encima del asta mayor del hueso hioides, estructura ósea que sirve de punto de inserción para múltiples músculos relacionados con la deglución y el movimiento lingual.
Continuando su recorrido, el nervio penetra en la celda submandibular, un compartimento anatómico que contiene la glándula submandibular, vasos sanguíneos y nervios importantes. Desde esta región se dirige hacia el piso de la boca, donde finalmente se distribuye en múltiples ramas destinadas a inervar los músculos de la lengua.
En su terminación, el nervio hipogloso se ramifica ampliamente dentro del tejido muscular lingual, asegurando una inervación motora precisa para los músculos intrínsecos y extrínsecos de la lengua. Esta compleja red terminal permite ejecutar los movimientos altamente especializados que caracterizan la función lingual humana.

Relaciones
El estudio de las relaciones anatómicas del nervio hipogloso reviste una gran importancia para comprender su trayectoria tridimensional a través de diversas regiones del cráneo y del cuello. A lo largo de su recorrido, este nervio establece contactos íntimos con estructuras vasculares, nerviosas y musculares que pertenecen a diferentes compartimentos anatómicos. Dichas relaciones no sólo tienen interés descriptivo, sino también un notable valor clínico, ya que permiten explicar los posibles mecanismos mediante los cuales determinadas lesiones, intervenciones quirúrgicas o procesos patológicos pueden comprometer su función.
Desde el punto de vista topográfico, las relaciones del nervio hipogloso se analizan habitualmente en varios segmentos consecutivos de su trayecto: su porción intracraneal, su paso por el conducto hipogloso, su recorrido en el espacio retroestíleo, su tránsito por la región carotídea superior, su paso por el triángulo submandibular y finalmente su distribución en el piso de la boca. En cada uno de estos sectores el nervio se integra dentro de complejos entramados anatómicos que condicionan tanto su posición como su orientación.
En la cavidad craneal
En su porción intracraneal, el nervio hipogloso se localiza inmediatamente por encima del foramen magno, región que constituye el gran orificio basal del cráneo a través del cual el encéfalo se continúa con la médula espinal. En este segmento inicial, el nervio se encuentra inmerso en el espacio subaracnoideo, rodeado por líquido cefalorraquídeo y envuelto por una prolongación de la piamadre que forma una delicada vaina protectora. Esta envoltura meníngea acompaña al nervio en su trayecto inicial y contribuye a su protección mecánica frente a las estructuras circundantes.
En este nivel, el nervio establece relaciones particularmente importantes con varias arterias de la circulación vertebrobasilar. El nervio pasa por detrás de la arteria vertebral, vaso que asciende a lo largo de la superficie anterior del bulbo raquídeo para participar en la formación de la arteria basilar. Esta relación implica que el nervio se sitúa en una posición posterior con respecto a dicho vaso, lo cual tiene relevancia quirúrgica en procedimientos que implican la región craneovertebral.
Asimismo, el nervio se sitúa por delante de la arteria cerebelosa inferior posterior, una de las principales ramas de la arteria vertebral encargada de irrigar la porción inferior del cerebelo y áreas del bulbo. Esta disposición anatómica crea un delicado equilibrio espacial entre el nervio y los vasos que lo rodean.
Además, el nervio mantiene relación con las raíces espinales del nervio accesorio, las cuales ascienden desde la médula cervical superior hacia la cavidad craneal. Estas raíces se encuentran situadas posteriormente con respecto al nervio hipogloso. En conjunto, estas relaciones evidencian la elevada densidad anatómica de la región, donde múltiples estructuras nerviosas y vasculares convergen en un espacio relativamente reducido.
En su travesía por el conducto hipogloso
Al abandonar la cavidad craneal, el nervio hipogloso atraviesa el conducto hipogloso, un canal óseo situado en el hueso occipital. Este conducto constituye una vía de comunicación entre la cavidad craneal y las regiones profundas del cuello.
Durante su paso por este canal, el nervio no se encuentra aislado. Lo acompaña un plexo venoso que ocupa parcialmente el espacio del conducto. Este plexo forma parte de la compleja red venosa que drena la región craneal posterior y establece múltiples comunicaciones con otros sistemas venosos.
Medialmente, dicho plexo venoso se anastomosa con el plexo venoso del foramen magno, una red vascular que rodea el límite entre el encéfalo y la médula espinal. Hacia el exterior del cráneo, estas venas se continúan con las venas de la región nucal y también establecen conexiones con el seno petroso inferior, uno de los senos venosos durales encargados de drenar sangre desde la base del cráneo hacia la vena yugular interna.
Estas conexiones venosas evidencian la continuidad entre los sistemas venosos intracraneales y extracraneales. Además, explican la posible propagación de infecciones o trombosis a través de estas redes vasculares.
En el espacio retroestíleo
Tras salir del conducto hipogloso, el nervio penetra en el espacio retroestíleo, una región profunda del cuello situada por detrás del proceso estiloides y de los músculos que se insertan en él. Este espacio contiene numerosas estructuras neurovasculares de gran importancia.
En la porción inicial de este espacio, el nervio hipogloso ocupa la posición más posterior y medial entre los elementos presentes en la región. Desde allí se dirige oblicuamente hacia abajo y hacia lateral, modificando progresivamente su relación con las estructuras circundantes.
Durante este trayecto, el nervio cruza la cara lateral de dos importantes formaciones nerviosas: el ganglio inferior del nervio vago, también denominado ganglio plexiforme, y el ganglio cervical superior del sistema simpático. Estas estructuras ganglionares se interponen entre el nervio hipogloso y la arteria carótida interna, actuando como elementos de separación anatómica.
Posteriormente, el nervio pasa por detrás del nervio vago y continúa inclinándose hacia adelante. A medida que avanza, se sitúa medialmente con respecto a la vena yugular interna, uno de los principales vasos venosos del cuello. En esta posición contornea la cara lateral tanto del nervio vago como de la arteria carótida interna, estableciendo una relación de proximidad que resulta fundamental para la comprensión de la anatomía vascular y nerviosa del cuello profundo.
En su trayecto inferior, el nervio se encuentra situado en la cara profunda del músculo digástrico. En esta región cruza la arteria occipital, una rama de la arteria carótida externa encargada de irrigar la región posterior del cuero cabelludo. Finalmente, el nervio aparece por debajo del borde inferior del vientre posterior del músculo digástrico, lo cual marca su transición hacia regiones más anteriores del cuello.
En la región carotídea superior
En la región carotídea superior, el nervio hipogloso adquiere un papel anatómico importante al formar el borde superior de una zona triangular conocida como triángulo de Farabeuf. Este triángulo constituye un punto de referencia clásico en la anatomía quirúrgica del cuello.
Los límites de este triángulo están definidos posteriormente por la vena yugular interna y, en su parte inferior y anterior, por la vena facial. Dentro de esta área se localizan importantes elementos vasculares relacionados con el sistema carotídeo.
En este segmento del trayecto, el nervio hipogloso rodea la cara lateral de la arteria carótida externa. Este rodeamiento se produce por debajo del origen de la arteria occipital. Debido a la manera en que el nervio se arquea alrededor de este vaso, algunos autores han descrito que el nervio “le da el brazo” a la arteria occipital, expresión utilizada por Gregoire para describir gráficamente esta relación anatómica.
Posteriormente, el nervio cruza lateralmente las ramas lingual y, en algunos casos, la arteria facial, ambas derivadas de la arteria carótida externa. Estas relaciones son especialmente relevantes durante procedimientos quirúrgicos en la región cervical superior, ya que el nervio puede encontrarse en proximidad inmediata con estos vasos.
En el triángulo submandibular (región suprahioidea lateral)
En el triángulo submandibular, el nervio hipogloso se encuentra parcialmente oculto por la glándula submandibular. Esta glándula salival mayor puede cubrir en mayor o menor grado el hueso hioides, lo cual condiciona la visibilidad y accesibilidad del nervio en esta región.
Inicialmente, el nervio se localiza en el interior de un pequeño espacio triangular conocido como triángulo de Béclard. Este triángulo está delimitado lateralmente por el músculo hiogloso, superiormente por el vientre posterior del músculo digástrico y por el músculo estilohioideo, e inferiormente por el asta mayor del hueso hioides.
Posteriormente, el nervio cruza medialmente estas estructuras y participa en la delimitación de otro espacio anatómico denominado triángulo de Pirogoff. Este triángulo se sitúa por detrás del borde posterior del músculo milohioideo, por debajo del nervio lingual y por encima del tendón intermedio del músculo digástrico.
A lo largo de este trayecto, el nervio hipogloso se aplica directamente sobre la cara superficial del músculo hiogloso. Este músculo actúa como una barrera anatómica que separa al nervio de la arteria lingual, vaso que discurre profundamente con respecto a él.
Durante este recorrido, el nervio pasa profundamente a varias estructuras importantes: la glándula submandibular, el vientre posterior del músculo digástrico, el tendón intermedio de este músculo y el músculo estilohioideo. Además, el nervio se encuentra acompañado por la vena lingual, vaso que participa en el drenaje venoso de la lengua.
Cuando el nervio se aproxima a la celda sublingual, su posición se vuelve profunda con respecto al borde posterior del músculo milohioideo, lo cual marca su transición hacia el piso de la cavidad oral.
En el piso de la boca
En su porción terminal, el nervio hipogloso penetra en el piso de la boca, región anatómica situada por debajo de la lengua y delimitada por diversos músculos suprahioideos.
En esta zona, el nervio se ubica por debajo del conducto submandibular, el cual transporta la saliva producida por la glándula submandibular hacia la cavidad oral. Esta relación topográfica es importante debido a que ambos elementos se encuentran en estrecha proximidad durante su trayecto.
El nervio ocupa la parte más inferior de esta región anatómica. Lateralmente se relaciona con el músculo milohioideo, que forma el diafragma muscular del piso de la boca, mientras que medialmente se encuentra en contacto con el músculo geniogloso, uno de los principales músculos encargados de protruir la lengua.
A medida que avanza hacia adelante, el nervio asciende progresivamente en dirección a la punta de la lengua. Finalmente, al llegar por delante del borde anterior del músculo hiogloso, el nervio se divide en varios ramos terminales que penetran en la masa muscular lingual.
Estas ramas terminales se distribuyen entre los músculos intrínsecos y extrínsecos de la lengua, permitiendo el control motor preciso que caracteriza a esta estructura altamente especializada. Gracias a esta compleja red de inervación, la lengua puede realizar movimientos coordinados indispensables para funciones como la fonación, la masticación y la deglución.
Distribución
La distribución del nervio hipogloso comprende el conjunto de ramos que este emite a lo largo de su trayecto desde la base del cráneo hasta el interior de la lengua. Aunque se trata de un nervio fundamentalmente motor, su organización periférica es compleja debido a las múltiples conexiones que establece con otros nervios cervicales y craneales. Estas interacciones generan una red de comunicación funcional que permite coordinar los movimientos de la lengua con la actividad de los músculos del cuello y del aparato hioideo.
Desde el punto de vista anatómico, la distribución del nervio hipogloso se organiza en tres grandes grupos de ramas: ramos colaterales, que se desprenden durante su trayecto cervical; ramos musculares, destinados a diferentes músculos relacionados con el aparato lingual y hioideo; y ramos terminales, que constituyen la arborización final dentro del tejido muscular de la lengua. A estas ramas se añaden numerosas comunicaciones nerviosas que contribuyen a integrar la función motora lingual con otras estructuras neuromusculares del cuello.
Ramos colaterales
Entre los primeros ramos que emite el nervio hipogloso se encuentra un ramo meníngeo intracraneal. Este pequeño nervio se origina mientras el nervio atraviesa el conducto hipogloso. Tras su nacimiento, el ramo se dirige nuevamente hacia el interior de la cavidad craneal, donde se distribuye en diversas estructuras de la base del cráneo.
Su territorio de distribución comprende principalmente el tejido óseo esponjoso del hueso occipital, conocido como diploe occipital, así como la pared anterior de la fosa craneal posterior. Además, participa en la inervación de la duramadre que recubre determinadas estructuras venosas intracraneales, específicamente el seno occipital y el seno petroso inferior. Este ramo meníngeo contribuye a la sensibilidad de las meninges en esta región, lo cual tiene importancia en los mecanismos de percepción del dolor intracraneal.
Después de abandonar el cráneo, el nervio hipogloso emite varios ramos comunicantes con otras estructuras nerviosas. Entre los más importantes se encuentran los ramos destinados al nervio vago y al plexo cervical.
En el espacio retroestíleo, estas comunicaciones proceden de un arco nervioso formado por los dos primeros nervios cervicales, situados anteriormente al atlas. Desde este arco se originan pequeños filetes nerviosos que se dirigen medialmente para alcanzar el nervio hipogloso a la altura del ganglio inferior del nervio vago. Algunos de estos filetes terminan directamente en dicho ganglio, estableciendo conexiones funcionales entre el sistema motor lingual y los sistemas nerviosos que participan en la regulación de funciones viscerales y faríngeas.
Raíz superior del asa cervical
Uno de los elementos más importantes relacionados con el nervio hipogloso es la raíz superior del asa cervical. Tradicionalmente se la denominó “ramo descendente del hipogloso”, debido a que durante un segmento inicial de su recorrido parece originarse directamente de este nervio craneal.
Sin embargo, los estudios de microdisección y de neuroanatomía funcional han demostrado que esta estructura no corresponde realmente a una rama del nervio hipogloso. En realidad, está formada por fibras procedentes del primer nervio espinal cervical. Estas fibras acompañan al nervio hipogloso durante una parte de su trayecto extracraneal, lo cual explica la antigua interpretación anatómica.
Debido a esta procedencia espinal, actualmente se denomina raíz superior del asa cervical. Durante su recorrido inicial, esta raíz sigue estrechamente al nervio hipogloso, lo que crea la impresión de que emerge de él. Posteriormente se separa del nervio en el punto donde este describe la curva característica alrededor de la arteria occipital.
Una vez separada, la raíz superior del asa cervical se sitúa dentro de la vaina que rodea la arteria carótida interna. A partir de allí desciende siguiendo primero el trayecto de esta arteria y luego el de la arteria carótida común. Continúa su recorrido hasta alcanzar el nivel en el que la arteria carótida común es cruzada por el músculo omohioideo.
En esta región, la raíz superior se une con una rama procedente del plexo cervical profundo. La unión de ambas estructuras forma el asa cervical, un lazo nervioso que desempeña un papel fundamental en la inervación motora de varios músculos infrahioideos.
Desde esta asa cervical se originan ramas destinadas a los músculos infrahioideos más importantes, entre ellos:
- el músculo omohioideo
- el músculo esternohioideo
- el músculo esternotiroideo
Los estudios de microdisección han demostrado que la inervación de estos músculos no procede del núcleo motor del nervio hipogloso. Por el contrario, las fibras motoras responsables pertenecen a los nervios cervicales espinales y alcanzan estos músculos a través del ramo descendente que acompaña inicialmente al nervio hipogloso. Esta observación confirma que el nervio hipogloso funciona en este contexto principalmente como una vía de conducción para fibras espinales cervicales.
Ramos musculares
A lo largo de su trayecto hacia la lengua, el nervio hipogloso emite varias ramas musculares destinadas a diferentes músculos que participan en la movilidad lingual y en la dinámica del aparato hioideo.
- Ramo para el músculo tirohioideo : El ramo destinado al músculo tirohioideo se origina por detrás del borde posterior del músculo hiogloso. Desde su punto de origen, este nervio se dirige en sentido inferior y anterior. Durante su recorrido cruza lateralmente el cuerno mayor del hueso hioides y finalmente penetra en la porción superior del músculo tirohioideo, donde distribuye sus fibras motoras.
- Ramo para el músculo estilogloso: El ramo que inerva el músculo estilogloso nace a nivel de la cara lateral del músculo hiogloso. Desde allí sigue un trayecto oblicuo dirigido hacia arriba y hacia atrás, penetrando en el músculo estilogloso a través de su borde inferior. Esta disposición permite que el nervio alcance el vientre muscular responsable de retraer y elevar la lengua.
- Ramo para el músculo hiogloso: El ramo destinado al músculo hiogloso puede originarse directamente del nervio hipogloso o bien desprenderse del ramo que previamente se dirige al músculo estilogloso. Desde su origen, el nervio penetra el músculo hiogloso a través de su cara lateral, proporcionando la inervación necesaria para los movimientos de descenso y retracción de la lengua.
- Ramo para el músculo geniohioideo: El ramo destinado al músculo geniohioideo se origina en la celda sublingual, específicamente en la cara lateral del músculo hiogloso. Desde su punto de origen, el nervio se dirige hacia abajo y hacia adelante hasta alcanzar la cara lateral del músculo geniohioideo, donde distribuye sus fibras motoras. Este músculo desempeña un papel importante en la elevación del hueso hioides y en la apertura inicial de la cavidad oral durante la deglución.
Ramos terminales
Al aproximarse a la región anterior de la lengua, el nervio hipogloso se divide en múltiples ramos terminales que se expanden dentro del macizo muscular lingual. Estos ramos adoptan una disposición en abanico orientada hacia arriba, penetrando profundamente en el tejido muscular de la lengua.
Desde este abanico nervioso se originan las fibras motoras destinadas a los músculos linguales. Dichos músculos pueden clasificarse en tres grupos principales según su organización anatómica y funcional.
- Músculos intrínsecos de la lengua: Los músculos intrínsecos se localizan completamente dentro del tejido lingual y se encargan de modificar la forma de la lengua. Entre ellos se encuentran:
- el músculo longitudinal superior
- el músculo longitudinal inferior
- el músculo transverso
Estos músculos permiten acortar, alargar, estrechar o ensanchar la lengua, generando movimientos muy precisos necesarios para la articulación del lenguaje y la manipulación del alimento.
- Músculos extrínsecos de la lengua: Los músculos extrínsecos se originan en estructuras óseas o fibrosas externas a la lengua y se insertan en ella, produciendo movimientos globales de desplazamiento. Entre ellos se encuentran:
- el músculo geniogloso
- el músculo hiogloso
- el músculo estilogloso
Estos músculos permiten protruir, retraer, elevar o deprimir la lengua dentro de la cavidad oral.
- Músculos con inserciones faríngeas: Existen además algunos músculos relacionados con la región faríngea que presentan inserciones linguales. Entre ellos destacan:
- el músculo palatogloso
- la porción glosofaríngea del músculo constrictor superior de la faringe
- el músculo amigdalogloso
Estos músculos participan en la coordinación funcional entre la lengua, el paladar blando y la faringe, especialmente durante el proceso de deglución.
Comunicaciones
El nervio hipogloso establece múltiples comunicaciones con otras estructuras nerviosas del cuello. Entre ellas destacan las conexiones con el sistema nervioso simpático, específicamente con el ganglio cervical superior, así como las comunicaciones con el nervio vago y con el plexo cervical.
Estas conexiones no se realizan únicamente a través del asa cervical, sino también mediante los dos primeros nervios cervicales, cuyos filetes acompañan al nervio hipogloso durante una parte de su recorrido.
La función principal de estas comunicaciones consiste en aportar al nervio hipogloso fibras motoras destinadas a los músculos infrahioideos. Estas fibras no se originan en el núcleo del nervio hipogloso dentro del tronco encefálico, sino en las raíces espinales cervicales. Por esta razón, aunque estas fibras utilizan el trayecto del nervio hipogloso durante una parte de su recorrido, su origen funcional pertenece al sistema nervioso espinal.
Ramos comunicantes con el nervio lingual: El nervio hipogloso también establece conexiones con el nervio lingual mediante dos o tres pequeños ramos comunicantes. Estas ramas se desprenden del hipogloso y se dirigen hacia el nervio lingual describiendo un asa cuya concavidad se orienta hacia atrás. Este trayecto se desarrolla sobre la cara lateral del músculo hiogloso. Estas comunicaciones constituyen conexiones anatómicas entre un nervio motor y un nervio predominantemente sensitivo, lo que favorece la coordinación entre los movimientos de la lengua y la sensibilidad de la mucosa lingual. Facilitan la integración funcional entre la motricidad lingual y la sensibilidad de la mucosa oral, contribuyendo a la coordinación de los complejos movimientos implicados en el habla y la deglución.
Anatomía funcional
El nervio hipogloso constituye el principal sistema de control motor de la lengua y representa una vía neural esencial para la ejecución de múltiples funciones orales y orofaríngeas. Desde el punto de vista fisiológico, su actividad se dirige casi exclusivamente a la inervación motora de la musculatura lingual. Esto implica que su papel fundamental consiste en transmitir impulsos motores originados en el sistema nervioso central hacia los músculos que permiten la movilidad y la modificación de la forma de la lengua.
La lengua es un órgano muscular altamente especializado cuya función no se limita únicamente a la manipulación del alimento dentro de la cavidad oral. Su participación se extiende a procesos fisiológicos complejos que involucran la coordinación entre diversas estructuras del aparato digestivo superior y del sistema fonatorio. En este contexto, el nervio hipogloso actúa como el principal mediador neuromotor que permite la ejecución precisa y sincronizada de los movimientos linguales.
Las neuronas motoras que originan las fibras del nervio hipogloso se localizan en el núcleo hipogloso del tronco encefálico, desde donde proyectan sus axones hacia la musculatura de la lengua. Estas fibras motoras permiten activar tanto los músculos intrínsecos, que modifican la forma de la lengua, como los músculos extrínsecos, que producen desplazamientos globales del órgano dentro de la cavidad oral. Gracias a esta doble acción, el nervio hipogloso posibilita la realización de movimientos extremadamente finos y precisos, indispensables para diversas funciones vitales.
Participación en la masticación
Durante el proceso de masticación, la lengua desempeña un papel fundamental en la manipulación del alimento dentro de la cavidad oral. Los movimientos coordinados de este órgano permiten posicionar el alimento entre las superficies oclusales de los dientes, facilitando su trituración por acción de los músculos masticadores.
El nervio hipogloso interviene en esta función al controlar los movimientos de desplazamiento, elevación, depresión y retracción de la lengua. Estos movimientos permiten recoger los fragmentos alimenticios dispersos dentro de la cavidad oral y concentrarlos nuevamente entre los dientes para continuar el proceso de trituración. Además, la lengua contribuye a la mezcla del alimento con la saliva, lo que favorece la formación del bolo alimenticio.
Los músculos intrínsecos de la lengua, inervados por el nervio hipogloso, permiten modificar la forma del órgano para adaptarse a las distintas fases de la masticación. Al mismo tiempo, los músculos extrínsecos producen desplazamientos más amplios que ayudan a redistribuir el alimento dentro de la cavidad oral. De esta manera, la actividad del nervio hipogloso asegura una manipulación eficaz del alimento antes de su deglución.
Participación en la deglución
La deglución es un proceso complejo que implica la coordinación de múltiples estructuras musculares de la cavidad oral, la faringe y el esófago. Durante la fase oral de la deglución, la lengua desempeña un papel esencial en la propulsión del bolo alimenticio hacia la orofaringe.
El nervio hipogloso permite que la lengua realice movimientos de elevación y presión contra el paladar duro, lo que genera una fuerza propulsiva que impulsa el bolo hacia la parte posterior de la cavidad oral. Este desplazamiento requiere una secuencia de contracciones musculares perfectamente coordinadas, en las cuales participan tanto los músculos intrínsecos como los extrínsecos de la lengua.
Además, la lengua debe adoptar una forma específica durante este proceso, creando una especie de canal que dirige el bolo hacia la faringe. Esta modificación morfológica es posible gracias a la acción de los músculos intrínsecos, cuyo control depende directamente del nervio hipogloso.
Una alteración en la función de este nervio puede comprometer gravemente la fase oral de la deglución, generando dificultades para movilizar el alimento hacia la faringe y aumentando el riesgo de aspiración o de acumulación de residuos alimenticios en la cavidad oral.
Participación en la fonación
La lengua es uno de los órganos más importantes en la producción del lenguaje articulado. La fonación no depende únicamente de la vibración de las cuerdas vocales en la laringe, sino también de la modificación del flujo de aire mediante la acción de estructuras móviles dentro de la cavidad oral. Entre estas estructuras, la lengua desempeña un papel central.
El nervio hipogloso controla los movimientos de la lengua que permiten modificar la posición y la forma de este órgano durante la producción de los distintos sonidos del habla. Cambios muy sutiles en la posición de la lengua con respecto al paladar, a los dientes y al piso de la boca generan variaciones en la resonancia del aire expulsado desde los pulmones.
Estos ajustes requieren un control neuromuscular extremadamente preciso. Las fibras motoras del nervio hipogloso permiten realizar movimientos rápidos y finamente regulados que hacen posible la articulación de los fonemas característicos del lenguaje humano. La coordinación entre la lengua, los labios, el paladar y la laringe depende en gran medida de la integridad funcional de este nervio.
Cuando el nervio hipogloso sufre una lesión, los movimientos linguales se vuelven torpes o limitados, lo que puede producir alteraciones en la articulación del lenguaje conocidas como disartria.
Función vasomotora indirecta
Aunque el nervio hipogloso es fundamentalmente motor, también participa indirectamente en la regulación del tono vascular de ciertas arterias del cuello. Esta función no se debe a fibras propias originadas en su núcleo motor, sino a fibras simpáticas que se incorporan al nervio a través de sus comunicaciones con el ganglio cervical superior del sistema nervioso simpático.
Estas fibras simpáticas se distribuyen hacia las ramas de la arteria carótida externa que se encuentran próximas al trayecto del nervio. Su acción se relaciona con la regulación vasomotora, es decir, con la modulación del calibre de los vasos sanguíneos mediante fenómenos de vasoconstricción o vasodilatación.
De esta manera, el nervio hipogloso actúa como una vía de conducción para fibras simpáticas que contribuyen a la regulación de la circulación sanguínea en determinadas regiones de la cabeza y del cuello.
Importancia clínica
Desde el punto de vista clínico y quirúrgico, el nervio hipogloso posee una gran relevancia debido a su exposición durante diversos procedimientos realizados en el cuello. En particular, el nervio puede quedar al descubierto durante las intervenciones destinadas a la extirpación de ganglios linfáticos cervicales, conocidas como vaciamientos ganglionares cervicales.
Durante estos procedimientos quirúrgicos se procura preservar cuidadosamente el nervio hipogloso, ya que su lesión puede producir alteraciones funcionales significativas. Incluso cuando la parálisis afecta únicamente a un lado del nervio, las consecuencias pueden ser importantes.
La parálisis unilateral del nervio hipogloso provoca debilidad de los músculos linguales del lado afectado. Como resultado, la lengua tiende a desviarse hacia ese lado cuando el paciente intenta protruirla, debido a la acción no contrarrestada de los músculos del lado opuesto. Esta alteración puede generar dificultades en la masticación, problemas para manipular el alimento dentro de la cavidad oral y trastornos en la articulación del habla.
Cuando la lesión es bilateral, las consecuencias son aún más graves, ya que se compromete de manera significativa la movilidad de la lengua. En estos casos pueden aparecer trastornos severos de la deglución y del habla, lo que evidencia la importancia fundamental del nervio hipogloso en la fisiología de las funciones orales.

Fuente y lecturas recomendadas:
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