La malformación conocida como vesícula biliar doble constituye una alteración congénita infrecuente del sistema hepatobiliar, cuya primera descripción sistemática se atribuye a Edward Allen Boyden en el año 1926. La baja incidencia estimada, que oscila aproximadamente entre un caso por cada 3800 a 5000 individuos, se explica desde una perspectiva embriológica: durante el desarrollo del intestino anterior, la vesícula biliar se origina a partir de una evaginación del divertículo hepático. Cualquier duplicación parcial o completa de este primordio puede dar lugar a la formación de dos estructuras vesiculares, ya sea por división temprana del esbozo o por la aparición de un brote accesorio independiente.
Este fenómeno no solo es raro, sino que además presenta una notable heterogeneidad morfológica, lo que ha motivado su estudio detallado desde principios del siglo veinte. Las descripciones iniciales de Boyden marcaron un punto de inflexión al reconocer que no se trataba de una simple curiosidad anatómica, sino de una variación con implicaciones clínicas relevantes.
Diagnóstico
La dificultad en el diagnóstico y tratamiento de la vesícula biliar doble radica en la gran variabilidad de su anatomía. Desde el punto de vista quirúrgico y radiológico, el sistema biliar presenta una organización altamente variable incluso en individuos sin malformaciones, por lo que la presencia de duplicación añade un nivel adicional de complejidad.
Los cirujanos deben ser conscientes de la anatomía biliar extremadamente rara de una vesícula biliar doble, en particular del hecho de que esta anomalía con frecuencia pasa desapercibida en la ecografía abdominal preoperatoria
Esta variabilidad puede conducir a errores de interpretación en estudios de imagen o durante procedimientos quirúrgicos, incrementando el riesgo de complicaciones como hemorragia o fuga biliar. La hemorragia puede originarse por la lesión inadvertida de estructuras vasculares asociadas, mientras que la fuga biliar suele derivarse de la sección accidental de conductos no identificados.
La vesícula biliar accesoria puede localizarse dentro del hígado (intrahepática) y puede simular una masa quística hepática con comunicación biliar, imitando neoplasias papilares intraductales quísticas del conducto biliar o enfermedad de Caroli localizada, siendo el diagnóstico definitivo revelado únicamente mediante el estudio histológico tras una hepatectomía parcial.
Por esta razón, el abordaje preoperatorio adquiere una importancia crítica. La correcta identificación de la anatomía permite planificar la estrategia quirúrgica, reducir la incertidumbre intraoperatoria y minimizar eventos adversos. En términos fisiopatológicos, una comprensión incompleta del patrón de drenaje biliar puede traducirse en intervenciones incompletas o iatrogénicas.
Clasificación
La clasificación propuesta por Edward Allen Boyden se basa en la relación estructural entre las vesículas y sus conductos. En el Tipo I, existe una vesícula dividida con comunicación interna, lo que indica que ambas cavidades comparten un origen común y mantienen continuidad luminal; esto sugiere una partición incompleta del primordio embrionario.
En el Tipo II, la configuración en forma de Y refleja la existencia de dos vesículas independientes sin comunicación directa, pero cuyos conductos císticos confluyen antes de alcanzar el conducto biliar común. Este patrón implica un desarrollo duplicado con convergencia secundaria.
El Tipo III, con disposición en forma de H, representa el grado máximo de independencia anatómica, donde cada vesícula posee su propio conducto que desemboca de manera separada. Este patrón es particularmente relevante clínicamente, ya que incrementa la probabilidad de errores quirúrgicos si no se identifican ambos conductos.
Clasificación de Harlaftis
Posteriormente, la clasificación de Harlaftis N. refinó el enfoque al centrarse en el patrón de drenaje hacia el conducto biliar común. En el Tipo I, ambas vesículas drenan a través de un único conducto cístico, lo que implica una integración funcional parcial.
En el Tipo II, la presencia de dos conductos císticos independientes refleja una duplicación más completa, con implicaciones directas en la técnica quirúrgica, ya que ambos deben ser identificados y controlados.
El Tipo III describe variantes aún más complejas, incluyendo duplicaciones múltiples o incluso triplicaciones, lo que sugiere alteraciones profundas en la organogénesis del sistema biliar. Esta clasificación resulta especialmente útil desde el punto de vista clínico, ya que se correlaciona mejor con las decisiones terapéuticas.
Manifestaciones clínicas
El síntoma más frecuente asociado a esta malformación es la presencia de cálculos biliares. Desde una perspectiva fisiológica, la duplicación puede favorecer la estasis biliar, es decir, una disminución del flujo normal de la bilis. Esta estasis crea un entorno propicio para la precipitación de componentes como colesterol o bilirrubina, lo que conduce a la formación de cálculos.
Además, la anatomía anómala puede dificultar el vaciamiento adecuado de una o ambas vesículas, lo que incrementa la probabilidad de inflamación crónica y episodios recurrentes de dolor abdominal. La coexistencia de dos reservorios biliares implica también que la enfermedad puede persistir si una de las vesículas no es tratada.
Exámenes auxiliares
En el diagnóstico, la colangiopancreatografía por resonancia magnética se basa en principios de la resonancia magnética nuclear y ofrece la ventaja de ser no invasiva. Al combinar secuencias ponderadas en T uno y T dos, permite visualizar con alta resolución los conductos biliares y distinguir variantes anatómicas sin necesidad de instrumentación directa.
Esta técnica reduce el riesgo de lesiones iatrogénicas al proporcionar un mapa detallado previo a la cirugía. Su utilidad es particularmente relevante en anomalías complejas, donde la identificación precisa de los conductos es esencial.
Cuando la anatomía no es claramente definida antes de la cirugía, la colangiografía intraoperatoria se convierte en una herramienta indispensable. Este procedimiento permite la visualización en tiempo real del árbol biliar mediante la inyección de contraste, facilitando la identificación de conductos aberrantes.
Un aspecto crítico es la diferenciación entre conductos císticos duplicados y conductos hepáticos aberrantes, especialmente los del sector posterior derecho. La confusión entre estas estructuras puede llevar a lesiones graves con consecuencias funcionales significativas, como estenosis o fugas persistentes.
Tratamiento
El tratamiento de elección en pacientes sintomáticos es la cirugía, específicamente la colecistectomía. Desde un enfoque racional, la resección de ambas vesículas es necesaria para evitar la persistencia de síntomas o la recurrencia de la enfermedad. Si solo se extirpa una de ellas, la otra puede continuar siendo fuente de cálculos o inflamación.
El abordaje puede ser laparoscópico o abierto, dependiendo de la complejidad anatómica y del estado inflamatorio. La cirugía laparoscópica ofrece ventajas en términos de recuperación, pero requiere una identificación anatómica precisa para evitar complicaciones.
En presencia de inflamación significativa, como en la colecistitis aguda, el tejido circundante se encuentra edematoso y friable, lo que dificulta la disección. En este contexto, la colecistectomía laparoscópica urgente incrementa el riesgo de lesiones tanto de los conductos biliares como de las estructuras vasculares.
Esto se debe a que la inflamación distorsiona los planos anatómicos normales, haciendo más difícil distinguir entre estructuras. Por ello, en algunos casos puede ser prudente diferir la cirugía o convertir a un abordaje abierto para mejorar la seguridad del procedimiento.
La falta de reconocimiento de una vesícula biliar doble en un paciente sintomático ha obligado en algunos casos a realizar una segunda colecistectomía para tratar la enfermedad por cálculos biliares persistente, debido a la omisión de la segunda vesícula. Sin embargo, en la actualidad no existe indicación de realizar colecistectomía en pacientes asintomáticos cuando la duplicación vesicular se detecta de manera incidental durante estudios de imagen realizados por otras causas.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Musleh, M. G., Burnett, H., Rajashanker, B., & Ammori, B. J. (2017). Laparoscopic double cholecystectomy for duplicated gallbladder: A case report. International journal of surgery case reports, 41, 502–504. https://doi.org/10.1016/j.ijscr.2017.11.046
- Poh, W. S., Menon, T., Wijesuriya, R., & Misur, P. (2022). Duplicated gallbladder with double cystic duct: hidden in plain sight. Journal of surgical case reports, 2022(1), rjab633. https://doi.org/10.1093/jscr/rjab633
- Yang, Z., Xue, F., Wang, Y., & Gu, J. (2023). Sequential laparoscopic cholecystectomy for H-type double gallbladder. Asian journal of surgery, S1015-9584(23)01684-6. Advance online publication. https://doi.org/10.1016/j.asjsur.2023.10.072

