Impacto del cribado en la prevención de la mortalidad por cáncer de mama, colorrectal, pulmón y cuello uterino
Impacto del cribado en la prevención de la mortalidad por cáncer de mama, colorrectal, pulmón y cuello uterino

Impacto del cribado en la prevención de la mortalidad por cáncer de mama, colorrectal, pulmón y cuello uterino

La detección mediante pruebas de cribado puede prevenir muertes por cáncer porque modifica la historia natural de determinados tumores en un momento en el que todavía existe una oportunidad terapéutica sustancial. El principio fundamental no consiste simplemente en diagnosticar más cánceres, sino en identificar lesiones malignas o precursoras antes de que progresen hasta una enfermedad clínicamente avanzada, cuando la probabilidad de curación disminuye. La evidencia procedente de ensayos clínicos aleatorizados demuestra que este mecanismo puede traducirse en una reducción de la mortalidad específica por cáncer de mama, colon, pulmón y cuello uterino, aunque la magnitud del beneficio, el tipo de prueba y la vía mediante la cual se obtiene difieren considerablemente entre estos cuatro cánceres.

EL CRIBADO SALVA VIDAS
EL CRIBADO SALVA VIDAS

Principio general: cómo el cribado puede evitar una muerte por cáncer

Un cáncer no aparece necesariamente de manera súbita en el momento en que produce síntomas. En muchos tumores existe una fase preclínica durante la cual las células malignas ya están presentes, pero la enfermedad todavía no ha producido manifestaciones suficientes para provocar una consulta médica. El cribado intenta desplazar el momento del diagnóstico hacia esta fase. La consecuencia potencialmente decisiva es que el tumor puede encontrarse con menor tamaño, menor carga tumoral y menor probabilidad de invasión regional o diseminación metastásica. En esas circunstancias, los tratamientos locales o sistémicos tienen una probabilidad mayor de eliminar todas las células malignas y, por tanto, de impedir la muerte posterior por la enfermedad. Esta relación entre cribado, características pronósticas del tumor y mortalidad está particularmente bien documentada para el cáncer de mama.

Sin embargo, detectar antes no garantiza por sí mismo que una persona vaya a vivir más tiempo. Existe el fenómeno del sobrediagnóstico, mediante el cual un programa de cribado identifica tumores que nunca habrían producido síntomas ni causado la muerte durante la vida de la persona. También puede producirse un aumento aparente de la supervivencia simplemente porque el diagnóstico se adelanta, aunque la fecha de muerte no cambie. Por esta razón, la demostración científicamente sólida de que un programa de cribado salva vidas requiere preferentemente ensayos aleatorizados en los que se compare la mortalidad entre personas invitadas al cribado y personas que no lo reciben, y no únicamente una mayor proporción de diagnósticos en fases tempranas.

La prevención de la mortalidad puede producirse mediante dos mecanismos principales. El primero es la detección precoz de un cáncer invasivo, que permite tratarlo antes de que alcance una fase incurable. El segundo es la detección de lesiones precursoras, que permite eliminarlas antes de que se transformen en cáncer invasivo. El segundo mecanismo es especialmente importante en el cáncer colorrectal y en el cáncer de cuello uterino, porque determinadas lesiones precursoras pueden identificarse y tratarse durante el proceso de cribado.

Cáncer de mama: la mamografía reduce la mortalidad mediante la detección de tumores en fases más favorables

En el cáncer de mama, la principal prueba de cribado poblacional es la mamografía. Su función consiste en producir imágenes radiográficas de la mama capaces de detectar determinadas alteraciones antes de que puedan identificarse mediante palpación o antes de que produzcan síntomas. La razón biológica por la que esto puede reducir la mortalidad es que el tamaño tumoral, la afectación ganglionar y determinadas características histológicas son factores pronósticos fundamentales. Cuando un tumor se identifica antes de adquirir características asociadas con un mayor riesgo de diseminación, aumenta la posibilidad de realizar un tratamiento curativo.

La evidencia experimental más importante procede de ensayos aleatorizados de cribado mamográfico. El Swedish Two-County Trial incluyó 133.065 mujeres de 40 a 74 años asignadas a invitación para mamografía o a atención habitual. Después de 29 años de seguimiento, la mortalidad por cáncer de mama fue significativamente inferior entre las mujeres invitadas al cribado. Dependiendo del procedimiento utilizado para determinar la causa de muerte, la reducción relativa de la mortalidad fue de aproximadamente 27% a 31%, y se estimó que era necesario realizar el programa de cribado durante 7 años a aproximadamente 414 a 519 mujeres para evitar una muerte por cáncer de mama durante el prolongado período de seguimiento.

La importancia del seguimiento prolongado es particularmente relevante en este cáncer. Los beneficios del cribado no necesariamente aparecen inmediatamente después de la prueba, porque una proporción de las muertes que se evitan habría ocurrido muchos años después del diagnóstico inicial. El seguimiento a 20 años del mismo programa mostró que la reducción de la mortalidad persistía y que el beneficio se explicaba en gran medida por el desplazamiento hacia tumores con menor tamaño y menor afectación ganglionar.

El efecto no es idéntico en todas las edades. Los datos de los ensayos suecos mostraron un beneficio particularmente marcado entre las mujeres de 50 a 69 años, mientras que en mujeres más jóvenes la reducción observada fue menor y tardó más tiempo en manifestarse. La heterogeneidad según edad se relaciona con diferencias en la incidencia del cáncer, densidad mamaria, velocidad de crecimiento tumoral, rendimiento diagnóstico de la mamografía y riesgo basal de morir por cáncer de mama.

No obstante, la interpretación de la mamografía exige reconocer una controversia metodológica importante. Una revisión sistemática de ensayos aleatorizados encontró que los estudios con métodos de asignación considerados más rigurosos no demostraron una reducción estadísticamente significativa de la mortalidad por cáncer de mama, mientras que otros ensayos sí mostraron una reducción. En conjunto, el conjunto de ensayos produjo una estimación compatible con una reducción de la mortalidad, pero también evidenció que la magnitud del beneficio depende de la metodología utilizada y de la duración del seguimiento. Una síntesis de la evidencia utilizada por la Organización Mundial de la Salud encontró que las estimaciones procedentes de los ensayos aleatorizados convergen aproximadamente alrededor de una reducción relativa de 20% de la mortalidad por cáncer de mama.

Por ello, la afirmación científicamente precisa no es que toda mamografía evita una muerte ni que cualquier estrategia de detección mamográfica produce el mismo beneficio. La conclusión es que, en poblaciones y grupos de edad apropiados, los programas organizados de cribado mamográfico pueden disminuir la mortalidad por cáncer de mama porque aumentan la probabilidad de detectar tumores potencialmente letales antes de que alcancen una fase pronósticamente desfavorable. Este beneficio debe ponderarse frente a los resultados falsamente positivos, las biopsias innecesarias, la ansiedad diagnóstica y el sobrediagnóstico y sobretratamiento de algunos tumores.

Cáncer colorrectal: el cribado puede detectar tanto cáncer temprano como lesiones precursoras

El cáncer colorrectal constituye un ejemplo especialmente importante porque el cribado puede prevenir la muerte mediante dos vías simultáneas. Una consiste en encontrar un cáncer ya establecido en una etapa temprana. La otra consiste en encontrar lesiones precursoras, particularmente adenomas avanzados, y eliminarlas antes de que evolucionen hacia un carcinoma invasivo. Por esta razón, determinados métodos de cribado colorrectal pueden disminuir tanto la mortalidad como, en determinadas circunstancias, la incidencia futura de cáncer.

Los ensayos clásicos con sangre oculta en heces proporcionaron una demostración experimental directa de este fenómeno. En el Minnesota Colon Cancer Control Study, 46.551 participantes fueron asignados aleatoriamente a cribado anual, cribado bienal o grupo control. Después de 30 años, se produjeron 200 muertes por cáncer colorrectal entre 11.072 participantes del grupo de cribado anual, 237 entre 11.004 participantes del grupo bienal y 295 entre 10.944 participantes del grupo control. La reducción relativa del riesgo de muerte por cáncer colorrectal fue de 32% con cribado anual y de 22% con cribado bienal.

El resultado es importante porque demuestra que el beneficio no es solamente un efecto transitorio producido por adelantar el diagnóstico. La reducción de la mortalidad permaneció detectable tres décadas después de iniciado el ensayo. En cambio, el cribado no produjo una reducción significativa de la mortalidad por todas las causas. Esto significa que el efecto observado se concentró específicamente en la enfermedad que el cribado estaba diseñado para detectar, lo que constituye una característica esperable de una intervención eficaz contra una causa específica de muerte.

Los resultados británicos aportaron una confirmación independiente. En un ensayo aleatorizado con 152.850 personas, el cribado bienal mediante sangre oculta en heces produjo una reducción aproximada de 13% en la mortalidad por cáncer colorrectal después de una mediana de seguimiento de 11,7 años. Entre las personas que aceptaron el primer cribado, la reducción estimada fue todavía mayor. El estudio mostró además que la incidencia acumulada de cáncer colorrectal era inicialmente similar entre los grupos, mientras que la mortalidad disminuía en el grupo sometido a cribado.

La explicación biológica de este fenómeno es particularmente clara cuando el cribado se vincula con la colonoscopia. Una prueba fecal positiva no constituye por sí misma el tratamiento; identifica a las personas que necesitan una evaluación diagnóstica, habitualmente mediante colonoscopia. Durante esta exploración pueden identificarse pólipos y adenomas, y determinadas lesiones pueden ser extirpadas. De esta manera, una cadena de acontecimientos —cribado, prueba positiva, colonoscopia, detección de lesión precursora, resección y vigilancia— puede interrumpir la secuencia que conduce desde una lesión precursora hasta un cáncer invasivo. La reducción prolongada de la mortalidad observada en los ensayos es compatible con este mecanismo preventivo.

La evidencia sintetizada por la United States Preventive Services Task Force también muestra que diferentes estrategias de cribado colorrectal pueden reducir la mortalidad. En los ensayos aleatorizados, la sigmoidoscopia flexible produjo una reducción de la mortalidad específica por cáncer colorrectal, mientras que las pruebas de sangre oculta en heces realizadas anual o bienalmente también disminuyeron la mortalidad. La magnitud del beneficio depende del método, intervalo de repetición, participación de la población y cumplimiento de las pruebas diagnósticas posteriores.

Por consiguiente, en el cáncer colorrectal el cribado puede salvar vidas no solamente porque permite tratar precozmente un cáncer existente, sino porque puede impedir que determinados cánceres lleguen a existir. Esta doble capacidad constituye una diferencia fundamental respecto de estrategias de cribado cuyo beneficio procede principalmente del diagnóstico precoz de un tumor invasivo.

Cáncer de pulmón: la tomografía computarizada de baja dosis permite detectar tumores potencialmente curables antes de su progresión

En el cáncer de pulmón, el cribado presenta una dificultad particular: la enfermedad puede evolucionar silenciosamente durante una fase considerable y, cuando produce síntomas, con frecuencia ya existe una extensión anatómica que limita las posibilidades de curación. El objetivo del cribado mediante tomografía computarizada de baja dosis es identificar nódulos pulmonares sospechosos y detectar cánceres en fases más tempranas, antes de que hayan producido una enfermedad avanzada.

El National Lung Screening Trial proporcionó una demostración decisiva. El ensayo incluyó 53.454 participantes con alto riesgo de cáncer de pulmón y comparó tres rondas anuales de tomografía computarizada helicoidal de baja dosis con radiografía de tórax. Se observaron 356 muertes por cáncer de pulmón en el grupo sometido a tomografía y 443 en el grupo sometido a radiografía. La tasa de mortalidad por cáncer de pulmón fue de 247 frente a 309 muertes por 100.000 personas-año, respectivamente, lo que correspondió a una reducción relativa de 20,0% en la mortalidad específica por cáncer de pulmón.

La importancia de este resultado reside en que la comparación no fue simplemente entre personas cribadas y personas no cribadas, sino entre dos estrategias de detección. La radiografía de tórax constituía una estrategia de comparación activa, y aun así la tomografía de baja dosis redujo significativamente la mortalidad por cáncer de pulmón. También se observó una reducción de 6,7% de la mortalidad por cualquier causa. Aproximadamente 320 personas necesitaban ser cribadas para evitar una muerte por cáncer de pulmón durante el período analizado en el ensayo.

El mecanismo vuelve a ser el desplazamiento de la distribución de los estadios hacia fases más tratables. La tomografía tiene una sensibilidad superior a la radiografía de tórax para detectar pequeños nódulos pulmonares, por lo que puede identificar tumores cuando todavía existe una oportunidad razonable de realizar tratamiento con intención curativa. Sin embargo, una mayor sensibilidad también genera un problema importante: la mayoría de los resultados positivos iniciales no corresponden a cáncer. En el National Lung Screening Trial, 96,4% de los resultados positivos de la tomografía y 94,5% de los resultados positivos de la radiografía fueron falsos positivos. Por esta razón, el cribado pulmonar requiere protocolos estrictos para clasificar nódulos y limitar procedimientos invasivos innecesarios.

Este ejemplo demuestra una característica esencial de cualquier programa de cribado: la prueba no debe interpretarse aisladamente. El beneficio en mortalidad depende de una cadena asistencial completa que incluya selección adecuada de la población de riesgo, realización periódica de la prueba, interpretación estandarizada de los hallazgos, evaluación diagnóstica apropiada y tratamiento oportuno de los cánceres detectados. La existencia de una prueba capaz de encontrar lesiones tempranas no garantiza por sí misma que se reduzca la mortalidad si las personas con resultados anormales no reciben una evaluación y un tratamiento eficaces.

Cáncer de cuello uterino: el cribado puede interrumpir la carcinogénesis antes del cáncer invasivo

El cáncer de cuello uterino representa quizá el ejemplo más directo de cómo el cribado puede actuar como prevención de la mortalidad mediante la identificación de una enfermedad precursora. La mayoría de los cánceres de cuello uterino están relacionados causalmente con una infección persistente por tipos oncogénicos del virus del papiloma humano. La progresión desde la infección persistente hasta lesiones precursoras y, posteriormente, hasta un carcinoma invasivo suele requerir años. Esta ventana temporal permite identificar alteraciones celulares o la presencia de virus oncogénicos antes de que aparezca un cáncer invasivo.

Las estrategias tradicionales utilizan citología cervical, mientras que las estrategias más recientes pueden utilizar una prueba molecular para detectar el virus del papiloma humano. Cuando una prueba es positiva, el proceso de cribado puede conducir a evaluación mediante colposcopia y biopsia. Si se identifica una lesión precancerosa de importancia, puede tratarse antes de que se convierta en carcinoma invasivo. Por tanto, aquí el cribado no depende exclusivamente de encontrar un cáncer pequeño: puede impedir directamente su aparición.

Un ensayo aleatorizado realizado en India proporciona una de las demostraciones más contundentes. Se incluyeron 131.746 mujeres de 30 a 59 años distribuidas aleatoriamente entre cribado mediante prueba del virus del papiloma humano, citología, inspección visual con ácido acético o atención habitual. Después de aproximadamente 8 años de seguimiento, se produjeron 34 muertes por cáncer de cuello uterino en el grupo sometido a prueba del virus del papiloma humano, frente a 64 en el grupo control. El riesgo de muerte fue aproximadamente 48% menor en el grupo sometido a la prueba del virus. También se redujo significativamente la detección de cánceres avanzados.

La magnitud del efecto demuestra la importancia de detectar la infección o las lesiones precursoras antes de que se establezca una enfermedad invasiva avanzada. En este ensayo, las mujeres con resultados positivos fueron remitidas para colposcopia y biopsia, y las lesiones precancerosas o los cánceres detectados recibieron tratamiento. Por tanto, la reducción de la mortalidad no fue consecuencia de la prueba de detección aislada, sino del conjunto formado por detección, confirmación diagnóstica y tratamiento.

También se ha demostrado que la inspección visual con ácido acético puede reducir la mortalidad cuando se integra en un programa adecuadamente organizado. En un ensayo aleatorizado realizado en India, la mortalidad por cáncer de cuello uterino fue de 83 muertes en el grupo de intervención frente a 92 en el grupo control durante el período analizado, y el cociente de riesgos para mortalidad fue de 0,65. El resultado implica una reducción relativa aproximada de 35% de la mortalidad. La intervención incluía evaluación de las mujeres con resultados positivos, biopsia y tratamiento de lesiones precancerosas cuando correspondía.

La evolución hacia el cribado basado en el virus del papiloma humano se fundamenta en que una prueba molecular negativa proporciona una garantía de riesgo bajo durante varios años. Un ensayo aleatorizado de política sanitaria realizado en Suecia, que incluyó 395.725 mujeres de 30 a 64 años, encontró que la invitación a un programa basado primariamente en el virus del papiloma humano se asociaba con una reducción de 17% del riesgo de cáncer invasivo de cuello uterino frente a una estrategia basada en citología, y que entre las mujeres que participaron conforme al protocolo la reducción alcanzaba 28%.

Estos datos no significan que una modalidad sea universalmente superior en cualquier contexto. En sistemas sanitarios con programas citológicos consolidados, la diferencia de mortalidad entre estrategias puede ser pequeña, y los resultados dependen de la cobertura, la calidad de las pruebas, el seguimiento de los resultados positivos y el acceso al tratamiento. Un seguimiento prolongado de un ensayo finlandés, por ejemplo, encontró mortalidad similar entre estrategias primarias basadas en el virus del papiloma humano y citología cuando ambas se desarrollaban dentro de un programa de cribado de elevada calidad.

Por qué la detección precoz se traduce en menos muertes

Los cuatro ejemplos permiten identificar una secuencia común. Una persona inicialmente asintomática participa en un programa de cribado. La prueba identifica una alteración que tiene una probabilidad suficientemente elevada de representar cáncer o una lesión precursora. La persona continúa entonces con una evaluación diagnóstica. Si existe cáncer, se establece su estadio y se inicia tratamiento; si existe una lesión precursora susceptible de intervención, se elimina o se trata. La consecuencia es que algunas enfermedades que, sin cribado, habrían progresado hasta producir la muerte, son curadas o impedidas antes de alcanzar esa fase.

La relación puede representarse conceptualmente como:

cribado → detección más temprana → confirmación diagnóstica → tratamiento precoz o eliminación de lesión precursora → menor progresión avanzada → menor mortalidad específica por cáncer.

En el cáncer de mama predomina el mecanismo de detección precoz de un tumor invasivo en una fase con mejores características pronósticas. En el cáncer colorrectal pueden actuar simultáneamente la detección precoz y la eliminación de lesiones precursoras. En el cáncer de pulmón predomina la detección de tumores en etapas más tempranas mediante tomografía de baja dosis. En el cáncer de cuello uterino adquiere una importancia excepcional la detección y eliminación de lesiones precursoras antes de la invasión.

Existe además una relación matemática importante entre el riesgo basal y el beneficio absoluto. Una reducción relativa de 20% no significa que se eviten 20 muertes por cada 100 personas cribadas. Si el riesgo de morir por el cáncer es bajo, incluso una reducción relativa importante puede traducirse en un número pequeño de muertes evitadas. Por el contrario, en una población con un riesgo basal elevado, la misma reducción relativa puede producir un beneficio absoluto mucho mayor. Por esta razón, el cribado pulmonar se dirige principalmente a personas con riesgo elevado de cáncer de pulmón, mientras que los programas de otros cánceres se organizan según edad y riesgo poblacional.

También es fundamental distinguir reducción de la mortalidad específica por cáncer de reducción de la mortalidad por cualquier causa. En el ensayo colorrectal de 30 años, el cribado disminuyó de manera clara las muertes por cáncer colorrectal, pero no modificó la mortalidad total. Esto no invalida el beneficio del cribado: significa que impedir una muerte por cáncer no necesariamente reduce en la misma magnitud la probabilidad de morir por todas las demás causas existentes en una población.

El cribado no equivale simplemente a “detectar antes”

Una explicación rigurosa debe incorporar también los posibles perjuicios. Una prueba muy sensible puede detectar lesiones que nunca habrían causado síntomas. Esto es especialmente relevante en cáncer de mama y pulmón, donde el sobrediagnóstico puede conducir a biopsias, cirugías, radioterapia u otros tratamientos que no habrían sido necesarios sin el cribado. En el cáncer de pulmón, además, los falsos positivos son muy frecuentes cuando se utilizan criterios poco específicos.

Asimismo, una prueba negativa no equivale a riesgo cero. Las pruebas poseen sensibilidad y especificidad imperfectas, y algunos tumores pueden desarrollarse entre dos rondas de cribado. Por esta razón, la eficacia de un programa depende del intervalo entre pruebas, la calidad técnica, la adherencia de la población y la capacidad del sistema sanitario para realizar una evaluación rápida de los resultados anormales.

En consecuencia, el efecto observado en los ensayos clínicos debe entenderse como el efecto de una estrategia de atención sanitaria completa, no simplemente como la propiedad aislada de una prueba. La prueba identifica una población de mayor probabilidad; el diagnóstico confirma o descarta la enfermedad; el tratamiento elimina el cáncer o la lesión precursora; y la continuidad del seguimiento mantiene el beneficio a lo largo del tiempo. La ausencia de cualquiera de estos componentes puede reducir sustancialmente el número de muertes realmente evitadas.

Integración de la evidencia

La afirmación de que el cribado previene muertes por cáncer de mama, colon, pulmón y cuello uterino está respaldada por distintos cuerpos de evidencia experimental, pero no debe interpretarse como si los cuatro cánceres respondieran exactamente de la misma manera.

En cáncer de mama, la mamografía puede reducir la mortalidad al detectar tumores antes de que desarrollen características asociadas con mayor riesgo de muerte; los ensayos aleatorizados de larga duración muestran reducciones de mortalidad, aunque la magnitud exacta del efecto continúa siendo objeto de evaluación metodológica.

En cáncer colorrectal, las pruebas de sangre oculta en heces y otras estrategias de cribado reducen la mortalidad, y la colonoscopia posterior a una prueba positiva permite detectar y eliminar lesiones precursoras. El seguimiento de 30 años demuestra que la reducción de la mortalidad puede mantenerse durante décadas.

En cáncer de pulmón, la tomografía computarizada de baja dosis reduce la mortalidad por cáncer de pulmón frente a la radiografía de tórax en personas con alto riesgo, con una reducción relativa de 20,0% en el National Lung Screening Trial.

En cáncer de cuello uterino, el cribado puede actuar todavía más precozmente al detectar infección oncogénica o lesiones precursoras antes de la invasión. Ensayos aleatorizados han demostrado que determinadas estrategias, especialmente las basadas en el virus del papiloma humano o determinadas modalidades de inspección visual acompañadas de tratamiento, pueden reducir tanto la aparición de enfermedad avanzada como la mortalidad.

Por tanto, el fundamento científico de la afirmación es que el cribado altera la distribución temporal y biológica en la que se detectan las enfermedades malignas y, en algunos cánceres, elimina directamente lesiones que todavía no se han convertido en cáncer invasivo. Cuando esta detección se combina con confirmación diagnóstica y tratamiento eficaz, una proporción de tumores que, en ausencia de cribado, habría progresado hasta producir una muerte puede ser curada o incluso impedida. La evidencia más sólida procede de ensayos aleatorizados en los que la variable final es la mortalidad específica por cáncer, porque esta variable evita confundir el simple adelanto del diagnóstico con una verdadera prolongación de la vida.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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