Articulación glenohumeral (escapulohumeral)
Articulación glenohumeral (escapulohumeral)

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La articulación glenohumeral, comúnmente conocida como articulación del hombro, constituye la conexión principal entre el miembro superior y la cintura pectoral. Su función es vital, ya que permite que el húmero, el hueso largo del brazo, se vincule de manera móvil con la escápula, asegurando que los movimientos del brazo puedan realizarse con gran amplitud y precisión. Desde un punto de vista morfológico, pertenece al grupo de las articulaciones sinoviales de tipo esferoideo, caracterizadas por permitir desplazamientos multiaxiales, incluyendo flexión, extensión, abducción, aducción, rotación interna y externa, así como circunducción.

En el ser humano, a diferencia de los cuadrúpedos donde la articulación se encuentra cercana a la línea media del tronco, esta se ha desplazado hacia una posición más lateral y posterior del tórax. Esta disposición anatómica confiere al húmero una libertad de movimiento excepcional, facilitando gestos complejos como lanzar, alcanzar objetos o manipular herramientas con precisión. Esta movilidad, no obstante, compromete la estabilidad articular, un equilibrio que la naturaleza ha resuelto mediante estructuras de soporte como la cápsula articular, los ligamentos y la musculatura periarticular.


Superficies articulares

La articulación glenohumeral se caracteriza por la interacción entre dos superficies complementarias:

Del lado de la escápula: la cavidad glenoidea, reforzada por el labrum glenoideo.

Del lado del húmero: la cabeza humeral.

Cavidad glenoidea

La cavidad glenoidea se localiza en el ángulo superolateral de la escápula, descansando sobre su cuello anatómico. Su forma es ovalada con eje mayor vertical, y es notablemente poco profunda. Esta característica subraya un principio fundamental de la anatomía del hombro: la cavidad por sí sola proporciona un soporte limitado, lo que permite un amplio rango de movimiento, pero requiere estructuras accesorias que aumenten la congruencia articular.

El cartílago que recubre la cavidad es más grueso en la periferia que en el centro, lo que no incrementa significativamente la profundidad de la cavidad, sino que mejora la distribución de cargas. El espesor mínimo se encuentra en el centro, en la región del tubérculo glenoideo, donde se observa la llamada mancha glenoidea, de color amarillento o grisáceo, reflejo de la adaptación mecánica a la presión focal sobre la cabeza humeral.

Labrum glenoideo

El labrum glenoideo es un anillo fibrocartilaginoso que se adhiere firmemente al borde de la cavidad glenoidea, excepto en su porción superior, donde un surco variable lo separa de la cavidad. De sección triangular, su borde libre sobresale hacia el interior de la cavidad, desempeñando un doble papel:

  • Superficie articular: su cara profunda contribuye a aumentar el área de contacto con la cabeza humeral, mejorando la congruencia y estabilizando la articulación.
  • Inserción de la cápsula: su cara superficial sirve como punto de fijación para los fascículos de la cápsula fibrosa, reforzando la estabilidad sin limitar excesivamente el movimiento.

En conjunto, el labrum glenoideo funciona como una especie de “amortiguador” y extensión de la cavidad glenoidea, compensando la poca profundidad de esta y protegiendo las superficies articulares del estrés mecánico repetitivo.

Cabeza humeral

La cabeza del húmero es prácticamente esférica, representando entre un tercio y la mitad de una esfera completa según el individuo. Se conecta al resto del hueso mediante el cuello anatómico y se recubre con cartílago hialino, garantizando un deslizamiento suave contra la cavidad glenoidea. La inclinación de la cabeza respecto a la diáfisis es de aproximadamente 130 grados, orientándose medialmente, hacia arriba y hacia atrás, lo que permite un rango amplio de movimientos y una alineación óptima con la cavidad glenoidea.

Interlínea articular

La interlínea articular refleja la relación entre la cavidad glenoidea y la cabeza humeral. Dado que la cabeza humeral es significativamente más voluminosa que la cavidad glenoidea, el contacto real entre ambas superficies es limitado en cualquier posición del brazo. Esta característica explica la movilidad excepcional de la articulación glenohumeral y, al mismo tiempo, su vulnerabilidad a luxaciones y lesiones por sobreuso.


Medios de unión de la articulación glenohumeral

La estabilidad de la articulación glenohumeral no depende únicamente de la congruencia ósea, dado que la cabeza del húmero es significativamente más grande que la cavidad glenoidea de la escápula. Por ello, la unión entre estos dos huesos se logra gracias a estructuras de soporte pasivas, como la cápsula articular y los ligamentos, complementadas por la acción de la musculatura periarticular.

La cápsula articular y los ligamentos actúan en conjunto para mantener la cabeza humeral en contacto con la cavidad glenoidea, proporcionando resistencia frente a fuerzas externas, sin limitar excesivamente la movilidad, que es extraordinaria en esta articulación. Además, ciertos ligamentos adicionales, como el ligamento coracohumeral, se originan en el proceso coracoides, mientras que los ligamentos glenohumerales se originan en el labrum glenoideo, reforzando la cápsula en su parte superior y anterior.

Cápsula articular

La cápsula de la articulación glenohumeral es un tejido fibroso delgado pero resistente, que rodea completamente la articulación, extendiéndose desde el contorno de la cavidad glenoidea y la cara superficial del labrum glenoideo hasta el húmero.

  • Inserción medial: está en continuidad con el periostio de la escápula, asegurando una fijación firme.
  • Porción superior: alcanza la base del proceso coracoides y cubre la inserción de la cabeza larga del bíceps braquial.
  • Porción inferior: se adhiere al tendón de la cabeza larga del tríceps braquial.
  • Inserción humeral: sigue el cartílago de la cabeza humeral, excepto en su región más medial e inferior, lo que facilita la abducción del brazo.

La cápsula posee una laxitud notable, permitiendo que las superficies articulares se separen hasta 2 centímetros, una adaptación que explica el rango de movimiento excepcional del hombro. Además, en su pared lateral, la cápsula se fusiona con los tendones de los músculos del manguito rotador —subescapular, supraespinoso, infraespinoso y redondo menor— integrando estabilidad dinámica y pasiva.

Ligamentos

Los ligamentos de la articulación glenohumeral se concentran principalmente en la parte superior y anterior de la cápsula, reforzándola frente a la tracción y las luxaciones. Se distinguen dos grupos principales:

A. Ligamento coracohumeral

Este ligamento es una lámina fibrosa gruesa y resistente que se origina en la base y el borde lateral del proceso coracoides, por debajo del ligamento coracoacromial. Se dirige lateralmente y se fusiona con la cápsula, dividiéndose finalmente en dos fascículos: uno que se inserta sobre el tubérculo mayor y otro sobre el tubérculo menor del húmero.

Entre estos fascículos existen fibras transversales, constituyendo el ligamento humeral transverso, cuya función principal es estabilizar la cabeza humeral cuando el brazo cuelga junto al tronco, complementando la acción del músculo supraespinoso.

B. Ligamentos glenohumerales

Estos ligamentos son tres fascículos principales situados en la cara anterior de la cápsula y unidos a ella, aunque bien circunscritos:

  • Ligamento glenohumeral superior: se origina en la parte superior del labrum glenoideo y en la superficie ósea por encima de la cavidad glenoidea. Se dirige lateralmente para insertarse en el cuello anatómico del húmero, entre la cabeza y el tubérculo menor, fusionándose con el ligamento coracohumeral.
  • Ligamento glenohumeral medio: se inserta ligeramente por debajo del anterior en el labrum glenoideo y se dirige hacia abajo y lateralmente para fijarse en el tubérculo menor, mezclándose con el tendón del subescapular.
  • Ligamento glenohumeral inferior: el más largo, ancho y fuerte de los tres, se extiende desde la porción anterior del labrum glenoideo por debajo del proceso coracoides hasta la parte anterior e inferior del cuello quirúrgico del húmero, entre las inserciones de los músculos subescapular y redondo menor.

Entre los ligamentos superior y medio existe un punto débil de la cápsula, conocido como foramen oval de Weitbrecht, obliterado parcialmente por el tendón del subescapular. Esta región explica por qué la articulación es susceptible a luxaciones anteriores, dado que los ligamentos por sí solos no pueden impedir completamente este tipo de desplazamiento.

Membrana sinovial

La membrana sinovial recubre la cara profunda de la cápsula y presenta adaptaciones específicas:

  • Bolsa subtendinosa del subescapular: comunica anteriormente con la cápsula a través del foramen oval.
  • Receso humeral: en la inserción humeral de la cápsula, desciende hasta el cuello quirúrgico del húmero, en contacto con el cartílago epifisario durante el crecimiento.
  • Recubrimiento del bíceps: rodea al tendón de la cabeza larga del bíceps braquial, prolongándose dentro del surco intertubercular para formar un receso sinovial profundo.

Estas particularidades permiten el deslizamiento suave de los tendones y reducen la fricción durante los movimientos amplios del hombro, asegurando funcionalidad sin comprometer la estabilidad.


Relaciones

Se deben distinguir sus relaciones inmediatas —esenciales desde el punto de vista funcional— y sus relaciones a distancia.

Relaciones inmediatas

Ya se han descrito anteriormente las relaciones del tendón de la cabeza larga del bíceps braquial. Debe insistirse también en la importancia de la corona muscular o manguito rotador, que tapiza la cápsula articular de manera variable pero íntima. Este constituye un refuerzo más eficaz que los simples engrosamientos fibrosos, ya que está formado por músculos firmes que pueden considerarse verdaderos ligamentos activos.

  • Por delante: el músculo subescapular se adhiere a la cápsula hasta su terminación en el tubérculo menor del húmero; está en contacto con la sinovial por medio de la bolsa serosa subescapular, a través del foramen oval.
  • Por detrás: el músculo redondo menor y el músculo infraespinoso, oblicuos hacia arriba y lateralmente, se insertan en el tubérculo mayor del húmero.
  • Por arriba: el músculo supraespinoso se adhiere al ligamento coracohumeral. De este modo constituye un sostén para la cabeza humeral y actúa como un potente agente de la abducción del brazo.

Los músculos supraespinoso, infraespinoso, redondo menor y subescapular son rotadores del hombro. La rotura traumática de este manguito rotador debilita de manera considerable la articulación.

Además, por abajo, la inserción escapular de la cabeza larga del músculo tríceps braquial se adhiere, como ya se ha visto, a la cápsula, reforzándola.

Relaciones mediatas

Separan la articulación de la superficie cutánea del hombro y dificultan su abordaje:

  • Por arriba: se encuentra el ligamento coracoacromial, cubierto por la bóveda acromioclavicular, que se extiende lateralmente más allá de la cabeza humeral. Esta bóveda se prolonga hacia abajo y lateralmente por la capa muscular del deltoides, del cual la articulación está separada por la bolsa subdeltoidea.
  • Lateralmente: la cubierta deltoidea se prolonga ampliamente hacia abajo.
  • Por delante: se dispone un primer plano muscular grueso, formado por el fascículo anterior del deltoides y el fascículo clavicular del músculo pectoral mayor, separados por el surco deltopectoral, que contiene la vena cefálica.

Un segundo plano está constituido por la rama lateral, oblicuamente descendente, del proceso coracoides, prolongada por el conjunto muscular formado por el coracobraquial y la cabeza corta del bíceps braquial. Estos planos están separados de la articulación por el eje vasculonervioso axilar (arteria y vena axilar, y nervios del miembro superior procedentes del plexo braquial), que tiende a situarse por delante de la articulación durante los movimientos de abducción, y más bajo y medial cuando el brazo pende a lo largo del cuerpo. De este eje vasculonervioso se originan los vasos y nervios que rodean la articulación por su cara inferior.

  • Por abajo: la cápsula articular forma la pared superior del espacio axilar lateral (limitado por la cabeza larga del tríceps braquial, el redondo menor, el redondo mayor y la cápsula), por donde pasan, de adelante hacia atrás y en contacto estrecho con la articulación, el nervio axilar, destinado al deltoides, y la arteria circunfleja humeral posterior.
  • Por detrás: la articulación está oculta por los fascículos humerales posteriores del músculo deltoides, profundamente a los cuales se distribuye el nervio axilar.


Vascularización e inervación

Arterias.

Las arterias circunflejas anterior y posterior del húmero constituyen un círculo periarterial alrededor del cuello del hueso, del cual parten ramas destinadas a la articulación. Esta recibe, además, algunas ramas procedentes de atrás, originadas en la arteria supraescapular.

Nervios.

La inervación procede principalmente del nervio axilar y, de manera accesoria, del nervio supraescapular, enriquecido por fibras simpáticas provenientes del ganglio cervicotorácico y de los primeros ganglios torácicos.


Bolsas serosas del hombro

Además de las bolsas serosas del músculo subescapular y del tendón de la cabeza larga del bíceps braquial, que son dependencias de la sinovial articular, se observan las siguientes:

  • Bolsa subdeltoidea o subacromial: situada entre la parte superior de la cápsula articular y la cara inferior del acromion, del ligamento coracoacromial y del músculo deltoides.
  • Bolsa subcoracoidea: localizada entre la cápsula articular y la cara inferior del proceso coracoides.
  • Bolsas musculares:
    • entre el tendón del bíceps braquial, el del músculo coracobraquial y la cápsula articular;
    • en el lado medial del músculo coracobraquial, por delante del subescapular;
    • del músculo redondo mayor, entre la cara posterior de este y la cabeza larga del tríceps braquial;
    • del músculo dorsal ancho, posterior, entre su tendón y el músculo redondo mayor;
    • del músculo dorsal ancho, anterior, entre su tendón, el del coracobraquial y el tendón de la cabeza larga del bíceps braquial;
    • del músculo pectoral mayor, entre su tendón y el tendón de la cabeza larga del bíceps braquial.


Anatomía funcional

La articulación glenohumeral es un ejemplo paradigmático de la relación entre estructura y función en el cuerpo humano. Su diseño anatómico prioriza la movilidad por encima de la estabilidad, lo que permite una libertad de movimientos sin igual en el miembro superior, pero al mismo tiempo la hace particularmente susceptible a lesiones.

Aunque la cabeza humeral excede ampliamente la cavidad glenoidea y la cápsula articular es delgada y laxa, la articulación mantiene su coherencia gracias al aparato musculotendinosoque la rodea. Los músculos del manguito rotador —subescapular, supraespinoso, infraespinoso y redondo menor— actúan como estabilizadores dinámicos, “rodeando” la cabeza humeral y manteniéndola centrada en la cavidad glenoidea durante los movimientos. Además, otros músculos del hombro, como el deltoides, bíceps braquial y pectoral mayor, colaboran en la función de control y fuerza, aunque no contribuyen directamente a la estabilidad pasiva.

A pesar de esta musculatura, la articulación glenohumeral sigue siendo vulnerable. Las luxaciones anteriores y mediales son las más frecuentes, especialmente cuando el brazo se encuentra en abducción y rotación externa, ya que en esa posición la cápsula anterior se encuentra más tensa pero menos reforzada por los ligamentos. La recidiva de luxaciones es común, dado que los ligamentos y la cápsula pueden sufrir estiramiento o desgarro tras el primer episodio.

El estudio de la articulación glenohumeral requiere técnicas de imagen que permitan visualizar tanto las estructuras óseas como los tejidos blandos:

  • Radiografía simple: se utilizan proyecciones anteroposteriores (de frente) con el húmero en rotación medial o lateral para observar la congruencia articular, la posición de la cabeza humeral y la integridad ósea. La proyección lateral (de perfil) requiere que el brazo esté en abducción, condición que depende de la laxitud de la cápsula para separar suficientemente las superficies articulares y permitir una visualización clara.
  • Artrografía: es particularmente útil para examinar el aparato capsuloligamentoso, incluyendo el labrum glenoideo y los ligamentos glenohumerales. En casos de desgarros traumáticos, despegamientos o inestabilidad crónica, esta técnica permite identificar con precisión áreas de ruptura o desplazamiento, información que es crítica para planificar intervenciones quirúrgicas o rehabilitación.

La articulación glenohumeral es un ejemplo de cómo el cuerpo prioriza la movilidad funcionalen ciertas regiones, aunque ello implique riesgo estructural. La combinación de una cápsula laxa, cavidad glenoidea poco profunda y cabeza humeral grande favorece amplitudes de movimiento extremas, esenciales para actividades de alcance, manipulación y lanzamiento. Sin embargo, esta misma configuración anatómica explica la alta incidencia de luxaciones y la necesidad de que los músculos y ligamentos compensen la falta de estabilidad ósea.

En términos clínicos, comprender esta anatomía funcional permite anticipar las posiciones de mayor riesgo, diseñar protocolos de rehabilitación que fortalezcan los estabilizadores dinámicos y utilizar las técnicas de imagen adecuadas para evaluar lesiones capsuloligamentosas o del labrum glenoideo.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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