El maxilar superior es un hueso par, es decir, se encuentra duplicado de forma simétrica a ambos lados del plano medio del cráneo. Esta característica no es casual, sino que responde a la necesidad de construir una arquitectura facial equilibrada, funcional y resistente, capaz de albergar estructuras esenciales para la respiración, la masticación, la fonación y la protección de órganos sensoriales. Debido a su localización central y a la cantidad de regiones anatómicas con las que se articula, el maxilar superior constituye la pieza principal del esqueleto facial.
Desde el punto de vista anatómico, el maxilar superior actúa como un verdadero pilar estructural del macizo facial. Su posición estratégica le permite participar simultáneamente en la formación de diversas cavidades óseas, lo que explica su relevancia funcional y morfológica.
El maxilar superior contribuye de manera directa a la formación de la órbita, cavidad ósea que aloja y protege el globo ocular y sus anexos. Específicamente, participa en la conformación del suelo orbitario, una superficie ósea que debe ser suficientemente resistente para soportar el contenido orbitario, pero a la vez lo bastante delgada para permitir la comunicación con otras regiones, como el seno maxilar.
Esta participación orbital confiere al maxilar superior un papel protector y de sostén, además de servir como punto de inserción para estructuras musculares y ligamentosas relacionadas con los movimientos oculares y la expresión facial.
Una de las funciones más significativas del maxilar superior es su contribución a la formación de la bóveda palatina, también conocida como paladar óseo. Cada maxilar posee una apófisis palatina, que se extiende medialmente hacia la línea media del cráneo. Esta apófisis se une firmemente con su homóloga del lado opuesto mediante una sutura intermaxilar, creando una superficie horizontal continua y resistente.
La bóveda palatina cumple una función crucial al separar la cavidad oral de las cavidades nasales, permitiendo que procesos tan complejos como la masticación y la respiración se desarrollen de manera simultánea y eficiente. Además, esta estructura contribuye a la correcta articulación de los sonidos del lenguaje, lo que resalta su importancia en la fonación.
El maxilar superior también participa en la formación de las cavidades nasales, específicamente en la constitución de sus paredes laterales y del piso nasal. Esta participación permite que el aire inspirado sea conducido, filtrado, humidificado y calentado antes de llegar a las vías respiratorias inferiores.
La estrecha relación entre el maxilar superior y las cavidades nasales explica por qué alteraciones en este hueso pueden repercutir tanto en la respiración como en la resonancia de la voz.
Aunque de manera menos evidente, el maxilar superior interviene en la delimitación de la fosa infratemporal, una región profunda del cráneo que alberga músculos de la masticación, vasos sanguíneos y nervios de gran relevancia. Esta relación anatómica subraya la importancia del maxilar superior como punto de conexión entre estructuras superficiales y profundas del cráneo facial.
Cuando los maxilares superiores se encuentran unidos en la línea media, el conjunto resultante presenta un contorno inferior arqueado. Este arco constituye el arco alveolar, una estructura especializada que contiene los alvéolos dentarios, cavidades óseas destinadas a alojar las raíces de los dientes superiores.
La disposición en forma de arco no solo permite una correcta alineación dental, sino que también distribuye de manera equilibrada las fuerzas generadas durante la masticación. De este modo, el maxilar superior no se limita a sostener los dientes, sino que actúa como un sistema biomecánico adaptado a resistir cargas funcionales repetidas.
Descripción anatómica del maxilar superior
Para orientar correctamente el maxilar superior en el espacio anatómico, es necesario identificar primero sus referencias fundamentales. El hueso debe colocarse de modo que el borde alveolar, donde se implantan los dientes superiores, se disponga hacia abajo y en sentido horizontal. La apófisis palatina debe dirigirse medialmente, es decir, hacia la línea media del cráneo, mientras que el extremo más voluminoso y robusto del hueso debe orientarse hacia atrás, correspondiendo a la región posterior del macizo facial. Esta disposición permite reconocer con claridad sus caras, bordes y ángulos.
Desde el punto de vista descriptivo, el maxilar superior presenta:
• Dos vistas principales: medial y lateral
• Cuatro bordes
• Cuatro ángulos
Esta división facilita el estudio sistemático de un hueso complejo, cuya morfología responde a múltiples funciones estructurales y funcionales.
A. Vista medial
La vista medial del maxilar superior es especialmente relevante porque muestra las relaciones del hueso con las cavidades nasales y con el paladar óseo. En la unión del cuarto inferior con los tres cuartos superiores del hueso se observa una proyección ósea bien definida, de disposición horizontal y forma cuadrangular: la apófisis palatina.
Apófisis palatina
Esta apófisis presenta dos caras claramente diferenciadas:
- Cara superior: lisa y regular, forma el piso de la cavidad nasal, permitiendo una superficie continua para el paso del aire.
- Cara inferior: rugosa e irregular, constituye una porción esencial del paladar óseo, lo que favorece la firme adhesión de la mucosa oral.
El borde lateral de la apófisis corresponde a su zona de implantación en el cuerpo del maxilar. A medida que se dirige hacia atrás, este borde se adelgaza progresivamente. A lo largo de toda su extensión medial, la apófisis palatina se articula con su homóloga del lado opuesto, formando una cresta longitudinal visible en la cara nasal.
Anteriormente, esta cresta culmina en una prolongación ósea impar, resultado de la unión de ambos maxilares: la espina nasal anterior, estructura que contribuye al soporte del tabique nasal. Inmediatamente por detrás de esta espina se identifica un canal, que al unirse con el del maxilar contralateral constituye el conducto incisivo, por donde transcurren el nervio y la arteria nasopalatinos.
El borde anterior de la apófisis palatina forma parte del orificio anterior de las cavidades nasales, mientras que su borde posterior se articula con la lámina horizontal del hueso palatino, completando la bóveda palatina ósea.
División de la vista medial
La apófisis palatina divide esta cara en dos regiones:
- Porción suprapalatina: Esta región se centra en el hiato maxilar, una amplia abertura visible en el hueso aislado. En el cráneo articulado, este hiato se reduce considerablemente debido a la participación de estructuras vecinas como el etmoides, el cornete nasal inferior, el hueso lagrimal y una porción del hueso palatino.
Por delante del hiato maxilar se observa un canal vertical denominado surco lagrimal, que desciende oblicuamente hacia abajo y atrás, en dirección al piso de las cavidades nasales. Este surco está limitado anteriormente por la apófisis frontal del maxilar, la cual presenta en su base la cresta conchal, lugar de articulación del cornete nasal inferior. Por encima de esta se encuentra una cresta más marcada, la cresta etmoidal, destinada a la articulación con el cornete nasal medio y el hueso etmoides.
- Porción infrapalatina: Esta región contribuye directamente a la formación del paladar óseo. Su superficie es irregular y presenta múltiples rugosidades, reflejo de la firme inserción de la mucosa del paladar, necesaria para resistir las fuerzas generadas durante la masticación.
B. Vista lateral
La vista lateral del maxilar superior permite apreciar relieves importantes relacionados con la dentición, la órbita y la masticación.
En su porción anterior, por encima de la implantación de los incisivos, se observa una depresión denominada fosa canina, limitada posteriormente por una prominencia vertical conocida como eminencia canina, que corresponde a la raíz del diente canino.
Por detrás y por encima de esta eminencia se proyecta la apófisis cigomática, que se articula mediante su vértice truncado con el hueso cigomático, contribuyendo al relieve del pómulo.
Caras de la apófisis cigomática
- Cara orbitaria o superior: plana, forma parte del piso de la órbita. Se encuentra separada del ala mayor del esfenoides por la fisura orbitaria inferior. En su espesor discurre el conducto infraorbitario, destinado al nervio maxilar.
- Cara anterior: presenta el foramen infraorbitario, orificio terminal del conducto infraorbitario, por donde emerge el nervio infraorbitario. Debajo de este foramen se localiza la fosa canina. Desde la porción inferior del conducto infraorbitario parten pequeños canales óseos, los canalículos dentarios anteriores, que se dirigen a los alvéolos de los incisivos y del canino.
- Cara infratemporal: convexa, corresponde medialmente a la tuberosidad del maxilar y lateralmente a la fosa infratemporal. En esta superficie se observan los forámenes alveolares posteriores, que permiten el paso de nervios y arterias destinados a los molares superiores.
Bordes visibles en la vista lateral
- Borde inferior: cóncavo hacia abajo, grueso y convexo en sentido anteroposterior.
- Borde anterior: contribuye a formar la porción media e inferior del borde orbitario.
- Borde posterior: participa en la delimitación de la fisura orbitaria inferior.
C. Borde anterior
El borde anterior del maxilar emerge por debajo de la espina nasal anterior. Se ensancha a nivel de la escotadura nasal y continúa superiormente con el borde anterior de la apófisis frontal del maxilar, participando en la delimitación del orificio piriforme.
D. Borde posterior
Este borde es redondeado y forma la tuberosidad del maxilar, estructura que constituye la porción anterior de la fosa infratemporal. Inferiormente se articula con el hueso palatino, del cual se encuentra separado por el conducto palatino mayor.
E. Borde infraorbitario
Este borde limita medialmente el piso de la órbita. Se articula, de adelante hacia atrás, con el hueso lagrimal, el etmoides y el hueso palatino, estableciendo una continuidad ósea sólida en la región orbitaria.
F. Borde inferior o alveolar
El borde inferior del maxilar está excavado por los alvéolos dentarios, destinados a alojar las raíces de los dientes superiores. En la región anterior, los alvéolos suelen ser simples; sin embargo, a nivel de los molares, se subdividen en dos, tres o incluso cuatro fositas secundarias, en correspondencia con el número de raíces de cada diente.
G. Ángulos del maxilar superior
Se describen cuatro ángulos, dos superiores y dos inferiores. El más relevante es el ángulo anterosuperior, donde se encuentra la apófisis frontal del maxilar. Esta es una proyección vertical, ligeramente oblicua hacia atrás, aplanada transversalmente.
Su base ancha se continúa con el cuerpo del hueso, mientras que su vértice se articula con la porción nasal. La cara medial de esta apófisis forma parte de la pared lateral de las cavidades nasales. La cara lateral, lisa y de contorno cuadrilátero, presenta la cresta lagrimal anterior, delante de la cual se inserta el músculo elevador del ala de la nariz y del labio superior. Detrás de esta cresta se localiza el surco lagrimal.
El borde anterior de la apófisis frontal se articula con los huesos nasales, y el borde posterior con el hueso lagrimal. Los restantes ángulos del maxilar no presentan accidentes anatómicos de particular relevancia.
Estructura del maxilar superior
Desde el punto de vista histológico y arquitectónico, el maxilar superior está constituido principalmente por hueso compacto, lo que le confiere la resistencia necesaria para soportar las fuerzas generadas durante la masticación y para proteger las cavidades que integra. No obstante, esta masa compacta no es homogénea en toda su extensión.
En determinadas regiones estratégicas, especialmente en la base de la apófisis frontal y, con mayor relevancia funcional, en el borde alveolar, se intercalan pequeños islotes de tejido óseo esponjoso. Esta disposición permite una combinación adecuada entre solidez y ligereza, facilitando tanto la resistencia mecánica como la absorción de impactos transmitidos por la dentición superior.
En el centro del hueso se encuentra una cavidad amplia, de configuración piramidal, que corresponde al seno maxilar. Esta cavidad neumática forma parte de los senos paranasales y se halla revestida por mucosa respiratoria. Su presencia reduce el peso del hueso sin comprometer su resistencia y contribuye a funciones como la resonancia de la voz y el acondicionamiento del aire inspirado.
Anatomía de superficie del maxilar superior
El maxilar superior se localiza en la porción anterior del macizo facial, lo que explica que sea un hueso claramente superficial y accesible al examen clínico. Varias de sus estructuras pueden palparse o explorarse directamente debido a su escasa cobertura ósea profunda.
El borde anterior de la apófisis frontal, así como sus caras lateral y anterior, junto con las superficies del maxilar que participan en la formación del borde orbitario, se encuentran inmediatamente por debajo de la piel. Estas regiones están recubiertas únicamente por las partes blandas de la cara y de la mejilla, lo que las hace fácilmente identificables en la inspección y palpación externas.
Por otro lado, algunas superficies del maxilar superior son accesibles por vías naturales. La cara medial de la apófisis frontal y la cara superior de la apófisis palatina pueden explorarse mediante la rinoscopia, dado que forman parte de la pared lateral y del piso de las cavidades nasales, respectivamente.
De igual manera, el borde alveolar, donde se implantan los dientes superiores, y la cara inferior de la apófisis palatina, que integra el paladar óseo, pueden examinarse directamente a través de la cavidad oral, lo que resulta fundamental en la práctica odontológica y en la evaluación clínica del paladar.
Desarrollo embrionario del maxilar superior
El desarrollo del maxilar superior se inicia durante la vida intrauterina a partir del brote yugal del primer arco branquial. Hacia el segundo mes del desarrollo embrionario, aparecen dos centros de osificación, que progresivamente se expanden y se aproximan entre sí.
Estas zonas óseas en crecimiento se fusionan a nivel de la sutura incisiva, formando una unidad anatómica continua. De manera paralela, el seno maxilar comienza a desarrollarse a partir del sexto mes de vida intrauterina, insuflando el esbozo óseo desde su interior. Sin embargo, este seno no alcanza su pleno desarrollo hasta después del nacimiento, cuando la respiración aérea estimula su expansión progresiva.
Cuando el proceso normal de fusión entre las apófisis palatinas de ambos maxilares no se completa, se produce una hendidura palatina, defecto congénito en el que existe una comunicación anómala entre la cavidad bucal y las cavidades nasales. Esta alteración compromete funciones esenciales como la alimentación, la fonación y la respiración.
La ausencia de fusión de la sutura incisiva da lugar a la denominada fisura palatina, que con frecuencia puede asociarse a una fisura labial, conocida clínicamente como labio leporino. Estas malformaciones reflejan la importancia crítica de la correcta osificación y unión de los componentes del maxilar superior durante el desarrollo embrionario.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
ISBN: 9781975154120 - Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745
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Originally posted on 19 de junio de 2022 @ 12:07 AM

