La infección genital por Chlamydia trachomatis puede ocasionar enfermedad inflamatoria pélvica porque, en determinadas circunstancias, el microorganismo no permanece limitado al cuello uterino, sino que puede ascender progresivamente a través del tracto genital femenino y alcanzar el endometrio, las trompas de Falopio y otras estructuras del aparato reproductor superior. La enfermedad inflamatoria pélvica constituye, por tanto, una consecuencia de la interacción entre la capacidad de Chlamydia trachomatis para establecer una infección en el epitelio genital y la respuesta inmunitaria que el organismo desarrolla para contenerla. El daño tisular no depende exclusivamente de una destrucción bacteriana directa, sino también de una respuesta inflamatoria persistente que puede producir lesión epitelial, infiltración leucocitaria, remodelación de la matriz extracelular, fibrosis y formación de adherencias. Esta combinación explica por qué una infección inicialmente localizada en el cuello uterino puede terminar comprometiendo la función de las trompas de Falopio y favorecer posteriormente infertilidad, dolor pélvico crónico y embarazo ectópico.
Chlamydia trachomatis posee características biológicas que favorecen una infección particularmente difícil de reconocer y, en determinadas pacientes, capaz de persistir durante períodos prolongados. Es una bacteria intracelular obligada que necesita penetrar en células epiteliales para completar su ciclo reproductivo. Su ciclo comprende una forma infecciosa, denominada cuerpo elemental, y una forma metabólicamente activa y replicativa, denominada cuerpo reticulado. Los cuerpos elementales se adhieren al epitelio susceptible, son internalizados y quedan contenidos dentro de una inclusión intracelular, donde se transforman en cuerpos reticulados. Estos se multiplican y posteriormente vuelven a diferenciarse en cuerpos elementales capaces de infectar nuevas células. Esta estrategia permite que la infección se mantenga dentro de las células epiteliales y que la respuesta inmunitaria tenga que actuar tanto contra microorganismos extracelulares como contra una población bacteriana protegida dentro de las células.
La infección suele comenzar en el epitelio del cuello uterino. Este sitio constituye una barrera anatómica e inmunológica entre el tracto genital inferior y las estructuras reproductoras superiores. En muchas mujeres, la infección permanece localizada y puede desaparecer espontáneamente o después de tratamiento; sin embargo, en una proporción de pacientes el microorganismo puede ascender hacia el endometrio y posteriormente hacia las trompas de Falopio. La importancia de este fenómeno radica en que la afectación del tracto genital superior es el elemento fundamental que permite que una infección cervical se transforme en una enfermedad inflamatoria pélvica con potencial para producir secuelas estructurales. La evidencia experimental y clínica respalda que la infección del oviducto constituye un paso particularmente importante en el desarrollo del daño reproductivo a largo plazo.

Ascenso desde el cuello uterino hacia el tracto genital superior
El ascenso de Chlamydia trachomatis no debe entenderse como un simple desplazamiento pasivo de bacterias desde la vagina hacia el útero. Se trata de un proceso dinámico en el que participan las características de la mucosa genital, las condiciones locales, la respuesta inmunitaria y la capacidad del microorganismo para sobrevivir y multiplicarse dentro de las células epiteliales. Después de establecerse en el cuello uterino, los cuerpos elementales pueden infectar células epiteliales adyacentes y favorecer una respuesta inflamatoria local. La alteración de la integridad epitelial y la inflamación pueden modificar las propiedades de la barrera cervical y facilitar la progresión de microorganismos hacia el tracto genital superior.
El cuello uterino posee mecanismos de defensa mecánicos, químicos e inmunológicos que normalmente dificultan la progresión de microorganismos. Entre ellos se encuentran la arquitectura epitelial, el moco cervical, péptidos antimicrobianos, inmunoglobulinas y mecanismos celulares de inmunidad innata. La infección por Chlamydia trachomatis puede alterar progresivamente este entorno. Las células epiteliales infectadas liberan citocinas y quimiocinas que modifican la composición del microambiente local y atraen células inflamatorias. De esta manera, el mismo proceso defensivo destinado a controlar la infección puede favorecer cambios tisulares que facilitan la progresión de la inflamación.
El ascenso hacia el endometrio y las trompas de Falopio tiene especial importancia porque las células epiteliales de estas estructuras también son susceptibles a la infección y poseen sistemas de reconocimiento capaces de detectar componentes bacterianos. Una vez que el microorganismo alcanza el tracto genital superior, la inflamación deja de estar limitada al cuello uterino y comienza a comprometer tejidos cuya integridad es esencial para el transporte del ovocito y del embrión. Los modelos experimentales han demostrado que la infección genital puede extenderse desde el cuello uterino hacia los cuernos uterinos y los oviductos, acompañándose de inflamación, dilatación tubárica, fibrosis y, finalmente, alteraciones de la fertilidad.
Es importante señalar que no todas las mujeres infectadas desarrollan enfermedad inflamatoria pélvica. La progresión hacia el tracto genital superior depende de múltiples variables y la infección puede permanecer asintomática o limitada al tracto genital inferior. Los modelos experimentales también muestran que la presencia de infección tubárica no conduce inevitablemente a daño crónico. Esto indica que la enfermedad es el resultado de una interacción compleja entre la carga y persistencia de la infección, las características del microorganismo, la susceptibilidad del huésped y la intensidad y duración de la respuesta inmunitaria.
Infección intracelular y activación de la inmunidad innata
Una vez que Chlamydia trachomatis infecta una célula epitelial, sus componentes moleculares son reconocidos por receptores celulares especializados denominados receptores de reconocimiento de patrones. Estos receptores identifican estructuras conservadas de los microorganismos y activan sistemas de señalización intracelular destinados a iniciar una respuesta antimicrobiana. Entre los receptores más estudiados en la infección por Chlamydia trachomatis se encuentran los receptores tipo Toll, especialmente Toll-like receptor 2 y Toll-like receptor 4, además de receptores intracelulares pertenecientes a la familia NOD.
La activación de estos receptores conduce a la estimulación de vías intracelulares que culminan en la activación del factor nuclear kappa B y de otros factores de transcripción relacionados con la respuesta inflamatoria. Como consecuencia, las células infectadas comienzan a producir mediadores como interleucina 1, interleucina 6, interleucina 8 y factor de necrosis tumoral, además de diversas quimiocinas. Estos mediadores tienen una función inicialmente protectora porque permiten atraer leucocitos y activar mecanismos destinados a eliminar el microorganismo. Sin embargo, cuando la estimulación persiste, la misma respuesta puede convertirse en una fuente de lesión tisular.
El papel de Toll-like receptor 2 es particularmente importante en la fisiopatología de la enfermedad. Los estudios experimentales han demostrado que la activación de esta vía participa en la producción de citocinas y en el reclutamiento de células inflamatorias hacia el tracto genital. En modelos animales, la ausencia de Toll-like receptor 2 reduce determinados mediadores inflamatorios y disminuye la lesión de las trompas y de los tejidos periováricos, lo que demuestra que la intensidad de la señal inflamatoria puede influir directamente sobre la magnitud del daño reproductivo. Estos hallazgos no significan que Toll-like receptor 2 sea responsable por sí solo de toda la enfermedad, sino que forma parte de una red de reconocimiento inmunológico que conecta la presencia bacteriana con la inflamación y el daño tisular.
Reclutamiento de neutrófilos y otras células inflamatorias
Las citocinas y quimiocinas producidas por el epitelio infectado generan un gradiente químico que atrae leucocitos desde la circulación hacia el tejido genital. Los neutrófilos son algunas de las primeras células que aparecen en el sitio de infección. Su función principal consiste en reconocer y destruir microorganismos mediante fagocitosis, especies reactivas de oxígeno, enzimas proteolíticas y otros mecanismos antimicrobianos. Esta respuesta es fundamental para limitar la infección, pero puede producir lesión colateral cuando se mantiene de forma intensa o prolongada.
Los neutrófilos liberan elastasa, metaloproteinasas de matriz y otras moléculas capaces de degradar proteínas estructurales. En una infección aguda y controlada, esta actividad contribuye a eliminar células infectadas y microorganismos. Sin embargo, cuando la inflamación persiste, las mismas enzimas pueden alterar la matriz extracelular y lesionar el epitelio y el estroma de la trompa de Falopio. La destrucción repetida de componentes estructurales seguida de procesos de reparación favorece la remodelación anormal del tejido y puede culminar en fibrosis.
Además de los neutrófilos, participan monocitos, macrófagos, células natural killer y linfocitos T. Posteriormente se desarrolla una respuesta adaptativa caracterizada, entre otros elementos, por la participación de linfocitos T CD4 y células productoras de anticuerpos. El interferón gamma producido por determinados linfocitos T contribuye al control de la infección intracelular, por lo que la inmunidad adaptativa cumple una función protectora. No obstante, la activación repetida o persistente de estas respuestas también puede amplificar la inflamación y participar en la lesión del tejido.
Esta característica explica una de las particularidades más importantes de la enfermedad por Chlamydia trachomatis: el daño no puede atribuirse exclusivamente a la acción destructiva directa de la bacteria. Una parte sustancial de la lesión es consecuencia de la respuesta inmunitaria generada contra el microorganismo. El sistema inmunitario intenta eliminar la infección, pero la liberación sostenida de mediadores inflamatorios, proteasas y factores de remodelación tisular puede producir daño en estructuras que inicialmente no constituían el objetivo del microorganismo.
Lesión del epitelio tubárico
Las trompas de Falopio poseen un epitelio altamente especializado que contiene células ciliadas y células secretoras. La integridad de este epitelio es esencial para el transporte adecuado del ovocito y del embrión. Cuando Chlamydia trachomatis alcanza las trompas, puede infectar las células epiteliales y desencadenar una respuesta inflamatoria local. Estudios realizados en cultivos de tejido tubárico han demostrado que la infección puede inducir producción de citocinas inflamatorias y daño epitelial incluso en ausencia de una infiltración masiva de células inmunitarias, lo que demuestra que las células epiteliales infectadas participan directamente en la lesión.
La pérdida de la integridad epitelial tiene consecuencias funcionales. Las células ciliadas participan en el desplazamiento del contenido tubárico hacia el útero, mientras que las células secretoras producen componentes necesarios para mantener el microambiente tubárico. Una lesión persistente puede alterar la arquitectura de la mucosa y reducir la eficiencia del transporte tubárico. Si además se desarrolla fibrosis, adherencia o estrechamiento de la luz, la alteración funcional se vuelve estructural y puede persistir incluso después de que la infección haya sido eliminada.
La inflamación también puede modificar la expresión de moléculas de adhesión en el endotelio y favorecer una mayor entrada de células inmunitarias al tejido. Las células epiteliales infectadas pueden producir metaloproteinasas de matriz y otros mediadores capaces de modificar el entorno extracelular. La combinación de daño celular, infiltración leucocitaria y degradación de la matriz establece las condiciones necesarias para que posteriormente se produzca una reparación anormal con depósito de tejido fibroso.
Persistencia de la inflamación y daño inmunomediado
Una característica fundamental de la infección por Chlamydia trachomatis es que la inflamación puede mantenerse más allá de la fase inicial de multiplicación bacteriana. La presencia de antígenos bacterianos, células dañadas y señales de peligro tisular puede continuar estimulando la respuesta inmunitaria. Por ello, la eliminación del microorganismo no necesariamente implica que el tejido recupere inmediatamente su estructura original. Los estudios experimentales han demostrado que la inflamación puede dejar como secuela procesos de remodelación y cicatrización que persisten después de la resolución de la infección.
La repetición de episodios de infección es especialmente importante. Una nueva exposición a Chlamydia trachomatis puede desencadenar una respuesta inmunitaria más rápida debido a la memoria inmunológica desarrollada previamente. Esta respuesta tiene ventajas porque permite controlar con mayor rapidez la infección, pero también puede producir una reacción inflamatoria intensa. Los estudios experimentales han planteado que las respuestas inmunitarias repetidas pueden contribuir al daño tubárico, especialmente cuando existe infección persistente o reinfección.
Este fenómeno ayuda a comprender por qué las secuelas reproductivas pueden aparecer después de episodios que clínicamente fueron poco llamativos. La ausencia de síntomas intensos no significa necesariamente ausencia de actividad inflamatoria. Una mujer puede presentar una infección cervical asintomática y, aun así, desarrollar cambios inflamatorios en el tracto genital superior. La evolución silenciosa de la infección es precisamente uno de los factores que dificulta la identificación temprana de las pacientes en riesgo de daño tubárico. La información clínica disponible confirma que las infecciones por Chlamydia trachomatis pueden producir complicaciones importantes sin que el daño inicial sea fácilmente perceptible.
De la inflamación a la fibrosis
El paso de una inflamación aguda a una lesión estructural permanente ocurre mediante un proceso de reparación tisular anormal. Durante la inflamación se producen sustancias que degradan componentes de la matriz extracelular y, simultáneamente, señales que estimulan la proliferación celular y la síntesis de nuevas proteínas estructurales. Cuando estos procesos se mantienen durante períodos prolongados, la reparación puede dejar una cantidad excesiva de tejido fibroso.
En las trompas de Falopio, la fibrosis puede engrosar la pared, distorsionar la arquitectura de la mucosa y reducir el diámetro de la luz. También puede producir adherencias entre la trompa y estructuras pélvicas vecinas. El resultado es una alteración anatómica que puede persistir después de que el microorganismo haya desaparecido. Los modelos experimentales de infección genital han reproducido fenómenos como fibrosis, dilatación tubárica e hidrosálpinx, proporcionando evidencia de que la inflamación inducida por Chlamydia puede traducirse en cambios anatómicos permanentes.
La fibrosis no representa únicamente una cicatriz pasiva. Modifica la capacidad funcional de la trompa. La mucosa tubárica debe conservar una arquitectura precisa para permitir la captación del ovocito, su transporte y el desplazamiento del embrión hacia la cavidad uterina. Cuando la estructura está distorsionada por inflamación y fibrosis, estos procesos pueden alterarse. Por esta razón, la lesión tubárica producida por la infección por Chlamydia trachomatis puede tener consecuencias reproductivas incluso después de que el episodio infeccioso haya sido tratado.
Relación entre enfermedad inflamatoria pélvica y alteración de las trompas
La enfermedad inflamatoria pélvica representa, por tanto, la expresión clínica de un proceso inflamatorio que afecta el tracto genital superior. Cuando Chlamydia trachomatis alcanza el endometrio y las trompas de Falopio, puede producir endometritis y salpingitis. La inflamación puede extenderse hacia los tejidos circundantes y generar peritonitis pélvica, adherencias y alteraciones anatómicas. La intensidad y extensión de este proceso son variables y dependen de la interacción entre el microorganismo y la respuesta del huésped.
La salpingitis es especialmente importante porque las trompas constituyen el órgano en el que las secuelas estructurales de la inflamación pueden afectar directamente la fertilidad. El proceso inflamatorio puede producir edema, infiltración celular, destrucción epitelial, pérdida de cilios, alteración de la arquitectura mucosa y posteriormente fibrosis. En casos más avanzados pueden aparecer adherencias, estenosis u obstrucción de la luz tubárica. Los estudios en modelos animales y los datos derivados de la enfermedad humana han demostrado una asociación consistente entre infección genital por Chlamydia trachomatis, lesión tubárica y secuelas reproductivas.
Cómo la lesión tubárica puede favorecer un embarazo ectópico
La relación entre Chlamydia trachomatis y embarazo ectópico se explica principalmente por la lesión residual de las trompas. El desarrollo de un embarazo normal requiere que el ovocito sea captado por la trompa, que la fecundación ocurra en el tracto tubárico y que el embrión sea transportado posteriormente hacia la cavidad uterina. Este transporte depende de la integridad anatómica y funcional de la trompa, incluida la actividad ciliar y las contracciones coordinadas de su musculatura. La inflamación y la fibrosis pueden alterar estos mecanismos.
Cuando el transporte embrionario se retrasa o se altera por daño tubárico, el embrión puede permanecer dentro de la trompa durante un período mayor al fisiológicamente esperado. Si la implantación ocurre antes de que el embrión alcance la cavidad uterina, puede desarrollarse un embarazo ectópico tubárico. La relación entre infección por Chlamydia trachomatis, enfermedad inflamatoria pélvica, daño tubárico y embarazo ectópico representa, por tanto, una secuencia fisiopatológica: infección ascendente, inflamación del tracto genital superior, lesión y remodelación de la trompa, alteración del transporte y, finalmente, aumento de la probabilidad de implantación extrauterina.
Esta relación es particularmente relevante porque la infección puede producir daño antes de que la paciente tenga conocimiento de haber estado infectada. La ausencia de síntomas no excluye la posibilidad de lesión tubárica. El carácter frecuentemente asintomático de la infección por Chlamydia trachomatis permite que el microorganismo permanezca sin diagnóstico y que la inflamación se desarrolle de manera subclínica. Por esta razón, la prevención, detección y tratamiento oportunos de la infección tienen importancia no solamente para evitar la transmisión, sino también para reducir el riesgo de enfermedad inflamatoria pélvica y sus secuelas reproductivas.
Papel de la reinfección
La reinfección representa otro elemento importante en la progresión del daño tubárico. Una infección tratada correctamente puede eliminar el microorganismo presente en ese momento, pero no necesariamente proporciona inmunidad esterilizante frente a futuras exposiciones. Los estudios inmunológicos muestran que la respuesta adaptativa generada después de una infección puede contribuir al control de nuevos episodios, pero no impide necesariamente la reinfección. Cada nuevo episodio puede volver a estimular mecanismos inflamatorios y aumentar la exposición de los tejidos a procesos potencialmente lesivos.
Por esta razón, la prevención de nuevos episodios tiene una importancia especial. La lesión tubárica se relaciona con la historia acumulativa de inflamación y no únicamente con la intensidad de un episodio aislado. Los modelos experimentales han mostrado que las infecciones repetidas pueden incrementar la cicatrización y la alteración estructural de las trompas. Esto proporciona una explicación biológica para la asociación entre episodios repetidos de infección por Chlamydia trachomatis y un mayor riesgo de secuelas reproductivas.
Por qué el daño puede persistir después del tratamiento
El tratamiento antimicrobiano actúa contra la infección, pero una vez establecida la lesión estructural, la eliminación del microorganismo no garantiza la restitución completa de la anatomía tubárica. Si durante la infección se produjo destrucción epitelial, pérdida de células ciliadas, fibrosis o adherencias, estos cambios pueden permanecer como secuelas. El proceso inflamatorio puede, por tanto, dividirse conceptualmente en dos etapas: una etapa infecciosa en la que el microorganismo está presente y una etapa secuelar en la que persisten las consecuencias anatómicas y funcionales de la respuesta inflamatoria.
Esta distinción es fundamental para comprender la relación entre una infección pasada y un evento reproductivo ocurrido años después. Una mujer puede haber recibido tratamiento y no presentar posteriormente signos de infección activa, pero conservar una trompa con alteraciones estructurales derivadas de una infección previa. La cicatrización puede modificar el transporte tubárico y contribuir a infertilidad o embarazo ectópico aun cuando ya no exista microorganismo detectable. La evidencia clínica y experimental sustenta este modelo de secuela estructural posterior a la infección.
En conjunto, Chlamydia trachomatis puede producir enfermedad inflamatoria pélvica mediante una secuencia fisiopatológica compleja en la que intervienen la infección del epitelio cervical, el ascenso hacia el tracto genital superior, la invasión de células epiteliales endometriales y tubáricas, el reconocimiento de componentes bacterianos por receptores de inmunidad innata, la activación de vías inflamatorias, el reclutamiento de neutrófilos y otras células inmunitarias, la liberación de proteasas y metaloproteinasas, la lesión epitelial y finalmente la reparación con fibrosis y adherencias. El elemento central de esta fisiopatología es que el daño reproductivo no depende únicamente de la presencia física de la bacteria, sino de la interacción prolongada entre infección y respuesta inmunitaria. Cuando este proceso afecta las trompas de Falopio, puede dejar alteraciones permanentes capaces de comprometer su función y explicar posteriormente infertilidad y embarazo ectópico.
Fuente y lecturas recomendadas:
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