Patógenos emergentes y resistencia antimicrobiana
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Durante las últimas décadas, la dinámica de las infecciones asociadas a la atención sanitaria ha mostrado cambios notables en cuanto a los patógenos  predominantes y los perfiles de resistencia antimicrobiana. En los años noventa y principios de la primera década del siglo XXI, los cocos grampositivos, principalmente especies del género Staphylococcus y Enterococcus, fueron los responsables predominantes de infecciones nosocomiales, consolidando su relevancia en el contexto hospitalario. La resistencia antimicrobiana en estos microorganismos se convirtió en un problema paradigmático: el Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA) y el Enterococcus resistente a vancomicina (VRE) se erigieron como los prototipos de patógenos fuera de control dentro de los hospitales estadounidenses en 2003. Estas bacterias no solo mostraban resistencia a múltiples fármacos, sino que también presentaban una capacidad extraordinaria de persistir en el ambiente hospitalario y colonizar pacientes, facilitando su diseminación horizontal.

Con el transcurso del tiempo, sin embargo, el panorama de las infecciones nosocomiales comenzó a transformarse. Las infecciones provocadas por bacilos gramnegativos han superado en frecuencia a las causadas por cocos grampositivos, mientras que las especies de Candida han emergido como las principales responsables de infecciones relacionadas con catéteres venosos centrales en unidades de cuidados intensivos para adultos. Esta transición refleja, en gran medida, la presión selectiva ejercida por el uso extensivo y repetido de múltiples clases de agentes antibacterianos y antifúngicos dentro de entornos críticos. Las unidades de cuidados intensivos, debido a la concentración de pacientes inmunocomprometidos, procedimientos invasivos y administración frecuente de antimicrobianos, se han convertido en focos estratégicos para la adquisición, mantenimiento y diseminación de resistencias en bacterias y hongos.

Un ejemplo paradigmático de un patógeno emergente con resistencia múltiple es Candida auris, un hongo oportunista que ilustra la importancia del laboratorio clínico-microbiológico en la identificación, seguimiento y caracterización de microorganismos resistentes a múltiples fármacos. Desde su primera detección en 2009, Candida auris ha experimentado una expansión global, reportándose en más de treinta países y en los seis continentes, donde ha causado infecciones graves y elevada mortalidad en pacientes hospitalizados. Este patógeno se distingue por su notable capacidad de supervivencia en superficies inanimadas, por colonizar tanto a pacientes infectados como a aquellos no infectados durante períodos prolongados, y por transmitirse eficazmente de un paciente a otro dentro del entorno hospitalario. Además, su perfil de resistencia incluye múltiples clases de antifúngicos, abarcando azoles, equinocandinas y polienos, lo que limita gravemente las opciones terapéuticas disponibles.

La identificación de Candida auris representa un desafío adicional, ya que los sistemas comerciales de diagnóstico de rutina en los laboratorios clínicos suelen no detectarlo correctamente. La identificación confiable requiere técnicas avanzadas como espectrometría de masas MALDI-TOF o secuenciación de ADN. Debido a su resistencia a múltiples fármacos, su capacidad para persistir en el ambiente hospitalario y su facilidad para propagarse entre pacientes, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) consideran a Candida auris una amenaza seria y de alcance global, resaltando la necesidad de estrategias integrales de vigilancia, control de infecciones y desarrollo de nuevos agentes antimicrobianos.

Las especies de bacilos gramnegativos que resultan de mayor relevancia cuando se considera la aparición de microorganismos multirresistentes en el contexto de infecciones asociadas a la atención sanitaria incluyen diversos miembros del orden Enterobacterales, entre los que destacan Klebsiella spp. y Enterobacter spp., así como bacilos gramnegativos no fermentadores como Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa. Estos organismos presentan una notable diversidad de β-lactamasas, enzimas capaces de inactivar una amplia gama de antibióticos β-lactámicos, algunas de las cuales pueden ser difíciles de detectar mediante los métodos microbiológicos fenotípicos de rutina empleados en los laboratorios clínicos. Esta complejidad enfatiza la necesidad de que los laboratorios clínico-microbiológicos no solo identifiquen y caractericen patógenos clásicos como Staphylococcus aureus resistente a meticilina y Enterococcus resistente a vancomicina, sino que también evalúen de manera precisa la resistencia a β-lactámicos y carbapenémicos en Enterobacterales, la resistencia multirresistente en Acinetobacter y Pseudomonas, así como la resistencia a azoles y equinocandinas en especies de Candida.

El papel del laboratorio clínico-microbiológico en la vigilancia y monitoreo de la resistencia antimicrobiana es, por lo tanto, crucial para el éxito de los programas de prevención y control de infecciones. El personal de laboratorio debe notificar de manera inmediata a los profesionales encargados de la prevención de infecciones hospitalarias cuando se detecten patógenos con resistencia significativa o cuando surjan nuevos fenotipos resistentes, de modo que se implementen las medidas de control y aislamiento adecuadas sin demora. Esta coordinación entre la detección microbiológica y la gestión de la prevención de infecciones es esencial para limitar la transmisión nosocomial de microorganismos multirresistentes y proteger tanto a los pacientes como al personal sanitario.

La introducción y propagación de virus respiratorios, tales como el virus respiratorio sincitial, los virus de la influenza, los virus parainfluenza, entre otros, constituyen una preocupación constante para los programas de prevención y control de infecciones en el ámbito hospitalario. En la mayoría de los casos, los individuos infectados son excluidos de la hospitalización a menos que la gravedad de su enfermedad requiera admisión. Cuando esto sucede, los pacientes son ubicados en áreas de aislamiento con presión negativa y atendidos por personal sanitario que utiliza equipo de protección personal adecuado, con el fin de minimizar el riesgo de transmisión nosocomial.

La pandemia mundial de la enfermedad por coronavirus 2019 representó un desafío sin precedentes para los pacientes, las comunidades, los hospitales y las autoridades gubernamentales. Durante este evento, los profesionales encargados de la prevención de infecciones y los laboratorios clínico-microbiológicos desempeñaron un papel central en la identificación temprana de pacientes sintomáticos, lo que permitió considerar la implementación de terapias antivirales y tratamientos complementarios de manera oportuna. Además, estos equipos fueron responsables de determinar la ubicación más adecuada para cada paciente infectado, ya fuera en habitaciones individuales o en áreas de cohorte con otros pacientes con infección confirmada, así como de la evaluación de pacientes asintomáticos antes de la admisión para garantizar un correcto alojamiento y reducir al mínimo la transmisión de paciente a paciente.

El cumplimiento de estas medidas dependió estrechamente de la capacidad de los laboratorios clínico-microbiológicos para responder a una demanda extraordinaria de pruebas diagnósticas. El personal del laboratorio no solo se limitó a realizar la detección y reporte de casos, sino que también participó en actividades críticas adicionales, incluyendo el desarrollo de nuevas pruebas diagnósticas, la resolución de problemas relacionados con la cadena de suministro de insumos y reactivos, y el asesoramiento a programas de prevención de infecciones, proveedores de atención médica y directivos hospitalarios sobre diversos aspectos de la utilización y interpretación de pruebas diagnósticas. Asimismo, los laboratorios contribuyeron a garantizar que el personal sanitario que entraba en contacto directo con pacientes infectados utilizara equipo de protección personal apropiado y que los trabajadores de la salud sintomáticos fueran evaluados y aislados de manera adecuada para minimizar la transmisión de virus de los profesionales a los pacientes.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Madigan, M. T., Martinko, J. M., Bender, K. S., Buckley, D. H., & Stahl, D. A. (2018). Brock biology of microorganisms (15th ed.). Pearson.
  2. Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2025). Medical microbiology (10th ed.). Elsevier.
  3. Postgate, J. (2000). Microbes and man (4th ed.). Cambridge University Press.
  4. Riedel, S., Hobden, J. A., Miller, S., Morse, S. A., Mietzner, T. A., Detrick, B., Mitchell, T. G., Sakanari, J. A., Hotez, P., & Mejía, R. (2020). Microbiología médica (28ª ed.). McGraw-Hill Interamericana Editores.
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