El prurito constituye una sensación cutánea intensamente desagradable que provoca el impulso de rascarse, fenómeno que, aunque común, puede tener implicaciones clínicas significativas cuando se presenta durante el embarazo. Se estima que entre el dieciocho y el cuarenta por ciento de las mujeres gestantes experimentan algún grado de prurito, siendo más frecuente durante el segundo y tercer trimestre. Cuando esta sensación persiste por más de seis semanas, se clasifica como prurito crónico, situación que no solo afecta la comodidad física sino que también puede repercutir de manera negativa sobre la calidad de vida, el descanso nocturno y el bienestar psicológico de la gestante.
El prurito en el contexto del embarazo puede originarse por múltiples factores, que van desde cambios fisiológicos propios del estado gestacional hasta enfermedades dermatológicas, sistémicas, neurológicas o incluso alteraciones de índole psicológica. Tradicionalmente, la atención médica se ha centrado en las dermatosis específicas de la gestación; sin embargo, una proporción considerable de los casos de prurito tiene origen en afecciones generales de la piel, trastornos metabólicos o endocrinos, infecciones o alteraciones emocionales, por lo que su evaluación requiere un enfoque integral.
Cambios fisiológicos y prurito
El embarazo representa un estado fisiológico de intensa transformación corporal que afecta múltiples sistemas, incluido el tegumentario. Uno de los cambios más evidentes es la aparición de estrías gravídicas, que se manifiestan como bandas lineales de color rosa a púrpura, atróficas, localizadas predominantemente en abdomen, senos, muslos y glúteos. Estas lesiones, observadas en más del noventa por ciento de las gestantes en el segundo y tercer trimestre, pueden generar prurito debido al estiramiento mecánico de la piel, el cual activa las terminaciones nerviosas dérmicas y desencadena la sensación de picor.
La xerosis, o sequedad cutánea generalizada, constituye otra causa fisiológica frecuente de prurito durante el embarazo. Este fenómeno está relacionado con modificaciones en la hidratación epidérmica y con la alteración de la función barrera de la piel, que se ve afectada por cambios hormonales y aumento de la superficie cutánea. La actividad de las glándulas sebáceas y ecrinas puede aumentar, mientras que la función de las glándulas apocrinas suele disminuir, contribuyendo a la alteración de la lubricación y protección natural de la piel y facilitando la aparición de picor. Reconocer estas causas fisiológicas es crucial, ya que permite diferenciar prurito benigno, autolimitado, de aquel que requiere evaluación médica y tratamiento específico.
Dermatosis específicas del embarazo
Entre las causas patológicas más estudiadas del prurito gestacional se encuentran las dermatosis específicas de embarazo. Estas entidades constituyen un grupo de trastornos cutáneos exclusivos del periodo gestacional y pueden asociarse a riesgos maternos y fetales variables. Entre ellas destacan:
- Erupción polimorfa del embarazo, caracterizada por lesiones eritematosas pruriginosas, a menudo en las áreas distensibles del abdomen.
- Penfigoide gestacional, una enfermedad ampollosa autoinmune que provoca prurito intenso y puede afectar la integridad cutánea de manera significativa.
- Erupción atópica del embarazo, que representa la exacerbación de la dermatitis atópica previa o la aparición de síntomas atópicos durante la gestación.
- Colestasis intrahepática del embarazo, una condición sistémica que, aunque de origen hepático, produce prurito intenso, especialmente en palmas y plantas, y se asocia a riesgos fetales importantes.
Dermatosis generales y enfermedades sistémicas
El prurito también puede deberse a enfermedades dermatológicas no exclusivas del embarazo, como psoriasis, eccema o urticaria, así como a infecciones e infestaciones cutáneas, incluyendo sarna, pitiriasis rosada, dermatofitosis o incluso infecciones virales como varicela, virus del Zika y VIH, que pueden inducir prurito por inflamación cutánea directa o reacciones inmunológicas asociadas.
A nivel sistémico, trastornos endocrinos, metabólicos o hematológicos pueden manifestarse a través del picor. Entre ellos destacan la diabetes mellitus, el hipotiroidismo, la anemia ferropénica, la policitemia vera y la enfermedad renal crónica. En estos casos, el prurito no solo refleja la alteración cutánea sino también la disfunción sistémica subyacente, y su identificación temprana puede guiar intervenciones terapéuticas que beneficien tanto a la madre como al feto.
Causas neurológicas y psicológicas
Alteraciones del sistema nervioso también pueden inducir prurito. Trastornos como la neuralgia postherpética o la metalgia parestésica provocan picor localizado debido a la irritación de fibras nerviosas periféricas o centrales. Además, el componente psicológico juega un papel importante: el estrés, la ansiedad o los trastornos del estado de ánimo pueden desencadenar o exacerbar el prurito psicógeno o el prurigo nodular, en el cual la conducta de rascado perpetúa la lesión cutánea y el ciclo de picor.

Fuente y lecturas recomendadas:
-
Shrikhande, L. A., & Kadu, P. P. (2024). Pruritus in Pregnancy. Journal of obstetrics and gynaecology of India, 74(1), 12–21. https://doi.org/10.1007/s13224-024-01957-x
-
Stefaniak, A. A., Pereira, M. P., Zeidler, C., & Ständer, S. (2022). Pruritus in Pregnancy. American journal of clinical dermatology, 23(2), 231–246. https://doi.org/10.1007/s40257-021-00668-7
