Es esencial comprender de manera amplia el proceso de la enfermedad, para que los médicos y los cirujanos reconozcan, diagnostiquen, y traten todas las enfermedades con precisión y competencia.
Con el objetivo de interpretar los trastornos de un paciente (síntomas) y comprender las anormalidades que encuentra en la exploración (signos), es importante que el médico esté familiarizado con la gama de anormalidades posibles en un órgano o tejido.
El conocer las características de la enfermedad es la base de la destreza de un médico para realizar el diagnóstico.
Las enfermedades pueden ser el resultado de alteraciones primarias en tres niveles:
1️⃣ Función genética.
2️⃣ Función fisiológica/bioquímica
3️⃣ Trastornos estructurales de células, tejidos, y órganos.
Una anormalidad genética puede inducir un problema bioquímico, lo cual puede manifestarse como una anormalidad estructural.
Una adecuada comprensión de la patología se basa en un fundamento sólido de la biología celular, la estructura (histología y anatomía) y la fisiología normales del organismo.
Células y tejidos responden a procesos patológicos en un número limitado de formas, las cuales pueden considerarse como respuestas patológicas básicas. Un proceso de enfermedad simple tiene efectos diferentes en distintos sistemas.
La patología incluye cinco disciplinas principales:
1️⃣ Histopatología
2️⃣ Hematología
3️⃣ Patología química
4️⃣ Microbiología
5️⃣ Inmunopatología
Tradicionalmente, la patología se ha estructurado en cinco disciplinas principales, cada una de ellas reflejando un enfoque particular en la manera en que los patólogos estudian y diagnostican las enfermedades dentro de los hospitales y laboratorios clínicos. Esta subdivisión no es arbitraria, sino que responde a la necesidad de abordar la complejidad de los procesos patológicos mediante métodos especializados que permiten una comprensión integral de las enfermedades.
La histopatología constituye la disciplina central de la patología, y su objeto de estudio son los cambios estructurales de las células y los tejidos que ocurren durante la enfermedad. Analizando tejidos mediante técnicas de tinción y microscopía, los histopatólogos pueden identificar alteraciones morfológicas características de distintas enfermedades, como la degeneración celular, la inflamación, la necrosis o la proliferación anormal. Esta perspectiva estructural es esencial, ya que muchas enfermedades pueden diagnosticarse inicialmente mediante la observación directa de los tejidos afectados, y de hecho la mayor parte de la literatura clínica y educativa en patología se centra en este enfoque.
La hematología, por su parte, se enfoca en la sangre y sus componentes celulares y plasmáticos. Esta disciplina estudia tanto las enfermedades primarias de la sangre, como la anemia, la leucemia o los trastornos de la coagulación, como los efectos secundarios que otras enfermedades sistémicas pueden tener sobre la composición y función sanguínea. La sangre, al ser un fluido circulante, refleja muchas alteraciones metabólicas y patológicas, lo que la convierte en un marcador invaluable para el diagnóstico y seguimiento de múltiples enfermedades.
La patología química, también denominada patología bioquímica, se centra en las alteraciones químicas y metabólicas que acompañan a la enfermedad. Esta disciplina examina cómo los trastornos primarios de enzimas, hormonas, electrolitos y otros compuestos bioquímicos afectan a los sistemas orgánicos, así como los efectos secundarios que diversas enfermedades ejercen sobre los parámetros químicos de la sangre, la orina y otros tejidos. A través de análisis cuantitativos y cualitativos, la patología química permite comprender no solo la presencia de una enfermedad, sino también su magnitud y evolución a nivel molecular.
La microbiología clínica se dedica al estudio de las enfermedades infecciosas mediante la identificación, aislamiento y caracterización de los agentes causantes, incluyendo bacterias, virus, hongos y parásitos. Esta disciplina se subdivide con frecuencia en áreas específicas, como la virología, la bacteriología y la parasitología, para abordar la diversidad de patógenos y sus mecanismos de acción. La microbiología no solo permite diagnosticar infecciones, sino que también orienta el tratamiento adecuado y contribuye al control epidemiológico de enfermedades transmisibles.
La inmunopatología se concentra en el estudio del sistema inmunitario y su papel en la enfermedad. Esta disciplina investiga tanto las enfermedades primarias del sistema inmunológico, como los defectos congénitos o adquiridos de la defensa inmunitaria, como las respuestas inmunológicas anómalas que surgen como consecuencia de otras enfermedades. A través del análisis de células inmunitarias, anticuerpos y mediadores inflamatorios, la inmunopatología permite comprender cómo la inmunidad contribuye tanto a la protección frente a agentes patógenos como a la generación de daño tisular en procesos autoinmunes o inflamatorios crónicos.
Los avances recientes en biología celular y molecular han dado origen a una disciplina emergente denominada patología molecular, que complementa y en algunos casos redefine los enfoques tradicionales. Esta rama se centra en la identificación de alteraciones a nivel de ADN, ARN y proteínas, proporcionando una capacidad sin precedentes para definir enfermedades no solo por sus manifestaciones estructurales o bioquímicas, sino por sus firmas moleculares específicas. Esto ha permitido la detección temprana de enfermedades, la clasificación precisa de subtipos patológicos y el desarrollo de terapias dirigidas basadas en características moleculares particulares.

Originally posted on 16 de diciembre de 2022 @ 8:13 AM

