Relaciones anatómicas del esófago
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El esófago constituye un conducto muscular impar que se extiende desde la faringe hasta el estómago, y cuya disposición topográfica está determinada por su trayecto vertical a través de regiones anatómicas de naturaleza muy distinta. Desde el punto de vista morfológico, el órgano no se encuentra libre en el espacio, sino envuelto por una vaina de tejido conectivo denominada adventicia periesofágica. Esta envoltura no es una simple cubierta pasiva: actúa como un plano de unión laxo que permite la movilidad funcional del órgano durante la deglución y, al mismo tiempo, establece las conexiones mecánicas y vasculonerviosas con las estructuras circundantes.

Por medio de esta adventicia, el esófago contrae relaciones que pueden ordenarse en cuatro grandes territorios:

  • cervical
  • torácico
  • diafragmático
  • abdominal

Cada uno de estos segmentos presenta una organización particular, determinada por la disposición de los planos fasciales, los órganos vecinos y los ejes vasculonerviosos regionales.

Relaciones del esófago con la columna vertebral y la arteria aórtica
Relaciones del esófago con la columna vertebral y la arteria aórtica


Porción cervical del esófago

La porción cervical del esófago se sitúa en la región infrahioidea mediana, en el plano más profundo del cuello anterior. Se extiende aproximadamente desde el nivel del cuerpo de la sexta vértebra cervical hasta el borde superior de la segunda vértebra torácica. En este trayecto, el órgano ocupa un compartimiento visceral delimitado por hojas fasciales que condicionan tanto su estabilidad como su movilidad.

Relaciones posteriores

En sentido posterior, el esófago no se apoya directamente sobre la columna vertebral. Entre su pared y el plano óseo vertebral se interponen los músculos prevertebrales y la hoja prevertebral de la fascia cervical. Esta disposición crea un espacio intermedio ocupado por tejido conectivo laxo. Dicho tejido no es homogéneo: se encuentra limitado lateralmente por tabiques sagitales que delimitan un espacio anatómico específico, conocido como espacio retroesofágico o retrovisceral de Henke.

Este espacio se prolonga superiormente hacia el tejido retrofaríngeo y continúa inferiormente con el tejido retroesofágico del mediastino superior. Desde el punto de vista funcional, la presencia de tejido conectivo laxo en este compartimiento constituye un verdadero sistema de deslizamiento. Gracias a él, el esófago puede desplazarse con libertad relativa durante la deglución, adaptándose a los movimientos de la laringe y de la tráquea sin sufrir compresiones contra el plano vertebral rígido. Además, esta disposición facilita la transmisión de procesos infecciosos o colecciones líquidas entre el cuello y el mediastino, lo que subraya la importancia clínica de esta relación anatómica.

Relaciones anteriores

En sentido anterior, el esófago se encuentra en íntimo contacto con la cara posterior de la tráquea, específicamente con su pared membranosa. Esta relación es fundamental desde el punto de vista funcional, ya que ambos órganos participan coordinadamente en la respiración y la deglución. La pared posterior traqueal, carente de anillos cartilaginosos, permite cierto grado de deformación, lo que facilita el paso del bolo alimenticio por el esófago sin comprometer gravemente la permeabilidad aérea.

A partir del nivel aproximado de la séptima vértebra cervical, el esófago rebasa ligeramente hacia la izquierda el eje traqueal. Este desplazamiento explica que establezca contacto con la cara posterior del lóbulo izquierdo de la glándula tiroides y con la glándula paratiroides inferior izquierda. Tal proximidad tiene relevancia quirúrgica, especialmente en procedimientos tiroideos, donde la integridad esofágica puede verse comprometida si no se respetan los planos anatómicos.

En el ángulo formado entre la tráquea y el esófago, particularmente en el lado izquierdo, asciende el nervio laríngeo recurrente izquierdo. Este nervio mantiene una relación de extrema proximidad con la pared esofágica, siendo cruzado lateralmente por la arteria tiroidea inferior en su trayecto hacia la glándula tiroides. Esta intersección vascular y nerviosa constituye un punto anatómico delicado, donde maniobras quirúrgicas pueden ocasionar lesiones con repercusión funcional en la fonación.

Relaciones laterales

Las relaciones laterales son asimétricas, debido tanto a la posición ligeramente desviada del esófago como a la disposición desigual de los grandes vasos cervicales.

En el lado derecho, la tráquea sobrepasa el borde esofágico, interponiéndose entre el esófago y las estructuras vasculonerviosas más laterales. Esta interposición crea una suerte de barrera que protege parcialmente al esófago de contactos directos con la arteria carótida común derecha y otros elementos del paquete vasculonervioso cervical.

En el lado izquierdo, en cambio, la arteria carótida común izquierda se sitúa más próxima al borde del esófago. Esta mayor cercanía explica que las intervenciones quirúrgicas o procesos expansivos en esta región puedan comprometer con mayor facilidad la relación entre ambos elementos.

A ambos lados, el esófago y la tráquea conforman la pared medial de la región esternocleidomastoidea. Los bordes laterales del esófago son seguidos casi en el mismo plano por el tronco simpático cervical, cuya proximidad explica la posibilidad de afectación simpática en procesos patológicos regionales.

La arteria tiroidea inferior cruza transversalmente el trayecto esofágico, acompañada por las venas tiroideas medias e inferiores, configurando una red vascular íntimamente relacionada con la superficie lateral del órgano.

En cuanto a la inervación, el nervio laríngeo recurrente derecho asciende siguiendo el borde derecho del esófago, mientras que el nervio laríngeo recurrente izquierdo lo hace en el ángulo traqueoesofágico. Más superiormente, ambos nervios quedan cubiertos por el borde inferior del músculo constrictor inferior de la faringe, desapareciendo progresivamente de la superficie esofágica visible.

 


Porción torácica del esófago

La porción torácica del esófago se extiende aproximadamente desde el nivel de la segunda vértebra torácica hasta la novena vértebra torácica. Este segmento representa la parte más extensa del órgano y discurre íntegramente dentro del mediastino, atravesando primero el mediastino superior y luego el mediastino posterior. Su trayecto mantiene inicialmente una posición retrotraqueal, para después adquirir relaciones progresivamente más complejas con estructuras vasculares, linfáticas, nerviosas y cardíacas de gran relevancia funcional y clínica.

Al ingresar en el tórax, el esófago pasa entre las dos cúpulas pleurales. No se encuentra en contacto directo con la pleura izquierda en este punto, ya que el arco del conducto torácico se interpone y cruza su borde izquierdo a la altura del origen de la arteria subclavia izquierda. Esta disposición revela desde el inicio la estrecha asociación entre el esófago y los principales colectores linfáticos del organismo.

En el interior del tórax propiamente dicho, sus relaciones pueden organizarse en:

  • posteriores
  • anteriores
  • laterales (marcadamente asimétricas).

Relaciones posteriores

En sentido posterior, el esófago continúa separado de la columna vertebral por un plano de tejido conectivo laxo que prolonga el espacio retroesofágico cervical hacia el mediastino superior y posterior, extendiéndose hasta el hiato esofágico del diafragma. Este plano conectivo actúa como un sistema de deslizamiento que permite el desplazamiento del órgano durante la deglución y los movimientos respiratorios, evitando fricciones directas contra las estructuras óseas.

En la parte más superior del tórax, los músculos prevertebrales aún alcanzan el nivel de la segunda o tercera vértebra torácica, contribuyendo a reforzar la separación entre el esófago y la columna. Sin embargo, conforme se desciende, la configuración anatómica cambia de manera significativa.

El espacio retroesofágico alberga al conducto torácico, principal vía linfática del cuerpo, cuyo trayecto es variable pero que, en términos generales, asciende por detrás del esófago con una dirección oblicua hacia arriba y hacia la izquierda. En su recorrido, pasa por delante de las arterias intercostales posteriores derechas. Esta relación es de suma importancia, ya que intervenciones quirúrgicas o procesos patológicos del esófago pueden comprometer la integridad del conducto torácico y generar fugas linfáticas.

A partir de la cuarta vértebra torácica, la disposición de la aorta modifica de manera profunda la topografía posterior del esófago. Tras describir su arco, la aorta desciende hacia la izquierda y posteriormente se sitúa por detrás del esófago, interponiéndose entre este y la columna vertebral. A medida que desciende, el esófago se separa progresivamente de la columna, configurando junto con la aorta un espacio triangular cuya base corresponde al diafragma. Esta relación íntima explica la posibilidad de compresiones esofágicas en casos de dilatación o aneurisma aórtico.

En el mediastino superior posterior, las arterias intercostales posteriores derechas cruzan por detrás del esófago, del conducto torácico y de la vena ácigos. A su vez, las venas hemiácigos y hemiácigos accesoria atraviesan de izquierda a derecha la cara posterior de la aorta, del conducto torácico y del esófago para desembocar en la vena ácigos. Esta compleja red venosa establece una trama vascular posterior que sitúa al esófago en un entorno de alta densidad hemodinámica.

En el plano nervioso, el nervio vago derecho, al pasar por detrás de la raíz pulmonar derecha, emite varios ramos que descienden por la cara posterior del esófago. Estos ramos se anastomosan con fibras provenientes del nervio vago izquierdo, constituyendo el plexo esofágico posterior. De este entramado emerge el tronco vagal posterior, que continuará su trayecto hacia el abdomen.

Los troncos simpáticos derecho e izquierdo se sitúan aún más lateralmente, en un plano posterior, por delante de las cabezas costales y aplicados a ellas por la pleura parietal. Aunque no están en contacto inmediato con el esófago, su proximidad anatómica explica la posible participación simpática en procesos patológicos mediastínicos.

Relaciones anteriores

Las relaciones anteriores del esófago torácico varían de manera clara entre su segmento superior e inferior.

A. Segmento superior:

En la parte alta del tórax, el esófago mantiene inicialmente su relación con la cara posterior de la tráquea. Esta disposición continúa hasta el nivel de la bifurcación traqueal. En este punto, el esófago entra en contacto con la cara posterior del bronquio principal izquierdo. Ambos órganos se hallan unidos por fibras laxas pertenecientes al músculo broncoesofágico, lo que permite cierta movilidad relativa entre el árbol respiratorio y el tubo digestivo.

En el ángulo traqueoesofágico izquierdo asciende el nervio laríngeo recurrente izquierdo, acompañado por nodos linfáticos regionales. La presencia de estos nodos adquiere relevancia clínica en el contexto de procesos neoplásicos o infecciosos, ya que pueden producir compresiones nerviosas con repercusión en la fonación.

En el ángulo de bifurcación traqueal se localizan los nodos linfáticos traqueobronquiales inferiores, cuya proximidad al esófago subraya la estrecha relación entre los sistemas respiratorio, linfático y digestivo en esta región mediastínica.

B. Segmento inferior:

En el tercio inferior del tórax, la relación anterior cambia de manera notable. El esófago se aplica contra la cara posterior del pericardio fibroso. En esta zona corresponde topográficamente al seno oblicuo del pericardio y al atrio izquierdo del corazón.

Esta vecindad directa con la aurícula izquierda implica que aumentos de volumen cardíaco, especialmente del atrio izquierdo, puedan generar compresiones sobre el esófago y alterar la deglución. Desde el punto de vista fisiológico, la delgada separación entre ambas estructuras explica la posibilidad de registrar actividad cardíaca mediante técnicas que emplean el esófago como vía de acceso.

En esta región inferior, el nervio vago izquierdo tiende a disponerse sobre la cara anterior del esófago, contribuyendo a la formación del plexo esofágico anterior, del cual se originará el tronco vagal anterior que atravesará el diafragma junto al órgano.

Relaciones derechas de la porción torácica del esófago

Las relaciones derechas del esófago torácico se organizan en tres segmentos claramente diferenciados por la presencia del arco de la vena ácigos. Este vaso, al describir su curvatura característica para desembocar en la vena cava superior, divide topográficamente el flanco derecho del esófago en un sector suprayacente, uno a nivel del arco y otro infrayacente. Cada uno presenta particularidades anatómicas que condicionan tanto la fisiología como el abordaje quirúrgico del órgano.

A. Por encima del arco de la vena ácigos

En el segmento superior, el esófago mantiene su posición retrotraqueal, siendo sobrepasado anteriormente por la tráquea. En este nivel, el borde derecho del esófago se relaciona directamente con la pleura parietal en su porción mediastínica. Esta hoja serosa lo separa del lóbulo superior del pulmón derecho, estableciendo una relación indirecta con el parénquima pulmonar.

La interposición pleural adquiere relevancia clínica, ya que cualquier proceso expansivo pulmonar o pleural puede transmitirse por contigüidad al esófago, y viceversa. Además, esta disposición explica que el abordaje quirúrgico por el lado derecho permita acceder al órgano tras la apertura de la cavidad pleural, una vez superadas las estructuras vasculares interpuestas.

B. A nivel del arco de la vena ácigos

En el plano correspondiente al arco de la vena ácigos, la disposición anatómica se vuelve más compleja. El esófago es cruzado de posterior a anterior por dicha vena, que describe su curvatura sobre el pedículo pulmonar derecho antes de desembocar en la vena cava superior. Este cruce vascular establece una relación íntima y directa con la pared esofágica.

En el mismo nivel, la arteria bronquial derecha, originada habitualmente de la cuarta arteria intercostal aórtica derecha, también se aproxima al órgano. Esta convergencia de estructuras vasculares ilustra la densidad anatómica del mediastino posterior.

El nervio vago derecho, tras cruzar la cara lateral derecha de la tráquea, pasa medial al arco de la vena ácigos y alcanza el borde derecho del esófago. Posteriormente entra en relación con el bronquio principal derecho en la raíz pulmonar. Esta secuencia anatómica evidencia la transición funcional del nervio desde su vinculación respiratoria hacia su participación predominante en la inervación digestiva, contribuyendo a la formación del plexo esofágico.

C. Por debajo del arco de la vena ácigos

Inferiormente, el nervio vago derecho se dirige hacia la cara posterior del esófago, cruzando su borde derecho en forma de una equis alargada. Esta disposición oblicua refleja el proceso de reorganización de las fibras vagales antes de constituir el plexo esofágico posterior y, finalmente, el tronco vagal posterior que penetrará en el abdomen.

En este segmento, la vena ácigos queda situada por detrás y lateral al esófago. Entre ambos elementos, la pleura mediastínica se deprime formando el denominado receso vertebromediastínico. Este receso constituye un espacio potencial cuya morfología depende de la tensión pleural y de la disposición vascular individual.

Desde el punto de vista quirúrgico, la sección controlada del arco de la vena ácigos entre ligaduras permite exponer ampliamente el esófago torácico a través de la cavidad pleural derecha. Esta maniobra elimina el principal obstáculo vascular del lado derecho y facilita la visualización continua del órgano en casi toda su extensión torácica.

Relaciones izquierdas de la porción torácica del esófago

En el lado izquierdo, la organización anatómica está dominada por la presencia del arco aórtico, estructura de mayor calibre y relevancia hemodinámica que el arco de la vena ácigos. Su disposición determina también tres segmentos diferenciados: suprayacente, a nivel del arco e infrayacente.

A. Por encima del arco aórtico

En el segmento superior, el esófago se relaciona con la arteria carótida común izquierda, situada ligeramente por delante de él. Esta proximidad implica una relación vascular directa en el mediastino superior. Algo más posterior, el borde izquierdo del esófago entra en contacto con la arteria subclavia izquierda.

Entre ambas arterias desciende el nervio vago izquierdo, que se dirige hacia la cara anterior de la aorta. Esta disposición revela la íntima asociación neurovascular característica del mediastino superior izquierdo, donde el esófago se integra en un entramado dominado por grandes vasos arteriales.

B. A nivel del arco aórtico

En el plano del arco aórtico, el esófago es desplazado hacia la derecha por la masa arterial. La pulsación de esta arteria puede apreciarse endoscópicamente durante la exploración esofágica, lo que demuestra la contigüidad inmediata entre ambas estructuras.

Por debajo del arco aórtico pasa el nervio laríngeo recurrente izquierdo, que rodea la aorta y asciende hacia el ángulo traqueoesofágico izquierdo. Este trayecto explica la vulnerabilidad del nervio en patologías aórticas o esofágicas y su importancia en la cirugía torácica.

C. Por debajo del arco aórtico

En el segmento inferior, el borde izquierdo del esófago se relaciona con el espacio comprendido entre la raíz pulmonar izquierda, situada anteriormente, y la aorta descendente, ubicada posteriormente. La pleura mediastínica se invagina entre estos dos elementos formando un receso vertical denominado receso interaorticoesofágico.

Este receso se continúa por detrás del esófago con el receso vertebromediastínico derecho mediante un cordón de tejido conectivo de espesor variable conocido como ligamento interpleural o de Morosow. La presencia y desarrollo de estos recesos y del ligamento son variables entre individuos, lo que condiciona diferencias en la movilidad esofágica y en las posibilidades de diseminación patológica.

En esta región, el nervio vago izquierdo acompaña al esófago adoptando una posición anterior respecto de él. Por debajo de la raíz pulmonar izquierda se divide en varios ramos que forman un plexo sobre la cara anterior del órgano. Estos ramos se anastomosan con fibras procedentes del nervio vago derecho, constituyendo el plexo esofágico anterior. De este entramado emerge el tronco vagal anterior, que atraviesa el diafragma por delante del esófago para continuar su trayecto abdominal.

Desde el punto de vista quirúrgico, el abordaje transpleural izquierdo no permite visualizar la totalidad del esófago torácico debido a la interposición del arco aórtico, cuya masa y posición limitan la exposición directa. Esta diferencia anatómica entre ambos lados explica la preferencia frecuente por el acceso derecho cuando se requiere una exposición extensa del órgano.

 


Travesía diafragmática

La travesía diafragmática del esófago constituye un momento anatómico de transición entre el mediastino posterior y la cavidad abdominal. Este paso se realiza a través del hiato esofágico, un orificio excavado en la porción muscular del diafragma que no debe entenderse como una simple perforación pasiva, sino como un verdadero dispositivo funcional dotado de propiedades esfinterianas externas. La acción combinada de las fibras musculares diafragmáticas que rodean el hiato contribuye, junto con los mecanismos intrínsecos del extremo distal esofágico, a la competencia antirreflujo.

Diversos estudios anatómicos han analizado las conexiones entre el esófago y el diafragma, en particular el denominado ligamento frenoesofágico descrito por Gambarelli. Este conjunto de fibras conjuntivas y musculares establece una continuidad entre la adventicia esofágica y las estructuras diafragmáticas adyacentes. Desde el punto de vista biomecánico, estas uniones poseen una elasticidad calculada: son lo bastante laxas para permitir que, mediante disección, el esófago pueda movilizarse y descender hacia la cavidad abdominal; pero también suficientemente firmes para mantener la coaptación del hiato alrededor del órgano e impedir, en condiciones normales, la migración de vísceras abdominales hacia el mediastino, fenómeno que subyace a las hernias hiatales.

Los troncos vagales atraviesan el hiato aplicados íntimamente al esófago. El tronco vagal posterior se adosa a la cara posterior del órgano, mientras que el tronco vagal anterior lo hace sobre la cara anterior. Esta disposición refleja la reorganización previa del plexo esofágico torácico y garantiza la continuidad de la inervación parasimpática hacia las vísceras abdominales superiores.

Topográficamente, la travesía esofágica se sitúa por encima y ligeramente por delante de la travesía de la aorta. En la región mediastínica posterior que queda inmediatamente por detrás del hiato, la aorta ocupa una posición central. Posteriormente a ella se encuentran el conducto torácico y los nervios esplácnicos. A la derecha discurre la vena ácigos, mientras que a la izquierda lo hace la vena hemiácigos. La pleura parietal delimita lateralmente esta región estrecha, proyectándose incluso en cierta medida sobre la cara anterior de la aorta.

Así, la travesía diafragmática del esófago no solo representa un cruce anatómico entre cavidades, sino también un punto de convergencia entre estructuras vasculares mayores, vías linfáticas principales y elementos nerviosos autónomos de gran relevancia funcional.

 


Porción abdominal del esófago

El segmento abdominal del esófago es breve, pero anatómicamente significativo. Tras franquear el hiato, el órgano penetra en la cavidad abdominal y se sitúa en un plano profundo, inmediatamente por detrás del peritoneo que reviste su cara anterior. Este peritoneo procede de la cara inferior del diafragma y desciende cubriendo la superficie anterior del esófago antes de reflejarse hacia la izquierda sobre la cara anterior del estómago y, más inferiormente, constituir la hoja anterior del omento menor.

La disposición peritoneal es asimétrica. Solo la cara anterior del esófago abdominal está revestida por peritoneo; la cara posterior permanece desprovista de él, ya que la hoja peritoneal que cubre la cara posterior del estómago se refleja inferiormente sin sobrepasar el cardias. Esta particularidad determina que el esófago abdominal conserve una relación directa posterior con estructuras profundas retroperitoneales.

En su situación topográfica, el esófago abdominal queda oculto por el lóbulo izquierdo del hígado, que lo cubre en sentido anterior y superior. Esta interposición hepática explica la protección parcial del órgano en la región subdiafragmática izquierda.

El borde derecho del esófago se relaciona con el vestíbulo de la bolsa omental, espacio que comunica con la transcavidad de los epiplones. Se halla separado del lóbulo caudado del hígado por la parte más alta de dicho vestíbulo. Por detrás de este plano se sitúa el tronco vagal posterior, que continúa su trayecto descendente por delante de la aorta y del pilar derecho del diafragma, dirigiéndose hacia el plexo celíaco. Esta proximidad revela la continuidad funcional entre la inervación esofágica y la del territorio celíaco.

El borde izquierdo del esófago se continúa con la vertiente derecha de la curvatura mayor gástrica, formando con ella la incisura del cardias, abierta superiormente. Este ángulo anatómico participa en el mecanismo antirreflujo, ya que contribuye a la disposición valvular entre el esófago y el estómago.

En cuanto a la vascularización, las ramas esofágicas de la arteria gástrica izquierda y las ramas superiores de la arteria gástrica posterior, procedente de la arteria esplénica, se distribuyen por las caras anterior y posterior del esófago abdominal. Estas ramas aseguran una rica irrigación arterial en la zona de transición esofagogástrica, región particularmente relevante desde el punto de vista fisiopatológico.

El tronco vagal anterior se aplica sobre la cara anterior del esófago en este segmento, completando la disposición definitiva de los troncos vagales antes de su distribución abdominal.

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
  1. Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
    ISBN: 9789500695923
  2. Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
    ISBN: 9781975154120
  3. Standring, S. (Ed.). (2020). Gray’s anatomy: The anatomical basis of clinical practice (42.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780702077050
  4. Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
    ISBN: 9780323793745
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