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Kuru. Modelo fundamental para comprender las enfermedades por priones

Kuru es una encefalopatía espongiforme transmisible humana, perteneciente al grupo de las enfermedades por priones, que durante el siglo XX fue endémica entre la población Fore de las Tierras Altas Orientales de Papúa Nueva Guinea. Constituye uno de los ejemplos más importantes en la historia de la medicina porque permitió demostrar que una enfermedad neurodegenerativa podía ser transmisible sin intervención de bacterias, virus, hongos ni parásitos, sino mediante una proteína anómala capaz de inducir el cambio conformacional de proteínas normales del hospedador. Este descubrimiento transformó profundamente la neurología, la microbiología, la biología molecular y la epidemiología, además de proporcionar el fundamento conceptual para comprender enfermedades como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, el síndrome de Gerstmann-Sträussler-Scheinker, el insomnio familiar fatal y, posteriormente, la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob relacionada con la encefalopatía espongiforme bovina.

La importancia científica de kuru radica en que representa el único gran brote epidémico humano de una enfermedad por priones cuya vía de transmisión pudo reconstruirse con extraordinario detalle mediante estudios clínicos, antropológicos, epidemiológicos, neuropatológicos, genéticos y experimentales. La desaparición progresiva de la enfermedad tras la eliminación de la práctica responsable de la transmisión constituyó una demostración epidemiológica contundente del mecanismo causal.

Naturaleza de los priones y etiología de kuru

Kuru es producido por priones, agentes infecciosos compuestos exclusivamente por una isoforma anormal de la proteína priónica celular. A diferencia de todos los microorganismos conocidos, los priones no contienen ácido desoxirribonucleico ni ácido ribonucleico como material genético. Su capacidad infecciosa depende únicamente de la conformación tridimensional adquirida por la proteína.

La proteína priónica normal, denominada PrPC, es una glucoproteína expresada principalmente en neuronas, aunque también se encuentra en otros tejidos. Su función fisiológica continúa siendo objeto de investigación, pero participa en procesos relacionados con la señalización celular, la protección frente al estrés oxidativo, el metabolismo del cobre y el mantenimiento de la función sináptica.

En determinadas circunstancias, PrPC experimenta un cambio conformacional postraduccional que origina la isoforma patológica PrPSc. Esta variante posee un contenido considerablemente mayor de estructuras β plegadas, presenta gran resistencia frente a proteasas, calor, radiación ultravioleta y numerosos procedimientos convencionales de esterilización.

Lo más relevante es que PrPSc actúa como molde molecular, induciendo que nuevas moléculas normales adopten la misma conformación anómala. Este proceso genera una reacción en cadena autocatalítica que conduce a la acumulación progresiva de agregados proteicos insolubles dentro del sistema nervioso central.

La acumulación continua de estas proteínas provoca degeneración neuronal, pérdida sináptica, activación de células gliales, vacuolización del tejido cerebral y muerte neuronal, originando el característico aspecto espongiforme observado mediante estudio histopatológico.

KURU
KURU

Por qué kuru apareció únicamente en la población Fore

Durante décadas existió la hipótesis de que kuru correspondía a una enfermedad genética exclusiva de la población Fore. Sin embargo, los estudios epidemiológicos demostraron que la distribución de los casos seguía patrones culturales y no hereditarios.

La población Fore practicaba endocanibalismo ritual durante ceremonias funerarias conocidas como banquetes mortuorios. Estas prácticas tenían un profundo significado espiritual y social. El consumo del cadáver constituía una expresión de respeto, duelo y continuidad familiar, además de impedir que el cuerpo fuera destruido por animales o procesos naturales.

Las ceremonias eran realizadas principalmente por familiares cercanos, quienes distribuían distintas partes del cuerpo según edad y sexo. Las mujeres adultas eran las principales responsables de la preparación del cadáver. Los niños pequeños acompañaban frecuentemente a sus madres durante estas ceremonias. Los hombres adultos participaban mucho menos y generalmente evitaban consumir órganos internos. Esta distribución cultural explica de forma precisa la distribución epidemiológica posterior de la enfermedad.

Por qué el cerebro era el tejido más infeccioso

La concentración de PrPSc es extraordinariamente elevada dentro del sistema nervioso central.

Las mayores cargas infecciosas se encuentran en:

  • cerebro;
  • cerebelo;
  • médula espinal;
  • ganglios nerviosos.

Durante las ceremonias funerarias, mujeres y niños consumían precisamente estos tejidos altamente infecciosos, mientras que los hombres ingerían principalmente músculo esquelético, cuya infectividad es mucho menor.

Como consecuencia, la dosis infectante recibida por mujeres y niños era considerablemente superior. Esta diferencia explica por qué aproximadamente el noventa por ciento de los casos ocurrió en mujeres y niños. En algunas aldeas, la mortalidad femenina alcanzó niveles tan elevados que prácticamente desaparecieron generaciones completas de mujeres jóvenes.

Vías adicionales de transmisión

Aunque la ingestión de tejido cerebral constituyó la principal vía de contagio, no fue la única.

Durante la preparación del cadáver era frecuente que fragmentos de tejido cerebral, sangre y líquido cefalorraquídeo contaminaran la piel y las mucosas de quienes manipulaban el cuerpo.

Las condiciones tropicales favorecían la presencia de:

  • heridas cutáneas;
  • úlceras;
  • abrasiones;
  • lesiones producidas por insectos.

La contaminación de estas lesiones permitía la inoculación directa del prión.

Asimismo, la exposición de las conjuntivas y de la mucosa nasal facilitaba la entrada del agente infeccioso.

Estos mecanismos complementarios probablemente aumentaron la eficiencia de transmisión durante décadas.

Cómo comenzó la epidemia

La explicación actualmente aceptada propone que la epidemia se originó cuando apareció un caso esporádico de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en un individuo perteneciente a una comunidad donde se practicaba el endocanibalismo.

En condiciones normales, un caso esporádico termina con la muerte del paciente. Sin embargo, el consumo ritual del cerebro permitió que el prión pasara a numerosos familiares. Cada individuo infectado representó posteriormente una nueva fuente de infección tras su fallecimiento, amplificando progresivamente la epidemia.

Este fenómeno constituye un ejemplo clásico de amplificación epidemiológica mediante transmisión horizontal favorecida por prácticas culturales.

Mecanismos fisiopatológicos

Después del ingreso al organismo, los priones atraviesan inicialmente el tejido linfoide asociado al intestino. Posteriormente alcanzan estructuras del sistema inmunitario como placas de Peyer, ganglios linfáticos y bazo. Desde estos tejidos, los priones progresan hacia el sistema nervioso mediante fibras nerviosas periféricas. Finalmente alcanzan el encéfalo, donde comienza una acumulación progresiva durante años o incluso décadas antes de aparecer los primeros síntomas.

La enfermedad permanece completamente silenciosa mientras continúa la replicación conformacional de PrPSc. Cuando la pérdida neuronal supera la capacidad compensadora del sistema nervioso, aparecen manifestaciones clínicas rápidamente progresivas.

Manifestaciones clínicas

El término kuru significa “temblar” o “tiritar” en el idioma Fore, reflejando uno de sus signos más característicos.

La manifestación predominante es una ataxia cerebelosa progresiva.

El compromiso del cerebelo altera profundamente la coordinación del movimiento, el equilibrio y la precisión motora.

Los pacientes presentan inicialmente inestabilidad al caminar.

Posteriormente aparecen:

  • temblor semejante al escalofrío;
  • dismetría;
  • disdiadococinesia;
  • movimientos coreiformes;
  • movimientos atetósicos;
  • dificultad progresiva para permanecer de pie;
  • disartria;
  • alteraciones de la deglución.

A diferencia de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob esporádica, el deterioro cognitivo suele ser relativamente tardío. En las fases avanzadas aparece inmovilidad completa, incontinencia, desnutrición, neumonía por aspiración e infecciones secundarias.

La muerte ocurre habitualmente aproximadamente un año después del inicio de los síntomas. Nunca se documentaron remisiones espontáneas ni supervivencia prolongada.

Una de las características más sorprendentes de kuru fue su período de incubación. Numerosos pacientes permanecieron completamente asintomáticos durante décadas.

Se documentaron incubaciones de:

  • 4 años;
  • 10 años;
  • 20 años;
  • más de 30 años;
  • más de 50 años.

La explicación radica en que la conversión progresiva de PrPC hacia PrPSc ocurre muy lentamente. Cada ciclo de conversión produce cantidades relativamente pequeñas de proteína anómala.

La acumulación suficiente para provocar neurodegeneración requiere largos intervalos temporales. Este fenómeno explica por qué continuaron apareciendo casos muchos años después de haber cesado completamente el canibalismo ritual.

Susceptibilidad genética

El gen PRNP codifica la proteína priónica humana. Un polimorfismo localizado en el codón 129 determina la presencia de metionina o valina. Este polimorfismo modifica profundamente la susceptibilidad individual.

Los individuos homocigotos para metionina presentan mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad, incubaciones más cortas y evolución clínica más rápida. Los homocigotos para valina y los heterocigotos suelen desarrollar incubaciones considerablemente más prolongadas.

Durante la epidemia se produjo una intensa presión de selección natural que incrementó la frecuencia de la heterocigosidad en la población superviviente.

Este constituye uno de los ejemplos mejor documentados de selección natural reciente en seres humanos inducida por una enfermedad infecciosa.

Desaparición de kuru

Las autoridades coloniales australianas promovieron el abandono progresivo del endocanibalismo durante la segunda mitad de la década de 1950. Al desaparecer la vía de transmisión, dejaron de producirse nuevas infecciones. Los primeros grupos en dejar de presentar casos fueron los niños pequeños.

Décadas más tarde solamente aparecieron casos en personas mayores de 40 años que habían estado expuestas durante la infancia antes del abandono definitivo de la práctica.

La desaparición gradual de kuru constituye una demostración epidemiológica excepcional de que la eliminación del mecanismo de transmisión puede erradicar incluso enfermedades con incubaciones extremadamente prolongadas.

Importancia histórica

Kuru fue la primera enfermedad priónica humana cuya transmisibilidad pudo demostrarse experimentalmente mediante inoculación en chimpancés en 1959. Este hallazgo confirmó que una enfermedad neurodegenerativa humana podía transmitirse por un agente no convencional, transformando los conceptos de infectividad y patogénesis. El conocimiento derivado de kuru permitió reconocer la relación biológica entre las distintas encefalopatías espongiformes transmisibles y proporcionó el marco científico para comprender la posterior aparición de la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob asociada a la encefalopatía espongiforme bovina, así como para desarrollar medidas de bioseguridad en procedimientos médicos y en la cadena alimentaria.

 

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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  3. Collinge, J. (2001). Prion diseases of humans and animals: Their causes and molecular basis. Annual Review of Neuroscience, 24, 519-550. https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.24.1.519
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  9. Prusiner, S. B. (1998). Prions. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 95(23), 13363-13383. https://doi.org/10.1073/pnas.95.23.13363
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