El colon sigmoide ocupa una posición anatómica intermedia entre el colon descendente y el recto como consecuencia directa de la organización embrionaria y funcional del intestino grueso. Representa el segmento de transición entre una porción esencialmente fija, como es el colon descendente, y una porción estrictamente pelviana y poco móvil, como el recto. Esta situación explica que sus límites se extiendan desde la fosa ilíaca izquierda hasta la cara anterior de la tercera vértebra sacra, donde se produce la continuidad rectosigmoidea.
La disposición espacial del colon sigmoide no es rectilínea, sino que adopta la forma de un asa, cuyo trayecto sinuoso responde a la necesidad de adaptarse al espacio reducido de la pelvis menor y, al mismo tiempo, otorgar una reserva de longitud que permita la movilidad del segmento. Esta movilidad es posible gracias a su unión a la pared posterior mediante un meso libre, el mesocolon sigmoide, que lo suspende sin fijarlo rígidamente. La presencia de este meso explica tanto la variabilidad del trayecto del colon sigmoide como su capacidad para desplazarse en función del llenado, de la postura corporal y de las relaciones con las vísceras vecinas.
Desde el punto de vista funcional, el colon sigmoide cumple un papel fundamental como reservorio terminal del intestino grueso. Su localización pélvica, su capacidad de distensión y su relativa movilidad permiten que la materia fecal permanezca temporalmente almacenada antes de la defecación. De este modo, actúa como un segmento regulador que separa los procesos de absorción y compactación fecal, propios del colon proximal, del acto voluntario de la evacuación, que se realiza a través del recto y del canal anal.
Descripción anatómica
Configuración externa
La morfología externa del colon sigmoide refleja su función y su grado de especialización dentro del intestino grueso. Su reconocimiento anatómico se basa principalmente en su situación pélvica y en su marcada movilidad, pero también en una serie de características estructurales particulares.
Las tenias del colon, que en los segmentos más proximales se disponen como tres bandas longitudinales bien diferenciadas, sufren en el colon sigmoide una modificación progresiva. En este nivel se fusionan en dos cintas principales, anterior y posterior, fenómeno que anticipa la organización del recto. A medida que el colon sigmoide se aproxima a este último, las tenias pierden su individualidad y se continúan con la capa longitudinal continua del recto, lo que explica la desaparición de las saculaciones características del colon.
Los apéndices omentales alcanzan en el colon sigmoide un desarrollo notable, tanto en número como en tamaño. Esta abundancia se relaciona con la gran movilidad del segmento y con la riqueza de su vascularización, ya que estos apéndices contienen tejido adiposo y pequeños vasos que acompañan a la irrigación del colon. Su presencia también contribuye a la complejidad de las relaciones anatómicas y puede participar en procesos inflamatorios locales.
Por otra parte, en esta porción del intestino grueso las haustras prácticamente desaparecen. Esta ausencia se debe a la reorganización de la musculatura longitudinal y a la necesidad funcional de permitir una distensión uniforme del segmento, indispensable para su papel como reservorio fecal. La superficie externa del colon sigmoide es, por ello, más lisa que la de otros segmentos colónicos.
Configuración interna y estructura
Desde el punto de vista interno, la particularidad más relevante del colon sigmoide reside en el comportamiento de su mucosa. Aunque mantiene la estructura general del intestino grueso, esta mucosa presenta una marcada tendencia a herniarse a través de los puntos de menor resistencia de la túnica muscular. Como consecuencia, pueden formarse divertículos que protruyen hacia el peritoneo.
La formación de estos divertículos se ve favorecida por varios factores: el aumento de la presión intraluminal durante el almacenamiento de las heces, la disposición de los vasos rectos que atraviesan la capa muscular y la disminución progresiva de la elasticidad de la pared con la edad. Estos divertículos constituyen zonas vulnerables, en las que pueden desarrollarse procesos inflamatorios agudos o crónicos.
Cuando dichos divertículos se inflaman, se producen las diverticulitis sigmoideas o sigmoiditis, entidades clínicas frecuentes que encuentran en la anatomía y la función del colon sigmoide su explicación fundamental. Así, la configuración interna y estructural de este segmento no solo responde a exigencias funcionales normales, sino que también condiciona su patología característica.
Trayecto
El trayecto del colon sigmoide está determinado fundamentalmente por la longitud de su asa y por la presencia de un mesocolon libre, que le confiere una notable movilidad. En el adulto, la longitud habitual del asa sigmoidea oscila entre veinte y cincuenta centímetros, variabilidad que explica la diversidad de disposiciones anatómicas observadas. Esta longitud excedente con respecto al espacio estrictamente necesario permite al colon sigmoide adaptarse al volumen cambiante de su contenido y a las relaciones con las vísceras vecinas.
En su configuración más frecuente, el colon sigmoide inicia su trayecto descendiendo a lo largo del lado izquierdo de la pelvis. Esta orientación inicial refleja la continuidad anatómica con el colon descendente y la disposición del mesocolon izquierdo. Posteriormente, el asa describe una curvatura amplia de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, dirigiéndose hacia la región de la articulación sacroilíaca derecha. Este cambio de dirección responde a la necesidad de acomodar el segmento intestinal dentro de la pelvis menor, evitando tensiones sobre su mesenterio y permitiendo un trayecto sinuoso compatible con su función de reservorio.
En su porción terminal, el colon sigmoide se incurva nuevamente, esta vez de arriba hacia abajo, hasta situarse en el plano mediano. Esta flexión final establece la transición con el recto y explica que la unión rectosigmoidea se localice en la concavidad sacra. Dicha localización no es arbitraria, sino que responde a la arquitectura ósea del sacro, que ofrece un soporte posterior adecuado y facilita la alineación del recto con el eje del canal anal durante la defecación.
La disposición descrita no es fija. Gracias a la amplitud y laxitud del mesocolon sigmoide, el trayecto del colon puede modificarse con facilidad. El asa puede desplazarse hacia arriba, hacia la izquierda o hacia abajo en función del grado de llenado, de los movimientos respiratorios, de la postura corporal y de las maniobras quirúrgicas. Esta movilidad constituye una ventaja funcional, pero también explica la variabilidad anatómica y algunas de las particularidades patológicas de este segmento.
En el niño, la conformación del trayecto presenta diferencias notables. La pelvis menor es relativamente estrecha y poco profunda, lo que limita el espacio disponible para el alojamiento del asa sigmoidea. Como consecuencia, el colon sigmoide tiende a orientarse hacia la fosa ilíaca derecha, adoptando una disposición más elevada y desplazada con respecto a la observada en el adulto. Esta característica refleja la adaptación progresiva del intestino grueso al crecimiento y al ensanchamiento de la pelvis durante el desarrollo.
Peritoneo
El colon sigmoide se halla completamente peritonizado gracias a la presencia de un mesocolon libre, cuyas dos hojas envuelven al intestino por casi todas sus caras. La única excepción corresponde al borde mesocólico, por donde penetran y emergen los vasos, nervios y linfáticos destinados al segmento. Esta disposición explica tanto la gran movilidad del colon sigmoide como su variabilidad topográfica, ya que el mesocolon actúa como un elemento de suspensión flexible más que como un punto de fijación rígido.
El mesocolon sigmoide se inserta en la pared posterior del abdomen y de la pelvis mediante dos raíces bien diferenciadas, la raíz primaria y la raíz secundaria. Estas raíces representan zonas de reflexión peritoneal que fijan el meso a la pared posterior y delimitan áreas de continuidad y de transición entre peritoneo parietal y visceral. Cada raíz está constituida por la convergencia de las dos hojas del mesocolon.
Raíz primaria
La raíz primaria se sitúa en el plano mediano y se fija sólidamente a nivel de la bifurcación de la aorta, del promontorio sacro y de las dos primeras vértebras sacras. Su localización profunda la pone en relación estrecha con estructuras vasculonerviosas de gran importancia, como el plexo hipogástrico superior y la arteria sacra mediana. Esta proximidad explica la relevancia quirúrgica de la raíz primaria y la necesidad de una disección cuidadosa en este nivel.
Desde el punto de vista embriológico, la raíz primaria representa la persistencia de la inserción parietal posterior del meso dorsal del intestino terminal primitivo. Su disposición mediana y fija contrasta con la mayor movilidad del resto del mesocolon sigmoide y constituye un punto de anclaje esencial para la organización del peritoneo pélvico.
Raíz secundaria
La raíz secundaria presenta una disposición oblicua, orientada hacia abajo, adelante y lateralmente a partir de la bifurcación aórtica, siguiendo el trayecto de los vasos ilíacos. Esta orientación refleja la adaptación del mesocolon al relieve óseo y vascular de la pelvis y explica la forma alargada y asimétrica de su inserción.
En su recorrido, la raíz secundaria cruza estructuras retroperitoneales importantes, como el uréter izquierdo y los vasos testiculares u ováricos, lo que confiere a esta región un interés anatómico y clínico particular. En su origen, la raíz secundaria se une a la porción superior de la raíz primaria, formando con ella un ángulo agudo abierto hacia abajo. Este ángulo delimita un espacio peritoneal característico, cuyo significado se hará evidente al describir la hoja inferior.
En el sexo femenino, la raíz secundaria se prolonga hacia adelante a través del ligamento suspensorio del ovario, que contiene los vasos ováricos y establece la continuidad con el ligamento ancho del útero. De este modo, la raíz secundaria constituye el límite inferior del mesocolon izquierdo adosado a la pared posterior y participa en la organización peritoneal del aparato genital femenino.
Hoja superior
La hoja superior del mesocolon sigmoide se despliega en forma de abanico desde el borde izquierdo de la raíz secundaria hasta el borde derecho de la raíz primaria. Su orientación, dirigida hacia abajo y adelante, coincide con la disposición general del mesocolon y determina que esta hoja constituya la cara anterosuperior del meso.
Esta hoja se continúa sin solución de continuidad con diferentes porciones del peritoneo parietal y visceral, lo que refleja la compleja reorganización peritoneal resultante del desarrollo embrionario del intestino grueso. Hacia arriba y a la izquierda, se prolonga con el peritoneo correspondiente a la hoja anterior del mesocolon ilíaco adosado al peritoneo parietal posterior primitivo. Hacia arriba y a la derecha, se continúa con el peritoneo parietal que se dirige hacia la raíz del mesenterio y hacia la hoja izquierda definitiva. Hacia abajo y a la derecha, se relaciona con el peritoneo parietal de la fosa ilíaca derecha y de la pelvis menor.
Estas continuidades explican la participación de la hoja superior en la delimitación entre la cavidad abdominal propiamente dicha y la pelvis menor.
Hoja inferior
La hoja inferior del mesocolon sigmoide se extiende desde el borde derecho de la raíz secundaria hasta el borde izquierdo de la raíz primaria. A diferencia de la hoja superior, esta hoja se continúa directamente con el peritoneo parietal que reviste la pared pelviana posterolateral izquierda, en el espacio comprendido entre ambas raíces.
Al elevar el mesocolon para exponer la hoja inferior, se observa en el vértice del ángulo formado por la raíz primaria y la raíz secundaria una depresión peritoneal de profundidad variable, conocida como receso intersigmoideo. Este receso es la consecuencia directa de la disposición angular de las raíces y de la forma en que el mesocolon se adosa de manera incompleta a la pared posterior.
Cuando el adosamiento del mesocolon descendente es incompleto, el fondo del receso intersigmoideo puede ascender hasta el origen de la arteria mesentérica inferior. Desde el punto de vista clínico, este receso adquiere importancia porque puede alojar un asa del intestino delgado y producir su estrangulación, dando lugar a una hernia interna. Así, una particularidad anatómica del peritoneo del colon sigmoide se convierte en el sustrato de una patología potencialmente grave.
Mesocolon sigmoide
El mesocolon sigmoide constituye el meso que suspende y sostiene al colon sigmoide dentro de la pelvis. Se extiende desde la pared posterior hasta el intestino, delimitando dos superficies claramente diferenciadas: una cara anterosuperior y una cara posteroinferior. Esta disposición permite que el mesocolon se adapte a la morfología de la pelvis y a la movilidad del colon sigmoide, actuando como un soporte flexible y al mismo tiempo un canal de paso para estructuras vasculares y linfáticas.
El mesocolon sigmoide suele enrollarse sobre sí mismo hacia la derecha. Esta torsión le permite organizar su parte izquierda de manera continua con el peritoneo de la fosa ilíaca izquierda, formando un tabique casi completo que separa la pelvis menor de la cavidad abdominal. Por el contrario, su porción derecha deja libre un canal medial amplio en la fosa ilíaca derecha, espacio por donde las vísceras y los vasos pueden desplazarse o ser abordados quirúrgicamente sin tensión sobre el meso.
Entre las dos hojas del mesocolon se encuentran los vasos sigmoideos, los linfáticos y una capa de tejido adiposo de espesor variable. Esta disposición no solo protege los vasos y los nervios que irrigan el colon, sino que también facilita su identificación y manejo durante intervenciones quirúrgicas. El tejido adiposo, además, contribuye a la amortiguación de movimientos y protege los vasos de la compresión por la presión fecal o los desplazamientos intestinales.
Variaciones
Las variaciones anatómicas del mesocolon sigmoide son frecuentes y pueden afectar tanto al colon como a su meso. Estas variaciones se describen principalmente en función de la separación de las raíces y la longitud del asa:
- Colon sigmoide largo con meso amplio o con meso estrecho.
- Colon sigmoide corto con meso amplio o con meso corto.
Además, no es raro que el mesocolon se encuentre concentrado sobre sí mismo debido a la presencia de bandas de mesocolitis retráctil, una condición en la que el tejido mesentérico se tensa y reduce la amplitud del meso. La sección de estas bandas permite restaurar la amplitud y movilidad normal del mesocolon sigmoide, recuperando su función de suspensión y acomodación del colon.
Estas variaciones anatómicas tienen consecuencias clínicas y quirúrgicas importantes. Modifican las relaciones del colon con las vísceras y estructuras vecinas, afectan la disposición de los vasos y linfáticos, y condicionan la técnica operatoria utilizada para resecciones, anastomosis o liberación del colon sigmoide. Por ello, un conocimiento detallado de estas variaciones es fundamental para evitar complicaciones durante procedimientos quirúrgicos en la región pélvica.
Relaciones del colon sigmoide y de su meso
Relaciones anteriores
En su porción anterior, el colon sigmoide se encuentra separado de la pared abdominal anterior por un espacio interpuesto que contiene las asas del intestino delgado y el omento mayor. Esta disposición crea un colchón protector entre el colon y la pared anterior, permitiendo cierta movilidad intestinal y evitando el contacto directo con la fascia y los músculos abdominales.
Cuando la vejiga urinaria se encuentra llena, puede proyectarse hacia el espacio anterior del colon sigmoide, ocupando parcialmente esta región y modificando la relación con la pared abdominal. Esta relación dinámica entre colon y vejiga tiene relevancia clínica, especialmente durante maniobras quirúrgicas pélvicas o procedimientos de imagen, donde la distensión vesical puede alterar la posición del colon.
Relaciones posteriores
La pared posterior de la pelvis establece relaciones diferentes según el lado considerado. Hacia la izquierda, el mesocolon sigmoide actúa como una barrera que separa el intestino de la pared pelviana posterior, protegiendo las estructuras retroperitoneales. Hacia la derecha, en cambio, el colon se encuentra en contacto directo con la pared lateral y posterior de la pelvis, donde se disponen los vasos ilíacos internos, el uréter y los vasos testiculares u ováricos, lo que refleja la orientación oblicua de la raíz secundaria del mesocolon.
Al desplazar el colon y su meso hacia la izquierda, se puede exponer la parte derecha del promontorio sacro, donde por debajo del peritoneo se localiza el plexo hipogástrico superior. Esta disposición explica la importancia de la movilización cuidadosa del colon durante intervenciones quirúrgicas pélvicas, ya que las estructuras vasculonerviosas posteriores son vulnerables a lesiones. Hacia la izquierda, la pared posterolateral de la pelvis menor presenta los mismos elementos anatómicos: vasos ilíacos, uréter y vasos gonadales, evidenciando la simetría funcional y la importancia de estas relaciones en la planificación quirúrgica.
Relaciones posteroinferiores
En dirección posteroinferior, el conjunto formado por el colon sigmoide y su mesocolon se apoya sobre las vísceras pélvicas, estableciendo relaciones dependientes del sexo del individuo.
- En el sexo masculino, de adelante hacia atrás, se encuentran la vejiga urinaria, el fondo de saco rectovesical y, posteriormente, el recto.
- En el sexo femenino, de adelante hacia atrás, se localizan el aparato genital: el útero, los ligamentos anchos, los ovarios, el fondo de saco rectouterino (fondo de saco de Douglas) y, finalmente, el recto.
Estas relaciones son dinámicas: el colon sigmoide puede adherirse a los órganos vecinos, introducirse parcialmente en los fondos de saco pélvicos o interponerse entre las vísceras. Tal capacidad de desplazamiento refleja la movilidad conferida por el mesocolon y explica la variabilidad clínica de algunas patologías, como las obstrucciones, las adherencias postoperatorias o la herniación interna a través de los recesos peritoneales.
Relaciones anterosuperiores
En su cara anterosuperior, el colon sigmoide y su mesocolon están cubiertos por las asas del intestino delgado, y en algunas ocasiones por el colon transverso y el omento mayor. Esta cubierta separa efectivamente al colon sigmoide de la gran cavidad abdominal, delimitando la transición entre la cavidad abdominal propiamente dicha y la pelvis menor. La presencia de estas estructuras amortigua los movimientos intestinales, protege los vasos y nervios mesentéricos, y contribuye a la configuración tridimensional del abdomen inferior, esencial para la cirugía y la imagenología abdominal y pélvica.
Vascularización e inervación
Arterias
El colon sigmoide posee una irrigación arterial más abundante y compleja que los segmentos precedentes del colon, caracterizándose por un elevado grado de anastomosis entre sus vasos. Esta riqueza vascular asegura la adecuada perfusión de un segmento que actúa como reservorio fecal y que, debido a su movilidad, puede presentar variaciones topográficas importantes.
La irrigación principal proviene de la arteria mesentérica inferior, mediante un tronco común denominado tronco de las arterias sigmoideas, del cual también puede originarse la arteria cólica izquierda, que asegura la continuidad con la irrigación del colon descendente.
Se describen clásicamente tres arterias sigmoideas:
- Arteria sigmoidea superior: irriga la porción inferior del colon descendente y el inicio del colon sigmoide.
- Arteria sigmoidea media: desciende oblicuamente hacia abajo y a la izquierda, en íntima relación con la raíz secundaria del mesocolon sigmoide, hasta cruzar el uréter izquierdo. Su trayecto refleja la interacción entre el meso y las estructuras retroperitoneales circundantes.
- Arteria sigmoidea inferior: se dirige hacia la porción terminal del asa sigmoidea, asegurando la irrigación de la zona proximal al recto.
Cada arteria se bifurca en dos ramas terminales, que se anastomosan con las ramas vecinas, constituyendo un arco marginal bien desarrollado. Este arco garantiza un flujo sanguíneo continuo a lo largo de la pared intestinal y facilita la compensación ante oclusiones parciales. Los vasos rectos, que nacen del arco marginal, son numerosos y de longitud variable en el colon sigmoide, permitiendo la irrigación precisa de la mucosa y la túnica muscular.
La distribución arterial general es similar a la del resto del intestino grueso, aunque en el colon sigmoide el elevado número de apéndices omentales genera múltiples pequeñas asas vasculares en su base, aumentando la complejidad y seguridad de la irrigación.
Anastomosis y continuidad vascular
El arco marginal permite la conexión con los territorios adyacentes:
- Hacia arriba, se anastomosa con la arteria cólica izquierda, asegurando la continuidad con la irrigación del colon descendente.
- Hacia abajo, se conecta con la arteria rectal superior mediante la anastomosis sigmoidea ima, también conocida como punto crítico de Sudeck. Esta anastomosis es fundamental, porque garantiza la perfusión de la porción terminal del colon sigmoide cuando se ligan la arteria rectal superior o la arteria mesentérica inferior durante una resección quirúrgica.
Las ramas de la arteria sigmoidea media establecen conexiones tanto con la arteria sigmoidea superior como con la inferior, reforzando la circulación colateral y asegurando que incluso en presencia de variaciones anatómicas o intervenciones quirúrgicas, el colon sigmoide mantenga una perfusión adecuada.
Venas
La drenaje venoso del colon sigmoide sigue de manera general la disposición de las arterias. Las venas sigmoideas acompañan a sus correspondientes arterias y convergen hacia la vena mesentérica inferior, que se origina en este nivel y discurre por detrás de las arterias, cruzando su origen. Esta relación anatómica es importante durante procedimientos quirúrgicos, ya que el manejo de las venas sigmoideas requiere cuidado para evitar hemorragias y preservar el flujo venoso adecuado, manteniendo la funcionalidad del colon.
Linfáticos
El mesocolon sigmoide contiene nodos linfáticos paracólicos, ubicados junto a la pared intestinal, así como colectores linfáticos que drenan hacia la raíz primaria del mesocolon y, posteriormente, hacia los nodos situados alrededor de la arteria mesentérica inferior. Este patrón de drenaje linfático es fundamental para la diseminación de procesos infecciosos o tumorales, y constituye la base anatómica de la disección linfática en la cirugía oncológica colorrectal.
Nervios
La inervación del colon sigmoide procede principalmente del plexo mesentérico inferior, compuesto por fibras simpáticas y parasimpáticas, aunque se considera que predomina la proporción de fibras simpáticas. Los filetes nerviosos siguen el trayecto de las arterias sigmoideas y terminan en los plexos intraparietales, tanto el mientérico como el submucoso, que regulan la motilidad y la secreción intestinal.
La ausencia o atrofia de estos plexos intramurales en el intestino distal produce una alteración de la motilidad caracterizada por la incapacidad del segmento afectado para dilatarse y propulsar el contenido intestinal. Esto genera una estenosis funcional, que impide el paso de las heces y provoca su acumulación en el segmento proximal sano, con dilatación compensatoria.
Un ejemplo clínico característico es el megacolon congénito o enfermedad de Hirschsprung, en el cual el segmento distal carece de plexos intramurales funcionales (aganglionar). En esta condición, la acumulación de materia fecal ocurre en la porción proximal normalmente inervada, mientras que el segmento distal, incapaz de relajarse, causa la obstrucción intestinal. En estudios radiológicos se observa un segmento proximal dilatado (megacolon) y un segmento distal estenótico patológico.
El conocimiento preciso de la inervación del colon sigmoide es fundamental para la planificación quirúrgica, ya que la resección de segmentos aganglionares y la preservación de los plexos normales permiten restaurar la función intestinal y evitar complicaciones postoperatorias.

Fuente y lecturas recomendadas:
- Latarjet, M., Ruiz Liard, A., & Pró, E. (2019). Anatomía humana (5.ª ed., Vols. 1–2). Médica Panamericana.
ISBN: 9789500695923 - Dalley II, A. F., & Agur, A. M. R. (2022). Moore: Anatomía con orientación clínica (9.ª ed.). Wolters Kluwer (Lippincott Williams & Wilkins).
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ISBN: 9780702077050 - Netter, F. H. (2023). Atlas de anatomía humana (8.ª ed.). Elsevier.
ISBN: 9780323793745

